lunes, 2 de abril de 2018

Envíame un ángel — Parte II

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? ¡Lo prometido es deuda! Así que les traigo la continuación de esta historia <3 La verdad, es que a este dibujo, no lo tenía hecho, fue un poco a prisas, pero espero que les guste <3

De paso, aprovecho a invitarlos al grupo de Facebook de Inkspired ;) que ahí se avisan de actividades, comparten novelas, es muy interesante y dinámico <3


Estando listos, salieron. Fuyuki invitó a Pakkun a acompañarlos, pero el can se negó aprovechando que iba a tener la casa para él y podría dormir, si es que Iwao-kun no lo molestaba. Pakkun era demasiado popular entre los habitantes de la casa.

Lejos de ir por el helado, se entusiasmaron queriendo ir al parque y ambos aceptaron, jugarían un rato hasta cansarse, después de todo, había otros niños allí con los que podrían divertirse, por lo que ninguno objetó nada.

Kakashi se sentó junto a su esposa en los asientos frente a los juegos y se quedaron observándolos.

—¿Recuerdas cuando te enteraste que estabas embarazada? Casi me matas —dijo él recostándose en el regazo de Fuyuki.

Ella sonrió acariciando suavemente su cabellera. Sin la banda ninja, le daba un aspecto más relajado del que tenía con esos mechones rebeldes que caían sobre su frente.

—No podría olvidarlo. Hubo pocos días que hayan cambiado mi vida de esa forma —sonrió con dulzura al recordarlo, pero cuando miró hacia el frente, vio a Anzu en el suelo llorando y su hermano peleando con otro niño— ¡Kazuki-chan, no! —gritó la mujer levantándose a prisas del lugar dejando a Kakashi solo de momento, quién miró cansado el nuevo panorama que se le presentaba.

El hombre suspiró y la siguió, que mientras ella regañaba al niño, Kakashi intentaba consolar a su hija para que dejara de llorar. Eran esas cosas las que no figuraban en los libros para ser padres las que iban descubriendo sobre la marcha, a pura experiencia. Afortunadamente, él era bueno adquiriendo experiencia. Quizás, demasiado.

Pocos días en su vida habían llegado a traerle un cambio para bien. Su memoria, aquellos días que habían hecho que su vida diese un cambio drástico de 180° habían estado marcados por la tragedia, una tras otra. Aunque entre todos ellos, había algunos que podían hacerlo sonreír de sólo pensar en ellos. Cuando se enteró que iba a ser padre, no supo cómo expresarlo. Había dedicado su vida a las misiones, al trabajo, a la aldea. Formar una familia nunca había estado entre sus planes, ni la mínima pizca de interés en ello. Era un ninja y eso implicaba arriesgar su vida en cada misión para poder tener éxito en ella, la familia estaba descartada.

Conoció a su esposa y eso cambió, la soledad le pesaba más que antes y querer estar con ella se volvió una necesidad, esa chispa que hacía que su vida tuviera una razón de ser. Y cuando llegó la noticia de su embarazo, eso aumentó. Mucho más cuando se enteraron que no era un niño, sino, dos. En su vida había pensado en tener gemelos. Y si ya, la idea de tener un hijo lo había puesto feliz, que su familia aumentase le había dado una doble alegría. Aunque era difícil, los primeros meses, los primeros años, todas las primeras veces. Cuando dijo su primera palabra —que no fue ni papá ni mamá, fue Chesun, una terrible pronunciación del nombre del muñeco de Fuyuki, Cheese-kun—. 

Había mucho por delante y él lo esperaba con ciertas ansias que no mostraba, aún era demasiado tranquilo como para mostrarlas, pero no podía evitar sentirlo así. Tener a su familia y poder vivir día a día con ella era una de esas cosas que jamás podría llegar a expresar con palabras por mucho que lo intentara. Era un hermoso regalo que la vida le daba. Aun cuando sus hijos eran tremendos y así pasara la mayor parte del tiempo evitando sus travesuras o siendo cómplices en alguna de ellas o, en este caso, consolándolos por aquella que había salido terriblemente mal.

Regresaron a casa y Kakashi hizo la cena mientras Fuyuki volvía a dejar en condiciones la mesa del comedor. Su esposa era pésima en la  cocina y a él se le daba  bastante bien, que le daba su toque a la  comida y por sobre  todo, salía bien al  primer intento, a diferencia de su esposa  que podía pasar el día antes  de hacer algo comestible.

Los niños habían quedado entretenidos con Pakkun una vez más, habiendo llegado a romper la poca tranquilidad que había conseguido anteriormente. El pobre ya no sabía cómo hacer para escapar de ellos, que aunque era un perro ¡no podía dejarse tratar así! Que parecía ser el juguete de esos muchachitos y lo manejaban como querían. Y a falta de carácter para poner en su lugar a esos niños por el simple hecho de ser niños, se quedaba quieto. Posiblemente, si hubiese sido cualquier otro ni lo hubiese dudado. Pero alzaba la vista, los veía reírse y suspiraba profundamente aguantando estoicamente las monstruosidades que le hacían, algunas, hasta durmiendo, que no hacía mucho que lo había usado de tablero para dibujar con marcadores. El pobre al despertarse había visto cómo sus patas, cola y hasta la cara estaba dibujada con varios colores de tinta. Y para quitárselo, tuvo que pedir ayuda con toda la vergüenza que eso le implicaba, que tener corazones verdes y soles azules pintados en el cuerpo no era algo que pudiera decir con orgullo.

Cuando la cena estuvo servida, logró tener su merecido descanso de ellos, sentándose a cenar con todos. Anzu y Kazuki ya comían solos, no eran hábiles aún, que se ensuciaban con la comida y podían demorar lo suyo en ello, que a veces, terminaban de comer cuando estaba frío todo. Sus padres se los permitían, que en esa etapa de la paternidad, aún se valían, en especial Fuyuki, de los libros y las recomendaciones que daban y la propia experiencia que les iba dando lidiar con sus propios hijos, que había consejos que servían y otros que sus hijos los pasaban por el arco del triunfo. Al menos, con la comida, dejarlos solos les funcionaba. La mayoría de las veces.

Anzu quería la salsa de soja y aunque Kakashi había intentado ayudarla con ello, sus nuevas muestras de independencia no le permitían hacer algo por ella. Y eso que su carácter era mucho más fácil, por decirlo así, que el de su hermano. Kakashi aprendía a aceptarlo y estar ahí para cuando lo necesitaran, que en esta etapa, era realmente poco lo que admitirían, pero él sabía que saldría ganando… la mayoría de las veces.

—Anzu-chan —la llamó Fuyuki cuando el contenido del bote de salsa salió esparcido con rapidez ensuciando a ambos. Tanto Kakashi como su esposa habían quedado salpicados de ello. Y como Kazuki no se quiso quedar atrás divertido por lo ocurrido, metió las manos en el bowl de arroz y lo arrojó fuera del mismo, esparciendo la comida por la mesa.

Pakkun decidió dejar esto por las buenas y desaparecer del lugar con su ración de comida, aunque Iwao-kun no había pensado lo mismo, comenzando a aletear rápidamente nervioso, perdiendo un par de plumas y haciendo un poco más de alboroto al graznar más fuerte, intensificando los problemas que la pareja tenía.

Fuyuki intentó calmarlo y detener el desastre que hacían los niños sin éxito.

Kakashi se puso en pie quitándose el arroz del flequillo con expresión de cansancio. Anzu se había emocionado con la actitud de su hermano y se había sumado a ello, y los regañó a ambos deteniendo la diversión que habían generado desde ese pequeño accidente.

Después de eso, hasta el pato se calló en brazos de su mujer quedando en ambiente en un silencio sepulcral hasta que él lo rompió con un profundo suspiro encogiéndose de hombros.

Nuevamente, les tocaría a los niños y ahora a ellos también, un nuevo baño. Y mientras Fuyuki se encargaba de eso, él limpiaba el desastre que había quedado en el comedor. 

Los llevó a la cama y terminó de secarles el cabello a ambos en su habitación.

—¿Qué pasa, Kazuki-chan? —preguntó ella preocupada secándole el cabello a su hijo, al verlo triste.

—Papá se enojó.

—Eso es porque jugaban con la comida. Papá se esfuerza mucho para que nosotros estemos bien ¿sabes?

Él hizo un mohín.

—¿Y qué haces cuando cometes un error? —preguntó ella de nuevo de cuclillas frente a los dos.

—¡Disculpas! —exclamó Anzu alzando las manos.

—Eso es, te disculpas. Así que pueden ir con papá y disculparse por el alboroto de la cena. Yo los acompañaré —los animó la mujer bajándolos al suelo.

Anzu estaba más que animada para ello, pero Kazuki era un poco terco para aceptar ese tipo de cosas. Aun así, hacia el intento por aprender y mejorar, que era lo que más orgullosos los dejaba.

Kakashi terminaba de secar los platos cuando ambos se les enrollaron a las piernas, llevando su atención hacia ellos. Anzu fue la primera en hablar, pero a Kazuki le costó. Él se puso de cuclillas estando a su altura y los miró con una sonrisa. El niño miraba el suelo, jugando con sus dedos, inquieto. Lo miró de reojo sin dejar quieto su pie derecho que tamborileaba contra el suelo de manera constante.

—Lo siento —dijo a regañadientes— ¿me vas a seguir queriendo? —preguntó eso último de manera más tímida a lo que su padre respondió revolviendo sus cabellos con una sonrisa alegre.

—Por supuesto que te voy a seguir queriendo —le dijo tomando en brazos a ambos— siempre van a ser mis pequeños.

—¿Sempre? —preguntó el niño un poco más animado.

Él asintió sonriente y eso hizo sonreír al pequeño también. Tan sólo pensaba en esa sencillez propia de la edad y de los niños en el que su temor más grande era perder el amor de sus padres. Le dio un beso en la frente haciendo sentir mucho mejor al pequeño.

—¿Habrá cuento? —Su voz sonó con tono de preocupación y eso puso expectante a su hermana también.

—Habrá cuento —respondió con intención de llevarlos hasta la habitación a que descansaran.

—¿Harás magia? —volvió a preguntar Kazuki con el brillo en sus ojos que iluminaba su rostro.

—Su madre hace magia, yo soy un ninja.

—No, no. Desapareciste y apareciste. Es magia.

—Oh, es eso —se rio recordando el momento en que habían huido del baño— son muy jóvenes para eso —y con eso, había sacado a la luz la frustración del niño una vez más, que estaba a punto de hacer una rabieta— ¿mamá nos acompañará o sólo se quedará mirando? —preguntó él al llegar al umbral de la puerta y pasar a su lado.

—Me gusta mirar. Eres un excelente padre como para que interrumpa el momento —dijo Fuyuki siguiéndole los pasos hasta el cuarto de sus hijos.

—Sólo me haces la pelota porque no quieres ser tú quien responda esas preguntas.

—Sólo piensa en el primer truco de magia que me viste hacer. Sabrás que tendrás muchas preguntas qué responder si le dices la verdad —le recordó ella y despertó la intriga de los pequeños e hizo sudar frío a Kakashi al recordarlo ¿cómo iba a decirle que el primer truco que había visto de su esposa había sido cuando le había robado? Peor aún, quizás, hasta consiguiera que los niños se motivaran y quisieran imitarla, así que siguiendo sus consejos, decidió obviar el tema. Kakashi sabía que eso era como retarlos a hacer algo, que la psicología inversa funcionaba a la perfección en los niños y a veces, se aprovechaba de eso. A veces. 

Por suerte, al llegar al cuarto, llegó la discusión de qué cuento querían que les leyeran, el tema quedó en el olvido.

Casi después de diez minutos, eligieron un libro y justo como sucedía cada noche, se quedaron dormidos antes de saber cómo continuaba la historia. Anzu era la primera en caer ante los brazos de Morfeo, mientras que Kazuki intentaba mantenerse despierto un poco más, haciendo preguntas sobre el héroe e interrumpiendo a Kakashi cada vez que llegaban a una parte interesante, haciéndole preguntas sobre la historia. Esa noche se enfocó especialmente en la razón por la que el héroe viajaba en barco cuando podía caminar por sobre el agua. Aunque finalmente, se durmió sin que pudiera llegar a averiguar sus razones.

Él encendió la lámpara de la mesita de noche que estaba en medio de la habitación, entre ambas camas y salió, quedándose en la puerta unos instantes.

—Míralos dormir, son un encanto —dijo ella apoyada en el umbral de la puerta. Los brazos de su esposo se enredaron en su cintura apoyando la cabeza en su hombro y dándole un beso en la mejilla.

—Sabes a salsa —le dijo riéndose suavemente— lo son. Últimamente, sólo cuando duermen.

—Kakashi-kun —él la miró intrigado— soy muy feliz —apoyo su cabeza en su pecho— aunque sea agotador, no los cambiaría por nada del mundo.

Él sonrió besando su mejilla, pero ella volteó encontrándose con sus labios, besándolo apasionadamente.

—Yo tampoco.

Hace tiempo, había deseado un ángel, uno lo ayudará a ahuyentar la soledad en la que vivía. Y ahora, lo tenía, había llegado su esposa y con ella, había traído dos bendiciones a su casa. Desde ese preciso momento, supo que no podía imaginar una casa vacía, ni silenciosa. Ni si quiera, tranquila. Había aprendido a que los gritos, las risas, el llanto, todo el ajetreo que le daba su familia, incluso, los graznidos del pato fueran parte de su rutina diaria. Sin ello, no estaba en su hogar.

Ser padres no era sencillo ni lo iba a ser. Tenía sus momentos malos y buenos. No sabía qué le iba a separar el destino, ni a él ni a su mujer, pero seguiría feliz, dando lo mejor de sí por ellos tres. Por su incierto mañana y su bello presente, sólo sabía que seguiría disfrutándolo y aprendiendo de ello, por sobre todo, esto último.

Ser padre era todo un reto, pero Kakashi iba a superarlo con éxito.

—Deberíamos ahorrar agua y bañarnos juntos —sugirió su esposa sensualmente apoyando sus pechos contra el de su esposo, dibujando ochos sobre su camisa con su dedo índice, sacándolo de sus pensamientos con suma rapidez.

Kakashi sonrió sujetándola de la cintura, complacido. Ella, escapó de sus brazos jalándolo de la mano. Dejando a sus ángeles dormidos, siguió el camino que guiaba aquel ángel que le había puesto la vida de cabeza, ese mismo que podía confundirse con un demonio bien vestido.

Y no iba a negar que a él, le encantaba.


 <<Parte I

Espero lo hayan disfrutado <3

¡Un abrazo!

14 comentarios:

  1. Aissss, qué adorables. ¡Sin duda que les ha dado un giro de 180º la llegada de los niños! Quizás sea porque conozco a los personajes sólo por tu fic, así que tengo muchas ganas de saber más detalles sobre ellos.
    ¡Un beso!

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    1. Es literal que los niños te cambian la vida ajajajaja te recomiendo leer el manga, en poco subiré una reseña de él ;) pero seguiré con el fic para que los conozcan mejor, especialmente a Fuyuki y sus hijos, que esos no salen ahí XD

      ¡Besos!

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  2. Son unos personajes muy especiales, hasta el perro y el pato lo son.
    Bien contado.
    Besos.

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  3. Es una preciosidad... muy dulce :)
    Siempre me gusta la fluidez de tus textos, producen una lectura superagradable
    Bss

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    1. ¡Qué gusto! Me aleegra que te parezcan fluidos mis textos <3 es un gusto leer algo así

      ¡Un abrazo!

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  4. Otro genial capitulo.
    Me encanta esta familia, tienen sus altas y bajas pero se comprenden, necesitan y se aman, y son felices con sus hijos, y sus mascotas. Admiro tu forma de escribir y expresar tus palabras en una madeja de acontecimientos. También este dibujo te quedó precioso. Lindos colores!

    Abrazo!

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    1. Por sobre todo, se aman y han aprendido a convivir juntos a pesar de sus diferencias, me encantan <3 Me alegro que hayas disfrutado el texto y el dibujo ¡Un abrazo!

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  5. Totalmente de acuerdo con los demás amigos , leerte es un lujo y tus personajes con mascotas incluidos ..muy lindo guapa .
    Feliz semana .

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    1. Muchas gracias, Campi, un gusto tenerte siempre por aquí <3

      ¡Un abrazo!

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  6. Uy me encanta esa familia es muy dulce y adoro el personaje Kakashi y su esposa

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  7. ¡Que bonito el dibujo! Me encanta como dibujas... ojalá dibujara tan bien como tu .
    Me está gustando el fic... Kakashi es un sol.
    Un besito

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    1. ¡Gracias! Mira que ando haciendo varios experimentos en Photoshop, me alegra que sean de tu agrado. ¡Ánimo, que si practicas, seguro lo logras ;)!

      Kakashi es un encanto, no hay dudas de eso <3

      ¡Un abrazo!

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