martes, 6 de febrero de 2018

Claro de luna; luz de sueños — Capítulo 10 — Una mañana de ilusiones

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que hayan tenido un bello día <3 ¡Sé que dije que este iba a ser el capítulo final! Pero me entusiasmé escribiendo y va para uno más todavía, que cuando me senté a pasarlo a la computadora, me dejé llevar y acabó saliendo un poco más de historia de la que tenía planeada para este fic ¡así que podrán disfrutar un poquito más de la historia! Y ya pido disculpas anticipadas porque también disfrutaran de las demoras (?)



Capítulo diez

Un mañana de ilusiones

Se había hecho un pequeño espacio vacío entre los escombros de apenas unos cincuenta centímetros de alto, pero había sido lo suficientemente alto como para salvarles la vida después de la explosión y el derrumbe. El polvo y pequeños fragmentos de rocas habían quedado encima de ellos que, al incorporarse en el espacio reducido, caían al suelo produciendo el único sonido que escucharían. La explosión más grande ya se había sucedido y ellos, habían quedados atrapados ahí dentro.

—¿Se encuentran bien todos? —Preguntó Sanosuke mirando o más bien, intentando encontrar otros rostros en esa oscuridad tan densa que había en su escondrijo. A la única que podía sentir con certeza con bien era a Sayo, que había quedado justo bajo suyo, siendo cubierta con su cuerpo para que no le pasara nada. Aunque aun seguía inconsciente.

Ruud fue el primero en responderle, seguido de Shouzo y el grupo de hombres que estaban con ellos. Al parecer, sólo uno de ellos estaba herido en una pierna, pero aseguraba estar bien como para caminar fuera de ahí.

—Cúbranse como puedan el rostro, intentaré sacarnos de aquí. Shouzo ¿puedes moverte? —Esperó a oír la confirmación antes de proseguir— destruiré esta piedra de encima. Quiero que quites a Sayo de ahí —y cuando estuvo listo, se cubrió los ojos con su camisa, dejando apenas una pequeña abertura como para ver, no lo suficientemente grande, pero podría con eso, pues, tan sólo tenía que romper la piedra y protegerse y proteger a los demás todo lo que pudiera.

Una vez más, el futae no kiwami fue el que destruyó la roca, esta vez, había sido un poco más costoso para Sanosuke,  lastimándose los nudillos al romperse las vendas que cubrían su  mano de las heridas. Aun así, en cuanto la tierra y los restos de polvo se asentaron, pudo salir de ahí y comenzar a sacarlos a todos, aunque el espacio que quedaba fuera era mucho más reducido que antes.

—Las salidas están obstruidas —comentó Shouzo cargando a Sayo en su espalda mientras observaba a su alrededor. La pared en frente de ellos bloqueaba el camino por donde habían entrando y por donde venían, no había ninguno, no que ellos hubiesen visto y ahora, si existía, se había perdido por las explosiones.

—Pensaron bien todo. Eso quiere decir que tenían una forma de conseguir su tesoro aun cuando destruyeran las entradas y nos mataran en el proceso —comentó Ruud recibiendo la atención de todos ellos.

—La fuente —Shouzo se había dado cuenta de ello también: tenía  que tener una salida por algún lado y si el agua fluía hacia una salida, ellos todavía tenían una esperanza.

—Si encontramos el cause —explicó Ruud— encontraremos un camino hacia ellos y podremos dar por terminada esta batalla de una vez por todas.

Y tenían que creer eso o de lo contrario, no vivirían para contarlo, ya sea porque los matarían al verlos o porque moriría encerrados ahí dentro. Cualquiera de las opciones que tuvieran, era cuestión de ponerlas en marcha en ese momento.

Se dirigieron a tientas y con sumo cuidado en la penumbra en la que habían quedado sumidos gracias al derrumbe de la cueva. Todo era mucho más peligroso de esa manera, que había zonas donde las rocas se habían acumulado pero aun así, no estaban estables, provocando nuevos derrumbes y más de un susto a ellos.

—¿Shouzo? —Susurró Sayo al despertar, abriendo los ojos y encontrándose con la cabellera azulada de su protector.

Habia mucho que quería preguntar, pero se contuvo al ver la condición de todos y como lo que antes habían sido grandes caminos ahora no eran más que un montón de rocas.

Ruud los guio a tientas, siguiendo el murmullo del agua hasta donde creía que era más fuerte, pues, era donde había estado la fuente anteriormente. Era todo lo que tenían por ahora  entre un intercambio de miradas en la penumbra, todos asintieron. Por suerte, sabían nadar o su plan habia sido completamente suicida.

En silencio, Sanosuke tomó el frente y ajustó la venda de su mano que estaba ya bastante deshecha, por lo que no iba a cubrirlo demasiado tampoco. Volteó a ver a sus compañeros una vez más esperando verlos preparados para ello.

—Si es una corriente grande, no contaremos con mucho tiempo. Así que deberán nadar lo más rápido que puedan a la superficie —les recordó Ruud nervioso. En esta situación no iba a poder hacer mucho por sus hombres considerando que su batalla era contra el agua y el tiempo— tomen aire, traben el abdomen y resistan todo lo que puedan hasta llegar a la superficie.

No hubo más charla ni tampoco, sonido que el de sus respiraciones hasta que Sanosuke golpeó la pared. 

Un golpe.

Dos golpes.

Tres golpes.

Al cuarto se hizo una grieta amplia que la misma corriente de agua que comenzó a inundar la cueva fue agrandando. Estaban a la expectativa de lo que iba a suceder hasta que se vieran hasta el cuello o se animaran a ir antes, algo que Ruud no dudó en hacer, siendo el primero en sumergirse por el agujero de la pared y empezar a nadar hasta la superficie.

Poco a poco, lo fueron siguiendo, sin quedarle tampoco mucha más alternativa cuando el agua se iba adueñando rápidamente de todo a su alrededor, pues, ya les estaba llegando a la cintura y no iban a pasar varios minutos cuando ya se vieran cubierto por ella.

Sayo fue de las últimas en seguirlos y a la que más le costaba seguir adelante pues, su capacidad pulmonar no era igual a la de los otros, con su enfermedad tan avanzada, tampoco podía hacer grandes esfuerzos como nadar largas distancias conteniendo el aire. Y si le daba tos… Sanosuke se dio cuenta de ello y volvió sabiendo que eso le jugaría en contra, tomándola de la mano y arrastrándola con él hasta la superficie.

Los minutos que estuvieron bajo el agua, parecieron eternos. Fueron casi dos minutos completos, no más de eso, pero parecía que estaban mucho más profundo. El pecho les dolía y la ansiedad al llegar a la superficie y dar bocanadas de aire fue algo intenso para todos. Ni los más grandes guerreros estaban totalmente preparados para aguantar largos períodos de apnea.

Sanosuke y Sayo fueron los últimos en salir a la superficie, dando una fuerte bocanada de aire cuando lograron encontrar el aire que tanto necesitaba, aunque ella no estaba en las mejores condiciones realmente.

Lo peor de todo no fue simplemente, haber pasado por una severa falta de oxígeno o que los síntomas de Sayo pudieran verse empeorados momentáneamente por ese tiempo en el agua, sino que al salir, los mismos hombres que los habían sepultado en las rocas, estaban esperándolos fuera. Habían capturado a sus compañeros y ahora, ellos eran señalados con sus espadas. En otra ocasión, hubiese luchado, pero al tener a la mujer tosiendo intentando recobrar la compostura, no, no podía tomar un riesgo tan grande. 

Sanosuke apretó los dientes y resignado a seguir sus órdenes por el bien de todos, apretó a Sayo contra su pecho y alzó la otra mano, dispuesto a colaborar.

—Son más difíciles de matar de lo que esperaba —dijo uno de ellos.

—Atenlos —ordenó el líder— luego veremos qué hacer con ellos.

La victoria se le había escapado de los dedos y su ansiedad iba en aumento por el malestar de ella. De momento, no podían hacer nada para salir de esa situación o eso pensó en Guerrero al ver un destello en la espalda de uno de los maleantes. Atrajo más hacia sí a Sayo y mostró una sonrisa confiada rascándose la nariz.

—Creo que tendrán que esperar —tomó a la mujer y dio una parada al frente dándole lugar a Shougo de atacar.

El samurái no dudó en hacer rápidos Cortés con su espada e ir sacando de juego a todos a los que podía. Shougo era rápido blandiendo la hoja del arma sin darle tiempo a su enemigo de que hiciera un movimiento en su contra, una de los grandes dotes de su estilo con la espada y su velocidad casi divina.

Sanosuke liberó a Shouzo y a sus compañeros de misión logrando tomar la delantera en la batalla cuerpo a cuerpo y con armas.

Diez minutos más tarde, sólo quedaba su líder en pie rodeado de los guerreros, alzando las manos y rindiéndose ante ellos finalmente.




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¡Un abrazo!

6 comentarios:

  1. La situación se revirtió en un momento.
    Bien contado.
    Un abrazo

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  2. Nunca se sabe por muy bien que vayan las cosas lo que va a ocurrir ..aquí se llevaron una gran sorpresa.
    Un abrazo Roxana y un feliz día muakiss.

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