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domingo, 8 de octubre de 2017

52 días de escritura: día treinta y seis

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Tengo reto de nuevo! Y es que lo venía dejando muy, muy de lado y como si lo sigo dejando no voy a retomarlo nunca, me juego con el día treinta y seis del cuál, tengo casi poca idea de qué hacerlo. Principalmente, porque la fábula no es uno de mis fuertes. Pero aprovechando que dice 'a modo' y no 'haz una fábula', me voy a tomar mis licencias para encarar el reto.

Si no conocen el reto y quieren sumarse, son bienvenidos a pasarse por aquí. Incluso, pueden leer los relatos anteriores.

Día treinta y seis: Haz una historia que tenga al final una frase moralizante a modo de fábula.




Nunca te fíes de una cara bonita

Lo vi cuando estaba sacando una fotografía. El gato se veía tan lindo escondiéndose detrás del poste de teléfono que no me resistí a cambiar mi objetivo y tomarle una fotografía. Enseguida, el minino acabó acercándose a mí y restregándoseme en la pierna. Yo había dado por finalizado mi trabajo en cuanto obtuve las fotografías, pero él decidió seguirme hasta casa, sin importar cuantas veces lo mandé con su dueño. Llegué a pensar que no tenía dueño a falta de tener una identificación.

Se quedó en la columna de la entrada, meneando la cola, con una postura tan erguida como estoica.
—Vete a casa— y maulló como respondiéndome.

Le di la espalda, no iba a seguir peleando con un gato cuando necesitaba revelar esas fotografías. Abrí la puerta y entró corriendo a la casa, como si de esa forma fuera a asegurarse un lugar en mi hogar.

Pasé casi toda la tarde intentando atraparlo, pero era rápido y escurridizo, tanto que acabé cansándome antes de si quiera haber llegado a rozarlo. ¡Por favor! Soy fotógrafo, no necesito estar peleando con un gato callejero.

Lo ignoré el resto del día y me encerré en el cuarto oscuro. Iba a terminar de revelar las fotografías y luego, las agregaría a mi portafolios. Estaba seguro de que iban a ser lo suficientemente buenas como para cobrar bien por ellas. Pero cuando llegué a la foto del felino, me di con que se revelaba de una forma extraña. Hice el proceso más de una vez, y en todas me salió algo. Primero la foto como si fuera puntillismo de algún pintor famoso. Luego, me salió con una luz naranja que no estaba. Volví a intentarlo y salió borrosa ¡jamás había gastado tanto papel y químicos en mi vida! 

He revelado fotos desde los doce años. He ingresado a este laboratorio tantas veces que lo conozco de memoria y podría hacer el proceso con los ojos cerrados. Pero esta foto me está trayendo demasiados problemas.

He revisado el cuarto: está perfectamente. No hay forma de que entre luz, no hay nada que pudiera ocasionar un problema. Seré yo nomás. A lo mejor, sólo estoy cansado y necesito una buena cena.
Salgo y me encuentro al gato sentado en la puerta, moviendo la cola atigrada con una elegancia tal que no parece un gato callejero. Lo vuelvo a echar y voy a hacerme algo de comer cuando se sube a la encimera y abre la boca. ¡Encima! Viene a meterse de prepo en la casa y pretende que le de techo y comida.

—Sólo será esto. Luego, te vas— dijo poniendo otro bife a hacerse y cuando está, busco un plato para él y otro para mí. Lo troceo y se lo dejo al gato. 

Me siento a comer. No se ve tan mal, incluso, si estuviera limpio y bien cuidado, sería un bonito gato. Pero no tengo tiempo para cuidar a un animal. Le buscaré un dueño mañana, por hoy, se puede quedar. Pero será sólo por hoy y nada más.



El gato se ha quedado ya una semana. Es bastante mimoso y tranquilo. Siempre me espera en la puerta, moviendo la cola y maúlla y se restriega en mi pierna cuando entro a la casa, como si estuviera feliz de verme. Lo que es ridículo de pensar porque sólo es un gato callejero. En cuanto le encuentre hogar, se irá y no volveré a preocuparme de otro bicho en la casa.

Me siento en el escritorio a ver unas notas y me llaman al celular. He estado hablando con algunas personas que podrían ayudarme a ubicar al gato y parece que he tenido suerte. Cuelgo y dejo todo.

—Te he conseguido un hogar— le digo acercándome pero el gato no deja que lo alcance —vamos, ambos sabíamos que no ibas a vivir aquí— le digo e intento alcanzarlo desde el estante en donde se ha subido. Maldigo el momento en que quise tener una biblioteca tan alta.

Busco la escalera e intento alcanzarlo y vuelve a escaparse. Esta vez, baja y se queda sentado en la alfombra. El pelaje se le  ha erizado demasiado. No necesito esto. Ni si quiera quería un gato. El muy desgraciado se ha metido a mi casa sin pedirme permiso y ahora no quiere irse. No voy a doblegarme ante un gato, claro que no.

Busco mi chaleco. Sé que lo he dejado por aquí. Lo cubriré con eso y lo llevaré con su dueña y asunto arreglado. Lo encuentro y voy con sigilo a atrapar al gato y se arroja sobre mí. ¡Maldito anima! Me araña y de repente, comienza a sentirse más pesado. Me quito el chaleco de la cara y no veo al gato rubio atigrado, sino, a una mujer completamente desnuda, con los mismos ojos verdes y el cabello largo, del mismo color que el gato. Casi podría jurar que peleaba con un gato.

Me la intento quitar de encima y sus uñas se vuelven más largas y filosas, apuntándome a la cara ¿desde cuándo las mujeres tienen uñas retractiles? Por eso prefiero seguir soltero. Maldito gato. La esquivo, levanto la pierna y la tiro hacia atrás. Hace una pirueta en el aire y cae de pie. Me levanto y busco a mí alrededor algo con qué defenderme, sé que hablar con ella no va a ser suficiente. Ni si quiera estoy seguro de qué es lo que ha sucedido ¿es mi gato?

—Sólo estoy cansado. Sólo estoy cansado— cierro los ojos. Probablemente, me caí de la escalera cuando intenté bajar al gato. Probablemente, estoy inconsciente y esto es un sueño. Sí, exactamente. Sólo estoy soñando porque me he golpeado la cabeza, tengo una contusión y próximamente, un chichón, cortesía del gato okupa.

—No lo estás— me responde ella haciéndome abrir los ojos.

Corre hacia mí, sus pechos rebotan al  hacerlo y cuando está cerca, se pone en cuatro patas y veo el mismo diseño atigrado que tenía mi gato en su espalda. Me quedo viéndola tan sorprendido que no llego a reaccionar antes de que ella me tire al suelo y me muerda la mano. Sus dientes se han clavado tan fuertes que me ha hecho sangrar.

Quito mi mano y me arrastro y me levanto buscando el diccionario. Se lo arrojo y corro. Casi llego al cuarto oscuro y ella, me detiene la puerta.

—Eres mi dueño y no te dejaré— me dice haciéndome retroceder hasta llegar a la mesa con las bandejas con ácido.

—Pero yo no quiero gatos. Menos uno tan loco como tú—

Es demasiado para mí. Mi voz ha temblado y ella aún se la ve tan segura como peligrosa. Esa mirada de mosquita muerta no me gusta, está planeando algo, lo sé. Tanteo a mi espalda y encuentro el frasco que necesitaba, arrojándoselo a ella y quemándola con el químico.

Un bufido corto y fuerte salió de su boca y retrocedió volviendo a mostrarme las uñas largas. Giré y busqué algo más en la mesa y salí tras de ella. Corrí hasta el jardín y la vi tomar la forma del gato y saltar la medianera.

Corrí hacia la puerta de entrada y doblé en la esquina intentando seguirle la pista. Pero ya la había perdido definitivamente.

Me fui a la policía, con la foto del gato. Era una mujer, una gata, una gata que podía volverse humana y cometer locuras ¡casi me mata por echarla de la casa! ¡Quién sabe qué hubiese hecho si no hubiese reaccionado!

Siento que fui un idiota. Apenas contar la historia, se me rieron, miraron al gato y me quisieron hacer la prueba del alcoholímetro o drogas. Cualquier cosa justificaba una locura como esa. ¡Pero era verdad! La vi convertirse en gato. Y aún tengo la mordida y sus arañazos. ¡Ha dejado su ADN en mí! Eso debería servir para encontrarla. Y está herida. Alcanza para que la encuentren ellos que cuentan con todo un equipo. Por algo es un gato callejero ¿y si ya mató antes a su antiguo dueño?

Me voy a cansar de hablar y sé que no me van a creer. Por eso escribo esta columna. Este es mi blog. Este es mi espacio. Y quiero decirles: no se fíen de las caras bonitas. Ni si quiera de los gatos. Especialmente de los gatos, que miran a los ojos y te llegan al alma. Saben actuar. Que sí, que son candidatos para un Oscar. Y la de arriba, si la vieron bien es una excelente actriz, es la foto del gato, el gato que casi me mata. Tiene unos hermosos ojos verdes, un pelaje rubio que tiene brillo propio, a pesar de que lo vean sucio es como si hubiese recibido un baño de sol. Le quemé el hombro izquierdo cuando lo ataqué, posiblemente, vean una herida en esa zona. Si lo encuentran, no tengan compasión, que estoy segura, que ella, cuando tenga la oportunidad, no la va a tener con ustedes.



Espero les haya gustado

¡Un abrazo!

10 comentarios:

  1. Está muy bien el relato, sólo que desconfiaría más del fotografo que le tiró con un acido, que de esa mujer felina o felina que se transforma en mujer. Aunque está claro de que ella puede ser peligrosa, manipuladora.
    ¿Una congenere de Duality?

    Besos.

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    1. Posiblemente, yo desconfiaría de los dos XD mira que ninguno de los dos acabó siéndome de fiar a pesar de que yo lo escribí. Aunque ambos tenían razones para actuar de esa manera: ella no quería irse y él tenía miedo de que lo mate.

      Podría ser, a lo mejor, hasta conocida suya.

      ¡Un abrazo!

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  2. Que relindo esta , me ha gustado mucho a parte tengo que decirte que los gatos me encantan pero una cosa es cierta son muy posesivos y celosos de sus dueños ..la historia es genial , bueno ya lo sabes me gusta mucho tu estilo y los retos que participas con geniales , ya quisiera yo pero sinceramente no estoy a la altura ya me conformo con los del Jueves que disfruto con ellos y además he aprendido y sigo aprendiendo de todos vosotr@s .
    Un fuerte beso preciosa y sigue deleitándonos con tus bellos escritos.

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    1. Lo son, la verdad, es que yo prefiero los perros, me gustan más en todo sentido aunque hay algunos que pueden llegar a ser tan celosos y posesivos como un gato.

      Pues, si alguna vez te animas a participar de alguno, estaré encantada de leerte. No hay mejor forma de aprender que escribiendo y cometiendo errores. Y en grandes cantidades.

      ¡Un abrazo!

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  3. Regreso, te leeré con más tiempo. Me voy para el trabajo.
    Abrazo

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    1. Tómate tu tiempo que no hay prisas <3

      ¡Un abrazo!

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  4. Oh wow, me encanto tu relato del minino. Una trama escalofriante y ágil con esa gatubela misteriosa. Pobre hombre por querer hacer bien tuvo que pasar esa circunstancia de pánico. No, qué va, pero es que ahora no se debe de confiar en nada, ni en nadie.
    Abrazo!

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    Respuestas
    1. ¡A que sí! Mira que por una buena acción se llevó un susto de muerte y que lo traten de loco encima.

      ¡Un abrazo!

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¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Pueden escribir lo que gusten, tienen todo el espacio que quieran para comentar ¡Y no se echen para atrás por ser una entrada vieja! Yo responderé el comentario sin importar la fecha <3

¡Qué tengas un lindo día!

¡Un abrazo enorme!

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