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domingo, 22 de abril de 2018

Atrapasueños

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? He estado completamente desaparecida esta semana, he tenido días bastante movidos en cuanto a mi familia, mi vida personal, y todo lo que viene con ello. Además, he conseguido dos trabajitos freelance, así que me he visto más ocupada que de costumbre. Escribir me apasiona, aunque eso me ha llevado a tener un poquito descuidado el blog y hasta el NaNo, que siendo sincera, llevo días sin pasar por la plataforma y que no creo que llegue con mi meta puesta, a menos que me siente de cabeza ahora a escribir hasta que se me caigan los dedos (?), pero he avanzado bastante, lo que me deja algo satisfecha. No digo que totalmente satisfecha porque no era mi meta, pero es lo que hay, como dicen por ahí.

Como para no dejarlos sin señales de vida, les traigo un cuento, de esos que me encantan a mí. Sí, es de esos que hablan de sueños.


Atrapasueños

Encima de la cama, al lado, en una puerta, siempre cerca de las personas, los finos artefactos hechos de hilos, ramas, plumas, algunos más sofisticados, con alambras y distintos accesorios, cuelgan en las moradas, a veces de adorno, a veces, con un fin más específico: esperando ahuyentar las pesadillas. Los atrapasueños sirven desde siempre para traer los malos sueños y que no molesten al durmiente.

Lo cierto es que no es así. Hace tiempo, en la sombra de un ciprés, un aborigen obtuvo el secreto para espantar las pesadillas de un ser muy peculiar. Colgaba de las ramas del árbol vestido de gala, con pajarita y chistera, apoyando las manos en un bastón con mango de plata e incrustaciones de diamantes, diamantes que brillaban de forma especial pues, contenían las almas de cientos de personas que habían pactado con él.

Le enseñó, con la galantería del que vive del engaño, cómo ensamblar aquel objeto que lo haría dormir tan plácido como un niño por las noches. De apariencia, inofensivo y con materiales que podían conseguir con facilidad, llevó a cabo el adorno y siguió las instrucciones al pie de la letra, confirmando con facilidad, que él había tenido razón.

La costumbre se extendió con facilidad, porque la leyenda del hombre extraño ayudaba a hacer más creíble la magia que había en el atrapasueños, llevándose los malos sueños con él.

El peculiar personaje lo veía todo sin que se dieran cuenta, descartando las pesadillas que quedaban atrapadas en los cientos de atrapasueños que había en la zona: sabían amargo. Mientras que los sueños buenos, eran dulces ¿alguna vez escucharon llamar así a los sueños? Ten dulces sueños. Era el demonio fomentando los buenos sueños, porque él se alimenta de ellos. Saben dulce, como una golosina, cuanto más lindo sea el sueño, más sabroso se vuelve. Lo que no saben las personas que usan el atrapasueños es que esos son los que atrapan. Al día siguiente, se levantan de la cama diciendo que no soñaron nada, y no es porque no lo hayan hecho, es porque se han devorado su sueño. Así, llega el momento que la persona de tantos sueños perdidos, se olvida de cómo soñar y el atrapasueños se vuelve inútil. Así, este personaje, que antes salía a engañar a inocentes en el bosque, ahora sólo debe esperar a que alguien lo cuelgue sobre su cama y se duerma. Ahora, todo se le ha facilitado, que sólo debe sentarse a esperar a que duermas. Y sueñes.

Pero si has dejado de soñar… mira el atrapasueños y deshazte de él, que sólo así se irá. Procura no demorarte. Quizás, haya perdido la capacidad de soñar.







Sería uno de mis peores miedos perder la capacidad de soñar ¿se imaginan eso? ¡Qué vida tan triste, por favor! Por suerte, atrapasueños no tengo (?) 

Espero lo hayan disfrutado.

¡Se cuidan!

¡Un abrazo!

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lunes, 16 de abril de 2018

52 días de escritura: día siete

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? Espero que de las mil maravillas ¡Hoy retomé baile! Finalmente, que dije que iba a hacerlo y finalmente, lo hice. Quería retomar mis clases de flamenco o de comedia musical, pero con Luz y mi querido R, acabamos bailando tango ¿cómo? Pues, ni idea, pasábamos por ahí, había clase y entre el entusiasmo mío y de Luz, no tuvo más que ceder (?) Es genial cuando nos confabulamos así <3 Y que de paso, la siguiente clase era de floklore, así que la pasamos de maravillas entre gatos y zambas toda la tarde. Siendo sincera, de pequeña había aprendido a bailar algo de folklore, entre gatos y alguna chacarera, me sorprendió aún recordar todas esas cosas, que después de salir de la primaria y los actos escolares que era para el 25 de mayo, el 9 de julio y el 10 de noviembre que se celebraban los bailes, nunca más volví a bailar algo así ni de casualidad XD

Fue realmente divertido y espero, nos dure el buen clima, que lo interesante de las clases es que son al aire libre, así que me siento más que contenta con esto ahorita <3

Día siete: haz un relato ASMR para que tu lector se relaje leyéndolo. Suelen desarrollarse en entornos naturales, con cuentas atrás, descripciones muy detalladas y mucha sinestesia. Si estás un poco en blanco te recomiendo que entres en algún canal de ASMR como el de Luna Cántor para entender qué es.



Allá, muy lejos

Olía el color verde. Tenía un olor dulce, como a chocolate con leche. Cerré los ojos y toqué las flores: un sabor suave y acaramelado lleno mi boca. Me puse en cuclillas y sentí el viento lleno de colores a mi alrededor. Las líneas se veían claras, como si fueran pintadas con pincel, los colores tan vivos y alegres, con un olor tan fresco y energizante como una ensalada de frutas recién hecha.

Estaba cálido.

Estaba cómodo.

Estaba en paz.

Me fui sentando, casi con meticulosa precisión, como si mis movimientos fueran en cámara lenta y necesitara llevarlos muy lentamente para llegar a la postura que quería. No era incómodo, no era molesto, es más como si pudiera disfrutar mejor de las cosas cuando lo hacía con tanta precisión, sintiendo moverse los músculos de mi cuerpo como si nunca lo hubiesen hecho anteriormente.

Me siento como si mi cuerpo no pesara y a la vez, es lo mismo de siempre ¿por qué? No entiendo muy bien estas sensaciones, pero la tranquilidad que tengo en este momento en este campo abierto no la tuve en ningún lado. Los colores que veo en el cielo y las luces que producen el canto de los pájaros son lo más bello que he visto en mi vida. Los sonidos cobran forma, parecen vivos entre los colores brillantes y con aromas tan dulces que son empalagosos. Me siento como Charlie en la fábrica de chocolate.

Y no estoy emocionado. En este momento, me siento como en una situación de letargo, como si estuviera despertando de un sueño y no supiera decir con exactitud qué es verdad o que no lo es.  Estoy en el umbral, donde las notas se vuelven aire y el aire toma forma de aves. O de elefantes.

Me levanto, camino. El sonido de mis pasos va abriendo caminos, se ilumina a mí alrededor cada hoja, cada flor, cada raíz y da lugar a algo increíble: desde hormigas hasta nubes. Si piso esa hoja, puede convertirse en una estrella y elevarse hacia el cielo como si fuera una nave.

No tengo algún recuerdo de qué estaba haciendo antes de llegar hasta acá. Realmente, no recuerdo nada antes de estar aquí, como si estuviera muerto. Quizás, lo esté. Dicen que el paraíso es esto: dormirse y no despertar, dormirse y dejar de sentir, dejar de soñar, es esta monotonía de la paz. Ni si quiera puedo recordar cómo es sentirse mal por pensar en algo así. La tristeza, la ira, el desazón, ningún sentimiento me es familiar aunque sé exactamente lo que son, sólo me queda esta tranquilidad inhumana, este sentir, este saber que no siento nada más que esta paz.

Camino más rápido, quiero correr, peor por alguna razón, sigo caminando. Veo un puente y lo cruzo, incluso, sin miedo a mirar abajo yo que le tengo pánico a las alturas. Llegó al final, como un precipicio, un borde. Me arrimo a ver abajo, inspiro, me limpio la frente con la palma de la mano. Estoy tan tranquilo que si supiera, si recordara como tener miedo, ahora estaría espantado de mí mismo. 

Miro atrás. La fábrica de chocolate de Willy Wonka es poco. Quizás, la hayan mezclado con el mundo de Mi pequeño Ponny y Los ositos cariñosos. Niego con la cabeza, podría sentirme harto de este sentimiento. Sé que debo sentir aburrido de esto, de lo rutinario, de lo que no cambia, de lo que es tan exactamente igual a lo anterior que nada se ve diferente.
 
Vuelvo la vista hacia el precipicio. El sentido común me dice que me quede, que la paz es buena, que la tranquilidad que siento aquí no la voy a sentir en ningún lado, que me voy a arrepentir si me voy a otro lado.

Me paro erguido, cierro los ojos y me dejo caer. Una vez que lo hago, ya no importa nada, he salido, estoy en pie. Ahora que mi momento de meditación ha terminado, finalmente, puedo volver a seguir trabajando.






No tengo mucha idea de qué es lo que pedía realmente. Lejos de sentirme relajada con el video que recomendaba, me estresaba demasiado escuchar los susurros y entender poco lo que decía por eso mismo —además, según estuve leyendo, se usan susurros, goteos, soplidos, por lo que llevar esto a reproducirse de manera escrita es... ¡jo! No digo que imposible, pero que es tremendamente jodido, que lo es—. 

Espero lo hayan disfrutado al menos, que yo sé bien que no me relajé en lo absoluto ni escribiéndolo ni averiguando cómo superar este reto XD

¡Un abrazo!
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domingo, 15 de abril de 2018

Ahora que estamos solos #3

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? De nuevo, no llegué a la convocatoria de la semana y tenía bien claro que quería usar a Jack y a Marissa para la historia, pero por una u otra cosa, no llegué a terminar de escribirlo y bueno, aquí me ven, que todo se publica, dentro o fuera de la convocatoria y estando ya fuera de la misma, el límite desaparece e.e 

Esta semana nos convocaba Gustavo a hablar de amos y amas de casa. Pueden ver a los compañeros en el siguiente link.

Y si no tienen idea de quiénes son Maarissa y Jack, los invito a leer Si perdemos el control, especialmente, en los cuentos, que es donde más participación tiene Jack, que Morgan es especialista en robar cámara (?)

Amo de casa

Se le hacía raro llegar a la casa y no escuchar a Morgan cantar desafinado mientras escuchaba a Louis Armstrong o a Ray Charles. Debía admitir que si no hubiese sido por su amigo, no se hubiese acostumbrado a escuchar ese tipo de música ni mucho menos, a disfrutarla. Jack no era mucho de la música, aunque le gustaba, llegaba el momento de elegir un género y podía decir que le gustaban todos y que podía relajarse o sentirse a gustos con todos. Por ahí, había alguna canción que lo movía un poquito más que otra, pero no llegaba a ser tan entusiasta como Morgan, que le había enseñado un poco a disfrutar la música.

Hacía apenas tres días que se habían mudado de la casa que habían compartido por casi cinco años. Y ahora, que estaba ya disfrutando su vida de casado con Marissa, lo normal era que tuvieran su propio espacio, más ahora que Morgan había conseguido un trabajo estable y pasaba gran parte del tiempo resolviendo los acertijos de la agencia o quejándose de la simpleza de los casos que le daban. Aunque, algunos le interesaban de simple cotilla que era, que las infidelidades eran como la novela de la tarde para él, si alguna vez lo había acompañado y hasta golosinas llevaba para ver las escenas, especialmente, cuando el trabajo estaba hecho y quería ver la resolución: si rompían, se arreglaban o no volvían a verse nunca más. Algunos, hasta eran violentos teniendo que recurrir a llamar a la policía para que no pasara a mayores.

Su vida de casados era agradable. Aunque Marissa solía llegar una hora después de él, por lo que se encargaba de preparar la comida hasta que ella llegara y ordenar la casa. Eso era algo que también extrañaba: cuando llegaba a casa, Morgan estaba tan aburrido que se ponía a ver programas de cocina o compraba libros de recetarios estrafalarios y terminaba haciendo un gran experimento en la cocina que es lo que servía de almuerzo. Y no podía negar que aunque siguiera las recetas al pie de la letra, no lograba conseguir el sazón que le daba su amigo a la comida. Marissa tampoco, aunque no cocinaba nada mal, que las veces que había preparado la cena para ellos, había sido exquisita. Sin embargo, a ese momento, Jack creía que dependía absolutamente de Morgan. Primero el ejército, luego el trabajo, ahora la casa. No podía dejar de pensar que él había abandonado todo para servirle de apoyo y había sido al revés, siempre era al revés cuando se trataba de Morgan. Quizás por el carácter frío y directo como si fuera una flecha que diera de lleno en el corazón, no tenía pelos en la lengua para decir absolutamente nada y mucho menos, para hacerlo, de ahí que se llevara tan mal con Marissa. 

Eso lo llevaba a otra de las razones por las que habían decidido que la casa no podía seguir siendo compartida: era un campo de batalla entre ellos dos. Si bien, él había participado en una guerra, prefería el campo de batalla y no las discusiones y las bromas de su mejor amigo y su esposa, que llegaba a querer desaparecer en ocasiones, que ninguno se contenía en lo más mínimo.

Mismo, ahora que estaba solo con su esposa, se daba cuenta de lo mucho que hacía en la casa, que era llegar y ponerse a cocinar y organizar algunas otras cosas, hacer la colada, limpiar, ordenar la mesa que quedaba hecha un desastre tras el desayuno por las prisas, porque los dos salían casi al mismo horario y para mejor, iban en sentido contrario, así que ni si quiera podían compartir vehículo para hacer el viaje más ameno e ir charlando un poco más. No, ni si quiera eso.

Jack suspiró mientras sentía el olor a quemado y corría dejando el cesto de ropa a quitar el bife de la plancha. Lo miró, bueno, esa porción iba a ser para él, haría el otro con más cuidado que se había olvidado por completo de la comida por estar al pendiente de otras cosas.

Y mientras corría las cortinas y abría las ventanas para que entrara el sol de la media tarde a la sala, sintió la puerta y a su esposa decirle algo sobre el olor a quemado que salía de la cocina. Sí, él también lo sentía e iba a costar sacarlo, por eso, iba a ventilar bien la casa.

—Ya casi está listo.

Marissa miró la carne que se veía poco apetitosa y sonrió lo mejor que pudo dándole un beso a su esposo y recargándose contra su brazo un momento para luego, soltarlo y poner la mesa.

—No vayas a decirlo, pero, extraño a Morgan. Es un idiota, pero sabe cocinar bien.

Jack se sintió tan sorprendido por la confesión de la mujer que casi se quemó con la sartén por culpa de ello, golpeándose con el mango y barajando el paquete de sal que estaba al lado de la hornilla, que si eso caía encima, sí que iba a ser incomible.

Marissa sintió el ruido y volteó a verlo señalándolo acusadoramente con el dedo.

—Llegas a repetirle eso a Morgan y te mataré lenta y dolorosamente –le dijo y él se rio. Con su relación, imaginaba que él iba a aprovecharse de eso, así que era mejor mantenerlo en secreto.

—Sí, señora —dijo irguiéndose cual soldado en el ejército a lo que ella respondió dándole un suave golpe en el brazo, discutiendo juguetonamente mientras hacían la ensalada.

En eso, sintieron el timbre de la casa. Marissa salió a atender pensando que era un vendedor cuando vio al detective llegar con una cazuela en manos. Juraba y rejuraba que tenía poderes telepáticos además de ser insoportable que había llegado justo cuando hablaba de él. 

—Como sé que hasta la fecha no has hecho nada de consumo humano, traje el almuerzo. Mataras a mi único amigo si se alimenta sólo de lo que cocinas —le dijo Morgan como saludo mientras se limpiaba los pies en el tapete y entraba a la casa sin prestarle mucha atención a la mujer, lo que siempre le hacía hervir la sangre.

 ¿Por qué ni si quiera viviendo lejos de él podían deshacerse de su presencia? ¡Oh, sí! Por Jack. En bendito momento había llegado a ser el único amigo de Morgan, aunque, en algún momento tenía que preguntarle si conocía a alguien más que fuera tan cercano como él, que en sus reuniones y salidas con amigos, el detective era el único que estaba presente, lo que hacía que pensara que eso de ser únicos mejores amigos era mutuo.

—¿Eso pensaban comer? —dijo mirando la carne quemada—te dije que era terrible cocinando.

—Lo hice yo —dijo Jack cruzado de brazos.

—Te ha contagiado —fue su respuesta rápida dejando la comida en la encimera— les dejaré esto aquí y tengo —estiró su brazo mirando su reloj— quince minutos antes de que llegue a vecina del frente con su amante. Con su permiso, usaré su ventana —y directo a lo que había ido a la casa, se instaló en el sofá con los binoculares y un sistema de audio para escuchar todo lo que pasaba, además de la cámara de fotos para no perderse nada.

—¿Vas a espiar a nuestra vecina? —le reclamó Marissa indignadísima—¡Acabamos de mudarnos! No quiero tener problemas con ellos.

—Es trabajo y no los tendrás. Finge que no me conoces, eso te sale bien —le hizo una seña con la mano para que se fuera de su improvisada oficina.

Ella, molesta como estaba, llamó a su esposo quien inhalando todo el aire que sus pulmones podían contener, se acercó a negociar con Morgan. Éste, que ya lo conocía de memoria sólo dijo dos palabras: monster truck. Y ya con eso, no pudo decir absolutamente nada. Era el espectáculo más brutal y fascinante del año como para perdérselo, no iba a decirle que no. Aunque sabía que por su bienestar debía decirle que no, que la mirada de su mujer clavada en su espalda era peor que un cuchillo atravesándolo. Y aun con cada fibra de su cuerpo gritándole que era un idiota y que era un error, dijo que sí.

Marissa se fue mosqueada a la cocina, él la siguió y Morgan sacó su termo con café del bolso y un chocolate mientras seguía mirando fijamente hacia la calle.

Jack sabía que mantener la casa era difícil, que mantener el matrimonio lo era y las amistades también. Todo necesitaba mantenimiento y dedicación. Le costaba y le iba a costar más. Pero apenas probó el guiso que había cocinado su amigo, las prisas y furias se desvanecieron al igual que las de su mujer. Y supo que el primer paso para ser un buen amo de casa, era cocinar bien, que al menos, si la comida estaba buena, hasta las broncas se pasaban y la charla se volvía más amena. Y ya su amigo que espiaba por la ventana no importaba, era feliz en su nueva casa, en su nueva vida y con su amada. 




Espero lo hayan disfrutado <3

¡Un abrazo!
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