domingo, 15 de abril de 2018

Ahora que estamos solos #3

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? De nuevo, no llegué a la convocatoria de la semana y tenía bien claro que quería usar a Jack y a Marissa para la historia, pero por una u otra cosa, no llegué a terminar de escribirlo y bueno, aquí me ven, que todo se publica, dentro o fuera de la convocatoria y estando ya fuera de la misma, el límite desaparece e.e 

Esta semana nos convocaba Gustavo a hablar de amos y amas de casa. Pueden ver a los compañeros en el siguiente link.

Y si no tienen idea de quiénes son Maarissa y Jack, los invito a leer Si perdemos el control, especialmente, en los cuentos, que es donde más participación tiene Jack, que Morgan es especialista en robar cámara (?)

Amo de casa

Se le hacía raro llegar a la casa y no escuchar a Morgan cantar desafinado mientras escuchaba a Louis Armstrong o a Ray Charles. Debía admitir que si no hubiese sido por su amigo, no se hubiese acostumbrado a escuchar ese tipo de música ni mucho menos, a disfrutarla. Jack no era mucho de la música, aunque le gustaba, llegaba el momento de elegir un género y podía decir que le gustaban todos y que podía relajarse o sentirse a gustos con todos. Por ahí, había alguna canción que lo movía un poquito más que otra, pero no llegaba a ser tan entusiasta como Morgan, que le había enseñado un poco a disfrutar la música.

Hacía apenas tres días que se habían mudado de la casa que habían compartido por casi cinco años. Y ahora, que estaba ya disfrutando su vida de casado con Marissa, lo normal era que tuvieran su propio espacio, más ahora que Morgan había conseguido un trabajo estable y pasaba gran parte del tiempo resolviendo los acertijos de la agencia o quejándose de la simpleza de los casos que le daban. Aunque, algunos le interesaban de simple cotilla que era, que las infidelidades eran como la novela de la tarde para él, si alguna vez lo había acompañado y hasta golosinas llevaba para ver las escenas, especialmente, cuando el trabajo estaba hecho y quería ver la resolución: si rompían, se arreglaban o no volvían a verse nunca más. Algunos, hasta eran violentos teniendo que recurrir a llamar a la policía para que no pasara a mayores.

Su vida de casados era agradable. Aunque Marissa solía llegar una hora después de él, por lo que se encargaba de preparar la comida hasta que ella llegara y ordenar la casa. Eso era algo que también extrañaba: cuando llegaba a casa, Morgan estaba tan aburrido que se ponía a ver programas de cocina o compraba libros de recetarios estrafalarios y terminaba haciendo un gran experimento en la cocina que es lo que servía de almuerzo. Y no podía negar que aunque siguiera las recetas al pie de la letra, no lograba conseguir el sazón que le daba su amigo a la comida. Marissa tampoco, aunque no cocinaba nada mal, que las veces que había preparado la cena para ellos, había sido exquisita. Sin embargo, a ese momento, Jack creía que dependía absolutamente de Morgan. Primero el ejército, luego el trabajo, ahora la casa. No podía dejar de pensar que él había abandonado todo para servirle de apoyo y había sido al revés, siempre era al revés cuando se trataba de Morgan. Quizás por el carácter frío y directo como si fuera una flecha que diera de lleno en el corazón, no tenía pelos en la lengua para decir absolutamente nada y mucho menos, para hacerlo, de ahí que se llevara tan mal con Marissa. 

Eso lo llevaba a otra de las razones por las que habían decidido que la casa no podía seguir siendo compartida: era un campo de batalla entre ellos dos. Si bien, él había participado en una guerra, prefería el campo de batalla y no las discusiones y las bromas de su mejor amigo y su esposa, que llegaba a querer desaparecer en ocasiones, que ninguno se contenía en lo más mínimo.

Mismo, ahora que estaba solo con su esposa, se daba cuenta de lo mucho que hacía en la casa, que era llegar y ponerse a cocinar y organizar algunas otras cosas, hacer la colada, limpiar, ordenar la mesa que quedaba hecha un desastre tras el desayuno por las prisas, porque los dos salían casi al mismo horario y para mejor, iban en sentido contrario, así que ni si quiera podían compartir vehículo para hacer el viaje más ameno e ir charlando un poco más. No, ni si quiera eso.

Jack suspiró mientras sentía el olor a quemado y corría dejando el cesto de ropa a quitar el bife de la plancha. Lo miró, bueno, esa porción iba a ser para él, haría el otro con más cuidado que se había olvidado por completo de la comida por estar al pendiente de otras cosas.

Y mientras corría las cortinas y abría las ventanas para que entrara el sol de la media tarde a la sala, sintió la puerta y a su esposa decirle algo sobre el olor a quemado que salía de la cocina. Sí, él también lo sentía e iba a costar sacarlo, por eso, iba a ventilar bien la casa.

—Ya casi está listo.

Marissa miró la carne que se veía poco apetitosa y sonrió lo mejor que pudo dándole un beso a su esposo y recargándose contra su brazo un momento para luego, soltarlo y poner la mesa.

—No vayas a decirlo, pero, extraño a Morgan. Es un idiota, pero sabe cocinar bien.

Jack se sintió tan sorprendido por la confesión de la mujer que casi se quemó con la sartén por culpa de ello, golpeándose con el mango y barajando el paquete de sal que estaba al lado de la hornilla, que si eso caía encima, sí que iba a ser incomible.

Marissa sintió el ruido y volteó a verlo señalándolo acusadoramente con el dedo.

—Llegas a repetirle eso a Morgan y te mataré lenta y dolorosamente –le dijo y él se rio. Con su relación, imaginaba que él iba a aprovecharse de eso, así que era mejor mantenerlo en secreto.

—Sí, señora —dijo irguiéndose cual soldado en el ejército a lo que ella respondió dándole un suave golpe en el brazo, discutiendo juguetonamente mientras hacían la ensalada.

En eso, sintieron el timbre de la casa. Marissa salió a atender pensando que era un vendedor cuando vio al detective llegar con una cazuela en manos. Juraba y rejuraba que tenía poderes telepáticos además de ser insoportable que había llegado justo cuando hablaba de él. 

—Como sé que hasta la fecha no has hecho nada de consumo humano, traje el almuerzo. Mataras a mi único amigo si se alimenta sólo de lo que cocinas —le dijo Morgan como saludo mientras se limpiaba los pies en el tapete y entraba a la casa sin prestarle mucha atención a la mujer, lo que siempre le hacía hervir la sangre.

 ¿Por qué ni si quiera viviendo lejos de él podían deshacerse de su presencia? ¡Oh, sí! Por Jack. En bendito momento había llegado a ser el único amigo de Morgan, aunque, en algún momento tenía que preguntarle si conocía a alguien más que fuera tan cercano como él, que en sus reuniones y salidas con amigos, el detective era el único que estaba presente, lo que hacía que pensara que eso de ser únicos mejores amigos era mutuo.

—¿Eso pensaban comer? —dijo mirando la carne quemada—te dije que era terrible cocinando.

—Lo hice yo —dijo Jack cruzado de brazos.

—Te ha contagiado —fue su respuesta rápida dejando la comida en la encimera— les dejaré esto aquí y tengo —estiró su brazo mirando su reloj— quince minutos antes de que llegue a vecina del frente con su amante. Con su permiso, usaré su ventana —y directo a lo que había ido a la casa, se instaló en el sofá con los binoculares y un sistema de audio para escuchar todo lo que pasaba, además de la cámara de fotos para no perderse nada.

—¿Vas a espiar a nuestra vecina? —le reclamó Marissa indignadísima—¡Acabamos de mudarnos! No quiero tener problemas con ellos.

—Es trabajo y no los tendrás. Finge que no me conoces, eso te sale bien —le hizo una seña con la mano para que se fuera de su improvisada oficina.

Ella, molesta como estaba, llamó a su esposo quien inhalando todo el aire que sus pulmones podían contener, se acercó a negociar con Morgan. Éste, que ya lo conocía de memoria sólo dijo dos palabras: monster truck. Y ya con eso, no pudo decir absolutamente nada. Era el espectáculo más brutal y fascinante del año como para perdérselo, no iba a decirle que no. Aunque sabía que por su bienestar debía decirle que no, que la mirada de su mujer clavada en su espalda era peor que un cuchillo atravesándolo. Y aun con cada fibra de su cuerpo gritándole que era un idiota y que era un error, dijo que sí.

Marissa se fue mosqueada a la cocina, él la siguió y Morgan sacó su termo con café del bolso y un chocolate mientras seguía mirando fijamente hacia la calle.

Jack sabía que mantener la casa era difícil, que mantener el matrimonio lo era y las amistades también. Todo necesitaba mantenimiento y dedicación. Le costaba y le iba a costar más. Pero apenas probó el guiso que había cocinado su amigo, las prisas y furias se desvanecieron al igual que las de su mujer. Y supo que el primer paso para ser un buen amo de casa, era cocinar bien, que al menos, si la comida estaba buena, hasta las broncas se pasaban y la charla se volvía más amena. Y ya su amigo que espiaba por la ventana no importaba, era feliz en su nueva casa, en su nueva vida y con su amada. 




Espero lo hayan disfrutado <3

¡Un abrazo!

5 comentarios:

  1. Que buena historia, un amigo molesto pero cuya presencia mejora algunos aspectos de la vida doméstica. Hiciste algo interesante con ese tema.
    Tenemos personajes con rasgos en común. Ulises Lestrade tiene nociones de alquimia, impartidas por una bruja que fue su amante, creció en una región de Francia. Pero se dice que cocina mal, como Morgan.

    Besos.

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  2. Amiga vaya relato que nos has dejado , no importa lo tarde que ha llegado sino el contenido ..y genial no podía ser de otra manera , has incorporado un miembro más quizás el tercero en discordia pero en este caso no vino mal ajjaaaj.
    Un abrazo y feliz semana muakkkk..

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  3. Uy veamos como les va a los tres y si pueden convivir entre ellos . Genial historia

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  4. Vayam excelente giro de la trama, gracias por el relato, un abrazo

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  5. Después de todos esos años compartiendo como roommates, Jack le va costar un tantito acostumbrarse a vivir sin él, pero la compañía de su esposa Marissa aliviara esa tristeza. Está dicho que "el casado, casa quiere" los desacuerdos entre el amigo y la esposa pudieron empeorar, buen detalle el haberse separado.
    Al menos Jack trata de cocinar y hacer lo mejor por Marissa. Que no cambió su rol en los quehaceres del hogar. Pobre Jack! y su amigo, que siga pillando por la ventana, que mas da. Me encanto este capitulo, te quedo genial para ese reto juevero.
    Abrazo!

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