viernes, 28 de diciembre de 2018

Relato juevero: Caperucita roja

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? ¡Vuelvo! Quiero creer que estoy volviendo con mi mejor y mi peor historia, como diría Benedetti. ¿Y que mejor que terminar el año sumándome a la última convocatoria de los jueves del 2018? 

Esta semana, nos conduce Dorotea y nos reta a tomar cuentos clásicos (nos da una lista de ellos) y hacer un cambio para que quede un giro sorprendente en ellos. Yo elegí el de Caperucita roja, porque... voy a serles totalmente sincera ¡no conocía los cuentos que estaban listados! Salvando Hansel y Gretel. De niña, mi madre inventaba historias para hacerme dormir, quizás, de ahí viene esto de que salvo los más conocidos y que por esas cosas de la vida, llegaron a una versión impresa en alguna antología infantil, pues, nada XD me siento una ignorante. Así que acabado todo, buscaré los demás cuentos y me pondré al día.

Los invito a leer a los compañeros por aquí.

Me excedí un poquito con las palabras, pero hacía falta para la historia >.< así que mi disculpo desde ahora.

Caperucita roja

Todos conocen la historia de Caperucita roja, sin embargo, conocen la versión contada por los hombres. Nunca nadie se tomó el tiempo de preguntarle a los lobos qué fue lo que pasó en realidad. O Caperucita.

La niña iba al bosque a visitar a su abuela. Tenía que llevarle una canasta con comida que su madre le había dado. Sin embargo, tenía la advertencia de ir por el camino que ella le había marcado, sin desvíos ni distracciones. Vi a la niña de lejos en una de mis cacerías. Los humanos suelen visitar esos caminos de manera seguida, creen que es el más seguro por ser el más conocido. No saben que entre lo que todos conocen, corren más riesgos que yendo por uno diferente.

Seguí en lo mío, llevando el conejo en la boca cuando vi a Perla acercarse a la niña. Ella era muy amigable con los humanos cuando sabía que eran potencialmente peligrosos. Teníamos por costumbre, mantenernos alejados de ellos, con sus armas y su creciente deseo de conquista y destrucción, nosotros nos manteníamos ocultos en nuestras tierras, lejos de ellos. Pero había algunos como ella, que rompían esas normas y de vez en cuando, nos veían.

Corrí hacia ella y me quedé escondido entre los arbustos, no muy lejos, cosa de que sintiera mi presencia y dejara a esa niña en paz. Ella me miró, sus ojos brillaron y me mostró los colmillos antes de volver a hablar con ella: tampoco tenemos permitido hablar con ellos. Tan sólo, nos limitamos a aullar en su presencia, jamás deben enterarse de que podemos entenderlos.

Al rato volvió y la niña se fue por el atajo del bosque.

—Si seguía por ese camino, se iba a encontrar con unos bandidos —dijo Perla antes de que le preguntara nada y paso con la cola erguida y sacando pecho delante de mí. Volteó y desprevenido me tomó que arrancó al conejo de mis fauces y se lo llevó. No tuve más remedio que perseguirla pues se llevaba mi cena.

La perdí un momento y llegando a la piedra cóncava que usábamos de guarida, no volví a verla. Pero encontré el conejo en la entrada, sin embargo, Perla no estaba ahí.

Seguí su rastro y me llevó de nuevo hacia el atajo: la niña.

Rodé los ojos y seguí con mi olfato el camino que ella había dejado marcado. La niña había llegado a la cabaña, podía sentir su rastro, pero había algo más: los gruñidos de Perla en el interior de aquella vivienda. No podía entrar por la puerta, así que rodeé la casa y entré por la ventana abierta que daba a la cocina. Derrapé al llegar al pasillo y entrar a la habitación. Lo había sentido y quizás, por eso ella había vuelto por la humana: los bandidos.

Perla mordió a uno de ellos en el brazo y estaba luchando por quitárselo cuando otro de ellos la atacó en el cuello. La niña había sido atrapada por uno y la anciana estaba en la cama inconsciente o muerta. Quién sabe: tan sólo me importaba Perla.

Salté encima del bruto que la había atacado y le clavé los colmillos en el cuello. Le arranqué un pedazo mientras gritaba y apoyándome en la espalda, tomé impulso y salté cayendo encima del otro que Perla había mordido. No fue el cuello, fue justo a su entrepierna que tiré un mordisco hasta arrancarle parte de sus ropas mientras él se retorcía y sangraba diciendo maldiciones en el suelo. No hizo falta el tercero, cuando lo miré con las fauces ensangrentadas y di un paso hacia el frente, tiró a la niña al suelo como quien se deshace de una carga pesada y corrió. Me acerqué a Perla que ahora, se veía teñida por su propia sangre, ella que siempre había sido un manto blanco y brillante, se volvía de color carmín y oscuro.

La moví con mi hocico intentando que reaccionara. Lamí su cara, pero no abría sus ojos. La llamé entre aullidos: Perla no reaccionaba.

La niña se acercó y esa tela que llevaba en su cabeza de color rojo, la apretó alrededor de su cuello y me miró con esos ojos que piden perdón sin decir palabras.

La cargué en mi lomo y salimos de ahí.

Perla jamás despertó.

Jamás volvimos a hablar con los humanos. Tenemos prohibido aconsejarlos y mucho más, salvarlos.



De paso y aprovechando el espacio, me gustaría invitarlos a que se sumen a un directorio de blogs hispanos. Esta iniciativa es de mi queridísima Berii y tiene como objetivo hacer una recopilación de blog en español, organizados por países ¡es divino el proyecto que tiene! Y como siempre, están más que invitados a sumarse o pasar a ver a los que ya están ingresados ahí. Somos poquitos ¡pero va a crecer! Así que los invito a hacer clic justo aquí.


¡Un abrazo!
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viernes, 21 de diciembre de 2018

Cinco minutos

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Espero que de las mil maravillas. Hace unos días iba a postear ¡qué recuperé mi conexión! Razón por la que andaba tan desaparecida del blog y de los suyos (que por cierto, aún debo visitar >.<). Y como el 14 fue el aniversario del blog ¡ya tiene cinco añitos! ¿No es genial? Aunque este año he sido poco constante y he tenido más subidas y bajadas que montaña rusa ¡yo sigo por aquí un año más! ¡Jo! Cuando empecé el blog, no pensé que fuera a llegar a tanto y mucho menos, conocer a tantas personas tan geniales y con tanto talento por la blogosfera ¡así que también les agradezco a todos ustedes por estar ahí! Especialmente, este año que he andado tan poco por todos lados >.<


Cinco minutos

Rudo, tosco, una experiencia brusca en su boca y aun así, tan maravillosa que al cerrar los ojos, deseó que sus labios nunca se separaran de los de él. No obstante, la vida era injusta y él la dejó volver a tomar aire al separarse de sí. Sus dedos aún tenían el cobijo de su cabello oscuro enredándose en la piel morena de Ibiki.

—¿Cuánto tiempo nos queda? —preguntó tímida Hinata bajando la vista mientras llevaba su mano a la camisa del ninja.

Ibiki acarició su mejilla y tomándola del mentón, hizo que levantara su rostro y lo mirase.

—Cinco minutos antes de que vaya a ver al Hokage.

—Cinco minutos —susurró— ¿p-puedo pedir cinco más?

Si antes estaba sonrojada, el color que había tomado ahora su rostro dejaría avergonzados a los más rojos tomates. Hinata no podía más con sus nervios. Ibiki rio y acomodó su cabello detrás de la oreja de la mujer.

—Que sean quince —confiado de que Kakashi no se iba a molestar de su tardanza, la tomó de la cintura y volvió a besarla… por cinco minutos más y cinco y cinco. En la intimidad de su oficina, sólo los dos y con sus cinco minutos de puro amor Hinata no podía pedir más.

En el momento que empezó a tratar con Ibiki, su apariencia y la forma de verlo a él habían cambiado. Era un león, pero podía ver lo tierno y amable que era el trato con ella y con simples detalles que podrían no ser demasiado, como ayudarla cuando tenía que cargar archiveros o esperarla para almorzar juntos o cuando insistía en acompañarla a pesar de que ella era una ninja capaz de defenderse, él siempre caminaba a su lado, en silencio y de tanto en tanto, le dedicaba una enorme sonrisa que sacudían su corazón como si estuviera preparando un coctel.

Estaba tan a gusto siendo recorrida por sus manos ásperas, pero a la vez, tiernas y cuidadosas para tratarla, que se sintió mal cuando tocaron la puerta a interrumpirlos.

—Estoy ocupado —dijo Morino esperando que se fueran, pero la voz del otro lado le recordó su reunión y sus cinco minutos extra se vieron esfumados de golpe.

La mujer, sentada sobre el escritorio, se acomodó la blusa con timidez y las mejillas pronto a arder de tan rojas que estaban.

—Ve —dijo la princesa Hyuuga— tienes cosas que atender. Yo te esperaré —le sonrió cálidamente y se puso de pie.

El hombre rodeó el escritorio y buscó dentro de él, removiendo algunas cosas en él hasta que halló con expresión de triunfo lo que había ido a buscar. Tomó la mano de Hinata y depósito entre ellas, una llave.

—Es de mi casa, te veré ahí. No te haré esperar aquí hasta que termine mis deberes. Ponte cómoda.

—Pero…

La rodeó de la cintura y la besó de manera tan audaz que la sangre se le fue a la cabeza a la mujer, sin poder articular una sola oración para negarse a lo que acababa de suceder.

—Haré la cena —musitó con suavidad y él se rio besando su frente antes de salir de la oficina.
La princesa Hyuuga se quedó un rato más ahí, justo después de despedirse de él, miró la llave en su mano y una sonrisa tonta se formó en sus labios atesorándola contra su pecho, salió risueña a hacer las compras para prepararle una deliciosa cena.

******

El olor de la comida que había preparado Hinata traspasaba la puerta, haciendo que más que un transeúnte que pasaba por la casa sintiera hacerse agua la boca con el manjar que había preparado para su pareja. Era buena en la cocina y lo que no podía expresar hablando por causa de su timidez, bien podría mostrarlo en la dedicación que ponía al hacer las cosas para Ibiki.

Él apenas entró, se quitó los zapatos haciendo notar el intenso aroma de la carne estofada que ella había preparado. Hinata se acercó a darle la bienvenida a su casa secándose las manos en el delantal y con cierta prisa al no tener la comida totalmente lista para recibirlo ya con todo servido.

A Ibiki no le importaba eso, que con tenerla en su casa era más que suficiente como para sentirse en paz. La atrapó entre sus brazos y acarició el cabello largo de Hinata, tan sedoso y suave como era el mismo temple de su carácter. Hinata era como una lucecilla en lo oscuro y rin de su vida y no quería, se esforzaba en que pudiera seguir brillando, que la oscuridad y todo lo que había pasado su generación no se repitieran para que la calidez de su persona no se viera afectada por las tristezas de la vida de un ninja.

Ella se apoyó contra su pecho y sonrió feliz antes de levantar la vista y recibir un tierno beso de él, que pronto fue tornándose más intenso haciéndola perder el aliento levantándola del suelo, listo para continuar lo que habían dejado inconcluso en la oficina.

—¡La cena! —exclamó ella al tomar aliento intentando recuperarse de sus propios sentimientos.

—Cinco minutos —le respondió él besando su cuello haciéndola estremecer. Hinata ya no podía más con el repiqueteo de su corazón.

—Tus cinco minutos nunca son cinco minutos —rebatió cerrando los ojos con las manos enredadas en el cuello de él.

—Entonces, dejemos la cena para más tarde —susurró en su oído y sus nervios estallaron haciéndole un nudo en la boca del estómago. Ya no podía, sentir esa calidez en su pecho y el deseo que él expandía en ella como si pudiera contagiarla con sus roces, con sus besos, con su amor, era suficiente para murmurar un sí y corresponderle como no había hecho con nadie.

Cerró la puerta de su habitación y no hubo nada más que ellos dos expresándose su amor. 



¡Un abrazo!
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martes, 4 de diciembre de 2018

Icha icha paradise

¡Hola, hola, mis queridos soñadores! ¿Cómo están? Espero que de diez <3 Dentro de unos días, espero terminar de publicar algunos retos ¡voy contra reloj! Casi, casi como el año pasado o peor, que si no me equivoco, acabé sobre la hora con todo lo que tenía pendiente ¡y para no perder la costumbre!

Hoy les traigo un fic de nuevo <3 Si no han leído nada de ellos, los invito a que pasen por El cielo a mi favor, que ahí encontraran la historia completa al menos, lo que llevo publicando, y además, cuentos extras con sus respectivos dibujos ¡que también tienen de todo! Espero disfruten éste.

Icha icha paradise

Su libro favorito ¡era su libro favorito! Todo mundo sabía que era aficionado a los libros de Jiraiya y que era común verlo leer cualquiera de sus obras en casi, todo momento. Kakashi amaba la lectura y no entendía cómo su novia nunca había sentido el más mínimo interés por ello.

Fuyuki era bastante… pervertida. Adjudicaba eso a la juventud de la mujer, lo desinhibida que era y que realmente, parecía no conocer límite del pudor… o al menos, conocer lo que significaba sentir pudor. Así, pensaba que era un libro que le encantaría y que, seguramente, le daría algo más de qué hablar.

—No es que me guste leer. Aun si es literatura erótica —dijo tomando el libro y hojeándolo rápidamente— tú sabes que me gusta más que lo pongamos en práctica —dijo sosteniendo el libro y rodeándolo por el cuello con una sonrisa pícara que iba a llevarlos a dejar el libro para otro día si daba ese paso.

Kakashi puso sus manos en su cintura y ella respiró profundamente.

—Bien, si es un libro importante para ti, lo leeré.

Sin más, se sentó a su lado comenzando por las primeras páginas del libro. Aunque él había estado bastante calmo de ello, mientras pasaba las páginas y veía el rostro sin expresión de su novia aun avanzando la lectura, lo ponía nervioso y eso que no era precisamente, de mostrar ese tipo de emociones. Pero algo arrepentido estaba, después de todo, su mente maquinaba cosas que… ni si quiera la protagonista de esa novela hacía. Sin contar que estaba ansioso de conocer su opinión ¿Le gustaría? ¿Estaba pareciéndole aburrido? ¿Simplemente, fingía leer mientras pensaba en otra cosa y solo pasaba las páginas?

Se peinó con los dedos y vio por el rabillo de ojo a su novia atenuar una sonrisa, así, curioseó la hoja en la que iba y llegaba a una escena donde el protagonista empotraba contra la pared a la mujer y comenzaban las caricias por debajo de la ropa.

Fuyuki dejó su imaginación volar no muy lejos, que con Kakashi a su lado ni dudó en tomarlo de la camisa y plantarle un beso aun sobre su máscara. Él realmente no se esperó semejante reacción de su parte, sintiendo el peso de ella encima acabando los dos en el suelo mientras ella proseguía quitándole la tela que cubría su rostro y lo llenaba de besos.

No sabía si había sido una buena idea o una mala que ella leyera el libro. Lo que sí sabía es que lo que acababa de aprender en la novela, lo iba a poner en práctica con él. Lo despojó de su máscara y lo besó con las llamas de la pasión a flor de piel. ¿Y el resto? Era cuestión de piel. 


 


¡Y la tira para ilustrar el relato! Espero que les haya gustado <3 La verdad, es que la tira surgió antes que la historia, que fue después de un tiempo que decidí detallarlo al escribirlo. Espero lo hayan disfrutado <3

¡Un abrazo!
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lunes, 3 de diciembre de 2018

La razón de estar ahí

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 Y ahora, les traigo una historia más. Ya les había dicho que tenía muchas ganas de escribir más de este ser de Ojos amarillos ¡y aprovecho ahora! Que cuando vi este Tweet, tuve a idea enseguida.

Este relato, está relacionado con el anterior de Ojos amarillos, quizás, explique un poquito lo que hace aquí y su razón de ser. He tenido idea de meterlo con mis brujitos, aun no sé si en un cuento o como parte de la novela Mientras duerme el sol. Será ir viendo un poquito más adelante :)

La razón de estar ahí


Sus garras afiladas desgarran las hojas secas. Los pasos pesados crujen en el suelo, rompen raíces, dejan marcas en la tierra. El aliento fuerte, como un rugido que deja a su paso un olor a muerte y sangre. Los colmillos se ven sucios, con algunos restos de su alimento entre ellos. Con su lengua bífida, mientras anda entre la maleza y lo que queda de vegetación por el invierno, se limpia los espacios interdentales y sisea. Sus ojos brillan en la oscuridad como dos linternas.

Se detiene y gira con brusquedad la cabeza. Los pelos de la crin se erizan y los dos orificios de su cabeza se dilatan: ha oído algo. Y con la destreza que sus extremidades largas y flacuchas le dan más velocidad para acabar con cualquier presencia en el camino. Pisa el agua, su piel escamosa se ve sucia por el barro y los restos que hay en el suelo de hojas, ramas, frutos podridos, entre otras cosas. Salta sobre su víctima. Un fuerte estruendo se escucha, un alarido y luego, el sonido de la piel desgarrada. Ya sólo se escucha, en el breve silencio que le da la morada del bosque, el sonido de sus fauces devorando al animal que atrapó hace unos instantes.

Engulle hasta sus huesos, se siente el crujido de ellos en su boca. De nuevo, comienza sus rondas una vez ha terminado de comer. Sacude su cuerpo, se quita los restos de follaje que ha quedado encima de su cuerpo por la cacería.

En el corazón del bosque, donde la nieve no lega el frío no traspasa el circulo de protección, hay una bella mujer durmiendo. Su piel de porcelana se ve más pálida por el brillo que le da la noche. Está durmiendo desde hace siglos, acomodada en un mullido colchón impecable a pesar de estar en medio del bosque, con finas sedas y telas a su alrededor y cubriendo hasta su pecho. Su cabello largo cae sobre la almohada, se esparce en el lecho de la mujer y cae al suelo.


Las personas se van reuniendo. Pronto estará por despertar. Presencias de todo tipo. Algunas más oscuras, algunas más claras, otras, casi humanas. El guardián las deja pasar, sólo aquellos que Ojos amarillos permita van a presenciar aquel momento en que ella abra los ojos y su destino se desencadene…




¡Un abrazo!

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sábado, 1 de diciembre de 2018

52 días de reto: día doce

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? ¿Qué tal llevan el fin de semana? ¡Yo con ánimos de avanzar en este reto! Apenas voy al día doce y ya se termina el año y me faltan como cuarenta, es más ¡son exactamente cuarenta! Así que es hora de ponerme las pilas y avanzar con esto de una buena vez òwó

La verdad, es que no tenía nada de idea de qué iba a hacer el cuento. Iba a buscar uno de mis libros de Benedetti y releer sus versos, pero Bukowski se metió en medio y por algo habrá sido. Quizás, no sea su mejor poema, pero es uno que me gusta mucho, quizás, porque pienso demasiado cuando lo leo y él sólo le reclamó a ''La puta que se llevó sus poemas''.


Día doce: Esta semana toca un relato con una canción o poema como tema central de tu texto.


Se llevó mi esencia

No lo entendía hasta que lo volví a leer. No era por machista, no era por misógino. Siempre escuché lo mismo ‘A la puta que se llevó mis poemas’ era un poema de bronca, de ira. Pudiendo llevarse tantas cosas, se llevó lo más preciado: mi alma, mi esencia. Arrancó el espíritu del cuerpo y se marchó. Y eso, eso es peor a que se lleven el dinero que has ahorrado toda tu vida o las joyas de la familia.

No, te llevaste eso único que importaba, esa fuerza interna que me obligaba a hacerlo, a sentarme a escribir, a veces, algo malo, abstracto, como decía Bukowski, sin sentido. Pero saqué los mejores de ese mismo sitio.

Y lo llevaste ¡me los robaste!

¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero?
Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones borrachos y enfermos
en el rincón.
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50,
pero no mis poemas.

Quisiera perdonarte, pero sólo siento bronca. Hay tanto que podías llevarte. Esos cuadros, esos libros que decías eran tan valiosos.

Te llevaste mi poesía.

No soy Shakespeare
pero puede ser que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros.
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba

Un poeta sólo hace poesía con el corazón.

pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
veo que he creado muchos poetas, pero no mucha poesía.


                Ahora, que soy sólo un poeta sin poesía ¿Qué será de mí? ¿Habrá alguna forma de recuperar mi corazón o tan sólo moriré de amor?



¡Un abrazo!
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Te invito a soñar conmigo en: