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jueves, 14 de junio de 2018

Ahora que estamos solos #5: El sacrificio de Isaac

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Espero que de maravillas <3 Desaparecida de nuevo >.< lo sé, lo sé, no debería, que he estado cubierta de trabajo y exámenes >.< ¡Pero ya estoy de nuevo! Al menos, temporalmente, no sé cuánto me dure (?) Sólo espero que me dure.

Miren que no llegué a participar en la convocatoria de la semana pasada, que trataba de elegir un cuadro y escribir inspirándonos en él. Y bueno, yo tenía el cuadro, los personajes y la trama ¡y Jo! No subí nada (?) Pero aquí estoy de nuevo y de paso, les cuento que lo dividí en dos partes porque se me hizo más largo de lo que esperaba (?) Así que le hacen un sacrificio a los dioses y mañana posteo la segunda parte si todo anda viento en popa (?)


El sacrificio de Isaac

Cinco desaparecidos en una semana en el pasillo que conducía a tesorería de la Casa de la cultura, un establecimiento dedicado a impartir cursos y talleres de varios tipos de ramas artísticas. Hacia una semana que llegaban ahí y de ellos no se volvía a saber absolutamente nada. Ninguna de las victimas tenía algo en común y eso dejaba a la policía con muchas menos pistas para seguir el rastro de aquellas personas.

Los hermanos Athens se enteraron de la noticia y dispusieron manos a la obra al tener algo de tiempo extra para lidiar con el caso. No tenía ni la más remota idea de a dónde debían ir. En los apuntes de su padre, no encontraron muchos datos que pudieran ayudar a hallar a su familia, así que estaban un poco a la deriva esperando averiguar sobre algunas de las tantas investigaciones que había tenido él que hubiese llevado a Artemisa, su madre, a buscarlo ahí. 

Myrddin se negaba a que siguieran tras su pista, pero él era un simple libro así que mucho no podía hacer para detenerlos, que sus hechizos más poderosos apenas podían hacerles cosquillas en su actual condición. De hecho, había sido él quién los motivó a que se encargaran de atender ese asunto de desapariciones pensando que le podía dar tiempo para disuadir a los tres, aunque tenía la certeza de que habían heredado la obstinación de sus padres.

Maya fue la que entró a pedir información de las actividades desarrolladas en la institución mientras sus hermanos iban a dar una vuelta revisando y esperando encontrar algo que les dijera que era uno de sus trabajos, que tal y como se escuchaba la noticia, simplemente, parecía una cantidad de raptos sin ningún tipo de ámbito sobrenatural, pero echarle un ojo antes de sacar conclusiones era lo que tenían que hacer en la tarde.

Llegaron al pasillo donde habían visto a las víctimas por última vez y lo encontraron cerrado por una cinta policial. El mismo estaba oscuro y en frente de ellos, veían un cuadro tan grotesco como intimidante en la oscuridad que había ahí por el desuso de la zona. El cuadro era un Caravaggio, el mismo, mostraba tres figuras masculinas: un hombre con una cuchilla a la yugular de otro que suplicaba por clemencia y un tercero que sostenía la mano deteniéndolo de asesinarlo.

—Lo único raro es que tengan algo tan feo en la pared —dijo Johann encogiéndose de hombros mientras abría el bolso y sacaba a Myrddin, quien tomó una larga bocanada de aire al encontrarse fuera del bolso y miró a su alrededor— ¿sientes algo fuera de lugar? —Preguntó saltando la cinta y dejando a Myrddin en el suelo, frente al cuadro que es donde estaba bloqueada la escena del crimen: era un perfecto cuadrado justo ahí.

El libro dio un salto hacia atrás y se movió un poco de la misma manera por el suelo, doblándose al mirar las marcas de cinta en el suelo. Francis estaba del otro lado de la cinta, vigilando que no llegara nadie, después de todo, era una zona restringida en la que estaban metidos.

—No hay nada. Aunque…

—¿Aunque? —preguntaron los hermanos al unísono mirando al libro.

—Ese cuadro me da mala espina. Siento que lo he visto en otro lado —dijo finalmente Myrddin.

—Posiblemente sea de tu época. Es de Caravaggio, un artista barroco, muy famoso por hacer la representación de la muerte de Isaac con esa expresión de súplica en el rostro. Los cuadros que lo representan, son siempre en una postura más sumisa, resignados a morir —explicó Francis alternando la mirada entre ellos dos y al frente, continuando su actitud vigilante en todo momento.

—No es eso. Me parece que es algo más —dijo el brujo.

—Entonces, si no hay nada, podemos irnos —Johann suspiró cansado y tomó a Myrddin nuevamente para dejarlo dentro del bolso. El libro se quejó de lo torpe que era para guardarlo y dijo que prefería viajar con Maya, que ella sí sabía cómo tratar a un libro.

Se encontraron en la recepción poniéndose al tanto de lo poco que habían averiguado, dirigiéndose al vehículo cuando vieron a Ciro en el techo del edificio. Varias personas murmuraban acerca del muchacho que estaba ahí, pensando que se iba a suicidar, hablando entre murmullos. 

—Yo me encargo —dijo Maya restregándose los ojos adelantándose a sus hermanos— ¡Baja de ahí! La gente te está viendo raro y lo último que necesitamos es llamar la atención— y viendo las intenciones del fénix, se apresuró a gritarle— ¡pero no saltes! 

Ellos sabían de sobrado que Ciro no iba a morir por una caída de esa altura. Podría ser mortal para ellos, podría dejarle un hueso roto o varios, hasta podría matar a quien pasara por ahí al caerle, pero Ciro iba a sobrevivir pasara lo que pasara, después de todo, no era humano y podía renacer de sus cenizas las veces que hiciera falta, por lo que preocuparse por algo tan vano era inútil. Pero había cosas que necesitaban tener en cuenta considerando que ellos aún eran fugitivos y que alguien sacara su celular y grabara era algo contraproducente. Algo que Maya vio y no dudo en concentrar su vista en el aparato y hacerlo arder espontáneamente. Una sola foto y quien sabe qué pasaría.

—Hay algo extraño aquí arriba —dijo Ciro poniéndose en cuclillas en la cornisa— se siente como si hubiese algo… maligno justo aquí. Sólo no logro encontrarlo.

—Baja de ahí. Luego hablamos de eso —insistió la mujer— recuerda no saltar. Recuerda no saltar —repitió varias veces y fue lo primero que hizo: saltó cayendo a su lado y mirándola con una estúpida sonrisa en los labios.

Las habladurías no se hicieron esperar, por lo que ella lo empujó con rapidez hacia el auto y evitó hacer algún comentario hasta que estuvieron en el interior.

—Sin embargo, Myrddin no sintió nada ahí dentro —Johann intervino cuando empezaron a andar.
—Justo en el techo, hay algo, como si fuera una presencia. Pude sentirlo, hasta cambió de lugar un par de veces en el tejado. Pero nada más —explicó el fénix recibiendo un golpe en el brazo de parte de Maya.

—Cuando te diga que actúes normal ¡actúa normal! Los humanos no pueden caer de siete metros o más sin tener un rasguño. Tú hasta diste un brinco para ponerte en pie.

—Qué frágiles —dijo con total inocencia mientras miraba por la ventana sin prestarle atención a ese regaño, miraba el techo del edificio que habían abandonado.

—Volveremos en la noche —anunció Francis emprendiendo camino a algún restaurante donde pudieran comer algo. Lo más lejos posible de ahí pues, algún curioso podría meterse en su camino. Lo que sí sabían es que iban a tener que ser más cuidadoso al dejar al fénix solo o podría ponerlos en evidencia más rápido de lo que ellos creían.




¡Un abrazo!

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jueves, 7 de junio de 2018

Ahora que estamos solos #4

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Espero que genial. He estado desaparecida que entre que llego tarde a casa y todo se me ha juntado para este mes, ando en llamas >.< que apenas he actualizado, escrito o pasado por sus blogs ¡pero voy a pasar! Palabra de paramesio (?)

¡Pero ahora, sigo con los jueves pasados! Esa semana tocaba hablar de helados, sí, justo helados, del que más nos guste y nos convocaba Inma Blanco a la misma. Los invito a leer la convocatoria aquí, como yo voy a mis anchas con esta sección porque me excedo en límite de palabras y tiempos como que todo esto es del año pasado y recién ahora ando participando (?)



Verde 

—Iremos a tu restaurante favorito —dijo Morgan cuando iban en el auto. Pasó por su casa a buscarla dos horas más tarde, con la excusa de que no encontraba su corbata para verse presentable y las otras, no combinaban con su traje. Excusas tontas que solía poner cuando se entusiasmaba en otras cosas, como con sus juegos o la discusión de sus vecinos llegaban al climax. Era como una telenovela, razón por la que a pesar de que se la pasaban peleando incluso, a las tres de las mañana, Morgan no aceptaba el mudarse. Era como la telenovela de la noche, pero tenía la ventaja de que se podía seguir a toda hora y se cantaban secretos a cuatro vientos. Y cotilla como era…

—¿Cómo sabes cuál es mi restaurante favorito? Jamás fuimos ahí.

—Kysa, Kysa, te conozco mejor de lo que tú piensas —se rio y puso el CD de James Brown

—Ni que me conocieras tan bien.

—¿Realmente crees que no te conozco bien? —La mirada de Morgan se fijó en Kysa de tal forma que hizo que su cuerpo temblara al sentir sus ojos verdes como si la estuvieran escaneando externa e internamente.

Kysa sintió su labio temblar ligeramente irguiéndose con firmeza y la mirada altiva para decirle que se equivocaba a pesar de que había visto el triunfo destellar en los ojos de Morgan ¡no iba a darle con el gusto! No hacía mucho se conocían, apenas trabajaban juntos hacía unos ¿dos años? Y salían hacía uno. Sí, seguramente habría cosas que conocía de ella, pero dudaba de que pudiera afirmarlo con la seguridad que lo hacía. Quizás porque ella aún estaba intentando encontrar la respuesta a los miles de enigmas que representaba Morgan. Apenas conocía un pedacito de su vida y se sentía en una tremenda desventaja con él. Como de costumbre, las competencias jamás acababan entre los dos y ésta iba a ser una grande para ambos.

—Dime entonces —dijo ella como si nada mientras abría la puerta del auto y bajaba del vehículo. Morgan se apresuró a hacer lo mismo con la sonrisa socarrona en los labios mientras jugaba con las llaves de su auto en el dedo índice haciéndolas girar o como él había dicho: hacía el sonido de la victoria.

—Tu color favorito es el verde y no cualquier verde, te gusta el verde oscuro o en tonos azulados. Los aretes que llevas son un regalo de tu adre cuando te graduaste —contó él y este detalle hizo abrir los ojos hasta el límite a Kysa que volteó rápidamente a verlo, abriendo la boca sin emitir palabra cuando él puso su dedo índice en sus labios— recuerda que soy un excelente detective —le guiñó el ojo y siguió caminando campante con la cojera que lo caracterizaba.

Kysa infló los mofletes y corrió ligeramente a alcanzarlo esperando a que continuara con todo lo que sabía de ella.

—Eres pésima recordando las fechas, tanto así que es fácil sorprenderte en tu cumpleaños. Tienes una gran curiosidad y sentido del deber, por lo que siempre ha sido fácil para ti tratar a tus pacientes y así, te encariñas con ellos y luego, no sabes cómo despedirte cuando debes darle el alta. Por eso es que somos pareja —bromeó abriendo la puerta para que pasara esquivando la palmada que le iba a dar en el brazo— te encanta el café dulce y fuerte y reniegas cuando sólo queda del suave, pero lo bebes igual. El picante es un condimento que no falta en tus comidas y odias lo agridulce. Nunca te has teñido el cabello y en tu adolescencia, practicabas gimnasia rítmica.

Volvió a quedarse quieta antes de llegar a la recepción del restaurante, esperando que los llevaran a su mesa. Aun no cabía en sí de toda la información que estaba escuchando de él, alguna ni si quiera había sido contada por ella.

—¿Me investigaste?

—Querida, cuando me interesé en ti, hasta aprendí a hablar sueco —la dejó un momento mirando al frente— Joussieau —dijo al mesero antes de que encontrara su reservación y los guiara hasta la mesa. 

Morgan en un gesto galante, puso su brazo para que Kysa lo tomara. Ella rodó los ojos un poco indignada y acabó correspondiendo el gesto en lo que caminaban hasta su lugar. Corrió la silla y dejó que se sentara primero. Ella no cabía en sí de esos detalles: Morgan era la persona más grosera y antipática que podía darse el lujo de conocer. No era precisamente un hombre caballeroso a menos que… y eso llevaba a muchas opciones, probablemente, fuera a la expresión que portaba su novia en ese momento de casi querer matarlo.

—¿Quieres que siga? —preguntó mirándola levemente por encima de la carta como quien no quiere la cosa.

—No, por favor. No sé qué cosas más podrás saber de mí.

Colocó sus antebrazos sobre la mesa con intención de revisar el menú y dar por perdida la batalla que había iniciado con él. estaba segura de que si seguía hablando y contándole sobre ella, se iba a dar cuenta de que Morgan la conocía tan bien como si hubiesen pasado toda la vida juntos y eso en cierta forma, le causaba un poco de temor ¿en qué momento se había interesado tanto en ella para llegar a ese punto? Cada vez que lo veía leyendo una de sus revistas de autos o que lo encontraba espiando a los vecinos por buscar algo interesante. Incluso, cuando tenían casos de infidelidades y él disfrutaba como si estuviera en el cine viendo las peleas, los movimientos cautelosos, entre otras tantas cosas. Le gustaba el drama, le encantaba meterse en la vida ajena y por sobre todo, no tenía la más mínima decencia en disimularlo. Pero pensó que en su caso era diferente y estaba terriblemente equivocada.

—Bueno, seguiré ya que te ves tan interesada —dijo en tono burlón y si hubiesen estado en su casa, ya lo estaba viendo subiendo los pies a la mesa mientras colocaba los brazos en el respaldo del sillón con esa expresión de altanería que ponía cada vez que le llevaba la razón— guardé lo mejor para el final. Te diré —se acercó dejando el menú de lado y la miró a los ojos. El destello que vio en ellos le produjo un leve escalofríos— eres la mujer menos romántica que he conocido en mi vida —soltó arruinando ese momento intimo que había creado momentos atrás y necesitas comprar ropa interior sexy. Aunque ese conjunto de camuflaje que vi es interesante. Salvaje y rustico, deberías usarlo en nuestra próxima cita.

—¡¿Revisaste mi ropa interior?! —Sus labios quedaron entreabiertos y había levantado la voz dirigiendo la atención de los comensales a ellos, haciéndola pasar un muy mal momento, carraspeando y recobrando la compostura, habló de manera más calma y pausada— ¿en qué momento?

—Te estabas duchando, me aburría ¿qué querías que hiciera?

—Ver la tele, leer un libro, jugar con algunos de tus videojuegos. No sé, hay tantas opciones y revisar mi cómoda no es una de ellas —dijo entre la indignación y la vergüenza.

Si bien habían compartido la cama en alguna ocasión, ella quizás no iba al mismo ritmo que él ni consideraba propias el tipo de acciones que él tenía con ella. Aunque sabía que quejarse era en vano, que mientras más lo hiciera parecía que Morgan más lo disfrutara, como si molestarla fuera uno de sus pasatiempos. Tenía otros, pero ella sospechaba que disfrutaba especialmente ese.

Suspiró cansada y cenaron cambiando de tema, yendo por caminos menos pedregosos que ese que no quería seguir averiguando más en esa noche. Quizás, otro día, cuando le pasara la vergüenza y decidiera cambiar el cajón de su ropa interior.

—No pidas postre, te sorprenderé una última vez esta noche —le dijo llamando al mozo para que trajera la cuenta y salieron del local hacia una heladería.

Morgan mandó a Kysa a que buscara un lugar donde sentarse y lo esperase allí. Cuando salió con dos conos de helado, ella se quedó mirando el que había llevado para ella: menta y vainilla. Quiso preguntar cómo lo sabía, pero él había leído en su mirada eso y ahora, se sentaba frente a ella y le contaba sobre ello.

—Te gusta la menta porque es verde. Y la vainilla es tu sabor favorito, pero además, te gusta la combinación de colores. Sé que aunque parezca sencilla, eres una mujer muy rebuscada —le dijo con una sonrisa mientras él daba una cucharada a su helado de chocolate y daba por ganado el juego que había quedado implícito entre los dos.

Kysa se sonrió y miró el helado levantándose y dándole un beso a su novio. Se sentó a su lado y dio una probada a su helado con una amplia sonrisa en los labios. Nunca antes alguien se había interesado así en ella y aunque Morgan no fuera el mejor de todos, estaba segura de que estaba tremendamente enamorada de él y que haría lo posible, para demostrárselo y conocerlo tan bien como lo hacía él.

—Te diré algo que sé bien de ti —dijo posando su cabeza en su hombro— te encanta el helado con whisky y siempre reniegas del escocés.

Él se rio.

—Es escocés —apretó los labios volviendo a llenar a cuchara con el helado de chocolate. Pero le daría ese punto a ella en esa noche.





Espero les haya gustado.

¡Un abrazo!



 

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sábado, 2 de junio de 2018

Mensaje inesperado

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Traigo otro corto cuentito de estos dos personajes, para los fans de esta parejita <3 Si no han leído nada de ellos, los invito a pasar por El cielo a mi favor para leer todos los relatos de estos personaje. Prometo pronto subir la continuación de lamisma ¡la tengo terminada! Basta que le haga una bonita portada para subirla y ya <3

Los dejo con el cuento :)


Fanart encontrado en Pinterest y editado por mí <3
 
Mensaje inesperado

Habían quedado dormidos después de haber sucumbido a la pasión. Ella se despertó al atardecer y recordó que no había hecho el mandado para preparar la cena, pero con su novio dormido, dudaba que fuera a cocinar algo, porque si era cosa de ella, estaba segura de que iba a salirle más barato comprar la comida. Y así lo hizo.

Se puso de pie y se vistió, arreglándose el cabello lista para salir, pero antes, le dejó una nota a Kakashi por si se despertaba antes de que ella regresara.

Media hora más tarde, Kakashi se frotó los ojos y tanteó a su lado en la cama para encontrarlo vacío. Fuyuki no estaba y no veía tampoco su ropa, que normalmente, quedaba sólo con una camisa larga y dejaba el resto ahí, cuando andaba dando vueltas por la casa.

Decidió ir a darse una ducha y espabilarse antes de salir a buscarla, llegando al baño y abriendo los grifos de agua hasta templarla. Se rascó la nuca con modorra y fue directo a la ducha, volviendo rápidamente a verse en el espejo ¡tenía escrito el pecho!

¡Kakashi-kun! Saldré a comprar la cena. Volveré enseguida.
Te amo, Fuyuki.

—Tendré que poner algunas cosas en claro —dijo rascándose la nuca una vez más esperando que no fuera un marcador de tinta indeleble— cuando le dije que podía hacer lo que quisiera conmigo no me refería a esto —agregó indignado metiéndose bajo el agua.

Dejó el agua correr sobre su cuerpo un buen rato, aún estaba un poco adormecido, pero al pensar en ella, volvió a sonreír.

Cerró las llaves de la ducha y al escuchar su voz llamando su nombre, enserió, saliendo de la ducha y cubriéndose con una toalla. Y ella, como acostumbraba, entró al baño rodeándolo con sus brazos al verlo salir cubierto sólo con la toalla a la cintura y plantándole un beso en los labios, sintiendo algunas gotas de agua caer sobre su rostro por el cabello mojado de su novio.

—¡Kakashi-kun! Pensé que ibas a dormir un poco más.

—No voy a dormir todo el día —le dijo rodeándola por la cintura— más cuando me usas de anotador —agregó en tono de reclamo.

—Era una forma fácil de que vieras el mensaje y que no se perdiera —argumentó ella como si fuera la mejor razón del mundo.

—¿Y escribir sobre mi pecho te parece bien?

—Viste el mensaje ¿no? —arqueó la ceja bajando la mirada hacia su pecho para asegurarse de que no quedaban rastros del marcador, sólo de sus besos y aprovechando el momento, Fuyuki le hizo una nueva marca justo en la división de sus pectorales por la simetría, según sus palabras exactas.

Y habiendo hecho eso, le había dedicado una de sus angelicales sonrisas y había salido directo al comedor a servir la cena, contoneando las caderas, dejando a Kakashi suspirando profundamente y viéndola marcharse. Él se rascó la cabeza y sonrió. Una cálida sensación de bienestar lo acompañaba al tenerla cerca y Fuyuki estaba con él cada vez que tenía la más mínima oportunidad, que rondar su espacio se había vuelto una costumbre tan arraigada en su vida que la echaría en falta si no estuviera cerca suyo. Aun con todas sus excentricidades.

—¡Kakashi-kun! —Lo llamó apresurándolo para que la acompañara, volviendo a aparecer en la puerta— si no te apresuras a vestirte, te resfriaras. Y se va a enfriar la comida. Aunque me preocupa más lo primero ¡así que vístete! —y así, había entrado llegando hasta él y empujándolo para que fuera a ponerse algo encima.

Él se rio, la atrapó entre sus brazos y le dio un beso en la mejilla, sentándose en la cama con ella entre sus piernas, volviendo a disfrutar su cercanía. Inhaló el perfume de su cabello y apoyó su cabeza en el hombro de su novia, dándole un beso en el cuello.

—Kakashi-kun…

—Estoy bien, déjame embriagarme de tu calidez —la apretó más contra su cuerpo. Fuyuki cerró los ojos y sintió su aliento cálido contra su piel, algo que sentía mucho más ahora que no llevaba su máscara encima provocándole un fuerte estremecimiento. Llevó una de sus manos hacia el brazo de su novio y deslizó sus dedos por él, degustando su tacto y su piel tibia. Si había algo que podía pedirle al cielo prolongar por siempre era estar entre sus brazos y no alejarse más de ese lugar, no separarse más de él.

Inspiró profundamente y volteó, deshaciendo el abrazo y dejando a su novio contra la cama y ella arriba de él. Su cabello largo caía como una lluvia por sus hombros y su espalda, al igual que su flequillo irregular. Kakashi estiró su mano y lo quitó del camino, dejando su rostro sin nada que le impidiese verlo a gusto y placer. La veía tan hermosa, tan cálida con él que aún se preguntaba qué había hecho para ganarse su amor.

—Vístete.

—Pensar que antes sólo querías verme sin ropa —se burló él atrayéndola a su pecho en un abrazo.

—Aún lo deseo —le dijo acariciando su pecho— pero no has comido nada en todo el día. Y mi deber como tu novia es cuidarte también y has salido de la ducha y aun estás con la toalla encima y ni si quiera te has secado el cabello. No quisiera que enfermaras por culpa mía, incluso tu piel está fría —enumeró todo al detalle tomándolo por sorpresa— podemos seguir donde nos quedamos luego —sugirió coqueta dándole un corto beso en los labios y acurrucándose en su pecho. 

Fuyuki cerró los ojos disfrutando del latir de su corazón mientras le acariciaba la cabeza. Aun no daba fe de que su vida hubiese cambiado tanto por él, que de estar robando sin puerto seguro, había acabado entre sus brazos.

—Kakashi-kun, sigues desnudo —le recordó al ver que ninguno de los dos tenía intención de levantarse.

—Lo sé.

—La cena se enfría.

—Lo sé.

—Y no hay condones.

—Lo… ¿qué? —dijo levantando levemente la cabeza mirando a su novia que portaba una sonrisa de oreja a oreja en sus labios ¡Qué manera de cortar el momento! Se rio sonoramente apretando más fuerte sus brazos alrededor de ella, acariciando su espalda luego de correr su larga y espesa cabellera— alguna vez, pensé que el amor no estaba hecho para mí —ella prestó especial atención cuando dijo eso, un poco dolida de ese pensamiento— y ahora…

—¿Y ahora? —repitió expectante la frase abriendo bien los ojos.

La sonrisa de su novio se amplió haciendo que su corazón diera un brinco al ver aquella expresión de felicidad en él mientras sus dedos largos se paseaban por su rostro y la acariciaban. Cerró los ojos y disfrutó de su tacto como si pudiera permanecer para siempre bajo del roce de sus manos, sintiéndose así de querida por él. Y ella ansiaba demostrarle todo ese amor que sentía.

—Ahora no sabría qué palabra usar para decir lo feliz que soy.

Fuyuki se sintió pletórica, se marcaron los hoyuelos de su sonrisa al pensar en lo dicho, delineó sus pectorales con sus dedos y ronroneó sobre su mentón, haciéndolo reír, con la promesa de que ella lo haría mucho más feliz todavía, ese día y todos los que venían; promesa que selló con sus labios y las caricias de él que se esparcieron por su espalda hasta dejarla debajo de su cuerpo fundiéndose en ese beso entre los brazos del otro.

—Kakashi-kun —lo separó de ella entre suspiros contenidos— no hay condones —le repitió y él apoyó su frente contra la de ella mientras sus dedos se enredaban entre sus cabellos plateados.

—Iré a vestirme.

—Calentaré la cena.

Dijeron ambos poniéndose de pie y yendo a una dirección diferente a realizar las tareas que acababan de enunciar, sin embargo, al llegar cuando ella llegó al umbral de la puerta y él al ropero voltearon a verse y se sonrieron jovialmente. Fuyuki le tiró un beso desde su lugar y salió a la cocina, ambos con una cálida sensación que les recorría el cuerpo, sintiéndose felices, completos. Aquella última mirada cómplice que habían cruzado en la habitación les decía que aquello era mucho más grande que el amor y que sólo les pertenecía a ellos dos.





Espero lo hayan disfrutado <3

¡Un abrazo!
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