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sábado, 27 de octubre de 2018

Mi dicha, mi perdición

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Yo sigo desvelada, con un terrible dolor de ovarios y llueve que es una locura desde hace días —sí, hoy estoy para quejarme (?). Hace mucho no publico y no estoy siendo constante, un poco los ánimos que andan como trapo de piso —en el mejor de los casos— y mi vida que sigue siendo más caótica que antes.

He buscado algunas imágenes para ilustrar este relato y sólo he salido reivindicada de lo mucho que me disgustan los bichos ¿Han visto que saliendo al detalle, son casi monstruos? Bien podrían pasar por uno o usarse de inspiración, que me dieron muchas ideas —y ganas de no querer ver a otro insecto tan de cerca (?)—. Y espero, aprovecharlas en algunos cuentos de terror, que justo para fin de mes vienen bárbaro. Aunque en cualquier momento, en realidad.

Además, me queda decirles que estaré pasándome por sus blogs en estos días >.< he dejado pasar mucho tiempo, así que es hora de pasar a visitarlos que seguro, ha de haber muchas cosas interesantes que me estoy perdiendo —sólo ténganme paciencia (?)—.



Mi dicha, mi perdición

Fue brutal. La mano emergió del suelo y lo arrastró con ella hasta el fondo de aquella cripta. La mano gigante lo arrastró y él no podía liberarse. Su piel azul y las venas brillantes que se marcaban a través de ellos como si fueran incandescentes lo dejaron anonadado. Cuando quiso reaccionar —pues ni si quiera gritó—, estaba en el suelo, barroso, sucio y tuvo la suerte de que apoyó la mano en éste y la metió en un charco de agua… viscosa. Le revolvió las tripas y se limpió rápidamente en su ropa quedando con una sensación pegajosa en la piel.

Miró a través de sus lentes oscuros el líquido del suelo: una especie de suero ¿Azul? Que estaba burbujeando ahora y empezó a despedir aire vaporoso, como si el contacto con Shino hubiese desencadenado una reacción química.

No quiso reparar en eso: necesitaba salir de ahí, estaba lejos de conseguir aquel pacto con los insectos de la leyenda que su padre le había contado tantas veces. Después de tantos años y tras el ataque de Akatsuki a la aldea ¡Necesitaba mejorar sus habilidades! Y para eso, necesitaba la colaboración de aquellos seres legendarios. No tenía que pensar en nada de lo que había sucedido. No, no, tan sólo, debía concentrarse en su trabajo.

Shino se acomodó el abrigó y empujó sus lentes por el tabique de su nariz. El olor era desagradable en el interior: una mezcla de putrefacción, humedad y una fragancia que no era capaz de identificar, que se había colado en su nariz a pesar de taparla con su cuello alto. Estaba incómodo entre otras tantas cosas. Su ropa sucia, el mal olor, la oscuridad, todo lo que sucedía que no podía explicar a menos que considerase que alguien con una técnica muy poderoso estuviera detrás de todo. Pero no conocía ninguna técnica que fuera capaz de algo como eso. Y por si fuera poco, la sensación de estar siendo vigilado no lo dejaba en paz. Intentó invocar a sus insectos en más de una ocasión, pero sólo cayeron muertos sobre el suelo. Y no tenía otros medios para manipular a los que estaban fuera. Nada le estaba saliendo bien, nada de nada.

«Debo salir de aquí pronto» se dijo mentalmente mientras comenzaba a andar. Debía andar con sumo cuidado. El piso estaba roto, resquebrajado y al llegar a una habitación, la gravedad desapareció para todo menos para él.

Shino no podía creer lo que estaba viendo. Se quitó los lentes oscuros incrédulo. Los escombros en vez de caer al suelo, se elevaban hacia el techo. Piedras, enredaderas que se entrelazaban en el aire, que cruzaban grietas cambiantes a cada instante, esqueletos que derramaban pétalos rojos de sus estructuras óseas quebradas.

«Nada de esto es real. Nada de eso es real. Aun no despiertas de la caída» se dijo mentalmente comenzando a andar con duda. Temía pisar el suelo endeble que poco a poco iba cambiando de lugar. Miraba el vacío que dejaban las baldosas quebradas y abajo no había nada. No había un suelo al qué caer, no había un tope, en realidad, no estaba seguro de nada a estas alturas.

Tragó saliva y se colocó con cierta lentitud los lentes de nuevo haciendo un ademan por acomodarlos en su tabique nasal y rápidamente, cambió de opinión y cerró las patillas de estos y los guardó en el bolsillo mentalizándose de que en el estado en que estaba y sin conocer absolutamente nada del lugar, no podía darse el lujo de tener algún despiste por culpa de sus lentes oscuros. No había nadie cerca que lo ayudara: estaba solo y por eso, debía cuidar de sí mismo lo más que pudiera, un paso en falso, sólo uno que diera mal y quizás, acompañaría a sus insectos más temprano de lo que él esperaba.

Observó con detenimiento el suelo. Lo cierto es que la entrada no tenía ya nada para pisar. Shino alzó la vista y levantó la pierna, meditabundo antes de posar su pie en el fragmento de suelo que flotaba y cuando confirmó que éste no caería, subió todo su peso hasta él comenzando a andar con un poco más de confianza saltando hacia todos los elementos que flotaban. Se detuvo en el centro y observó a su alrededor.

«Llegaré al otro lado. Si soy cauteloso, no hay nada que me detenga» pensó y se arriesgó a no mirar los restos que flotaban a su alrededor. Los esqueletos, cuando quedaban sin aquello que parecía fluir en ellos como sangre, se desarmaban y comenzaban a flotar alrededor. Una escena realmente espantosa lo estaba cubriendo. Fémures, calaveras, radios, cubitos, cajas torácicas y todo esto mezclado con los pétalos rojos de las flores que salían de su interior flotaba a su lado y el sólo hecho de pensarse como ellos, lo inquietó. Shino sentía que se estaba asfixiando ahí. «Tengo que salir» se animó una vez más cuando flaqueó y casi acabó cayendo al vacío de no haberse sostenido por la enredadera. Miró hacia arriba, la planta le hacía cosquillas en la palma de la mano «maldición» se soltó casi al instante. Las hojas iban cubriendo sus dedos y aun cuando cayó y se sostuvo de un escombro, la planta se había metido debajo de sus uñas causando su desesperación por quitársela y arrojarla lejos de él.

Se tomó unos minutos para volver a respirar con tranquilidad y hasta eso, casi estaba cerca del techo de tanto que se había elevado. Sacudió su cabeza y miró hacia atrás: tenía que irse, pero la puerta por donde había entrado ya no existía, de hecho, nada quedaba de aquel lugar, la mitad de la sala se había vuelto oscura, densa, como un agujero negro que iba absorbiéndolo de a poco para que sufriera, para que sintiera la desesperación de no poder escapar de ahí ni aunque se esforzara.

—¡¡Huye!! —escuchó un grito que no supo de donde salió, pero no dudó en hacerle caso. Llegando hasta el otro extremo y al tocar el pomo de la puerta, como si hubiese desencadenado un huracán, se sintió succionado hacia el vacío. Se aferró con fuerza a la puerta ¡por nada de mundo iba a dejarse vencer! No podía, no podía morir ahí solo, sin que nadie supiera de él, sin que pudiera llegar a cumplir sus sueños ¡había tanto por hacer! Tanto… tanto…

«No puedo morir» se dijo y repitió hasta que la desesperación le arrancó algunas lágrimas. Sus dedos iban perdiendo fuerzas… Shino estaba por darse por vencido cuando unos huesudos y asquerosos dedos se aferraron a su muñeca, tenían como filamentos pegajosos que se pegaron a su piel, como los de un bicho.

Su salvador era un ser realmente horriblemente. A él le gustaban mucho los insectos, pero nunca había visto nada similar en su vida. Medía como unos setenta centímetros y parecía tan endeble como hormiga: flaquito, con las alas de moscardón rotas, como sucede con las plantas que son comida por las larvas. Sus ojos reflejaban una pena tremenda y un miedo que se volvía tangible.

—Vete pronto o te arrepentirás —dijo el bugul noz, ese ser raquítico que había demostrado tener la fuerza suficiente para salvarlo —¡¡¡Vete!!! —gritó estrepitosamente antes de que Shino tuviera posibilidad de hablar.

Inmediatamente, hizo una reverencia y sintió como lo pateaban haciéndolo caer al suelo. Cayó de bruces, rompiéndose el tabique de la nariz. Pronto empezó a sangrarle, sin embargo, aquello lo había salvado de algo mayor: el suelo seguía desapareciendo y aquella negrura absorbía todo y si no se movía con rapidez, lo iba a absorber a él. Veía los restos, seguía viendo esqueletos sangrar rosas, seguía viendo huesos flotar a su alrededor y ahora, una neblina azul se impregnaba en el ambiente. El aire se volvía tóxico, le estaba costando respirar, de por sí, con la nariz rota, le estaba costando, apretando su nariz para que parara la hemorragia y respirando por la boca cuando era sumamente necesario. Tomaba aire y contenía la respiración lo más que podía. Pero el lugar era enorme. No había escapatoria.

Escuchó un grito desgarrador una vez más. El bugul noz lo quería fuera y él no sabía cómo escapar. Se arrepentía de seguir leyendas, se arrepentía de estar ahí. Se arrepentía de ser un maldito ninja apegado a los insectos.

Corrió con la mano ensangrentada. Ya no le importaba contener o no la hemorragia. Trastabilló varias veces, hasta que finalmente, obvio un escalón y acabó cayendo al suelo. Se sujetó de una tela roída por el tiempo, tan sucia y amarilla que cuando la tocó, sintió que el paso de los años también lo alcanzó a él.

La tela cayó al suelo descubriendo un espejo roto. Shino alzó la vista y se vio con horror. No se había dado cuenta de ello antes y ahora que se veía bien, que observaba cada parte de su cuerpo al detalle, ya era tarde. Su centenar de ojos parpadearon frente a su reflejo y las patas vellosas se posaron en el espejo. Estiró su lengua ¡quería gritar! Y sólo zumbó.

Ya era tarde. Ya no había vuelta atrás. Siempre había adorado a los bichos, le parecían increíbles, fascinantes. Y ahora, era uno de ellos.

Y ahora, ya no quería serlo…



Estos bichitos bugul noz son tan feos como el diablo, pero más buenos que el pan. Según estuve leyendo, debido a su apariencia horrenda, suelen espantar a los humanos para protegerlos de males mayores en los bosques, que es en donde habitan. Son super simpáticos, pero su apariencia no los ayuda. Y esto es sumamente difícil para usar en un relato de terror, así que me tuve que ir por otros lados para incluir al susodicho.

Espero lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!
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miércoles, 17 de octubre de 2018

Verte dormir

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Si doy una excusa de nuevo, siento que voy a estar peor que disco rayado, así que vamos a saltarnos el preámbulo y todo eso ¡y les dejo algo bonito qué leer! Y es otra historia de El cielo a mi favor clic en el link para ver otros capítulos e historias independientes <3

Verte dormir

Kakashi-kun, te ves tan lindo durmiendo así. Nunca pensé que no te quitaras la máscara ni si quiera para dormir ¿qué escondes detrás de ella que no quieres que nadie vea? Me gustaría descubrirlo cuando despiertes ¿me dejarías alguna vez ser esa persona que vea tras tu máscara? Aunque no me escuches ahora, prometo que no te arrepentirás de ello y que disiparé todas tus sombras y fantasmas si me dejas entrar ahí, en ese rinconcito de tu vida que no se lo muestras a nadie.

Me acurruco a tu lado y te veo tan relajado. Me gustaría besarte. Besaría cada parte de ti, incluso, esa cicatriz que tienes en tu ojo ¿cómo te la hiciste? No imagino lo que debió dolerte ¿aún te duele? ¿Cuántas más tienes que escondes a los demás? Quisiera conocerlas a todas. Te prometo que no me iré, sin importar nada. Te abrazaré y te besaré, las recorreré con mis dedos y mis labios y las suturaré con mi amor. Si supieras todo lo que quiero hacer por ti, no estarías durmiendo tan plácido ahí, sin si quiera notar mi presencia.

Ni si quiera sospechas cuánto te amo. Y no planeo que vayas por la vida sin conocer mis sentimientos por ti ¡ni un poquito! Pero ahora, estoy feliz viéndote dormir. Tu respiración se siente tan tranquila ¿qué estarás soñando? No hay día que no sueñe con dormir entre tus brazos y despertarme a tu lado. ¡No te preocupes! Trabajo arduamente para que te fijes en mí y me ames tan sólo un poquito ni si quiera te pediré que sea reciproco la intensidad de tu amor, con saberme amada por ti me sentiría la mujer más dichosa de todo el bendito planeta. Y quizás, hasta de algún otro universo o mundo paralelo. Inventaría el mundo con tu amor.

Cierro los ojos y sonrío. Me quedo más cerca de ti, aunque no quiero despertarte, aún es temprano para que me marche, quiero estar contigo, así, un poco más.

—Fuyuki-chan —murmuras con los ojos cerrados ¡no me digas que estás despierto! ¿Desde cuándo? Mi corazón se desboca con tan sólo mirarme y al pensar que está sonriendo debajo de la máscara, un cosquilleo me recorre desde el cuero cabelludo hasta la punta de los pies.

Sigues tranquilo ¿por qué sigues tan tranquilo? Si bien, no es la primera vez que me cuelo en tu cama mientras duermes ¡deberías reaccionar! No todos los días tienes a una bella mujer como yo en tu cama. Emm, bueno, será todos los días, pero algo deberías demostrar.

Repites mi nombre y yo sólo hago como que no te escucho para que lo vuelvas a decir: Fuyuki-chan. Has reinventado mi nombre diciéndolo así, con ese tono cansino y casi ronco. No me cansaría de escucharte hablar ¿por qué eres tan callado? Eres frustrante, cuando lo que más deseo es escuchar tu voz, escuchar cómo me hablas con ese tono suave y en susurros, a pesar de que estamos solos en esta habitación.

—¿Por qué sigues viniendo aquí?

—Para dormir contigo —respondo y me acerco más a ti. Mi pecho está tan cerca del suyo que casi puedo sentir su corazón repicar como un tambor ¿acaso estás nervioso? ¡Qué encanto! ¿Puedo ponerte nervioso más seguido? Te aseguro que lo vas a disfrutar mucho— no es bueno tener una cama tan grande y que sobre tanto espacio —le digo con mi mano sobre su pecho, recorriéndolo por encima de su camiseta.

Él sigue mis dedos con la mirada, pero no los detiene: es un buen comienzo.

—¿Y tú crees que eres la apropiada para llenar ese espacio?

Eres tan inocente. No puedo evitar pronunciar mi sonrisa y es ahí cuando tomas mi mano con la tuya como si me leyeras el pensamiento.

—Este es espacio ya es mío —le aseguro llena de confianza— tan sólo falta que tú lo aceptes como tal, Kakashi-kun.

Tú ya tienes un lugar asegurado en mi corazón. Aunque decir que es un lugar suena a poco, tú eres dueño de todo en mí, lo quieras creer o no, no dejará de ser tan cierto como que estás ahora compartiendo la cama conmigo ¿me dejarás entrar ahí?

Te abrazo y cierro los ojos contando los latidos de tu pecho. No dices nada y tampoco te has movido. Tu corazón está un poco más acelerado que antes ¿realmente te pongo tan nervioso, eh?
—Fuyuki-chan…

—Shh, estoy durmiendo —le digo y te disculpas y pareces reaccionar luego cuando te ríes. Tu corazón parece estar bailando una salsa de lo rápido que va. Siento tu mano en mi cintura. Sonrío ¡no puedo sentirme más feliz! Mi corazón te acompaña en el mismo ritmo.

Yo sé que he encontrado mi lugar: es justo entre tus brazos, Kakashi-kun.



¡Un abrazo!
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miércoles, 10 de octubre de 2018

Querido diario: Músico de calle

¡Hola, hola mis queridos soñadores! ¿Cómo están? Después de una semana terrible, la verdad, apenas he escrito y he releído lo que tengo para publicar para tener algo activo el blog >.< mucho trabajo realmente y algunos líos extra con la locura del paro de transporte que hacen cuando se les da la gana. Terrible realmente ¡pero tengo un cuento hecho! Y mato dos pájaro de un tiro que cumplo con el reto de Inktaire y de Sueños de tinta, que esta semana, había que escribir una historia basados en esta premisa:

Un músico tiene la habilidad de hacer cosas sorprendentes con su música. Toca una melodía y puede revivir a alguien, toca otra y mata a alguien; otra y crea algo, etc. ¿Qué es capaz de hacer este músico con ese poder?

Como en este mes tocaba en Inktaire inspirarse en una imagen de un pianista callejero ¡vino justo para ambos! Espero, lo disfruten <3


Músico de calle


El piano moría un poco por cada día que pasaba sin que nadie lo tocara. Su alma se iba destrozando en aquel rincón; el olor a humedad quería impregnar la madera y sofocar al fin sus cuerdas. Él, triste, desolado y sin motivo para continuar, dejó de tocar sus teclas, después de todo, no había nadie para que pudiera oírlas ya.

El alma del piano padecía tanto y tan fuerte como su mismo interprete que no podía hallar consuelo más que en unas calles en las que caminaban personas que simulaban tener vida.

Una explosión, una prueba nuclear fue su fin ¡el de todos! pero en sus dedos había una magia tan particular que fue capaz de recobrar todo a un estado anterior, perfecto… o casi perfecto.

El mundo donde vivía, lo que quedaba de él ya no era lo que recordaba. Los muertos se habían levantado y algunos, rearmado a pedazos que ni si quieran eran propios después de que su música los reviviera. Cuerpos sin vida carentes de almas que vagaban poblando las calles como la conocida masa: no pensaban, no sentían tan sólo existían.

Y mientras los caminantes de ultratumba pasaban alrededor del piano que había sacado a la calle aquel trágico día que decidió hacer el bien y traer de nuevo a sus amigos y familia, se sentó frente a él. Quitó las hojas secas que se colaron en sus teclas, el polvillo y aunque el La mayor sonó con terrible estridencia, fue capaz de ejecutar aquella pieza con maestría.

Él estaba vivo, él sentía cada tecla ¡él transmitía su vida en esas notas! Regalaría sus sentimientos en clave de Sol, de Do, de Fa, de la que hiciera falta. ¡Traería vida! O al menos, usaría su don para intentarlo.

Llegando al crescendo de la canción, su cuerpo comenzó a brillar con tal intensidad que él mismo parecía un reflector en plena calle. El espectáculo que estaba dando era maravilloso: el brillaba, las notas se veían reales escribiéndose en el aire en un pentagrama de colores y sin embargo, no había nadie para disfrutarlo.


Poco más de pasar la coda, su cuerpo comenzó a disolverse. Si no era capaz de transmitir esos sentimientos, él mismo se volvería tales y los repartiría, los haría llegar uno por uno, como un simple polvillo, dejándoles un calorcito que haría único ese momento: les daría sus sentimientos a esos vivos… que realmente, estaban muertos.




El tema que inspiró más que la imagen y la consigna, fue una canción de SAUROM. Les comparto el tema aquí abajo <3

¡Un abrazo!
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lunes, 1 de octubre de 2018

Una hermosa contradicción — Parte II

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Sé que últimamente, pocas veces subo algo tan rápido, pero ya lo tenía hecho y no iba a dejarlo durmiendo en los laureles, así que les traigo la continuación de esta historia, que es también, el final.

Espero la disfruten.



Una hermosa contradicción Parte II

La noche cayó y el frío que sentía se hacía mucho más intenso. Nadie entró en la habitación desde que lo despertaron y eso, según Danilo, no era nada bueno. Cuando demoraban tanto en ir a verlos y llevarles agua o alimentos, es que uno de ellos estaba listo para salir y no volver ahí. Los dos, pues sólo estaban Danilo y Elián encerrados, sentían el peso del miedo y de las ansias. Ninguno quería comprobar qué les sucedería al salir de su jaula, por el momento, era el único lugar seguro que conocían y que, los mantendría a salvo.

—¿Aún crees que alguien vendrá? —preguntó Danilo queriendo tener la misma fe que Elián, pero hacía tanto que estaba encerrado que ya no sabía qué esperar, a esa altura, estaba seguro de que lo habían dado por muerto y suprimido cualquier esfuerzo por volver a saber de él.

—Ella vendrá. No hay mujer más testaruda que ella.

—¿Una mujer? ¿Y crees que ella nos salvará? Moriremos antes —espetó con la voz cargada de frustración y el intento por creer en las palabras de Elián se esfumó casi con la misma rapidez con la que él había pronunciado aquella frase.

—Vendrá —dijo sonriendo flexionando las piernas contra su pecho y mirando al techo. Tenía hambre y aun le palpitaban las quemaduras en las palmas de sus manos, sin contar el frío que se colaba por cada poro de su cuerpo. Y todavía, estaba dispuesto a aguantar y a esperarla el tiempo que hiciera falta. Sabía que Misa llegaría.
******

No sabía qué hora era, pero los gritos desesperados de Danilo lo despertaron a mitad de la noche. Elián se movió en la jaula y se detuvo antes de cometer el mismo error y volver a quemarse con los barrotes. Se puso nervioso. Miró a su alrededor y nada podía hacer para poder salvarlo. Se sentía completamente impotente e inútil encerrado ahí.

Elián golpeó el suelo con rabia acumulado, apretando los labios al sentir el dolor de sus heridas. Cerró los ojos e intentó pensar en algo con rapidez, pero su mente estaba completamente en blanco. No existía nada que pudiera hacer desde ese reducido espacio y el tiempo se acababa oyendo la voz de Danilo más y más lejos hasta que sentía, era inalcanzable.

Sintió el peso de su debilidad caerle sobre los hombros de golpe y sopetón, lamentándose no ser más fuerte, más habilidoso, si quiera, un poco más valiente cuando se vio atrapado en la onda expansiva de una explosión. Soltó un fuerte quejido cuando el golpe de los barrotes produjo una nueva herida en él, cubriéndose como podía con los brazos, la cabeza. En ese mismo instante, fue cuando sintió lo que era realmente el miedo, pensando que todo lo que había vivido anteriormente, no había sido nada, era ahora cuando realmente, temía por su vida y sentía lo diminuto que podía llegar a ser.

Y esos minutos de calma que hubo después, en el que sintió más que nunca el dolor en cada fibra de su cuerpo, fue eterno para él. No había ruidos, después de que todo se desmoronase y cayera al suelo, sólo su respiración agitada se oía en un murmullo.

—¿Elían? —dijo Misa creando una corriente de aire que disipó el polvillo que actuaba como neblina corriendo hasta él.

—¡¡No la toques!! —gritó incorporándose con suma velocidad al ver que ella iba a acercarse a los barrotes de la jaula— te dañarás —le explicó. Aún tenía el corazón latiendo a mil por hora, pero el hecho de verlo ahí, le daba una paz que no había tenido antes.

—Hazte para atrás y cúbrete lo mejor que puedas —le pidió alejándose un poco de la jaula. Elián se aovilló y escuchó el estruendo, poco después, el sonido metálico que le indicaba que finalmente, era libre.

Salió a gatas de su encierro y apenas estuvo cerca, la abrazó respirando con calma el perfume de su piel.

—Danilo ¿él…?

—Papá está afuera con él. Logró salvarlo antes de que el lobo lo comiera.

Elián tembló tragando saliva ¿lobo? Artemisa leyó en su mirada lo que no se atrevía a decir.

—Al parecer, cazan humanos para que sean la cena de sus mascotas. Y mientras corren por su vida, sus dueños observan el espectáculo. Son… horrorosamente crueles. A los monstruos los entiendo ¿los humanos? Están locos —dijo pasando una mano por la espalda de él y lo sintió quejarse de dolor, preocupándola.

—No es nada, estaré bien —dijo restándole importancia —por favor, salgamos de aquí —pidió con vehemencia. Quería abandonar el lugar cuanto antes— gracias por venir por mí.

—Siempre lo haré —sonrió dándole un beso en la mejilla caminando hasta el vehículo que los esperaba fuera, lejos de su horrenda pesadilla.

Misa estaba un poco más tranquila, aunque aún no del todo debido a las heridas de su novio. Las jaulas en las que los encerraban tenían un conjuro encima, aquellos humanos, habían hecho un pacto con las artes oscuras para hacer uso de ello. Su padre le había explicado algo de ello al llegar al campo de protección en el que encontraban. Por supuesto, Francis se encargaría de ellos y de que no volvieran a hacer daño. Su hija, prefería no saber nada de eso.

Elián se quedó mirando a su novia durante largo rato. La mujer que se veía tan frágil y dulce era toda una guerrera capaz de confrontar a un ejército ella sola a ojos de Elián. Quizás, exageraba, pero la magia, el poder y la determinación de ella la hacían ver como una hermosa contradicción. Una de las más bellas que habría descubierto en sus viajes a pesar de que conocía su condición sobrenatural de bruja, no iba a dejar esas aventuras, el misticismo ni su amor por ser un simple mortal. Haría lo que mejor sabía hacer: la iba a amar.



<<Parte I

¡Un abrazo!
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