domingo, 4 de marzo de 2018

El mejor regalo —Parte I

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Les traigo un cuento nuevo de esta serie que tengo en marcha, aunque de momento, siento que tengo más historias sueltas de la misma que capítulos continuos, espero ir mejorando esto con el correr del tiempo. Por si no han leído nada de ello, los invito a pasarse por El cielo a mi favor, donde encontraran los capítulos que ya he ido subiendo y los cuentos sueltitos que voy colgando.

Como éste es bastante largo, lo dividiré en dos partes, así sea más rápida y amena la lectura de la entrada. Espero les guste <3
 

El mejor regalo

Sólo deseaba volver a su casa y caer sobre la cama de una buena vez por todas. Era casi medianoche y apenas había terminado el trabajo en la oficina. En realidad, lo había dejado a medias, que si volvía a dejar plantada a Fuyuki por el trabajo, iban a hacer la ceremonia de Naruto en nada. Temía por su integridad física y mental como para tentar su suerte y aun así, llegaba tarde. Incluso, pensaba en su falta durante el día, normalmente, ella siempre iba a verlo, pero hoy había brillado por su ausencia, dándole una razón más para pensar que estaba molesta con él. ¡Y no es que fuera poco! Dejarla plantada se hacía rutina por cumplir con la aldea ¡Qué más quisiera él poder estar a su lado todo el día! El papeleo no era lo suyo, pero había hecho un compromiso con la aldea. El problema es que también tenía un compromiso con su novia y las dos eran demasiado exigentes con él.

Abrió la puerta con cautela, asegurándose de que ella no estuviera cerca antes de entrar, quitarse el calzado y dejarlo en la entrada. Ni si quiera había anunciado su llegada como de costumbre con tal de pasar desapercibido y llegar hasta la habitación con la esperanza de encontrarla dormida y poder acostarse a su lado sin discutir.

—Kakashi-kun —se le erizó la piel, irguiéndose rápidamente listo para inventarse una excusa qué pudiera cuanto menos, suavizar su lenta y dolorosa muerte. Pero cuando volteó, se encontró con una imagen totalmente ajena a lo que esperaba.

Fuyuki llevaba puesto un vestido negro que se ajustaba a su silueta y de daba una buena entrada en su escote en V. La falda era abierta y le llegaba a mitad del muslo dejando al descubierto sus largas piernas. Su cabello suelto, de ese tono verde limón que él amaba sólo era adornado por un broche que Kakashi le había regalado anteriormente.

Ella se acercó pegándose a su pecho, tomando con sus dedos su máscara y deslizándola hasta el cuello para al siguiente momento, llevar su mano hacia su nuca y hacer que quedara a su altura para besar sus labios.

Kakashi estaba confundido ¿Vería el paraíso antes de conocer el infierno o es que simplemente, tan hábil como era ya lo había matado y él no se había enterado?

Tragó duro y la miró incrédulo llevando sus manos a la espalda de su novia.

—¿Sucede algo? —Preguntó inquieta al no verlo reaccionar ante su beso de la manera que esperaba.

—Yo me pregunto lo mismo ¿No estás enfadada? —Había soltado esa pregunta nervioso viendo la expresión confundida de ella, temiendo por su alma. Fuyuki podía ser peor que Kaguya enojada así que era mejor no tentarla.

—¿Y por qué lo estaría? Hoy es un día especial después de todo —la sonrisa iluminó su rostro dejándolo más perdido todavía ¿Día especial? ¿De qué rayos hablaba?— ¿Ya cenaste?

Él negó rápidamente siguiéndola al comedor, finalmente animándose a preguntar:

—¿Qué celebramos hoy?

—¿No sabes qué día es hoy? —Volteó a verlo deteniéndole el paso a mitad del pasillo. Kakashi miró al techo frotándose la barbilla. Realmente, no tenía ni la más pálida idea de qué celebraban ni si quiera se asomaba a su cabeza algo.

—¿Miércoles?

—Hoy es tu cumpleaños, tontito —la expresión de él no le dio un buen augurio a Fuyuki, apoyándose contra él, pegando sus pechos al suyo, dándole una excelente vista de su escote haciendo que él se sonrojara y con la máscara bajada, se notaba mucho más esto— ¿Cómo puedes olvidar tu cumpleaños? —Casi se podía palpar la decepción en su tono de voz.

—No es que acostumbre a celebrarlo —dijo rascándose la mejilla restándole importancia mientras ella lo miraba con una mueca de disgusto.

—¿Hace cuánto que no lo celebras?

—Veamos… uno, dos ¿Más de veinte años?

Eso sólo dejó a Fuyuki más que atónita tomando la iniciativa de llevarlo hasta el comedor y sentándolo en la mesa ratona, poniendo a calentar la comida y volviendo hacia él con alegría. Había planeado todo al detalle esperando ver su expresión de alegría al celebrar su cumpleaños con ella, tanto así que le había dedicado todo el día a la preparación de su sorpresa para ser ella quién se llevara la sorpresa. ¡Pero no iba a decaer ahora! Había trabajado mucho con todo como para darse por vencida, por lo que su plan seguía en pie. Y ahora, iba a ser mucho más grande pensando en que no había celebrado su cumpleaños hacia muchísimo.

A ese momento, Kakashi ya se había relajado por completo, prácticamente, después de verla en ese atuendo tan sensual, hasta el cansancio había pasado a segundo plano.

—A partir de ahora, lo celebrarás. Haré que este sea el mejor cumpleaños de tu vida —dijo totalmente decidida a cumplirlo. Era más que nada, un aviso de lo que pensaba hacer: Fuyuki ya había tomado una decisión y no iba a dar marcha atrás ante ella ni si quiera por una negativa de él.

Kakashi la tomó de la cintura y la acercó hacia él antes de que se fuera de nuevo.

—Ya es uno de los mejores —le dio un beso en la espalda apoyando su cabeza en ella.

—¿No quieres cenar antes de pasar al postre? —Volteó a verlo quedando con sus brazos en sus hombros— juro que esta vez, cociné bien todo y nada va a escapar de tu plato —dijo recordando la vez anterior que intentó hacer un pato y se dio con que no había matado al animal, sólo lo había dejado inconsciente y cuando el agua empezó a hervir, el bicho salió de la olla haciendo un desastre en la cocina.

Después de eso, Fuyuki ya no se animó a cocinarlo, acabando cuidándolo hasta que se recuperó de las quemaduras y se instaló en su casa de mascota. Cuando Kakashi quiso darse cuenta, el pato ya tenía nombre y hasta su propio almohadón en donde descansar cuando estuviera dentro de la casa, por lo que no tuvo ni voz ni voto en la estadía de su nuevo inquilino: Iwao-kun. 

Aunque eso no era lo que venía a colación, sino, la cena que había preparado y aseguraba, era comestible aunque todavía no la había probado por estarlo esperando. Y estaba segura de que no lo probaría cuando él apoyó su cabeza sobre sus pechos. Y aunque ella no se resistiera a ir a la cama con él, de momento no estaba entre sus planes llegar a eso, aun así, él sabía exactamente cómo debía tocarla. Su piel se erizó ante el roce. No necesitaba más palabras ni señales, siendo atraída a sus labios como si fueran un imán, lo besó de manera voraz, apretando sus labios, degustando la humedad de su boca, haciendo del beso tan intenso que ambos sintieron la falta de aliento. Si había alguien con que no controlaba nada era con Kakashi. Fuyuki se dejaba llevar ante lo que sentía y quería, aunque eso la pusiera en una posición inapropiada incluso, si estaba en público. Pero a ella no solían importarle ese tipo de cosas, ahora, su novio era tema aparte, que podía ver su rostro cambiar de colores ante sus avances.

—Tengo otras sorpresas preparadas para ti —susurró contra sus labios al separarse ligeramente de él.

—¿Sorpresas? ¿En plural?

—Te dije que haría de éste tu mejor cumpleaños —sonrió guiñándole el ojo separándose de él para buscar los platos y servir la cena.

La comida sabía extrañamente bien como casi nunca había sucedido con Fuyuki, que si no estaba quemada, insípida, dura o salada o en algunos casos, hasta explotaba. Lo cierto es que nada de lo que estaba ahí parecía haber sido hecho por ella, pero ni lo dudó cuando vio algunas curitas en sus dedos, dejando los palillos al lado de su plato para tomar su mano con cuidado entre la suya.

No iba a decírselo, pero ese platillo que estaba en la mesa no había sido el primer intento. Apenas Kakashi se había ido a trabajar, ella había puesto manos a la obra, comenzando con la misma receta tantas veces que tuvo que salir a comprar los ingredientes tres veces para poder llegar finalmente a la noche a realizar algo digno de ser consumido por un humano. Lo cierto es que ninguna de las otras preparaciones contaban si quiera con alguna semejanza a la comida.

—Realmente lo hiciste todo tú —quiso preguntar, pero aquello salió como una afirmación mientras acariciaba su mano con la yema de sus dedos.

Fuyuki sólo sonrió ante ese gesto, inclinando levemente su torso por sobre la mesa para levantar su mano y darle un beso en los nudillos. Su sonrisa era tan radiante que sus hoyuelos se marcaron en su rostro haciéndola ver mucho más dulce que antes.

—Te dije que había hecho mi mejor esfuerzo en que fuera el mejor cumpleaños. Esto no es nada si lo disfrutas.

—Fuyuki-chan, si te lastimas así… —no pudo terminar de hablar pues, ella le dio en la boca una porción de caballa, haciéndolo callar por tener la boca llena.

—Lo hice por ti. Aprender cuesta y es normal tener heridas de guerra por ello —su voz tan animada como siempre le restó importancia a ello, haciendo como que nada había pasado al sacudir ligeramente su mano frente a él— si estás feliz, yo estoy más que satisfecha —sonrió cerrando los ojos— y no digas nada más, que aún falta mi regalo.

Y aunque podría adorar cuando ella se ponía algo en mente y lo conseguía, su idea de atesorarla y cuidarla se veía en riesgo cuando ella se lastimaba ¡Más si era por complacerlo!

—Fuyuki-chan.

—Si me vas a regañar, no te daré tu regalo —lo amenazó confiada de que podría hacerlo ceder con ello.

—Tú eres mi mejor regalo. Ven aquí —la tomó de la muñeca y la trajo hacia su lugar, sentándolo sobre su regazo de lado, así la tenía acurrucada sobre él.

La rodeó con sus brazos mientras ella cruzaba los pies y los apoyaba en el almohadón a su lado.

—Se supone que es tu cumpleaños, yo debo mimarte a ti —dijo en tono caprichoso cuando la besó en la mejilla.

—Yo quiero verte feliz —dijo besando su frente.
 
—Pero ¿Mi regalo?

—Dámelo en cuanto acabe de besarte —le dijo contra sus labios, sintiendo su aliento, su respiración encima de ella, acortando la escasa distancia que había para darle un buen beso de cumpleaños. Su boca caliente y húmeda aún conservaba el sabor de la comida, fue degustarlo en la boca de Kakashi y profundizar el beso acompañándolo de sus manos.

Ella acabó enrollando sus brazos en su cuello mientras la derecha de él recorría la curvatura de su espalda y la otra se deslizaba por sus muslos debajo de su vestido. Desde que la había visto así había sentido el deseo de tenerla contra sí. La ropa era un complemento a su belleza natural que se ensalzaba ante su mirar, pero ahora, sentía que le sobraba.

—Kakashi-kun —jadeó su nombre con la espalda contra el suelo mientras él estaba de lado, con medio torso encima de ella— esto es el postre y aún no has visto el plato fuerte —lo empujó contra el suelo, tomando su postura encima de él. Era su lugar favorito después de todo. La observó minuciosamente, recorriendo su frente con la yema de sus dedos al correr su flequillo dejando su frente al descubierto, sin decir palabras, sólo mirándose unos instantes en que el resto del mundo desaparecía por completo.

— Fuyuki-chan.

—Dime.

—¿Puedo saber qué hace una dorada en el techo del comedor? —preguntó él señalando el techo.

Fuyuki se tensó ¡Se había olvidado por completo del pescado! Otro de sus intentos fallidos por hacer la cena. Iba a hacer dorada y ante su mala pata, acabó haciendo caballa al no conseguir de nuevo el pescado. Y se había olvidado de quitarlo cuando vio la hora y las prisas la apuraron. Pensaba encargarse de todo en cuanto él no estuviera, pero se le había escapado de las manos.

—¿Sabes qué? Vamos a la habitación —le dijo cambiando rápidamente de tema y poniéndose de pie.

Él se rio y la tomó de la cintura evitando que se fuera.

—Te amo —la besó en la curva de su espalda y se puso de pie con ella. Kakashi la tomó en brazos y la llevó hasta la habitación donde Fuyuki quedó encima suyo apenas la dejó en la cama pidiéndole que la esperase un momento.



¡Un abrazo!


8 comentarios:

  1. Que curiosa mezcla de seducción y de torpezas en la cocina.
    Con la historia del ingrediente de un plato convertido en mascota.

    ¿Fuyuki es también quien personifica al Barón Fantasma? Sería curioso esa mezcla de torpeza y de habilidad.

    Tiene humor la historia.

    Besos

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    1. Personalmente, me gustan mucho esas mezclas, la cocina puede ser una enemiga poderosa y peligrosa a partes iguales (?) Me gusta eso de Fuyuki, que tiene habilidades para todo, menos para algo que puede resultarle mucho más sencillo como lo es cocinar -que se dedica a robar, que no es nada fácil-, pero tiene el equilibrio justo, me parece.

      Me alegra que te haya gustado <3

      ¡Besos!

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  2. Que curiosa mezcla de seducción y de torpezas en la cocina.
    Con la historia del ingrediente de un plato convertido en mascota.

    ¿Fuyuki es también quien personifica al Barón Fantasma? Sería curioso esa mezcla de torpeza y de habilidad.

    Tiene humor la historia.

    Besos

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    1. Me olvidé de responderte en el otro, así que voy aquí: sí, ella es quién tiene la identidad del Barón fantasma.

      ¡Besos!

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  3. Uy que linda pareja tan dulce. Me hiciste sonreír con los intentos de cocinar Fuyuki . Espero pronto leer la segunda parte.

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    1. Son una ternurita los dos <3 me alegra que te haya sacado una sonrisa, espero que disfrutes de la segunda parte también.

      ¡Un abrazo!

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  4. Me encanta esta pareja, ya lo sabes. ¡Corro a leer y comentarte la otra parte!

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¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Pueden escribir lo que gusten, tienen todo el espacio que quieran para comentar ¡Y no se echen para atrás por ser una entrada vieja! Yo responderé el comentario sin importar la fecha <3

¡Qué tengas un lindo día!

¡Un abrazo enorme!

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