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domingo, 18 de febrero de 2018

Encuentro y partida

¡Hola a todos! ¿Cómo están? He tenido un día realmente horrible >.< ¿No les pasa cuando no ven la hora de que se acabe el día? Bueno, así. Aun con ello, he hecho mi catarsis escribiendo ¿qué sería de mí si no tuviera la escritura? Y realmente, me ha salido un relato entre lo macabro y el humor negro. ¿Protagonista? Uno de los que me encantan ¡Un esqueleto! Con una vitalidad digna de envidiarse.


Encuentro y partida

Estaba oscuro, frío y húmedo. El olor del musgo y la madera vencida por el paso del tiempo se olía en el ambiente. Podría haberla olido de tener nariz. Un hueco negro y vacío se cernía sobre su cara. Las orbes hundidas y los dientes amarillentos, llenos de tierra y humedad formaban una expresión feliz, o al menos, si los huesos tuvieran la flexibilidad de los músculos que había perdido, se habría visto feliz, pero transmitiría esa sensación de alguna manera. 

Se sacudió las costillas y los hombros, haciendo sonar sus dedos huesudos.

—Pero que buen ritmo —dijo al sentir el golpe de sus dedos contra el hueso, repitiéndolo para acabar silbando la melodía que descubría de improviso con su cuerpo— quizás, aun me queden hojas pentagramadas —y comenzó a caminar dejando atrás la tumba que le había dado cobijo. La madera rota sobresalía por el foso habiendo quedado varias astillas en el suelo que se habían pegado a su esqueleto.

Caminó hasta la avenida, habiendo dejado atrás el cementerio. Llevaba un reloj viejo pero reluciente de oro maltratado por el tiempo, pero luciéndolo orgulloso en su cúbito y radio. Ahora, tan sólo necesitaba un vehículo y si bien, era un esqueleto, dudaba que lo dejaran subir al transporte así como así.

Había pasado tres décadas enterrado ¡tres! Y eso que habían prometido encontrarse pronto y nada. Esperar cansaba, así que harto de tener el ataúd para él sólo, decidió que era momento de ir a hacer una visita, por lo menos, para aguantar otras décadas en el sepulcro hasta que le llegara la hora.

Se detuvo en la parada del colectivo, habiendo ahuyentado a los transeúntes que esperaban a viva voz y gritos.

—Han de tener mucha prisa —se dijo desentendido cruzando los brazos, mirando el reloj sobre su muñeca. Diez y veinticinco, aún tenía tiempo para tomar el ciento tres, que si ella seguía en el mismo lugar y con los mismos hábitos de siempre, llegaría para el final de la novela de la diez. Santo horario, que aun en vida, nadie la molestaba con la novela de turno, dudaba que hubiese cambiado con su partida.

Vio el colectivo llegar y le hizo la parada, pero hubo un choque ahí mismo. Un auto había hecho una mala maniobra al ver al esqueleto esperando de pie mientras tarareaba una canción ¡Y qué alegre melodía canturreaba! Pero fue el principio del caos. Uno sólo fue suficiente para causar estragos y generar un choque en cadena: seis autos y el colectivo.

—Menuda imprudencia. En mis tiempos los conductores eran más cuidadosos —se quejó lamentándose del incidente, intentando acercarse a ayudar a una anciana que había caído justo frente al accidente, pero de sólo verlo ¡hasta el bastón se olvidó! Que con las reumas y los achaques de la vejez, la vieja salió corriendo a todo galope gritando que aún no era la hora de que le diera la mano a la parca. 

Una falta de respeto total para él que había ido con muy buena voluntad a ayudar. ¿Pero qué más le daba? ¡Los tiempos habían cambiado! Y las buenas costumbres se habían perdido con ello.

Lamentándose, volvió a la vereda sintiendo el estrepito de otro vehículo estrellándose. Las ambulancias y a policía estaban cerca de llegar que las sirenas se escuchaban a la distancia. Pero él, con las prisas que tenía, iba a buscar otra parada.

¡Y vio su salvación! Vio a un muchacho dejar su bicicleta para entrar a un quiosco. No se había percatado del muerto hasta que se le acercó, posando sus manos huesudas sobre las de él para entregarle el reloj a cambio de la bicicleta. El chico había quedado paralizado del susto, viendo alejarse al esqueleto en su bici cantando ‘hoy puede ser un gran día’. ¡Y qué lo era! No todos los días sucedía algo así.

Se detuvo en una calle transitada, dejando todo tipo de reacciones a su paso, desde accidentes nuevos hasta desmayados. Algunos más audaces, hasta lo había filmado. Gabriel, el esqueleto, había sido un hombre peculiar tanto en vida como en muerte ¡Y se notaba! Que ni la muerte lo afectaba para dar la nota en plena noche.

—¡Señoritas! Necesito que me indiquen un par de direcciones. Esto ha cambiado tanto que estoy perdido y no llegaré a ver a mi señora —contó él deteniéndose ante un grupo de abuelas que chusmeaban en la puerta, pero las viejas le cerraron la puerta de un portazo olvidándose hasta las sillas en la entrada— se habrán emocionado. Seguro que también ven la novela —dijo volviendo a poner el pie sobre el pedal a seguir andando. Algo iba a encontrar, como qué, tenía toda la muerte por delante para llegar.

Se detuvo en un quiosco en donde un chico casi con movimientos robóticos le señaló el camino. Y ahí lo reconoció cuando llegó a la calle de su barrio: todo estaba como siempre. La casita con las tejas salidas, la pared a medio pintar, como él la había dejado cuando se había caído del techo por el limón atorado en la canaleta ¡menuda suerte de caer de cabeza!

El portón hacia el mismo ruido estridente que antes ¡digno de una película de terror! Que en su casa, los efectos de sonido le sobraban para ambientar cualquier historia.

Abrió la puerta con la llave escondida debajo de la maceta que cubría la enredadera y entró directo a la habitación.

—¿Y por cuánto más me ibas a dejar esperando? Tampoco es que tenga la eternidad por delante —mentira, que la tenía, pero tampoco es que fuera a hacer su aparición sin ningún reclamo.

La anciana que descansaba en la cama, saltó y casi recuperó su vitalidad al ver al esqueleto en frente de ella, casi como todos, que Gabriel como esqueleto parecía ser mejor remedio que cualquier ciencia médica. Se persignó varias veces y le rezó a la virgen santísima y a todos los santos que iba recordando sin dejar de persignarse tantas veces como las manos le eran capaz de permitirse.

—Virgen nada ¡soy tu marido! —Le reclamó acercándose hasta la cama y ante los ojos bien abiertos de ella, se quitó los anteojos para verlo bien de cerca.

—¿Gabriel?

—El mismo —y se miró en el espejo de la cómoda— los años me han hecho mucho más pintudo[1] — y hubiese arqueado las cejas picaron si las hubiese tenido, pero con aquel gesto que hacía con sus dedos peinándose una melena que no tenía, era más que suficiente para ver lo confianzudo que seguía, tal y como había sido en vida— ojalá tuviera una buena barba, eso te encantaba —dijo acariciándose el maxilar inferior haciendo un ruido suave con sus huesos.

—¿A qué has venido? —Logró articular cuando se le pasó la sorpresa. En realidad, aún mantenía el rosario entre sus manos, pero esos gestos lo había visto sólo con él ¡y huesos o no, era él! ¡Su Gabriel!

—Me cansé de extrañarte.

—¿Entonces, vienes a llevarme? —La mujer se encogió en la almohada y miró la televisión. Aun no sabía si Juana estaba embarazada de Claudio o de Pepe como para mandarse a mudar así nomás. Que a esa edad y con su jubilación, sus penas más grandes residían en los problemas de alguien que ni si quiera era real.

—¡Nah, qué va! Vine a acompañarte. Espero que me hagas esperar un par de décadas más —se sentó a su lado y fijó sus orbes vacías en la televisión con lluvia ¡si era la misma que él había comprado!

—¿Y cuánto te quedarás? —Preguntó soltando el rosario y tomando con cuidado su mano, entre los temblores de la vejez y su alegría por volver a estar en su compañía.
 
—Lo que tú quieras, querida —su mandíbula quiso formar una sonrisa que le erizó la piel. La anciana se rio y le dio una suave palmadita en los huesos que algunas vez habían tenido unas rosadas mejillas.

Justo acabó el comercial y se enteraron de la suerte de Juanita.

Ya se podía ir en paz.



[1] El Word me lo ha corregido, así que imagino que es un argentinismo. Pintudo es alguien muy elegante, bien vestido.


¡Un abrazo!

18 comentarios:

  1. Me gusta eso de escribir como catarsis.
    Y me gustó el estilo del relato, un poco simpsoniano, un poco a lo Tim Burton. Y muy a tu estilo.
    Un abrazo

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    1. Es una buena terapia, sin duda alguna <3

      ¡Gracias por eso! Es una serie y un director que me fascinan, que bueno que tenga mi estilo.

      ¡Un abrazo!

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  2. Te iba a desear un día horrible para que al final de él nos regalaras otro relato como este jajaja porque es genial, muy a lo Tim Burton como dice Demiurgo.
    Me ha encantado y hoy ten un buenísimo díaaaaaaa :)
    Bss

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    1. Ajajajajajaja intentaré escribir más cosas así sin tanta motivación del mundo XD

      ¡Un abrazo!

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  3. Que quiere que te diga , lo haces de maravilla y cada vez te esmeras en cada escena así pues de aquí a la fama ..
    Muy buen relato así pues esperando el siguiente .
    Un abrazo y feliz semana .

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    1. Ojalá fuera a la fama así nomás xD que más que encantada.

      Me alegra que los disfrutes.

      ¡Un abrazo!

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  4. Como dices, ponerse a escribir es el remedio para un mal día. De hecho, la felicidad completa o un estado de plenitud tiene unos efectos devastadores en la imaginación. Un relato ingenioso, simpático y redondo. Te felicito porque lo hayas escrito del tirón. Un abrazo!!

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    1. Dolina siempre dice que todo arte necesita de algunas tristezas. Creo que tiene razón. Muchísimas gracias por pasar <3

      ¡Un abrazo!

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  5. (。◕ ‿ ◕。)/ Holaaa Roxana!!!
    pues si me ha pasado y lo peor es que el día no pasa nunca >.<

    con respecto al relato me ha encantado te ha salido bastante bueno además me ha encantado que el personaje principal sea un esqueleto creo que de alguna manera si le da un poco de humor negro su presencia. Gracias por compartir este hermoso relato :D

    Espero puedas pasarte que estés bien!

    穛 S4Ku SEK4i®

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    1. ¡Es que son geniales! Me encantan este tipo de protagonistas tan peculiares.

      ¡Un abrazo!

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  6. Uy me encanto el final no me lo esperaba. Fue genial un relato genial. Animó te deseo una buena semana

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  7. ¡ANIMO! Seguro que mañana será un gran día... ya verás como todo mejora. Pues mira tu, ya a éstas alturas no me sorprende tus relatos oscuros y tétricos, le estoy comenzando a coger el gusto y todo.
    Un besito y fuerza

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    1. Es que son los mejores y los que mejor se me dan, para qué negarlo xD qué bueno que le vayas tomando gusto <3

      ¡Un abrazo!

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  8. ¡Hola,Roxy! Primero, perdona que desapareciera estas semanas... ¡tardaré un poco en ponerme al día! Segundo, me encantó tu relato *__* Divertido, un poco macabro... y el final fue enternecedor.
    Genailoso
    Muchos besos

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    1. N te preocupes, pasa cuando puedas que las entradas seguiran estando para que las leas <3 me alegro que lo disfrutaras.

      ¡Un abrazo!

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  9. Hola, Roxana
    Si tambien me ha pasado el tener un día interminable, fastidioso. Escribir era también para mi un desahogo, pero ultimamente lo hago saliendo con mi perro a correr. =0)

    Me encanta tu protagonista. Me lo he leido de un tirón agarrada de la mano del esqueleto Gabriel, he gozado junto a él, en ese viaje desde que salió del cementerio. Que original, me partio de risa cuando hizo el cambio del reloj por la bicicleta. Redondo el final!
    Abrazo!

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    1. Sí, esos días son terribles. Que bueno que hagas ejercicio para pasar esos malos momentos, la verdad, es que a mi me gusta muy poco eso xD

      Gabriel me ha salido de lo más pintoresco, me encanta y no niego de usarlo quizás, en algún otro relato.

      ¡Un abrazo!

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¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Pueden escribir lo que gusten, tienen todo el espacio que quieran para comentar ¡Y no se echen para atrás por ser una entrada vieja! Yo responderé el comentario sin importar la fecha <3

¡Qué tengas un lindo día!

¡Un abrazo enorme!

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