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jueves, 26 de julio de 2018

52 días de escritura: día nueve

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Después de muchísimo tiempo de tener este reto abandonadísimo ¡lo continuo! Hay algunas consignas que me tienen a cuadritos, creo que ésta era la peor de todas, la más complicada ¡que mira que hablar de locura sin decir nada sobre la locura! ¡Es una locura! Y me costó, porque siempre caía en lo mismo y los sinónimos aquí, no ayudan >.< ¡pero lo he superado! Con mucho esfuerzo y quizás no sea lo mejor que haya escrito, pero ¡me gusta! Y con esto, estoy mas que satisfecha.

Por si quieren curiosear el reto completo, los invito a pasarse por aquí.

Espero sus opiniones <3




Día nueve: Tienes prohibido utilizar la palabra “locura” (y cualquiera de su familia). Tu relato se desarrollará en un manicomio.


El impacto del rayo

Los tres se sentaron al entrar a la habitación. Él tomó asiento en la silla tras el escritorio, los otros dos hombres se sentaron en los sillones del frente. Colocó el reloj controlando el tiempo que duraría la sesión. Se ahorró formalismos, eran innecesarios con aquel hombre, intentaba usarlos y lo ignoraba o se ponía más ansioso con ellos y ante ciertos rasgos de su personalidad, notó que avanzaba mejor cuando iba directo al grano.

—¿Las voces han vuelto? —preguntó el terapeuta.

«Dile que no, que estás bien»

—No he vuelto a oírlas.

Él anotó en su libreta mirándolo tras los anteojos de culo de botella, acomodándolos sobre su tabique tras terminar de escribir.

—¿No ves a nadie que no sea real?

«Desaparecimos. Dile eso»

—No, sólo veo lo que tengo que ver.

El terapeuta se aclaró a garganta volviendo a dirigirle una mirada con desconfianza. El paciente entrelazó sus manos, se miró los pulgares y acabó cruzando las piernas en el sillón.

—Hablemos de tus sueños ¿duermes bien? ¿Has vuelto a tener premoniciones?

«Eso ya se acabó. Sólo fueron algunas coincidencias, entiendes que no tienes poderes sobrenaturales»

—Sólo fue suerte. Soy sólo un humano común y corriente —vaciló moviendo la cabeza mirando por la ventana y volvió a cambiar de postura, cruzando las piernas y echándose contra el espaldar.

—No has vuelto a hablar de la experiencia del rayo ¿a qué se debe eso?

«No tiene sentido recordar malos momentos»

—Entiendo que es una experiencia traumática y olvidarlo es lo mejor —respondió Cris y se puso de pie caminando hacia la ventana, había alguien afuera y él, no podía hacer nada desde aquella oficina, recluso como si fuera sujeto de experimentos. 

Tembló.

—¿Sucede algo?

«Tienes frío»

—Quiero volver a mi habitación. Necesito abrigo.

El terapeuta miró el reloj: quince minutos. Hizo una última anotación y cerró su libreta dejándolo libre hasta su próxima cita. 

Él salió con calma después de despedirse, el otro hombre lo siguió y en cuanto estuvieron fuera, corrió con rapidez. Cruzó el pasillo como alma que lleva el diablo. Una enfermera lo vio e intentó detenerlo, le gritó que no corriera y él no pudo hacerle caso, si perdía el tiempo, no iba a lograrlo.

«Eso te va a costar caro» dijo el hombre que lo acompañaba, de manera pausada, a él no le hacía falta correr para seguir su ritmo.

—Lo sé —jadeó sin detenerse— luego veré cómo arreglarlo.

Abrió la puerta al jardín, corrió a través de los columpios y tacleó a la muchacha antes de que hiciera una tontería. Cayeron al suelo y en el césped, la cuchilla de una máquina de afeitar brilló en el manto verde.

Algunas enfermeras y pacientes —quizás, los más curiosos o lúcidos— habían salido, algunos, quedándose en la puerta, mirando desde ese lugar a la distancia.

«Prepárate a seguir mintiendo» dijo a su lado con las manos en los bolsillos y una actitud despreocupada, casi divirtiéndose de la situación en la que estaba.

Cris miró a su acompañante y luego, a la mujer que se largó a llorar. Las enfermeras la llevaron y una de ellas, vio la cuchilla en el suelo.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó la enfermera. Cris se encogió de hombros y cruzó los brazos levantándose del suelo y siguiendo su camino a su habitación.

El terapeuta que lo atendió anteriormente, se acercó a él preguntándole acerca del incidente. Y sólo dijo que lo vio a través de la ventana incrédulo, pero sin más qué decirle a Cris lo dejó marchar a su habitación.

«Te has vuelto experto mintiendo» le dijo el hombre que lo acompañaba a su habitación. Nadie más que Cris podía verlo y el único error de él había sido contarlo. Así, había terminado encerrado y ahora, anhelaba su libertad una vez más.

—Si quiero salir de aquí, debo hacerlo —abrió la puerta y entró a la habitación. Su compañero de cuarto estaba durmiendo, así que se echó en su cama mirando al techo.

Su compañero se quedó a los pies de la cama.

«¿Qué harás ahora? Ambos sabemos que no te van a creer» se rio y tanteó en sus bolsillos hasta que encontró una caja de cerillos y sus cigarrillos. Encendió uno y reposó su espalda en la pared.

—Saldré de aquí. De lo contrario... —tenía varios planes en mente. El mejor era salir por las buenas, con un certificado que asegurara que era una persona sana y en todas sus facultades físicas y mentales. Más, si eso no sucedía a la brevedad, tendría mucho qué aprovechar.

El día que comenzó a ver a Fabián, fue el día que Cris sobrevivió al impacto de un rayo. La tormenta lo había alcanzado y lejos de llegar a un lugar seguro, estaba a la deriva en la playa, lejos de llegar a la ciudad. No supo quién lo encontró ni cómo llegó hasta una cama de hospital, respirando para novedad de todo los médicos que lo atendieron. Y ahí estaba él, sentado al lado de su cama con una sonrisa amarillenta y un pucho entre los dientes.

Su vida cambió desde el momento que sintió su aliento mentolado. Primero fueron las visiones, luego, levitó del suelo y por sobre todo: seguía viendo a Fabián. No había nadie más que lo notara, sólo él.

En cuanto pidió ayuda profesional, lo seguro fue eso: encerrarlo en aquella habitación, terapias dos veces a la semana y un coctel de medicamentos que lo volverían normal y funcional una vez más.

Después de un año y con sus recientes visiones, una más espeluznante que la anterior, Cris comprendió que su lugar no era el encierro y que aquella experiencia cercana a la muerte le había dejado algo grande que él no sabía aprovechar... hasta ahora.

Su salida convencional era lo que más esperaba, pero ese incidente en el patio le costó caro. Su segunda opción era más sencilla: en unos días habría tormenta. Y entre el alboroto de los truenos, de los rayos y de los enfermos, aprovecharía a salir, se elevaría del suelo mientras el agua cayera del cielo y sería libre de nuevo.

Lo había visto en un sueño, Fabián se lo había confirmado: él salvaría el mundo. Sería el héroe que salvaría el mundo.

******
El cielo rugió con furia, se iluminó con fuerza. La cerca de alambres era lo que lo separaba del afuera. La miró, se hinchó de orgullo y de fuerza y subió a ella. Fabián lo siguió con la mirada cuando un rayo lo alcanzó.

Esta vez, Cris no se levantó.




Espero lo hayan disfrutado <3

¡Un abrazo!
 

12 comentarios:

  1. Lo he disfrutado. Me parece que este personaje, o tal vez debería decir estos personajes, tiene mucho potencial para más historias.
    Me gusta el estereotipo de los psicologos, psiquiatras, incapaces de ver la verdad. Es algo que he visto en películas de terror. Está muy bien usado en tu relato. Me gusta.
    ¿Cómo supo lo que iba a pasar? Es algo que se tendrán que plantear.
    Besos.

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    1. Puede ser, que alguna idea he tenido con estos personajes, tendría que ingeniarme con algo de ellos. Me gusta eso de los psicólogos, su escepticismo da para mucho.
      Sobre lo que él vio, es como visiones, poder que adquirió junto con sus visiones y el personaje que veía
      ¡Muchos besos!

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  2. Gracias por dejarnos estos relatos que nos llevan a imaginar cómo seguirán . No todo por muy bien que se planee sale bien , jugó con una enfermedad o tal vez a ser más listos que los médicos especialistas en la materia y lo logró ..pero cuanto le costo.
    Estupendo..un besazo y feliz tarde muakk

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    1. Los terapeutas tienen una visión muy cerrada a lo extraordinario y ahí es donde flaquearon con Cris. ¡Un abrazo!

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  3. (。◕ ‿ ◕。)/ Holaaa!!!
    Pues la verdad si estuvo dificil ya que más encima el lugar se centraba en un manicomio, me imagino lo complicado que debe haber sido escribir algo sin usar la palabra locura y sinónimos, pero sabes lo has hecho bastante bien, ese esfuerzo valió la pena porque el relato ha estado interesante, sigue así :D

    Gracias por compartir!

    Espero puedas pasarte que estés bien!

    穛 S4Ku SEK4i®

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    1. Sí, es como un mal chiste que hagan eso XDDDD realmente, me frustró un poco cuando comencé a escribir hasta que agarré camino. Me alegra que lo hayas disfrutado.
      ¡Un abrazo!

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  4. Has sabido utilizar unos ingredientes perfectos como el psiquiátrico o esa doble personalidad para crear un estupendo relato digno de aquellas fantásticas series como eran La dimensión desconocida o las historias de la cripta. Estupendo relato y aprovecho para desearte un feliz agosto. Un fuerte abrazo, Roxana.

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    1. ¡Qué gran halago! Me encantaban ambas series y que pueda estar a su altura ¡uff! ¡Un fuerte abrazo!

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  5. Uy si tuviera sombrero, me lo sacara. Genial relato. Sobre los miedos y la locura. Te mando un beso

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    1. ¡Gracias! ¡Qué honor de provocar esas reacciones! ¡Un beso!

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  6. Me gustó mucho el relato. Muy fluido y claro, sin rebusques innecesarios. De hecho me dieron ganas de volver a escribir también algo más ficcionado. Últimamente vengo escribiendo más que nada pensamientos y cosas de ese tipo, y tu relato me dio una renovación del aire, un nuevo empuje.

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    Respuestas
    1. ¡Grandioso! Me alegra haberte inspirado a escribir ficción de nuevo ¡me encantará leerte si te animas a publicarlo! ¡Un beso!

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¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Pueden escribir lo que gusten, tienen todo el espacio que quieran para comentar ¡Y no se echen para atrás por ser una entrada vieja! Yo responderé el comentario sin importar la fecha <3

¡Qué tengas un lindo día!

¡Un abrazo enorme!

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