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sábado, 23 de diciembre de 2017

Mientras duerme el sol - Capítulo 8 - Anhelando normalidad

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy, muy bien ¡Ya sé! Son dos entradas en un día y me falta una tercera, que básicamente, este capítulo está enlazado con la próxima entrada y el reto, así que para que no quede colgado y de paso, avanzo un poco con la historia, subo todo junto XD de paso, les cuento que ya iré subiendo algunos dibujos que tengo de ellos, que me falta terminar de editarlos y hago una entrada, seguramente, sólo para eso +0+


 
Capítulo 8
Anhelando normalidad


Después de una larga discusión con Maya y que lo mejor iba a ser que ella se quedara con su tía hasta que todo acabara, su hermana menor había acabado aceptando, principalmente, porque estaba tan enojada con sus hermanos porque habían decidido eso a espaldas de ella que lo único que quería era poner distancia de ellos.

—¿En serio te irás? —Preguntó Ciro ayudándola a hacer su maleta.

Ella dejó las cosas en la cama y suspiró entrelazando sus dedos. No era una cosa fácil de hacer y había terminado solucionando las cosas de manera tan brusca que ahora se arrepentía de ello, pero, también tenían en cuenta a sus hermanos y lo que había sucedido anteriormente, que seguramente, podrían arreglárselas mejor sin ella, por lo que, realmente, creía que era lo mejor aunque aún siguiera en desacuerdo con la idea de irse. Nunca habían estado tanto tiempo lejos. Lo peor es que ni ella misma estaba segura de cuánto iba a ser el tiempo que iban a estar lejos. Podrían ser semanas, meses, años. No estaba segura de ello y eso es lo que más la estaba incomodando.

—Si tanto te disgusta irte ¿por qué no lo dices? —Myrddin saltó hacia la mesa de noche de Maya y se apoyó en la estantería.

—Los muchachos tienen razón. Podré ir a la escuela, dejar de preocuparme por fantasmas, brujas, demonios.

—Maya, eres una bruja. Sólo si mueres dejaras de preocuparte por eso. La magia llama a la magia.

Fue todo lo que le dijo Myrddin antes de irse. Su madre le había dicho lo mismo tantas veces que le resultó aterradoramente familiar esa sensación de resignación que llegaba cada vez que le decían esas palabras.

Maya se negaba a pensar en ello. Le resultaba difícil pensar que no había escape de la magia, que iba a vivir rodeada de ello y que sus sueños de una vida normal, sin más preocupaciones que el dinero, los estudios, la pareja y cosas normales, que todo el mundo tenía en su vida, eran tan lejanas a ella. Sí, podían coexistir, pero ella no quería sumarle el mundo mágico y oscuro en el que vivían.

Terminó de ordenar todo y se fue a dormir. Al día siguiente se marcharía.

******

—Fran, tenemos un problema —susurró Johann cuando lo vio tomar las llaves del auto—¿Recuerdas el  hechizo de vigilancia que pusiste en la cabaña? Pues, parecía imposible que encontráramos algo, pero… —le mostró la pantalla de su computadora— dos mocosos acamparon en los alrededores. Según  lo que les contaron a los polis al llegar, vieron el auto desaparecer cuando volvimos. Eso no es todo, uno de ellos te reconoció por los bocetos que pasaban por la televisión y creo que el resto lo puedes imaginar —guardó silencio cuando los  escuchó hablar nuevamente. El hechizo era mucho mejor que una cámara de vigilancia que no podían comparar el sonido y la imagen que tenían con eso.

Él maldijo de sólo pensar que llegarían refuerzos. No es  que fueran a encontrarlos, incluso, si cavaban, no hallarían la entrada a menos que él se lo permitiera y no había forma de que él hiciera eso. Si los atrapaban ahora, no tendrían oportunidad de volver a salir.

—¿Justo ahora tenían que llegar? —Preguntó molesto dejando las llaves sobre la mesa, caminando por la habitación nervioso. Debían pensar en algo o no iban a poder salir con Maya. El problema es que tampoco quería que se enterase de ello o no iba a querer irse por estar preocupada por ellos.

En eso, su hermana llegó lista para irse, colocándolos en un serio predicamento a ambos. Francis se peinó el cabello hacia atrás con los dedos y terminó recogiéndoselo, intentando pensar en algo que les permitiera irse y sacar a los policías de ahí.

—Tendrá que esperar un momento —le dijo finalmente a su hermana— o quizás nos lleve un poquitito más que eso.

Maya enseguida dejó su bolso de golpe en el mueble que estaba al lado de la puerta, acercándose a ver qué es lo que estaba sucediendo.

—¿En serio? ¿Qué tanta mala suerte hay que tener para que nos vean en una choza perdida en medio de la nada? —Dijo indignada al ver a la patrulla y que llegaba otra. 

Al estar bajo el suelo en una barrera mágica, no se escuchaban los sonidos del exterior, era una especie de fortaleza, imposible de penetrar sin las habilidades necesarias, pero eso no quería decir que fuera imposible salir. Al estar ahí alguien más, les hacía imposible salir con la libertad que antes tenían.

Indignada como estaba, decidió que lo mejor que podía hacer por el momento, era calmarse y no tuvo mejor idea para ello que ir a la cocina a buscar algo qué comer, por lo menos, la mantendría ocupada o en ese momento, habría hecho arder las patrullas sin posibilidad de nada más para aquellos hombres que sólo cumplían su trabajo, el problema residía en que lo hacían con las personas equivocadas, como usualmente funcionaba el mundo: de manera terrible.

—Ahora ¿qué hacemos? —Preguntó ella al regresar con sus hermanos. Ciro estaba con ello al sentir el alboroto.

—Hacemos, no. Tú ve por las maletas: te sacaré de aquí —aseveró Francis buscando las llaves del auto ante la mirada atónita de todos— sólo necesitamos una distracción

—Yo puedo hacer eso —dio un paso al frente Ciro con total tranquilidad, como quien habla del clima en un bonito día soleado— sólo debo darles tiempo a que ustedes se vayan ¿no?

Intercambiaron miradas preocupadas entre ellos ante el entusiasmo que tenía Ciro por ayudarlos, hacían un contraste de lo más notorio.

—¿Entiendes que serás el cebo y que pueden hacerte daño? —Recapituló Johann por si algo no quedaba en claro. No era una vuelta al parque, sino un enfrentamiento a hombres armados y entrenados en combate.

Ciro aceptó como si supiera todo eso y aun así, no le importara en lo más mínimo. Aseguraba que iba a poder darles el tiempo que necesitaban para escapar. Y con eso, Francis ya iba montando su propio plan para pasar desapercibidos ante los policías.

Maya se despidió de todos y le pidió especialmente al fénix que no hiciera ninguna tontería, especialmente, alguna que pudiera poner en riesgo su vida. Y él juró que iba a estar todo bien.

Metió sus cosas al auto y esperó impaciente que arrancara. La cochera estaba en el subsuelo, un subsuelo completamente equipado para cumplir como cochera y hasta, una rampa emergía cada vez que salían, dándoles un paso por tierra al bosque por un camino que los llevaba directo a la ruta. Por supuesto, todo esto tenía un mecanismo que era articulado por la magia, algo que su abuelo les había legado que era mucho más complejo de lo que parecía en realidad.  Francis era quién mejor se veía descifrando los hechizos de su abuelo, quizás, porque había pasado más tiempo con él —y también, sufrido mucho más tiempo sus entrenamientos— que, si se dedicaba a ello, podía imitarlos con una facilidad digna de ser envidiada, pues, sus hermanos no tenían ese tipo de conocimientos sobre magia. Quizás, Johann un poco más que Maya, pero éste era un poco más flojo cuando se trataba de indagar en esas cosas, Johann era quien prefería de la acción y no de la investigación a menos que fuera sumamente necesaria, que él tomara un libro por el gusto de aprender era algo que no sucedía.

Ciro desapareció en frente de Johann, dejando una estela de chispas que fueron desapareciendo tan rápido como él se esfumó. Myrddin, que estaba al lado del brujo quedó tan sorprendido como él, boquiabiertos dirigiendo la vista hacia la computadora: Ciro se había teletransportado fuera de la cabaña ¡Y no sólo eso! Estaba envuelto en llamas. El fuego comenzó en sus pies y se extendió hacia su cabeza. Vio la tierra revolverse y entonces, estiró los brazos que se volvieron alas y estalló un fuego más intenso, cubriendo todo.

Los policías no daban de lo que veían, tampoco sabían que hacer. ¡Fuego! Se escuchó al líder de la operación, vaciando los cartuchos sobre el fénix sin tener efecto.

Uno de las sedes hombres, tartamudeó y gritó aterrado tirando el arma al duelo mientras salían corriendo y se metían dentro de las patrullas dando voz de alarma por los comunicadores de que era demasiado para ellos.

—Es un idiota ¿Cómo puede arriesgarse así? —Maya estaba enfadada con el fénix y estaba lista a bajar del coche y regañarlo ahí mismo cuando Francis aceleró impidiéndole cualquier maniobra.

—Cuando puedes morir y renacer tantas veces como imagines, la muerte no es un impedimento. Ni si quiera da miedo sabiendo que vas a volver de todas formas —le explicó Francis adelantándose a las patrullas.

Su hermana perdió el hilo a la conversación en cuanto vio eso. ¿Cómo…? Ni si quiera pudo preguntarlo cuando él le mostró esa estúpida sonrisa confiada enmarcada por su barba y bigote: magia. Odiaba esa palabra, pero se sentía afortunada de que la magia la salvara una vez más.

—Nunca había hecho esto. Esconder cosas pequeñas es fácil: un auto en movimiento cuesta más —aún así, ella veía su frente brillando oír el sudor y se  estaba preocupando aún más, no faltándole nada para intervenir—En la próxima curva los perderé, tomaremos un atajo —

Era fácil para él decirlo pero no para ella creerlo. Hacer invisible el auto era estrictamente complicado. Había un constante desvío de la luz para evitar que está se reflejará en el objeto ¡Y no era pequeño! Le preocupaba que no pudiera con eso.

—Puedo quemar una de sus llantas y podrás esforzarte menos —le dijo bajando la ventanilla pero volvió a ser detenida por una pared invisible que había aparecido en su lugar. Maya giro la cabeza con el ceño fruncido pues, su hermano otra vez limitaba su manera de actuar. Cruzándose de brazos y echándose en el asiento molesta, quedó hasta llegar al sendero improvisado que tomarían para escapar.

Francis sacó el celular y le pidió que llamara a Johann para saber cómo estaba todo por allá. A regañadientes, sopló el mechón rebelde de su frente y marcó el número. Le dijo que estaba en altavoz y lo sostuvo en medio de ambos.

—Creo que Ciro creó una leyenda nueva —dijo Johann apenas respondió— hasta ahora, no he vuelto a ver rastros de nadie ¡hasta sus armas quedaron tiradas en el suelo! Por supuesto, las traje. Si regresan, pensaran que el espíritu de fuego se las ha llevado —se rio con gran soltura. Era una de esas pocas veces que las cosas parecían marcharle bien a ellos— ¿ustedes cómo están?

—Ya logramos pasarlos sin problemas. En un rato estaremos con la tía. Tengan cuidado. Intentaré volver lo antes posible.

—Ve con calma, con este chiquillo y el pajarito sin memoria, defenderemos la casa —intervino Myrddin— eres tú el que me preocupa —y la razón no sólo era el riesgo de haber salido en esas condiciones, sino que aun debía regresar a la casa sin que le sucediera nada. Aun no sabían qué es lo que iba a pasar, si pensaban volver con refuerzos a la casa o si, simplemente, quedaría como que una fuerza sobre humana los había atacado en el bosque y no iban a animarse a hacerlo.

En todo caso, Myrddin hizo hincapié en que fuera sumamente cuidadoso y que cuidara a Maya también. El libro era muy gruñón, pero se preocupaba por ellos. Se habían convertido en su familia desde que lo habían sacado de su encierro. Los tres brujos y el fénix, inexpertos pero con un gran talento por delante que él quería ayudarles a desarrollar. Según lo que sabían, si no aprendían a manejarse como correspondía con sus habilidades, posiblemente, no llegaran lejos cuando las cosas se pusieran más peligrosas buscando a su familia. Y considerando como habían empezado, el peligro era inminente, de lo contrario, ni el viejo Francis ni su hija habrían desaparecido sin dejar rastros ni contactar con ellos. Algo grande se tramaban.

******

Su tía los recibió a ambos con entusiasmo. Y los regañó por no haber llegado a ella mucho más antes. Quien llevó la peor parte fue Francis, con esto de ser el mayor de los hermanos y en teoría, el más sensato de los tres, Poppy insistió en que era una estupidez que no la hubiesen buscado más antes ¡ella era una bruja poderosa también! Y se trataba de su hermana mayor y su padre, por supuesto que hubiese ido a ayudarlos, que incluso, no había dudado en contactarlos al enterarse de la noticia, pero no logró localizar a ninguno en sus teléfonos cuando intentó llamarlos. Supuso que habían cambiado sus números con todos los problemas ocurridos. Y lo entendía, pero no les perdonaba el haber estado con la soga al cuello para recién buscar ayuda.

—Son igual que Misa, ella siempre ha hecho todo por su cuenta. Por eso se llevó tan bien con Elián apenas se conocieron ¡Si iban a su bola! Ella con sus trabajos y él con el suyo y congeniaban de tanto en tanto hasta que te tuvo a ti y se moderaron un poco. Pero esas cosas no se olvidan de un día para otro —le dijo moviendo el dedo índice como si golpeara el aire mientras los llevaba al interior de la vivienda. O lo que parecía ser por fuera.

Maya quedó tan sorprendida como su hermano al entrar y darse cuenta de que no era una casa, al menos, por fuera parecía una, pero por dentro ¡no! Era un hotel y no era uno pequeño. Francis enseguida se dio cuenta de que se trataba de un hechizo para pasar desapercibidos ahí ¿cuántos lugares habría así?

—Tía ¿desde cuándo…

—¡Ah! ¿Esto? Es una cosita de nada. Empecé hace un par de años por pura casualidad. Ya sabes, por mucho que intentes tener una vida normal, resulta imposible. Así que lo hice formal: un hotel para brujos y algunos otros seres mágicos —y llamó a una puerta en la que se detuvieron los tres y salió un hombre casi de dos metros y un solo ojo que ocupaba toda su frente —este es Jerry. Jerry, mis sobrinos, Francis y Maya. Ella se va a quedar con nosotros un tiempo, sé bueno y llévate sus cosas a su habitación —y le dio una palmaditas en la espalda y llevó a sus sobrinos por el pasillo hacia la cocina— es difícil para algunos de ellos mantener un perfil bajo o encontrar un lugar seguro. Situaciones similares a las suyas o peores —les siguió diciendo sin darles mucho tiempo a responder. Poppy se caracterizaba por ser una mujer sumamente activa y habladora como ella sola, que mientras iba contándoles todo, se había puesto a preparar café y a servirles una porción de tarta de manzana, terminando algunos otros pendientes que quedaban en la cocina como guardar la vajilla o lavar algún utensilio ¡no se quedaba quieta! Y quizás por eso, era tan buena siendo anfitriona de un lugar como ese— así que empezó con un par de habitaciones y ahora tengo cuatro pisos. Aunque el municipio sólo permite dos, así que los otros están ocultos por una cuestión de seguridad —y sonrió acomodándose los rizos detrás de la oreja antes de servir todo en la mesa.

—¿Y no es extraño que haya tanta gente en una casa de familia? —Preguntó Maya algo inquieta mirando a su hermano acusadoramente ¡no se suponía que iba a suceder una cosa así! Y mientras estaban en la cocina, una mujer de piel verde y con cola de lagarto pasó a servirse una copa de jugo y saludarlos.

Definitivamente, nada de eso estaba entre sus planes.

—Algunos vecinos me han dicho que soy alguien muy popular, por esto de que siempre hay gente en la casa. Pero más allá de eso, no hay ninguna queja. Todo está cubierto —y se sentó por fin en la mesa con ellos— ¿y ustedes qué harán? —La pregunta fue dirigida directamente hacia Francis en referencia a su hermano, pues, le había explicado que simplemente, Maya se iba a quedar con ellos.

—Intentaremos encontrar a mamá y el abuelo. Myrddin cree que la forma de hallarlo son las investigaciones de papá, que todo esto, está conectado con él.

—¿Quién es Myrddin? —Preguntó inquieta.

—Un hechicero atrapado en un libro —le dijo Francis.

—¿Y se suponen que confían más en alguien así que en su tía?

—No, pero ha sido de bastante ayuda en todo este tiempo. Ha ayudado a Johann a desarrollar de a poco sus habilidades y sus conocimientos nos han salvado en más de una ocasión —le explicó él frotándose la barba pensativo— aunque tiene su carácter.

—Tú también lo tendrías si hubieses estado encerrado en una estantería —agregó Maya tomando el tenedor y comiendo un bocado. 

Aun así, no era suficiente para que su tía estuviera a gusto con alguien en su circunstancia, pero ambos le aseguraron que era alguien importante para ellos y que los había ayudado más de lo que podían agradecerle, por lo que terminó aceptándolo, pensando que era mejor que lo conociera primero, pero entre las cosas que le contaban, pensaban que debían ir con más cuidado, después de todo, no era un libro por nada.



<<Capítulo siete                                                              Capítulo 9>>

Espero que les haya gustado <3

¡Un abrazo!


3 comentarios:

  1. Myddin ha demostrado ser sensato, tienen sentidos sus planteos con respecto. a Maya
    Tiene razón la tía. ¿Por que no fueron a pedirle ayuda, si ella también es bruja? Claro que de hber pensado en eso, se habrían perdido interesantes conflictos.
    Así que se puede reprochar algunos errores a los personajes, pero no a la historia. Que está bien escrita.

    Un abrazo

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    Respuestas
    1. Precisamente, además, el lugar que eligieron para esconderse me gusta más. Aunque con la suerte que tienen los hermanos, seguro que aun con su tía habrían tenido conflictos de igual manera.

      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  2. La valentía y destreza de Ciro es admirable. Me encanta este personaje.
    Al fin encontraron a la tia y todos sanos y salvos. Myrddin seguro podrá dar con el paradero de su mama y abuelo.
    Abrazo!

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¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Pueden escribir lo que gusten, tienen todo el espacio que quieran para comentar ¡Y no se echen para atrás por ser una entrada vieja! Yo responderé el comentario sin importar la fecha <3

¡Qué tengas un lindo día!

¡Un abrazo enorme!

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