miércoles, 29 de marzo de 2017

52 días de reto: día veinticuatro

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Ando dando señales de vida, mi mano está un poco mejor, aunque extrañamente no me duele, el frío me hace sentir bastante incómoda, no sé, será manía mía, que para mejor, anda refrescando bastante y ayer nomás me la pasé en medio de una tormenta por ir a ver a Luz, que justo en el cumpleaños, su esposo tuvo una crisis con la presión y acabó internado, mal, tanto que ya pensábamos que estaba más cerca del arpa que de la guitarra, pues, hasta la noche fue que pudieron estabilizarlo —que no es la primera vez que tiene problemas de presión, pero sí fue la peor de todas—. Afortunadamente, fue susto nada más.

Al final, acabó en nada la celebración después de eso, que tampoco es que andar todo el día en el hospital lo motive a uno (?) y con la ciudad inundada, menos, que fue salir y encontrarnos con las calles llenas de agua —me he planteado seriamente el tener un bote (?)—, así que también, tuvimos que esperar hasta que se pudo volver a circular. Como ven, una vida maravillosa (?).

Pero aproveché para adelantar algunas cosas, ya que en papel no necesito ambas manos —pasarlo en limpio es mi verdadero problema >.<—.

Me toca reto: Lo último que vi fue la venda que llevo en la mano, que hace rato me cambié las gasas y me volví a curar, así que sería el botiquín básicamente XD

Día veinticuatro: Con el último objeto que veas o utilices a lo largo del día, inventa una historia




Género

Era el cuerpo equivocado, esa era la única razón por la que lo había hecho. Parándose frente al espejo, se había observado detenidamente. Aún tenía que hacer algo con sus caderas, tenía curvas, demasiadas curvas, se notaba mucho su cintura. Posó su mano en la curvatura de su cintura y se miró con enojo. Debía hacer algo con ello. Por lo pronto, se deleitó con la figura que iba logrando forjar frente al espejo.

El abdomen bien torneado y las piernas, sus piernas eran su mayor orgullo y gracias a ese orgullo tan particular que tenía por ellas, las cuidaba y ejercitaba a diario. Se había esforzado con sus brazos, para cumplir con su papel debía saber aprovechar la fuerza de su cuerpo y la fuerza de sus brazos era fundamental, tonificar esos músculos y darle forma, para que al levantar el grácil cuerpo de la bailarina, ella pudiera lucirse como quería.

Más, su sonrisa se  vio amplia y centelleante cuando comenzó a desvestirse frente al espejo. Era su rutina, algo que hacía sumamente consciente. Se paraba frente a él, después de observar sus partes favoritas de su cuerpo, se concentraba en aquellas que debía mejorar y las que debía quitar. Al dejarse el torso desnudo, vio las vendas que lo cubrían, había zonas en donde aún se veía sangre: debía curarse, pero el sólo hecho de poder verse aun con las cicatrices le daba gusto. Al dejar caer la venda al suelo, se concentró en sus pechos. Bueno, lo que ahora era su pecho. Había decidido cortar ambas mamas porque como bailarín ‘le hacían perder el equilibrio’. Se había mentalizado con ello de tal forma que la única solución posible había sido esa y lo había hecho ella misma aunque la sutura se había abierto por no faltar a los ensayos.

Buscó el botiquín y después de quitar las costras de sangre, volvió a coser su pecho, nada que no pudiera hacer. Después de haber encontrado el valor para afilar la daga medieval que había encontrado en la utilería, ya nada más podía causarle miedo: había pasado lo peor. Ahora, estaba más cerca de conseguir su cuerpo perfecto, estaba más cerca de ser el bailarín perfecto, el hombre que ella siempre quiso ser.







Ya en algún momento les había presentado a Yamamoto Takato, sino, se los presento ahora. Pueden ir a su página haciendo clic en el nombre. Viendo algunas imágenes de su próxima muestra, me encontré con algunas más antiguas y una que fue la inspiradora de este relato. Me fascina la forma en que es capaz de mezclar la inocencia, la crueldad y la serenidad en sus pinturas, que sus protagonistas pueden estar en el mismísimo infierno y tener una expresión serena, como si lo disfrutaran. Personalmente, disfruto mucho de su estética y conceptos, así que fue verlo y tener la idea —aunque debo decir que mi mano me motivo también, fue sólo cambiar de lugares las heridas (?)—.



¡Se cuidan! Pasan un hermoso día y unas buenas noches <3

Bye!
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jueves, 23 de marzo de 2017

52 días de reto: día veintitres

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Sí, sé que últimamente ando poco por aquí y que debo aún varios capítulos >.< Me lastimé la mano izquierda y me cuesta horrores escribir con una sola mano. En teoría, soy diestra pero me he dado cuenta de que uso la mano izquierda para todo, hasta para usar el celular, casi que diría que soy diestra sólo para escribir. Se preguntaran cómo me lastimé: fue cortando madera para unos cuadros. Por suerte no es grave, sólo unos puntos, cosa de una semana, diez días ya debe estar bien. Pero ya sabiendo eso, no se sorprendan que ande más lerda de lo normal —que hasta en clases me veo en figuritas, que tocar el piano con una mano no es fácil—. Y como no quiero dejar nada tirado, al menos, doy señales de vida.
                                                                                      
Día veintitres: Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.


Policías y ladrones 

Nada, no le quedaba nada. Veinte años persiguiéndolo. Había dado todo de sí, se había esmerado en seguirle todos sus pasos, cada pista que daba, pero siempre estaba pisándole los talones, nunca lograba dar el golpe final ¡nunca! Y ahora, iba a morir de esa patética forma: el maldito puñal está en la femoral. No me deben quedar más de cinco minutos, cuatro. Si no hago algo ¿qué puedo hacer? Por mucha presión que ponga, no servirá de nada, no tengo la fuerza suficiente para ello.

Me estoy viendo desde otro plano. Intento contarme esto de forma objetiva, eso sirve, ser imparcial, pero no puedo mentirme a mí mismo. No soy tan crédulo aunque lo intente, esto de verme como protagonista tampoco sirve para tranquilizarme y pensar en frío. Podría volver a hacerlo. No, no serviría de nada. Aunque hable de mí en tercera persona, sigo siendo yo y me sigo poniendo mal.

—Te salvaré— volvió por mí. Pero no he pasado veinte años persiguiendo a un ladrón para deberle la vida ahora.

—Moriré— siento que me ahogo y ya apenas lo distingo.

Me tiembla la mano. Será lo último. Y tenía tanto qué hacer, tanto qué decir, tanto por lo que vivir. Si tuviera las fuerzas, lloraría.

—No te dejaré morir— escuche bajo, muy bajo. Si no lo hubiese sabido, hubiese jurado que decía eso estando lejos. Pero no lo estaba, estaba ahí, frente a mi, con los labios manchados en sangre, besándome —terminamos el contrato—.

Me sentí bien, demasiado bien después de eso, logrando visualizarlo a la perfección: el hombre que odiaba me había salvado la vida ¿por un beso? La herida no sangraba, ni me dolía y todo mi malestar se había ido gracias a él.

—¿Qué me hiciste?— Lo tomé del cuello, sentía que la sangre me hervía ¡morir hubiese sido mejor, mucho mejor! El asco me invadía ¡le debía la vida justo a una lacra! ¿Por qué? ¿Por qué?

—En veinte años, eres quien me ha hecho frente. Quizás, necesite cuatro o cinco siglo más antes de volver a encontrar a quien lo haga, así que ahora. No podía permitirme eso, la vida sería aburrida ¡no habría emoción!

Iba a golpearlo, pero se soltó y saltó. Me cayó justo sobre los hombros y dio otro brinco hacia un techo.

—En una semana necesitaras una nueva recarga, hasta entonces—

Me quedé de piedra. Lo que había sentido en mi boca no había mi sangre ¡había sido la suya! ¿Qué diablos había pasado? Seguro, era cosa del diablo. Habló de un contrato, de la recarga ¿necesitaría más de su sangre para vivir? Todo parece un sueño, pero tengo el pantalón manchado de sangre en la arteria femoral. Mis manos también están sucias por intentar hacerme presión en la herida.

Quisiera no tener que decirlo, más, no me quedan dudas. Él no es un simple ladrón, es un diablo y acabo de hacer un trato con él: mi vida a cambio de seguir jugando. Ahora, mi gran pregunta es ¿a qué estamos jugando? Me excede como policía y a él como ladrón ¿Qué planes se trae en mano? Estoy deseando no averiguarlo. 



Y hasta aquí llega. Hace tiempo tenía esta idea dándome vueltas por la cabeza: un ladron que además, es un demonio y busca un humano que haga intresante su vida. De momnto, es cuento, aunque no descarto de retomar la idea más adelante.

¡Se cuidan!

Bye!
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martes, 21 de marzo de 2017

52 días de reto: día veintidos

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 Yo tuve un día más o menos ayer que todavía no logro contentar mucho a los dioses y espero que mañana me vaya mejor que tengo que llevar a Misha al veterinario a que la vacunen —y ya me veo yo volviendo llena de arañazos >.< que el viernes la desparasité con las gotas y me quedó la muñeca cual si fuera emo (?) —. Y mi madre que es quien mejor se lleva con la gata, tiene trabajo y turno con el médico, así que me toca hacerme cargo >.<
Día veintidos: Escribe una historia de terror cuyo contexto se enmarque en un manicomio.


Ojos amarillos

Te lo diré de esta manera: no hay forma que logres escapar de mí. Deberías aceptarlo de una buena vez, esconderte aquí tampoco va a lograr nada bueno. Puedes acomodarte donde gustes, tampoco es que vayas a ir lejos de mí.

Anímate y habla ¿no te aburres? No me mires de esa forma, es tu culpa que estemos encerrados aquí.

—Cállate, cállate. Tú no eres real— me repites al menos unas veinte veces al día, pero tú sabes que yo estoy aquí, que puedo acercarme a ti, tocarte, hablarte, torturarte de formas que no podrías imaginar y nadie se dará cuenta porque sólo tú puedes verme ¿por qué quitarle la diversión a esto? Si los demás me ven, sabrán que no estás loca y tendremos que salir de aquí y me gusta la decoración.

Las paredes blancas, los techos altos, incluso, ese uniforme que tienen todos aquí dentro ¿crees que me quedará bien? No importa, me consigo uno y ya verás qué tal me queda.

La enfermera entra con la comida. Tú me sigues mirando como si pudieras fulminarme con la mirada. Te equivocas, aquí el único que tiene poderes soy yo ¿lo entiendes, no? Por mucho que me mires, no voy a explotar como quieres ¿o sí? Está bien, explotaré para ti.

¿Qué se siente estar cubierta con mi sangre y vísceras? Exquisito, te ves bien de rojo. Me gustas más de ese color.

Tú te miras las manos, el suelo, la ropa y empiezas a  gritar que estás cubierta de sangre, que he muerto y he renacido. Tiras la comida al suelo y me lanzas con la bandeja ¡buen tiro! Pero necesitas mejorar tu puntería si quieres darme. Quizás, necesitemos practicar más. Nos divertiremos mucho, cariño.

Pataleas y golpeas a la enfermera, las has arañado mientras llega otro hombre a sujetarte. Tú gritas que estoy aquí, que mis ojos amarillos brillan aun en la habitación blanca, que soy lo más repulsivo que has visto. Me miras y sollozas, diciendo que esos ojos repugnantes van a hacerte enloqucer. Quieres que alguien me saque de aquí. Eres un encanto. Pero te dan algo para que te duermas. No te preocupes, estaré velando tu sueño, cuando despiertes, seguiré estando a tu lado, porque yo nunca, pero nunca te voy a abandonar.





Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!




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sábado, 18 de marzo de 2017

52 días de reto: día veintuno

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de maravillas ¡Le cambié el look al blog! Y me olvidé de preguntar si lo veían bien o demasiado brillante, sino, me avisan >.< ¡Hoy les traigo reto! Y he tenido la idea para hacerlo con Morgan y Kysa, de Si perdemos el control, así que espero disfruten la historia de estos dos.

Día veintiuno: Crea un relato cargado de sarcasmo para describir la escena de unos recién casados que organizan una cita con los amigos para ver en conjunto todo su reportaje de boda incluyendo también la luna de miel…



La peor elección

La mesa se había desplomado tan sólo con ponerle el vaso encima. Morgan se encogió de hombre sorprendido mientras Kysa lo fulminaba con la mirada ¡la mejor noche de su vida! Y no, había estado en lugares más limpios en medio de persecuciones y cadáveres que en esa habitación de hotel.

—Te dije que yo iba a hacer las reservaciones—

—Pero se veía bien el folleto— dijo Morgan tirando el papel y el bolso a la cama jurando que algo se había movido entre las frazadas —creo que es una rata— e intentó atraparlo sin mucho éxito.

—¿Viene con el servicio al cuarto? — le tembló la voz cuando lo dijo. Ya tenía miedo de preguntar qué es lo que les esperaba en ese antro de mala muerte —no sé tú, pero yo no pienso pasar un minuto más contigo—

—¿Y dónde quedó eso de que ‘si estás conmigo el lugar no importa’?— abrió los brazos en una clara burla mientras buscaba un florero de boca ancha para atrapar al ratón.

—En las películas que ves, donde las ratas y la mugre son puro escenario y efectos de computadora— apretó las manos dentro de los bolsillos de su sobretodo y salió sin ánimos a tocar demasiado la puerta.

Morgan la siguió sintiendo el rechinar de las maderas debajo de sus pies. De Jack había sido la idea de llegar a pasar ahí el fin de semana y como le iba a hacer recordar ese momento cuando llegaran a casa. Morgan no dejaba títere con cabeza cuando se vengaba.

Una brisa fría lo golpeó en el rostro con un par de guantes. Lo peor que les podía pasar ese día, les pasó: nevaba y los caminos estaban cerrados a causa de eso. Así que se verían allí hasta que pudieran agarrar el coche e irse.

El volver a su cuarto de lujo fue una de las cosas que más le costaría esa noche. Había otros inquilinos allí: un escritor que buscaba un lugar tranquilo donde nadie lo molestase y unos viajeros que también, habían quedado varados, tal y como ellos. Era un puesto de paso al parecer, lo que no le hacía gracia a ninguno.

La comida llegaría a su habitación en unos minutos. 

—No creo que sea comestible— dijo Morgan volviendo a dejar el plato sobre la mesa —pero podemos darle provecho—

—No vamos a tener una guerra de comida— se adelantó Kysa irguiéndose en el sillón en donde estaba sentada leyendo.

—No, con tu humor, eres capaz de matarme con un golpe de ese filete— hizo un mohín arrepintiéndose de haberle dicho eso y decidió volver al plan original —atraparemos a Jackie—

—Ni se te ocurra pensar que te lo vas a quedar de mascota— sentenció. Ya le había puesto nombre, no auguraba nada bueno.

—No, claro que no. Sólo me recordó al bastardo de Jack ¡míralo!— Lo señaló al verlo cruzar la habitación —son idénticos— más, esto a Kysa no le había hecho gracia alguna que se había encogido prácticamente en su asiento.

Él lo ignoró y buscó una caja haciendo improvisando una trampa para su compañero de habitación.

Colocó la carne debajo de la caja y ató los cordeles. Simple pero esperaba que fuera efectivo.  Se echó en la cama boca abajo contemplando desde su lugar la trampa. Kysa lo siguió casi con desconfianza, echándose a su lado en la cama.

Él la miró de reojo y se quedaron en silencio y lo vieron. Pero no era sólo Jackie ¡tenía familia! Tres ratas más salieron por detrás y se metieron debajo de la caja a comer la carne cuando Morgan tiró del cordel y las encerró.

—¡Perfecto! Es el mejor regalo que me has dado hasta ahora— dijo ella mientras Morgan se levantaba la caja habiéndole hecho un par de agujeros en el techo.

Quitó la frazada de la cama después de dejar a sus inquilinas cenando y se sentó en la cama invitando a su esposa a que se quedara con él. Ella se acurrucó contra su pecho y él la tapó con la frazada prometiéndole que no volvería a organizar una salida con una recomendación de Jack.

Ella le tomó la palabra.




La cena con Jack y Marissa había quedado decidida antes de irse, apenas volver, pasarían por su casa a cenar y pasar una buena noche. Morgan no lo había cancelado, por el contrario, estaba ansioso de verlos después de todo, y Kysa también tenía muchas ganas de pasar a saludarlos.

—Les trajimos un regalo— sonrió ella y Morgan la secundó con una mirada soberbia cargada de triunfo.

Jack sabía que esa mirada nunca, pero nunca era algo bueno. Y lo confirmó cuando Morgan cerró la puerta y abrió la caja roja y soltó su contenido en el suelo.

El grito que dio Marissa retumbó en el cielo. Probablemente, todo el barrio se enterase de lo sucedido gracias a eso. Jack no sabía qué hacer, si ir con su esposa, intentar atrapar a las ratas o enfrentarse a su amigo.

—¡Qué tengan una excelente cena!— Les dijeron al unísono saliendo de la casa habiéndoles dejado uno de los mejores regalos que podrían haber traído de su horrible estancia en el hostal.

Jack dijo algo entre dientes pero acabó por dejarlo para otro momento después de negar varias veces.

—¿Fuimos demasiado lejos?— Preguntó Kysa tomando el brazo de Morgan.

—Por el contrario, creo que no tendremos que volver a hacerle otro regalo— se jactó conteniendo una risa —¿cenamos fuera?—

Ella asintió, apresurándose cuando la nieve comenzó a caer de nuevo. Ambos estaban seguros de que ese noche, podría superar su luna de miel, pues, había comenzado demasiado bien y continuaría de una mejor manera ya que el buen ánimo, como la nieve del camino, abundaba.









Sí, cuando lo leí de nuevo me di cuenta de que no está plagado de sarcasmo, sino que está a medio camino entre el sarcasmo y la ironía, pero me gusta el resultado como para cambiarlo. Espero que también, lo hayan disfrutado.

¡Se cuidan! Pasan un bello día y una hermosa noche.

Bye!
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