lunes, 18 de diciembre de 2017

52 días de reto: día cuarenta y tres

¡Hola, hola! ¿Cómo están? He empezado de lo mejor la semana lista para escribir y tengo reto del día para hoy ¡Y me toca hablar de asesinos! Y no es como si me faltaran personajes que son expertos escapando de la justicia. Apenas vi el reto, tuve una idea para retomar un cuento que publiqué hace un tiempo ya por el blog. Si quieren leerlo, pueden pasar por Apaga la luna que los ángeles nos miran.

Día cuarenta y tres: Convierte a tu personaje en un asesino. Trabaja la coartada con esmero y cuida de no dejar pistas… Todo ello sobre el papel.



Sin rastros: enciende la luna

Podía haber sido ese momento, quizás, mucho antes que ella había decidido alejarse y tomar su propio camino. Allison había sido el saco de boxeo de su padre desde que tenía memoria. Aguantaba a ese viejo drogadicto porque debía hacerlo. Pensaba que podría seguir en casa hasta que tuviera el dinero suficiente para marcharse, pero no había tenido oportunidad de probarlo. Terminó siendo vendida por un poco más de heroína, cocaína o un coctel barato de cualquier cosa. No lo supo ni lo quiso saber tampoco.

Tuvo su oportunidad, su primera oportunidad de verdad. Aun cuando estaba en la cama de aquel hombre que esperaba desnudarla esa noche, ella optó por recurrir a algo más brutal todavía. Y así, obtuvo la primera pieza de su colección que no haría más que crecer desde entonces: una calavera. 

Lo único que había al lado de la cama era un velador de cerámica que ella rompió en la cabeza de su victimario que ahora, se había convertido en su víctima. Pero Allison no acabó allí. Podría haber simplemente escapado al dejar atontado a su nuevo dueño, pero ella recurrió a más todavía. Su instinto de supervivencia le decía que no iba a acabar ahí, que debería seguir luchando y tomando un trozo de cerámica, lo apretó en sus manos hasta que ella misma se lastimó y empezó a apuñalarlo con él. 

Él, había intentado detenerla con un grito que caló el silencio de la habitación apenas ella lo apuñaló cerca de las costillas flotantes. Él sostuvo una de sus manos y ella lo pateó y clavó el trozo de cerámica en ella, habiéndolo clavado tan fuerte que tuvo que forcejear para quitarlo. Así, una y otra vez. Una y otra vez. Ya ni si quiera estaba segura qué parte de su cuerpo apuñalaba, simplemente, clavaba su puñal improvisado ahora teñido de rojo y sumamente pegajoso por la sangre ajena. Así estuvo unos instantes hasta que su descarga de adrenalina bajó y vio lo que había hecho: no lo podía creer.

Allison dejó caer el arma de sus manos y se bajó de la cama. Trastabilló y cayó al suelo, dejando sus manos marcadas al levantarse por la sangre que había en las mismas. Y no eran sólo sus manos. Su torso, sus piernas, su rostro, hasta en su cabello había sangre. Nunca se había imaginado así, no, no. Y ahí estaba, teñida por la sangre con el cuerpo de una de sus víctimas, la primera de todas desangrándose en la cama hasta coagularse y enfriarse.

Lloró y al pasar sus dedos sucios por su rostro, dejó una marca en él por donde sus yemas se posaban, lo que le duró poco porque entre lágrimas derramadas, comenzó a reírse. Fue algo suave, apenas audible en un principio, pero la risa fue cobrando fuerza hasta que se volvió escalofriante.

—¡Soy libre! —Gritó finalmente con todas sus fuerzas centrándose en la lámpara del techo— finalmente —y siguió llorando hasta que le dolieron los ojos.

******

Deshacerse de un cadáver no era una tarea sencilla. Y ella que estaba aun abrumada por lo sucedido, no sabía pensar con claridad. Pasó la noche entera en la casa, se cuidó de limpiar todo. Quemó las sábanas, el colchón y ella se limpió y se cambió con ropa de él. No le importaba lo grande que le quedaba. Allison no sólo era portadora de una palidez sepulcral, sino que su delgadez era también, propia del sepulcro. Ahora, sólo le quedaba a ella deshacerse del cadáver. Pensó en quemarlo y quemar con él toda la casa, así no quedarían evidencias de que ella fue la que hizo todo. Había quitado absolutamente todo y limpiado con cuidado cada una de sus huellas, hasta se cuidó de que no se lo hubiese caído un solo cabello que pudiera ser incriminador.

El fuego seguía siendo su mejor idea. Pero pensó que podía quemar el cadáver en otro lugar. Si alguien detenía el fuego antes de que la casa ardiera por completo junto con él, ella iba a ser incriminada también. Ya había quemado el colchón, así que era posible que algún vecino estuviera alerta.

Buscó entre los cajones y encontró las llaves de su auto. Lo envolvió en una alfombra y lo arrastró hasta el vehículo donde lo tiró en su interior. Con las manos temblorosas, metió la llave en el contacto y comenzó su viaje fuera de la ciudad. Iría al bosque, a cualquier zona que no fuera transitada y lo quemaría hasta que no quedara nada de nada de él. Desaparecería con todos sus deseos lascivos y todas las muchachas que habían sufrido el mismo destino que ella, podrían encontrar la paz ahora que su verdugo estaba muerto y bien muerto ¡había sufrido hasta el último momento! Y pensar en eso le dio a Allison una sensación tan satisfactoria que no supo explicar. Pasado el primer momento de angustia y desesperación, había disfrutado ver a su victima retorcerse y ser él quien pidiera piedad, que le suplicara que lo dejara vivir ¡oh, por todos los infiernos! Ese poder, esa sensación de ser ella quien decidía por la vida del hombre había sido una de las más sabrosas e inquietantes que había tenido en toda su vida. 

Exquisita.

En el camino, vio el letrero oxidado y comido por el tiempo que indicaba el camino a un cementerio. Pensó que era perfecto para quemar todo sin dejar evidencias. Lo metería en la tumba de alguien más y listo, nadie iba a desenterrar un muerto, salvo ella. Y ahí, llevaba otro delito consigo: asesinato y profanación de tumbas. Bah, qué más le daba si a esta altura, estaba más que jugada.

Detuvo el auto y bajó con dificultad al muerto después de cerciorarse de que el cementerio estaba completamente abandonado. La casilla del sereno estaba tan llena de polvo, ratas y telas de araña que le aseguraban a ella que hacía más de un año que nadie se pasaba por ahí. Un cementerio en desuso era justo lo que ella necesitaba.

Miró las lápidas corroídas por el tiempo y eligió aquella a la que ya no se le distinguía el nombre del difunto. Con las herramientas que encontró en el mismo cementerio, comenzó a cavar, quedando molida cuando apenas llevaba medio metro. No había comido, no había dormido y hasta ahora, se daba cuenta de que era una tarea maratónica la que estaba llevando a cabo.

Se echó al lado de la tumba lista para tomar de nuevo cartas en el asunto cuando recuperase el aliento. Pero no sucedió. En el momento en que vio al extraño acercarse a ella, tuvo pánico, verdadero miedo e inmediatamente, pensó que iba a tener que cavar una tumba para dos. ­­

—¿Lo pensabas quemar, no? —preguntó en cuanto tiró el cuerpo dentro de la tumba, ya justo sobre el ataúd anterior.

Allison asintió sorprendida de que la estuviera ayudando a esconder un cadáver ¿quién en su sano juicio ayudaba a un asesino? Al parecer, sólo él.

—La verdad es que salvo yo, nadie viene aquí. Ni el cartero asoma por la zona. Sería un desperdicio de fósforos y nafta — le dijo clavando la pala en el suelo esperando que ella se decidiera a hacer algo finalmente.

Bien, casi ser violada y haber matado a un hombre eran bastantes emociones, pero ahora, ser ayudada a deshacerse de la evidencia ¡y hasta con consejos adicionales! Era algo que no se había esperado en lo absoluto.

—¿No dirás nada? ¿No preguntarás por qué lo maté? O si realmente lo maté. Bien podría ser alguien peligrosa y tú…

Él se largó a reír. Era la primera vez que veía que cambiaba su expresión desde que lo había visto. Tenía cara de póker y ni si quiera al levantar el cuerpo y echarlo en la zanja había hecho si quiera una mueca. Nada.  Y ahora, se estaba riendo como si le hubiesen contado un buen chiste.

—No lo harás.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Simplemente lo sé.

—No deberías confiarte

—El mundo está podrido —dijeron ambos al unísono.

Ella se puso de pie y ayudó a rellenar la tumba. Luego, entró con él a la casa y subieron a la terraza. Matar le había producido una sensación única, mórbida, un sentimiento masoquista que quería repetir. Y Steve, su anfitrión, estaba dispuesto a ayudarla a que volviera a sentirlo y a disfrutarlo en todo sentido.



¡Un abrazo!

12 comentarios:

  1. Impresionante relato el que acabo de leer justo antes de irme a dormir jajaj espero no tener pesadillas , eres genial Roxana , haber si haces un libro con todos los retos que haces son muy buenos ... ese final es ufff.
    Un abrazo y buenas noches a mimir muakissssss.

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    1. Ajajaja, justo que no es cuento para esos momentos, a menos que seas de las que disfruta tener sueños intensos XD

      ¡Un abrazo! Y buenas noches <3

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  2. No le quedaba opción que hacer lo que hizo.
    Toda la culpa fue de su padre, ella habría aguantado los golpes hasta escapar de su casa. Pero tuvo que afrontar algo que no eligió. Y se defendió.
    ¿Quien será quien quiere ayudarla?

    Un abrazo.

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    1. Fue víctima en todas las situaciones hasta que finalmente, logró escapar de ello. Aunque supongo que en un momento así, sola y con todo el mambo en la cabeza, lo que menos puede pensar es que fue en legítima defensa -sin contar que se ensañó luego (?)-

      ¡Un abrazo!

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  3. Uy muy buen elato me ha estremecido la forma de proceder del protagonista. Te quedo genial te mando un beso

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    1. ¡Gracias! Me alegra haber producido ese efecto¡Un abrazo!

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  4. Excelente relato, como siempre mantienes la tensión en cada escena descrita. Muy bueno

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    1. ¡Gracias! Es una de las cosas que mejor se me da

      ¡Un abrazo!

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  5. ¡Hola guapa! Como siempre éste género se te da de maravilla. Me ha fascinado, se me pusieron los pelos de punta.
    Un besito

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    1. Es de los que más me gusta escribir XD

      ¡Un abrazo!

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  6. Un magnifico y escalofriante relato. Las circunstancias la tornaron en asesina. Lo más intrigante es esa persona que aparece de la nada para ayudarla. Me fascino ese detallado suspenso en que dejas a tus lectores.
    Un abrazo!

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    1. ¡Qué genial que te guste! Un poco se revela de esa persona en el cuento que dejé linkeado al inicio del relato.

      ¡Un abrazo!

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