jueves, 5 de octubre de 2017

La flor del infierno — Capítulo 3

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Les dije que me había puesto a escribir! Y mucho, en exceso considerando que vengo subiendo tan poco de mis novelas y los retos más polenta los tengo bien en el olvido ¡Pero pienso retomarlos a todos! Y aquí me ven, poquito a poco, como dice la canción (??).

Me he dado cuenta de que de esta novela no tengo ni si quiera el índice, así que enseguida lo subo para que no quede nadie colgado. Aun así, quedan los capítulos anteriores enlazados al final para quién no los recuerde —que seamos sinceros, estaba en el olvido ésta— o no los haya leído.



Desde hacía tres días que llovía. Azaly se había acostumbrado a contemplar la lluvia desde el pasillo principal como si no hubiera nada más interesante que ello. El palacio era enorme. Había andado un día completo y le había faltado recorrer ciertos lugares, algunos, no estaban permitidos a ella y desconocía las razones para que eso sucediera, por lo que la barandilla de madera roja parecía ser el mejor lugar para quedarse hasta tener una idea de qué hacer con su vida. Pagar la deuda que tenía de aquella manera le parecía realmente estúpido ¡las personas de esa época eran idiotas! ¿Casarse? No, no podía hacer eso aunque parecía ser la única opción viable para salir bien parada de todo eso.

—Estúpidos niños ricos— dijo pisando fuerte el piso de tatami[1], antes de entrar haciendo una rabieta a su habitación. Lo peor es que hacía tres días que no veía a su huella prometido y no sabía las razones de ello —primero me obliga a casarme y después desaparece. Estúpidos niños ricos— se sentó en el suelo, en una silla sin patas. La mesa era pequeña, de aquellas que conocía ella como ‘mesa ratona’ por lo que todo estaba a la altura para sentarse en el suelo, incluso el mobiliario.

—¿Quién es el estúpido aquí?— apenas escuchó la voz de pecho de su prometido se encogió de hombros, mirando por sobre su hombro muy lentamente ¿desde cuando estaba ahí?

—¡¿Acaso no te enseñaron a golpear?! ¿Desde cuándo estás ahí?—

—El tiempo suficiente. Te he traído un presente y tú te la pasas insultándome— se dirigió hacia ella con un paquete grande de tela durazno adornado con un lazo blanco y brillante.

La curiosidad de Azaly pudo más que su orgullo, tentándose a abrirlo y encontrándose sorprendida con un hermoso kimono de seda roja y dorada. Tenía el símbolo del clan en la espalda media y algunos detalles en las mangas de flores blancas y plateadas que subían hasta su codo. ¡Y no era todo! Había una caja más pequeña dentro que abrió rápidamente con igual curiosidad: había un adorno para el cabello, del mismo tono que el kimono. Un hermoso acabado de flores rojas con colgantes de piedras blancas, ideal para ir a juego con su traje.


En tres días, partirían a otra de las sedes del clan. Había sido muy claro con ella en que debía usar aquello y tener ciertos modales para ser su esposa.

—¿Por qué tu insistencia en estar conmigo? ¿Qué hay detrás de todo esto?— Interrogó Azaly a Kagami cuando estaban en el carruaje.

Él la ignoró, pero no sabía que ella no era de las que se quedaban quietas y con la duda. O quizás sí y esperaba a que se cansara. No había llegado a tenerla bajo su control gracias a su sumisión.

—Por alguna insólita razón, no me has castigado ni ejecutado. O quizás es mucho castigo casarme contigo ya. Tienes un motivo oculto— lo encaró —no me importaría, pero estoy metida en medio ¿qué quieres de mí? Porque estás loco si piensas que voy a casarme y consumar el matrimonio así como así. Por el contrario, yo…—

—Cállate, me enloqueces— dijo tomándola delas muñecas y quedando él encima de ella en el asiento. Su ceño fruncido le dijo a Azaly que había llegado al límite, pero ¿y ella? ¿Es que no tenía derecho también? Estaba siendo sometida a la voluntad del principito así como así y no era algo que le gustara en lo más mínimo. En realidad, nada de lo que sucedía le gustaba en lo absoluto, pero estaba quieta, estaba intentando mantener la calma, mantenerse tranquila y analizar todas sus posibilidades con la mayor cautela posible. Aunque había llegado al punto en que se había dado cuenta de que sus opciones eran tan escasas como imaginarias.

—Tu actitud no es un soplo de brisa fresca tampoco— lo enfrentó. Aun en su condición, se atrevía a desafiarlo y eso lo ponía mucho peor. Que una simple mujer, una mera campesina tomara semejante atrevimiento no era algo que fuera bien con su linaje —me lo debes. Quieres que coopere, tú vas a cooperar conmigo—

—¿O qué? No te veo en una posición en la que puedas negociar—

—Al parecer, soy importante para ti, tanto así como para que me necesites sólo a mí. Si desaparezco será un problema, ¿o me equivoco, principito?— Sonrió con malicia. No podía moverse, pero se sentía realmente una ganadora al ver la expresión de Kagami. Oh, iba a ir por todas y si tenía que lidiar con el idiota real, iba a hacerlo, pero se iba a asegurar de tomar al toro por las astas para poder salir bien parada, después de todo, lo necesitaba.

Él la dejó y volvió a sentarse acomodándose las pesadas prendas nuevamente. Kagami abrió la ventanilla que daba hacia el conductor, pidiéndole que desvíe por el Bosque de las estrellas hacia la Cueva del silencio.

No hubo más charla el resto del camino. Él se dedicó a ignorarla al mirar hacia fuera y ella entendía tan poco con esas instrucciones que tuvo un escalofrío al pensar que podía darle una respuesta en concreto y darle respuestas que ella preferiría ignorar.

Aun así, vio su oportunidad. Si conseguía un momento de distracción, iba a poder conseguir desaparecer y concentrarse en algo que si le convenía a ella: volver a casa. Lo que le pasara a él, tendría que ver con él y nadie más. No entendía por qué debía de verse enredada en problemas ajenos cuando ella lo único que quería era volver a ver a su familia. Y lo peor de todo es que ni si quiera sabía por qué es que la retenía, pues, tampoco le daba indicaciones de ningún tipo.

El carruaje se detuvo de manera brusca, haciendo que Azaly cayera de frente al suelo. Kagami se había logrado agarrar del mismo asiento y mantenido el equilibrio, pero ella era bastante torpe como para que las cosas le salieran bien.

La miró, no preguntó nada, tan sólo ciñó su mirada hacia ella, como si verificara con la vista que todo estuviera bien antes de abrir la puerta y bajarse. Una de las ruedas había sufrido el daño de uno de los desniveles del suelo. Había estado lloviendo, el agua estancada les había impedido asegurarse de que no fuera un pozo tan ancho que pudiera afectarles a ellos el camino.

—Arréglalo ¿cuánto tardará? Buscaremos posada si es necesario— dijo secamente al cochero volviendo sobre el piso barroso. Abrió la puerta y notó que ella ya no estaba en el coche.

Kagami se mordió el labio, respiró profundamente elevando la cabeza hacia el cielo con los ojos cerrados. Estaba controlándose para no decir algo fuera de lugar, aun así, estaba molesto ¡y con justa razón! La muchacha se había ido así nomás, sin si quiera preocuparse de nada en un camino difícil de andar y con todas las inclemencias de la madre naturaleza a su alrededor. El bosque no era precisamente un lugar que fuera de lo más amigable para los viajeros, mucho menos para una mujer. Pero llegarían más rápido de esa manera y él, podría haberle dicho algo. Pero ¡no! La señorita tenía que marcharse.

Llevaba una espada a la cintura, pero temía que no fuera suficiente si no llegaba a apresurarse.



[1] Tatami es un tipo de suelo japonés. Se hace con tejido de paja de arroz y se lo recubre de la misma manera, forrando las esquinas con tela verde. Contrario a lo que pensamos al escuchar paja, el tatami es suave y cómodo al tacto. Comenzó siendo utilizado por los ricos, pues, era algo que daba estatus, pero se fue extendiendo para el uso común y en Japón, es un tipo de medida ya que todos los tatami son exactamente del mismo tamaño, por lo que es común escuchar cosas como que la habitación es de cinco tatami, por ejemplo.



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Espero y lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo enorme! <3

6 comentarios:

  1. Me gusta la personalidad de la protagonista.
    Un abrazo.

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  2. No se el porque me había perdido este capítulo. Quizá cuando estuve en vacacion.
    Azaly se siente atrapada con esa deuda a pagar.
    Que bonito detalle de Kagami al llevarle ese lindo kimono.
    Me gusta el temperamento de tu protagonista, impulsiva, determinada. El principe tendra sus razones para retenerla, es un interesante enigma. Que lista la chica, mira que aprovechar la ocasión para escaparse. Ya veremos qué le depara ese bosque?
    Abrazo!

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    Respuestas
    1. No te preocupes, que voy bastante lenteja también.

      Me gusta eso también. Es valiente a pesar de que las cosas no le juegan a su favor.

      Quizás, en el otro capítulo se desvelen más secretos.

      ¡Un abrazo!

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  3. Me gusta tu nueva historia, te mando un beso

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