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lunes, 28 de agosto de 2017

Mientras duerme el sol — Capítulo 5 —Donde habita el olvido - Parte II

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Les traigo la continuación de la historia que subí hace unos días. Iba a actualizar más antes, pero tuve una semana bastante complicada, entre clases, trabajo y que la salud de mi madre va de mal en peor, no me di mucho tiempo a corregir ni escribir nada >.< Por si quieren leer más de los personajes, los invito a leer justo por aquí en Mientras duerme el sol, donde encontraran todo bien ordenadito.





Pararon en una casa a oscuras. Ciro bajó a cerciorarse de que la casa estuviera vacía antes de terminar entrando en ella y acomodándose para pasar la noche. Sacó su portátil y se sentó junto con Myrddin y Ciro a comenzar su investigación.

—Tarde o temprano se descuidaran y nos soltaremos. Acabaremos con todo— Francis habló moviendo su cuello de lado a lado, sintiendo el crujido de sus huesos con una sonrisa cínica en sus labios.

Maya tragó saliva con temor. Se hacía cada vez más real la posibilidad de no volver a sus hermanos como siempre. Levantándose de su asiento fue a buscar su bolso y acabó incrustando las amarras con dos fragmentos de corteza de cedro, encendiendo la unta de una de ellas.

—¿Para qué es eso?— Ciro miraba confuso lo que acababa de hacer, viendo a los hombres toser hasta caer hacia el frente inconsciente.

—Es cedro, es un elemento purificador, especialmente para alguien que tiene conexión con el fuego— le explicó Myrddin.

—Dudo que los detenga, pero puede mantenerlos estables por un rato. O eso creo— ni ella misma estaba segura, pero con intentar no perdía nada.

Era un hechizo sencillo, un amarre que le había enseñado su madre. Ahora que estaban necesitando ahora que su vida se había vuelto sumamente complicada desde hacía unas semanas. Y ella que no sabía cómo lidiar con todo ello. Francis era la voz de la razón, él siempre ayudaba a calmar sus ánimos y tener alguna pelea estúpida con Johann la distraía de sus problemas. La miró en aquel estado y no pudo más que sentirse mal, sólo contaba con Ciro y Myrddin para traerlos de vuelta y no estaba segura de cuánto pudiera aportar Ciro a la investigación.

—Para empezar, necesitamos establecer puntos de encuentro, cosas en común entre ellos dos que nos diferencie ¿te separaste de ellos ayer?— Myrddin quedó semidoblado, en una actitud pensativa.

Maya cayó en la silla extendiendo los brazos sobre la mesa, entrelazando sus dedos.

—No. Ayer estuvimos juntos en casa, me quedé contigo y los muchachos. Johann hizo el almuerzo, leímos un par de libros viejos, discutimos sobre lo que encontramos y no llegamos a tener ninguna pista, así que Francis sugirió venir hasta aquí a comer una hamburguesa. Cenamos juntos y comenzaron a discutir. Al principio fue leve, como esas veces que rozan, pero ya sabes, no pasa nada. Se pusieron más intensos en el auto y de ahí, nos separamos— intentó rememorar cada minuto desde que había sucedido todo pero no llegaba a sacar ninguna conclusión de algo anormal —¿Cómo supiste que es un dios?— Volvió ella sobre ese pequeño detalle.

—Aprendes a detectarlo— se adelantó Ciro a responder.

—¿Tú también lo sentiste?—

—Sí— dudó frunciendo los labios —sentí que algo andaba mal aquí, había algo inquietante en la zona. Pero no sabía que era un dios, hay cosas que no las sé con exactitud— le explicó —hay bastantes lagunas en mi memoria sobre cosas que debería saber, si puedo entender algo como esto, su solución debería ser sencilla para mí, pero no es así—.

—A lo mejor tienes una memoria débil— soltó Myrddin sin más tacto y se enfocó en el caso, aunque Maya no iba a dejar eso así como así. No parecía ser alguien así y con el tiempo que Ciro había pasado dormido, alguien podría haber intentado matarlo o enfrentarlo lo suficiente como para provocarle una ligera amnesia. En todo caso, cuando sus hermanos estuvieran bien, se encargarían de él. O eso esperaba.

Buscó un cuaderno donde anotar absolutamente todo lo que había sucedido, hasta lo que habían comido. Pero nada surgió, así que decidió hacer el recorrido una vez más esperando encontrarse algo que pudiera ayudarla con esa recreación. Ciro la acompañaría sabiendo que Myrddin se iba a quedar cuidando a los muchachos, asegurándole que iban a estar bien en lo que él estuviera al mando. Ella no estaba segura de cómo un libro podría controlar a dos hombres que no tenían control alguno, pero suponía que de alguna manera se las iba a ingeniar si estaba tan confiado, después de todo, había mucho que no sabían de Myrddin, salvo que había sido un viejo compañero de su abuelo antes de volverse un libro ¿Qué habría sucedido entre ellos para que acabara de esa forma? Aunque no era sorprendente que su abuelo lo hubiese puesto en una situación peligrosa e imposible sólo para ver cómo salían de ella. A ellos desde pequeños los había entrenado de esa manera. Cuál situación más peligrosa podía encontrar para dejarlos con casi nada de información, una mano adelante y otra atrás y una bestia enfurecida queriéndolos matar.




El bar estaba casi como la noche anterior. El mismo barullo, el humo de los cigarrillos y ese olor a borracho que había en todos esos lugares. No era uno de los mejores, pero era barato y era lo que podían pagarse, así que tampoco se quejaban. Por supuesto, veían las discusiones que antes, al entrar, le habían parecido típicas del lugar, ahora, no tan típicas.

—Todos ellos pueden estar bajo su influencia—

—Posiblemente— asintió ella moviéndose por ahí, hasta que Ciro la hizo a un lado por una silla que salió volando hacia ellos. Las personas que antes habían estado discutiendo ahora se habían puesto lo suficientemente violentos como para llegar a una pelea física.

Si hubiese sido por él, ya habría quemado el bar con todos dentro, pero Maya se enojaría porque eran humanos. En todo caso, decidió apelar a su criterio y sacarla de ahí.

—¡La cerveza!— Lo jaló de la muñeca deteniéndolo.

—No es momento para beber— y Ciro estaba completamente determinado a salir, cargándola al hombro para que no volviera a detenerlo. Pero ella lo golpeó en la espalda llamando su atención.

—¡Mis hermanos bebieron cerveza!— Aclaró recordando su discurso sobre que aún era una niña —ellos bebieron. A mí me dieron cerveza de raíz, pero acabe bebiendo un jugo ¡y mira! Todos beben lo mismo aquí. Myrddin jamás bebé y tú… pareces ser bastante mojigato para eso. Sin ofender— y aunque lo dijera, estaba segura de que no le molestaría. Era Ciro después de todo.



La distribuidora estaba casi a la salida del poblado y era más grande lo que ellos se imaginaron. Había sido cosa de Maya llegar hasta ahí y averiguar si era realmente el epicentro. Ella no tenía una habilidad como Myrddin o Ciro de sentir la energía de esa forma, pero contaba con que el fénix sí podía hacerlo aún sin poder ubicar exactamente que era, era todo lo que ella necesitaba para poder llegar al final de todo.

Entraron y comenzaron a andar entre los pasillos y las grandes habitaciones, topándose con algunos trabajadores sin que les causaran más problemas, llegando hasta la zona en donde salían las bebidas embotelladas ya. No veían nada que no fuera típico de una fábrica y eso estaba empezando a frustrarla.
—¿Sientes algo aquí?— Preguntó impaciente.

—Es débil— asintió Ciro —pero hay algo extraño por allá— señaló una de las ventanas que daba hacia la parte superior.

Maya ni lo dudó, si el camino estaba señalado hacia ahí, no iba a dudar en llegar y patearle el trasero a quién sea que en metiera en su camino. Pero antes de que llegara al umbral que los llevaría hacia las escaleras, una bella mujer de melena rojiza y larga se hizo presente ante ellos deteniéndoles el paso. La mujer iba vestida de escasa manera, cubriendo las partes más comprometedoras de su cuerpo. El top que cubría sus pechos y que de él salían unas hombreras que caían en largas tiras de seda que se ceñían a su codo y luego, en unos mitones de sus manos, de un tono rojo brillante, casi tan similar a su cabello que parecían el mismo color. La parte inferior de sus vestiduras eran más o menos similares. Una falda con tres tajos que dejaba al descubierto sus piernas y las alhajas que llevaba en sus tobillos y pies descalzos, aun así, impolutos, como si pisar el suelo no fuera algo de lo que ella debiera preocuparse.

Ninguno de los dos se animó a dar un paso hacia el frente cuando ella sonrió haciendo que las distancias fueran mucho menores ahora. Ciro estiró su brazo haciendo de barrera con Maya para luego retroceder con la misma lentitud.

—Me están molestando, linduras. Pensaba que se aburrirían y se irían, pero no es así. Y no pienso dejar que se entrometan cuando al fin me estoy divirtiendo— y elevó sus brazos con un gesto tan delicado como elegante chasqueando los dedos y haciendo que varias personas aparecieran detrás de ella, entre ellos, los hermanos de Maya: Francis y Johann, más, lo peor fue cuando vio a Myrddin destrozado entre sus manos. El libro estaba casi quemado y rasgado, acabando por arrojarlo hasta sus pies, levantándolo dolida del suelo, con los ojos brillantes por las lágrimas que querían salir y ella se negaba a que lo hicieran.

Maya tragó saliva y levantó la vista enojada, estaba dolida. Primero se había metido con su familia y ahora con Myrddin y ella no iba a perdonar que hiciera algo así. El fuego comenzó a formarse a su alrededor, desde sus pies hasta cubrir su cabello por completo, pero sin quemarla, la muchacha había dejado salir sus emociones sin control alguno.

—Maya, contrólate o acabaras lastimando a alguien o lastimándote— le pidió Ciro pero no consiguió que fuera a bajar si quiera un poco la intensidad del fuego que la rodeaba, acabando por lanzar una bola de fuego hacia la mujer que había invocado a todos antes.

Ella lo esquivó y ordenó a sus sirvientes atacarlos. Ciro fue por Maya, tomándola con una de sus patas y volviendo a hacer un descenso para tomar rápidamente los restos que quedaban de lo que era Myrddin, quitándola del medio al abandonar su apariencia humana para volver a ser un ave cubierta de fuego. El calor fue tal en ese momento que acabo explotando una de las máquinas, mientras levantaba vuelo hasta el techo, abriendo el pico al máximo para lanzar una llamarada que hizo que la pared desapareciera, escapando por ahí. No había mucho tiempo para dar explicaciones ni para pensar en planes, había que actuar y rápido o podían no terminar contándola luego que cada vez era mayor la cantidad de personas afectadas por el poder de la diosa.

Ciro pensaba dejar a Maya alejada de todos para volver él y hacerse cargo de la situación, sin embargo, un cuervo de un tono rojizo brillante apareció a su lado y encima de ellos, las nubes que auguraban una fuerte tormenta aparecieron de repente, siendo ellos derribados por un rayo.

El cuervo voló hacia el suelo envolviéndose en una nube roja que acabó dándole la forma a la diosa nuevamente.

—Me están haciendo perder la paciencia. No quería ensuciarme las manos, pero veo que no tendré más alternativa que— no pudo continuar la frase cuando alzó sus manos a la altura de su pecho y quedó inmóvil. Maya le había lanzado un conjuro dejándola inmóvil por unos instantes,  haciendo enojar más a la deidad.

—Regrésalos a la normalidad— exigió ella aun llevando la ventaja por el momento. No podía estar segura de que si la mataban iban a volver a ser los de siempre. Esperaba que sí, pero no los garantizaba.

La diosa se comenzó a reír con fuerza, moviendo su cabeza hacia arriba aun con problemas por el hechizo. Maya se sintió mucho más enfadada y si no fuera por Ciro que intentaba controlarla hasta conseguir algo, ya probablemente, hubiese perdido todos los estribos.

—Déjame pensarlo— hizo una pausa ladeando la cabeza de lado a lado para volver a darle una mirada soberbia —no quiero. Al fin me he estado divirtiendo después de mucho tiempo.  Hacía tiempo que no manejaba una ejército de hombres de esta manera— se podía ver que algunos estaban llegando a la zona en cuestión, pues después de la explosión y de que huyeran de la fábrica, las personas no habían quedado en las mejores condiciones, aunque algunos parecían sobreponerse a sus heridas guiados por la ira y la rabia que albergaban ellos mismos.

—¿Quién eres?— Se animó a preguntar Ciro levantando un muro de fuego para que no se acercaran a donde estaban ellos. Fuera como fuera, iban a tener que resolverlo entre ellos y a su manera.

—Badb, una de las cinco diosas de la guerra— se presentó sin poder moverse como había querido hacerlo, volviendo a ser retenida por Maya al afianzar el conjuro —me estaba debilitando. Los humanos ya no hacen sacrificios y lo que llaman guerras lo están llevando de formas que no son tan violentas como me gustan, así que decidí tomar cartas en el asunto ¿felices?—

—¡Por supuesto que no! Por tu culpa mis hermanos quieren matarse y Myrddin…— contuvo las lágrimas cerrando los ojos con fuerza y volviendo a abrirlos —deshaz lo que sea que les hayas hecho—

—No puedo. Una vez caen mis dones caen sobre ellos, la muerte es su único propósito. Tres días, tres noches. Y gracias a ustedes, haré que todo esto empeore— y alzó la vista al cielo. El viento sacudió sopló tan fuerte que era más parecido a un huracán, avivando las llamas que los separaban de los pueblerinos y trayendo más rápidamente las nubes a concentrarse en el lugar, descargando dos rayos que dejaron un cráter en el suelo, separándolos de la diosa.

Sin embargo, Ciro había sido mucho más rápido aun estando herido, había estado esperando que se distrajera y la atacó por la espalda, clavando su pico en el pecho de la mujer, arrancándole el corazón. El pico le quedó manchado por la sangre mientras el cuerpo horadado se iba esfumando entre nubes negras que el viento arrastraba hasta que no quedó absolutamente nada de ella, más que el corazón con el fénix, que fue lo último en desintegrarse.

Volvió a tomar una apariencia humana, aun a sabiendas de su herida en la espalda y brazos, acercándose a Maya y ayudándola a ponerse de pie. Una vez se cercioró de que todo con ella estuviera bien, hizo que las llamas cubrieran sus heridas y en un instante, desaparecieron como si nunca hubiesen existido, sorprendiendo a la bruja.

—El fuego, si es bien usado, puede curar— le explicó ante la expresión de sorpresa. 

Aunque aún les quedaba cerciorarse de que los efectos del poder de la diosa hubiesen desaparecido, desvaneciendo el muro de llamas ardiente, observando que todos aquellos que habían salido bajo el hechizo de la mujer, estaban desplomados en el suelo.

Intercambiaron miradas antes de tomar la decisión de ir hasta donde se encontraban todos. Maya buscó con la mirada hasta que halló a Johann, temiendo despertarlo y ver que de nuevo la atacaba a ella o a su hermano.

—¡Despierta! Por favor— lo sacudió un poco sin éxito —¡despierta, estúpido mono!— acabó dándole un golpe en la mejilla con fuerza viéndolo al fin abrir los ojos. Estaba entre la emoción y el miedo, sintiendo su cuerpo tensarse temiendo lo peor. Se irguió alejándose y él la agarró de los hombros y la atrajo abrazándola.

—Perra— le devolvió no sólo el insulto y el golpe, frotándole la espalda. 

Su hermana casi salta de la emoción al escuchar aquella palabra. Podría ponerla de los mil demonios en otro momento, pero ahora, estaba mucho más que feliz de escucharla.

Se frotó la nariz y se separó de él con la esperanza renovada de que Francis estuviera bien, buscándolo y ayudando a los que iban logrando ponerse de pie. Aun no tenían idea de lo que iban a decir para dar explicaciones de lo sucedido, mucho menos, de lo que había ocurrido en la fábrica que sabían, iba a costar mucho reparar. De momento, y al ver a su hermano, se olvidó de todo y corrió a abrazarlo mientras él le pedía una disculpa por lo ocurrido, por no haberse podido controlar y al igual que Johann, acabaron por darle las gracias.

Al cabo de un rato, todos se habían dispersado dejando a los hermanos solos, más, no se habían marchado al ver que Ciro aun no regresaba con ellos. Lo había visto desaparecer entre la multitud y después de eso, no había tenido noticias de él de nuevo.

—Myrddin— dijo Johann rascándose la nuca con la cabeza gacha. Ninguno dijo nada, sólo intercambiaron una triste mirada entre ellos.

—¡Brujos de pacotillas!— la voz profunda y fuerte había sonado tan familiar y los había tomado de sorpresa que ninguno había podido decir absolutamente nada cuando vieron a Ciro sostener a Myrddin en brazos como si nunca le hubiese ocurrido nada —un minuto que me descuido y me hacen esto. No voy a...

—¡Myrddin!— Exclamó Maya con tanta alegría, abrazándolo que no pudo terminar de regañar a los muchachos y hasta se sentía apenado en ese momento, habiéndose olvidado de lo que estaba diciendo 

—No vayas a querer llorar encima de mí que la cubierta es nueva. Aléjate de mí— atinó a decirle mirando hacia otro lado.

—¡Te has sonrojado! No sabía que los libros pudieran hacer eso— se rio ella al verlo.

—¡Porque no soy un libro! Sólo estoy atrapado en uno. Y no me sonrojé— dijo intentando fingir enojo sin ánimos de dirigirle la mirada a ninguno de los presentes.

—¿Cómo pasó? Se supone que nosotros— Francis se señaló a él y a Johann sin entender por qué estaba aún en pie ¿sería cosa de magia?—

—No fue difícil— dijo Ciro haciendo que todas las miradas se posaran sobre él —el alma de Myrddin aún estaba en el libro. Sólo que estaba destrozado, puedo arreglar eso. La fábrica también—

—¿Reconstruiste todo?— Preguntó ella asombrada, mucho más al saber que lo había hecho de la misma forma en que se había curado: usando el fuego. Se preguntaba si ella misma iba a poder hacer algo como eso.

Entre charlas y disculpas por lo que había pasado mientras ellos habían perdido la conciencia y contándoles cómo finalmente habían acabado con todo, Myrddin hizo especial hincapié en el fénix, sin poder quitarle la mirada en todo el camino, a tal punto que hizo que se sintiera incómodo, algo que era difícil de lograr en Ciro.

—¿Quién te enseñó todo eso? Pareces conocer mucho más de lo que dices— Myrddin lo encaró aun desde el regazo de Maya en el auto, entrecerrando los ojos con una seriedad que no era propia de él.

—No lo sé. Hay cosas que simplemente, las sé— le explicó sin saber mucho por donde encarar el tema. La memoria de Ciro estaba compuesta por muchas lagunas que ni él mismo explicaba su origen.

—¿Posiblemente amnesia?— Johann los miró desde el asiento delantero del vehículo.

Se encogió de hombros. No tenía más recuerdos que el pasarse mucho tiempo durmiendo en la cueva hasta que llegaron ellos y lo sacaron de ahí dentro, por lo que su desafío era saber cómo había llegado y cómo conocía tanto sin tener especiales recuerdos sobre el aprendizaje, algo que nunca se había preguntado hasta ahora.

Myrddin tenía un mal presentimiento al respecto y aunque no lo dijo en el resto del viaje, no dejó de sentir que algo no andaba bien, aun cuando el ambiente del auto había vuelto a ser el mismo de siempre sin ningún apuro, sin ningún rumbo que una cabaña abandonada en el bosque, sin más que camino que el que pudieran hallar sin muchas certezas para reunir a su familia y volver a casa.




Pasada la medianoche, Maya se levantó a la cocina y vio a su hermano jugando con el celular en su mano. Lo vio buscar en sus contactos un nombre, apagándolo y arrojándolo sobre la encimera antes de ir a sentarse en la mesa.

—¿Aún no la has llamado? —Preguntó Maya acercándose a la mesa y sentándose en frente.

—¿Crees que aceptara lo que le diga? A esta altura, los medios deben habernos convertidos en unos criminales. No puedo ir a verla o llamarla así como así —le dijo él frustrándose de sólo pensarlo.

—Pero has estado intentando llamarla. Deberías hacerlo, te haría bien —le dijo tomándole la mano con una sonrisa amable— y te quitarías muchas dudas de encima. Debby también debe extrañarte.

Él aceptó eso. No lo había dicho en voz alta, pero la duda lo carcomía. Había pensado en todos los escenarios posibles antes de eso, pero se había arrepentido irremediablemente, como hacía un momento. 

Maya se sirvió agua y le dio un beso en la frente pidiéndole que no se desvelará mucho, sabiendo que estando a solas llegaría a tomar una decisión y esperaba, fuera aquella que lo hiciera sentir mejor.




Espero que les haya gustado

Bye!

10 comentarios:

  1. Era la cerveza, ¿cómo no se me ocurrió?
    Acerté más con lo de la diosa, no era Eris pero era una diosa de la guerra. Y muy empecinada, que no le alcanza lo que hacen los humanos, que tenía que desatar conflictos.
    Me parece que no terminaron las maldades de esa diosa, que se va a recuperar y volver. No sé lo que pasará en la tercera parte de esta historia, pero podría ser una enemiga recurrente.
    Me intriga el pasado de Ciro.
    Maya salvó a los hermanos, me gusta eso.
    Un abrazo.

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    1. Fue una cosa random de utilizar la cerveza, había pensado en la comida también, pero ya me iba a hacer mucho más lío y así, como había llegado la idea acabó plasmándose.

      Me gusta la idea de que sea una villana recurrente, de hecho, había pensado exactamente en eso pues, la forma de librarse de ella fue bastante fácil, pero es como la calma antes de la tormenta.

      Espero desarrollar un poco más al personaje en la próxima entrada.

      ¡Un abrazo!

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  2. Espero que mejore la salud de tu madre.
    Un abrazo.

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  3. Interesante historia, tienes una increible imaginacion. Saludos

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  4. Me gusto mucho ,la historia. Adoro la magia y como la integras a ala historia. Esperó que tu madre mejore.

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    1. Me alegra mucho leer eso, me gusta la magia también.

      Gracias por tus buenos deseos.

      ¡Un abrazo!

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  5. !Que buen capitulo, toda una travesía! que furia debió haber sentido al ver a Myrddin destrozado. !Que horror! Me encanto esa transformación de Maya para enfrentarse a esa diosa de la maldad. Parece que todo volvio a la normalidad. Pero Myrddin no piensa lo mismo.
    !Abrazo!

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    Respuestas
    1. ¡Sí! El corazón se le destrozó y mira que sólo tenía la apariencia de un libro, pero Maya le tomó cariño <3 es un encanto.

      Me alegra que te guste, aunque como dices, va a pasar algo más ewe

      ¡Un abrazo!

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¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Pueden escribir lo que gusten, tienen todo el espacio que quieran para comentar ¡Y no se echen para atrás por ser una entrada vieja! Yo responderé el comentario sin importar la fecha <3

¡Qué tengas un lindo día!

¡Un abrazo enorme!

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