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domingo, 22 de julio de 2018

El sacrificio de Isaac — Parte III

¡Hola, hola mis amores! ¿Cómo los trata la vida? Ya estoy de terminando mis vacaciones y an no termino de publicar este cuento >.< qué vergüenza. Pero hoy llega a su final, ya luego me encargaré de llevar al día la novela, que después de este cuento, he tenido ideas interesantes que agregar a la trama. Espero que les gusten tanto como a mí <3



El olor a barro podrido le dio náuseas y la hizo reaccionar. Maya se frotó los ojos mirando a su alrededor con ojos entreabiertos intentando acostumbrarse a la fuerte luz que entraba por un hueco en el techo: estaba encerrada en una pequeña habitación. El piso era de tierra, húmeda por la lluvia había ido pudriéndose con el paso de los días dejando un olor asqueroso en el ambiente. La puerta de madera estaba cerrada, trabada por fuera y sus posibilidades para escapar se veían reducidas a cero. No había forma de subir y no tenía forma de destruir la puerta. Se concentró las veces que pudo sin lograr hacer ni si quiera una pequeña chispa, cayendo al suelo y ensuciando el pantalón. Pronto se dio cuenta de que no tenía su bolso consigo y eso significaba que Myrddin no estaba con ella.

El encierro la puso nerviosa y saber que estaba separada de ellos dos no ayudaba en nada a que pudiera tranquilizarse. Buscó algo que la ayudara a abrir la puerta, frustrándose sin hallar nada, cediendo a su única opción: gritar. Esperaba que Ciro estuviera cerca y pudiera oírla. No obstante, con el pasar de los minutos, llegó a la conclusión de que estaba totalmente sola. 

Con la garganta seca y sin ánimos, echó su espalda contra la fría pared. Intentó pensar en algo, pero su mente estaba en blanco. En ese momento, es que necesitaba de la ayuda de sus hermanos, que estaba segura que Francis habría ideado un buen plan para poder salir de ahí. 

Cerró los ojos e inspiró profundamente. Estaba impaciente, pero ante sus nulas posibilidades de escapar, no le quedaba otra opción que esperar a que Ciro llegara por ella o sus hermanos pudieran sacarlos de ahí dentro. No era algo que ella supiera hacer, que esperar no era su fuerte, sin embargo, nada más quedaba en su lista de ideas. Levantó la cabeza y miró la luz que entraba por la falta de techo y de pronto, volteó a mirar la pared y buscar una forma de subir, incluso de crearse alguna manera de trepar el muro cuando notó algo que la puso de los nervios: su mano estaba cambiando. Su piel se veía más clara que antes y su cuerpo estaba pasando por aquella transmutación que la hizo querer gritar ¡y hasta su voz sonó diferente! Gutural, ronca, como si fuera un hombre.

Maya corrió hacia la puerta una vez más, gritando y golpeándola cuando la misma se abrió y dejó ver a un hombre del otro lado. Si ella se hubiese visto en un espejo, habría notado exactamente algo: eran idénticos. Su cuerpo había cambiado hasta adoptar la forma de Isaac. La desesperación se apoderó de ella cuando la tomó del brazo y la llevó fuera. No entendía cómo es que él sí podía usar su magia para mantenerla de esa manera y ella, apenas sí podía hablar en ese momento. Sus músculos se entumecían si hacia otro movimiento que no fuera el que Isaac le indicase: estaba sometida a él.

Salieron y se dirigieron exactamente al sitio que ella reconoció perfectamente: era el lugar del sacrificio de la pintura. Isaac desapareció, dejando a Maya sola siendo retenida por Abraham, quién era, quien le daba muerte en el cuadro. Ella transpiro helado, su boca se contrajo intentando producir un sonido sin éxito alguno.

Del otro lado, Francis y Johann veían con asombro como el cuadro se movía y los personajes antes estáticos, iban cobrando vida, listos para representar la escena del cuadro. No era lo más loco que los hermanos habían visto, y aun así, no dejaban de verse sorprendidos por ello.

—Hay que sacarlos de ahí y pronto —dijo Johann nervioso. 

Francis asintió. Era consciente de lo que sucedía y de lo que debían hacer. Ahora estaban seguros de que era el cuadro el que había sido el causante de todas las desapariciones, posiblemente, asesinatos y que debían hacer algo antes de que su hermana menor o el fénix se sumaran a la lista de desaparecidos.

—¿Y qué haremos? —preguntó mirando el cuadro— ni si quiera sabemos cómo es que entraron y ahora… —Johann volteó y quedó semi encorvado después de que el bolso de Maya lo golpeó en la cabeza. Se vio sobresalir el lomo de Myrddin del interior del mismo, haciendo un sonoro ruido agitando sus ojos y diciendo fuerte una maldición. 

Johann se irguió sacudiendo su cabeza dejándole un fuerte dolor y mientras se sobaba la zona lastimada, se dio cuenta de que Myrddin había logrado salir de la pintura. Francis tomó el libro entre sus manos mientras el rostro se iba formando en las portadas, frunciendo el ceño y contando lo cansado que se sentía después de haber hecho no uno, sino, varios intentos por moverse estando en aquel universo de la pintura. No tenía fuerzas ni magia suficiente como para poder emitir una sola palabra y poder advertirles a sus compañeros de lo que él sabía.

—¡Esa pintura! —dijo dando un brinco en las manos de Francis y quedando mirando el cuadro que ya no representaba nada de lo que ellos habían visto cuando entraron por primera vez en la Casa de la cultura, ahora, la escena iba cambiando a medida que sus actores iban moviéndose y llegaría lo peor— es una de las pinturas malditas. Hubo un tiempo en que el Consejo de ancianos se negó a destruir obras de artes a pesar de ser peligrosas. Detrás, mira detrás de la pintura —se dobló moviendo el listón separador de hojas señalándole a Johann por donde debía mirar— debe haber un sello roto. Alguien debe haberse descuidado y fue cuando comenzó todo esto.

—¿Y qué se supone que hagamos ahora? —dijo Johann con la pintura volteada viendo efectivamente, que un pedazo del cartón en donde estaba el dibujo del sello se había rasgado y caído, dejando libre el mal que habitaba dentro de aquella obra.

—Haremos lo que hace siglos se debió hacer: destruirla. Pero antes, hay que salvar a Maya y al pajarito.

—¿Pajarito? —Francis repitió la palabra entre confundido y a punto de reírse.

—Será un fénix, pero parece un pichoncito. Oye, déjame en el suelo y trae aquella tiza que usabas —le pidió
******

Al haber quedado solo, Ciro no sabía por dónde empezar a actuar. Tampoco conocía de arte ni tenía habilidad alguna para poder actuar por cuenta propia. Sus poderes era una de las pocas cosas que podía utilizar estando solo y a veces, dejarse llevar por algún impulso, algún presentimiento que le decía que si lo hacía, iba a salir todo bien. En ese momento, el fénix no tenía idea ni de una ni de otra cosa, tan si quiera tenía un palpito de ello. Y casi dejándose llevar por lo único que podía hacer, comenzó a caminar con la esperanza de hallar a la mujer o a Myrddin y que éste lo guiara. El libro era de gran ayuda cuando quería, aunque a veces, podía resultar un poco grosero, la suerte que contaba con Ciro es que rara vez entendía que lo estaba tratando mal.

Llamó a Maya varias veces esperando que en alguna de ellas, obtener una respuesta. Sin embargo, aunque Maya no apareció, sí llegó alguien más a detener su andar. Un hombre vestido de manera escasa, con una estola que cruzaba el pecho y apenas lo tapaba, la misma, se enrollaba en su cintura a modo de taparrabos. A Ciro esto le llamaba la atención después de tantas veces que había oído decir a Maya regañarlo por su falta de vergüenza o decoro, algo que él nunca había tenido en cuenta antes de conocer a los brujos.

—Necesito tu ayuda, de otra forma, seguiré repitiendo lo mismo una y otra vez.

—¿Qué repetirás? —preguntó el fénix ladeando la cabeza con las manos en los bolsillos.

—Las muertes, tu amiga corre peligro —Ciro se tensó y fue cuando mostró preocupación en su expresión tomando a aquel hombre por los hombres mirándolo con seriedad.

—¿Dónde está? —Se apresuró a tomarlo del brazo y comenzar a caminar con paso rápido— llévame con ella. 

El hombre lo detuvo explicándole que así no iba a poder salvarla. Se llevó la mano a la cabeza y corrió unos rizos cobrizos que cayeron sobre su frente y miró al fénix que estaba impaciente. Él sonrió y golpeó la frente de Ciro, aunque fue algo suave para él, la fuerza usada casi hacer caer al fénix al suelo. Aunque, apenas estuvo por decir algo, sintió un calor bien conocido por él, abriendo y cerrando sus puños viendo como el fuego volvía ser parte de él. Sentía de nuevo el flujo de su magia correr por sus venas y eso, aunque no lo demostró tal y como los anteriores sentimientos experimentados, lo emocionó. Podía sentirse un poco más confiado de esa manera.

******
—Tú, has algo útil y córtate la palma. Necesito un poco de sangre —le dijo Myrddin a Johann haciendo un símbolos rúnicos en el suelo con la tiza. Francis traía algunas hierbas del auto, según lo que el brujo le había pedido. Myrddin se las estaba ingeniando bastante bien para poder llevar a cabo por cuenta propia, debido a que no conocían aquella clase de hechizos y temía que no estuvieran lo suficientemente entrenados como para llegar a hacerlo bien.                                    

—Un por favor, no estaría mal —se quejó Johann sacando la navaja y haciéndose un corte en la mano.

—¿Ahora eres una niña? —Johann hubiese estado feliz de poder quemarlo un poquito con la mirada, pero se limitó a tan sólo respirar profundo y seguir sus instrucciones: su hermana estaba en riesgo y pelear por tonterías no era algo que lo ayudara— sigue esos puntos arriba de los símbolos. Necesito un poco en cada uno de ellos.

******
Ciro y el hombre extraño, que se había presentado simplemente como Ángel, miraban a Abraham trayendo a un hombre a rastras, con las manos atadas en la espalda.

—Esa es Maya —le dijo Ángel a Ciro desde su escondite. El fénix negó con la cabeza— es un engaño. Todas y cada una de las personas que han desaparecido han pasado por lo mismo. Los transmuta haciéndolos tomar su apariencia para que mueran en su lugar. Así, ha sobrevivido todos estos, engañando a la muerte y sacrificando inocentes.

»Casi logra escapar con ese libro que traían consigo. Pude sacarlo… pero necesitaremos ayuda de afuera para que ustedes salgan. Mis habilidades no son tan grandes —terminó de explicar cuando vio a fénix ya adelantándose antes de que le hicieran daño a Maya.

El fénix golpeó a Abraham y antes de que intentara acercarse a Maya, salió el verdadero Isaac, encontrándose a ambos. Abraham miró con sorpresa perdiendo el arma ante la incredulidad de encontrar a dos personas idénticas.

Ángel intentó frenar al fénix de hacer algo más. Ni si quiera lo había escuchado y se había mandado al frente sin saber nada de su enemigo.

—¡Ciro, detrás de ti! —Le gritó Maya viendo aparecer atrás del fénix al verdadero Isaac atacándolo con una espada. 

Éste esquivo el ataque, agachándose y aprovechando el haber recuperado sus poderes, encendió el piso haciendo que la planta de sus pies se quemaran al estar descalzos.

Del otro lado del libro, Francis y Johann veían la escena mientras Myrddin terminaba de hacer el ritual lo más pronto que podía, intentando apresurarse y ser cuidadoso para no cometer ningún error o podría ser fatal para todos.

—Apresúrate, Myrddin… —Johann estaba más nervioso que todos y saber que no podía hacer nada más que mirar a través del cuadro, no ayudaba en nada.

—Hago lo que puedo, niño. Cállate o no acabaré —dijo el libro brujo volviendo a cerrar los ojos y repitiendo el conjuro en voz baja, aumentando el tono de voz a medida que avanzaba en su recitación.

Mientras tanto, Ciro peleaba con Isaac. Ángel aprovechó a desatar a Maya y alejarla del fuego que se había desencadenado alrededor de ellos.

—¡Ahora! —gritó Myrddin— salten.

Apenas escuchó eso, Isaac fue el primero en intentar escapar de la prisión del cuadro. Ciro no estaba dispuesto a permitir algo como eso, dándole un codazo y una patada al estómago, haciéndolo caer al suelo. Sin embargo, éste no iba a quedarse quieto y lejos de poder competir con el fénix en aquella condición, dejó ver su verdadera naturaleza. Su cuerpo tomó un color oscuro y como escamas negras, su piel se fue cubriendo de ellas. En su espalda, se rompieron las escamas y brotaron alas de color carmín, brillante y con un líquido viscoso cayendo de ellas: era sangre. De esa manera, se arrancó un dedo y lo convirtió en una lanza, levantando vuelo y atacando al fénix. Éste apenas esbozó una sonrisa e igualando condiciones, dejó atrás su cascarón humano para volverse un fénix y pelear cuerpo a cuerpo.

Maya, que gracias a Ángel ya podía volver a lucir como ella misma, estaba preocupada por Ciro y ante aquella transformación, estuvo a punto de intervenir si no hubiese sido por Ángel que la tomó de la muñeca y la arrojó fuera del cuadro.

—Yo me encargaré —dijo mirando hacia el exterior, encontrándose con los hermanos y sonriéndoles. De su espalda, alas blancas nacieron y emprendió vuelo hacia la batalla que en el cielo se desplegaba.

—Hay que destruir el cuadro —interrumpió Myrddin.

—Pero Ciro sigue adentro —dijeron los tres al unísono.

—Lo sé, pero este hechizo tiene un tiempo limitado, tiene que salir de ahí ahora.

Johann se apretó la mano herida y le gritó al fénix que se apresurase y dejase eso para después. Ciro apenas lo escuchó, estaba ardiendo de emoción. Aquello se parecía a sus días tras dejar el paraíso, cuando debía impartir justicia y castigar a los impíos, una de las pocas actividades que hacía después de dormir.

Ángel intervino, deteniendo a Isaac por las axilas. Del pecho de Ángel nacieron cadenas que se enrollaron a Isaac, apresándolo a él.

—Vete —le ordenó— y destrúyanlo ahora.

—Pero acabaras corriendo su misma suerte —dijo hallando un poco de paz en la batalla, meciendo sus alas envueltas en fuego para mantenerse en el aire.

—Es un precio justo por las vidas que no pude salvar —respondió con pena en su tono de voz y eso, causó ciertamente que se le estremeciera el corazón.

Ciro asintió con la cabeza y volvió a su forma humana, saltando fuera del cuadro.

Apenas estuvo del otro lado, Myrddin salió del círculo y le pidió a Francis que echara las hierbas al centro y Johann echó el cuadro en el mismo. Al finalizar la recitación del libro, el cuadro comenzó a arder en un fuego azul hasta que se deshizo por completo, dejando solo cenizas de su contenido. 

Cuando el fuego se extendió, finalmente pudieron respirar en paz. Limpiaron el lugar, aunque la falta del cuadro se iba a notar en la mañana, habían cumplido con su trabajo y ahora, el lugar podría seguir funcionando normalmente. La policía, posiblemente, cerraría el caso al no tener pruebas y al ver que las desapariciones cederían en los próximos días.

******
—Tengo un nuevo disgusto hacia el arte —dijo en bufido Maya sentándose en el asiento trasero del auto con Myrddin en su regazo.

—Por esta vez, te apoyo, hermanita —suspiró pesadamente Johann haciendo su cabeza hacia el espaldar del asiento— necesito una hamburguesa.

—Yo quiero un café —dijo Maya y Francis la secundó. Myddin se acomodó mejor y dijo que dormiría un poco.

Ciro permaneció en silencio y tomó la mano de Maya, dedicándole una sonrisa. La muchacha lo miró asombrada y en sus labios, floreció una sonrisa también mientras Francis los veía por el espejo retrovisor rumbo a una cafetería.





¡Un abrazo!

6 comentarios:

  1. Me encanto esta historia. La perspectiva en la enfocaste y como termino fue genial Adore el personaje de Maya

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    1. ¡Qué genial! Maya es un personaje que me gusta muchísimo y espero explotar a lo largo de la historia <3
      ¡Un abrazo!

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  2. Me parece que en lugar de "Apresurate, Maya" va "Apresurate, Myrddin".
    Que final tan épico y tan trágico, heroico.
    Y descubrieron un nuevo peligro algo que anula los poderes del fenix y de Maya.
    Muy bien contado. Te felicito.
    Besos.

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    1. ¡Santos dedazos! Ya lo corregí, muchísimas gracias por avisarme de eso <3
      ¡Qué bueno que te gustó! Realmente, el tema de sus poderes es una semillita que sembré aquí y espero tratar más a profundidad más adelante, que da para algo muy interesante y poderoso ewé
      ¡Muchas gracias!
      ¡Muchos besos!

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  3. De vergüenza nada , haces muchas cosas a la vez y claro todo no puede estar terminado cuando se requiere jjj , este cuento queda precioso así , no quiero imaginar si añades algo más ..pero eso tu eres la autora y debes hacer aquello que veas más conveniente.
    Un placer siempre leerte y espero que lo publiques.
    Abrazos y diviértete que ya te queda poco muakkk.

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    1. ¡Gracias, Campi! Sí, ya lo tengo bien armadito, sólo que la trama principal no ha llegado ahí todavía, pero ¡espera y verás!
      ¡Un abrazo!

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¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Pueden escribir lo que gusten, tienen todo el espacio que quieran para comentar ¡Y no se echen para atrás por ser una entrada vieja! Yo responderé el comentario sin importar la fecha <3

¡Qué tengas un lindo día!

¡Un abrazo enorme!

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