martes, 18 de julio de 2017

Si perdemos el control — Capítulo 23

¡Hola a todos! ¿Cómo están? De a poquito voy a ir actualizando absolutamente tooodo lo que tengo en el tintero, tengo cerca de veinte entradas en borradores (?), cosa de que me vaya poniendo y actualice de a poco todo —o que me agarre un ataque y suba varias entradas juntas, depende de cómo me vaya organizando (?)—. Por lo pronto, si extrañaban a Morgan tanto como yo, les traigo otro capítulo más de la historia y creo, que me da para cerrar el caso anterior y dejarle uno nuevo (?)

Capítulo 23 

La luz la cegó momentáneamente al abrir los ojos y verse en una habitación completamente cerrada. No había más entrada que la puerta de hierro que parecía que, por muy herrumbrada que estuviera, no iba a caerse fácilmente. Miró a su alrededor y encontró a seis niños a su alrededor, asustados en un rincón de la habitación.

Kysa no pudo evitar sentir que su corazón se encogía al verlos en esa situación. Si ella, que era una adulta con experiencia sentía que el miedo de estar encerrada sin nada que pudiera ayudarla la iba a carcomer interiormente, no quería imaginar cómo estarían esos niños que habían sido alejados de sus padres bruscamente, para quedarse encerrados para quien sabe qué.

—Estaremos bien— les dijo con una sonrisa intentando sonar lo más veraz que podía. Debía transmitirles un poco de tranquilidad al menos, hasta que encontraran una forma de salir o Morgan los encontrara —encontraremos la forma de salir de aquí e iremos con sus padres ¿sí?—

Uno de ellos se acercó hasta donde estaba Kysa y la abrazó. Y ella no pudo sentir más pesar en ese momento, deseando que todo acabara rápidamente.



La puerta estaba abierta, haciendo que sus nervios se pusieran de punta apenas cruzar el umbral de la puerta junto con Jack. Morgan gritó varias veces el nombre de Kysa revisando todas las habitaciones de la casa tan rápido como su pierna se lo permitía, encontrándose con Jack en la sala tan agitado como preocupado: no estaba.

Se frotó la frente molesto por no haberse quedado con ella y dejar el trabajo para después ¡la habían atacado, como buen novio, se tendría que haber quedado en casa con ella en vez de ir a seguir investigando con Jack para no tener ninguna pista encima y además, saber que a ella le había pasado algo también.

—La hallaremos. Si es el mismo que la atacó, el caso está conectado— Jack coloco su mano en el hombro de su amigo intentando motivarlo con eso. Pero Morgan salió de la casa con las llaves en la mano, haciendo que su amigo lo siguiera habiendo cerrado la casa después de salir.

Subieron al coche, esta vez, sin la amada colección de Morgan sonando a todo volumen. Piso el acelerador y metió marcha haciendo un camino recto sin decir absolutamente nada. Tampoco tenían idea de a dónde es que iba, pero le parecía que era imprudente detenerlo ahora.

—Tenemos hasta ahora el colegio. Los niños desaparecidos que no tienen nada en común y a Kysa ¿qué nos dice eso?—

—Que lo que vio en la plaza era significativo. Mis hombres siguieron al coche, si vamos a la jefatura, podemos saber qué es lo que han averiguado—

Morgan viró tan rápido que hasta derrapó al hacerlo, haciendo que Jack cayera de lado y tuviera que volver a sentarse en el asiento de copiloto después de esa arriesgada maniobra ¿qué dirían si se enterasen que el jefe de policía iba de copiloto? No quería ni pensarlo.

Pero el recorrido no les había dado nada útil. Aun así, tenían agentes en todo el perímetro de encubiertos vigilando posibles apariciones en el transcurso del día y de lo que sería el día siguiente también.

Y nada de eso iba a terminar por complacer a Morgan. Se puso a leer todo lo que tenían, mirar las fotos que había sacado ella y encontrar entre las víctimas desaparecidas algo en común que pudiera llevarlos a un camino certero que no acabará en un callejón sin salida justo donde estaban ahora mismo.

—Duerme un poco— dijo Jack entregándole una taza con té recién hecho —necesitas descansar al menos un par de horas para poder seguir con la investigación en la mañana.

—Durmiendo no la encontraré— dio un sorbo al té con molestia mientras sus ojos verdes se concentraban en las letras a las que apenas prestaba atención, con el ceño fruncido.

—Si te duermes en medio de la investigación tampoco vas a servir de nada. Ahora, échate en algún lado y duerme— insistió apagando la luz, dejando sólo la lámpara encendida en la habitación antes de salir y dejarlo solo. Él, intentaría dormir un par de horas antes de volver a su trabajo, que al menos uno de los dos debía estar lúcido.



Había revisado la habitación completa. Lo único que podía considerarse una salida era el ventiluz que había a unos dos metros del suelo. Ella no llegaría y considerando que no había muebles que usar para ingresar ahí, estaba en problemas para poder idear un plan. Lamentaba no haber estado consiente porque tampoco tenía idea de dónde se encontraba; si había alguien afuera; cuántos eran los que estaba dentro. Pegó su oreja varias veces a la puerta pero apenas se escuchaba un chirrido horrible de una bisagra que rogaba una aceitada. Las paredes eran huecas, sólo una tenía aislante, como si hubiesen querido hacer una habitación a prueba de sonido y quedó a medio camino, cubriendo sólo una pared de esa manera, la cual, se había llenado de humedad. No había nada que pudiera servirles para escapar y hacer ruidos no era algo que fuera conveniente para ellos, al menos, si querían escapar de manera silenciosa.

—Si supiera cuántos nos esperan afuera podríamos intentar una fuga— se apoyó pensativa en la pared resbalando hasta quedar sentada con los brazos cruzados.

—¿Qué haríamos?— Se animó a preguntar Carla.

—Lo principal, sería abrir esa puerta, si conseguimos eso, sólo deberemos escapar hasta la salida. Lo que puede no ser fácil, pero tenemos ventaja de que somos siete. Si nos vamos librando de ellos de uno en uno, no debería ser difícil para nosotros— le explicó. Aunque claro, contaba con la desventaja de que era el único adulto entre ellos, ya sea porque sólo ella debería hacerle frente a los otros o porque podía aprovechar que los niños eran pequeños para poder burlarlos con más facilidad. En todo caso, Kysa no pensaba quedarse de brazos cruzados mientras sus vidas estaban en peligro.




Tenía dos cafés en mano bien cargados, bien podría levantar un cementerio completo con eso porque estaba seguro de que Morgan no le había hecho caso y que no había dormido nada en la noche. Lo confirmó cuando vio las ojeras que tenía debajo de sus ojos, tomando el café que llevaba en su mano sin darle las gracias o los buenos días al menos. Aunque no era algo que Jack esperase de Morgan, después de todo, lo conocía desde hacía años y se habia acostumbrado a ese temperamento, se había acostumbrado a la falta de protocolos y a la comodidad que había entre los dos para hablar de todo como para hacerse de todo, que entre bromas pesadas caían siempre y una podía ser peor que la anterior, ninguno se tenía consideración cuando llegaba la hora de tomar venganza con algo. Aunque ese momento, no era tiempo para nada más que la investigación.

—¿Llegaste a algo?— Preguntó sentándose mientras él caminaba por la habitación.

—Ni una maldita cosa. Hasta revisé las cámaras de seguridad buscando al auto—

—¿Hackeaste la red del gobierno?— Esto casi le hace tirar el café, incluso, había sido mucho más efectivo que el café que había hecho que Jack espabilara en un solo segundo al enterarse de ello.

Morgan se encogió de hombros antes de volver con su bebida.

—Tranquilo, no dejé rastros. Nadie acabará buscando tu querida red gubernamental— dijo en tono burlón, aunque guardaba su seriedad mientras miraba un mapa por el recorrido que había hecho el auto antes de que lo perdiera sin saber en dónde, sólo pensaba en un punto ciego, pues, hasta eso le fallaba: el gobierno tenía pésimos técnicos en el área de seguridad.

—¿D-dónde aprendiste a hacer eso?—

—Soy un detective, debo tener mis trucos— su expresión fue de un triunfo total.

—Tienes el perfil de un perfecto criminal— negó con la cabeza suspirando sonoramente sabiendo que no iba  cambiarlo y que quizás, tampoco quisiera saber dónde había aprendido a hacer esas cosas. Era increíble como habiendo tomado los mismos rumbos, el mismo camino, tuvieran métodos y trucos tan diferentes el uno del otro.

Jack recordaba cuando estaban en el ejército y Morgan salía con alguna cosa similar, como cuando conseguía cosas que nos les permitían a los cabos, aun cuando estaban en medio de la nada, siempre era uno de sus trucos ‘porque un buen soldado lo necesita’. Ahora, sólo había cambiado el sustantivo, pero la frase como el modus operandi seguía siendo exactamente el mismo. Se sorprendía muchísimo de que él no fuera uno de sus objetivos, sino, uno de sus aliados.

Volverían a donde había sucedido todo esperando tener alguna pista nueva que los condujera a buen puerto. Morgan se llevó el café consigo y montó en el asiento de conductor, ignorando los consejos de Jack sobre su estado o lo ridículo que era manejar en ese momento. Si él no lo acompañaba, igual iría, pero no se iba a quedar quieto así como así.

Sacó la computadora portátil del bolso y sincronizó el micrófono y la cámara que habían dejado de vigilancia mientras se quedaban a un lado a esperar algo, lo que fuera. En esos momentos, cualquier indicio, por pequeño que fuera iba a serles útil.

Pasaron una hora ahí sin obtener novedades de nada cuando vio algo que iluminó su mente.

—La pulsera de Kysa— dijo quitándole la portátil a Jack.

—¿La baratija que le regalaste?— Preguntó perdido ante el repentino interés de Morgan por ello.

—No era una baratija, sino acero forjado artesanalmente. Si hubiese sido de plata no habría sido algo que ella usara a diario y no es lo que quería— su sonrisa confianza volvió a estar al cobijo de su barba descuidada. Jack sabía lo que eso significaba aunque seguía sin entender nada de nada.

—La pulsera, tenía, tiene un GPS. Pensé que quien quiere matarme a mí, puede intentar algo contra ella y decidí prevenir algunas cosas—

—¿La acosas?— Su ton indignado hizo eco que Morgan ignoró mientras encendía el auto y arrancaba.

—La protejo— lo corrigió.

—Espera un momento ¿te preocupaste por ella y no por mí?—

—Tú tienes un arma—

No hubo nada más que se dijeran al respecto el resto del camino sólo siguieron el resto del camino siguiendo el mapa de la pantalla.





Escuchó una risa en el pasillo. Hizo un eco que le heló la piel quedándose al lado de la puerta, tal y como habían acordado. Debía ser lo suficientemente rápida y fuerte como para retenerlo ahí y salir corriendo tras los niños por si había alguien más. Cualquier cosa iba a servirles de arma para dar un golpe duro y cuánto menos, ganar un poco de tiempo. Principalmente, eso es lo que necesitaban: tiempo para escapar.

—Les conseguí hogar— el chirrido de la puerta no opacó la voz. Y ésa fue su señal, arrojándosele encima haciendo que tambaleara y se golpeara con la puerta: la sien justo con el gancho de metal. No era suficiente como para dejarlo inconsciente pero sí para que le costara retomar el equilibrio por un instante. Lo empujó dentro y cerró la puerta: uno menos.

Ella los alentó a que corriera asegurándose de que salieran todos antes de seguirle los pasos por detrás, deteniéndose cuando vio una vida de madera roída en el suelo. Por algo debían comenzar.

Los detuvo antes de llegar al final del pasillo, asomándose a mirar si había alguien antes de que siguieran con su escape. Cuando se cercioró de que estuviera bien, los animó a seguir con la misma cautela que antes.

—Hasta aquí llegan— la voz con el llanto de Carla quien pataleaba en los brazos de su captor hizo que se detuvieran de golpe.

Kysa se puso al frente de ellos, cubriéndolos.

—Yo me quedaré en su lugar, pero a ellos déjalos ir— intentó negociar soltando su arma improvisada levantando las manos —puedo serles más útil que un montón de críos— y desprendió un botón de su camisa dejando ver el encaje de su ropa interior con una expresión coqueta en los labio, acerándose lentamente hasta posar una mano en el pecho contrario, irguiéndose para que sus pechos se vieran mucho mejor de esa manera.

Él aflojó el sostén de la niña, sosteniéndola con sólo un brazo. Kysa supo que podía funcionar, acabando por apretar su busto contra el brazo contrario para finalmente, levantar su rodilla y darle en la entrepierna seguido de un fuerte pisotón con el tacón de su calzado.

Carla cayó al suelo mientras él se retorcía maldiciendo.

—¡Corran! ¡Corran!— Gritó ayudando a la niña a ponerse de pie, volviendo a poner en marcha su plan. Sólo esperaba que le fuera tan fácil como hasta ahora. Si encontraban una puerta en ese horrible sitio, iban a ser más que felices, pero parecía que no era una edificación común.

Subieron una escalera que estaba debajo de una trampilla ¿dónde diablos estaban? Mientras más recorrían el lugar pensaba que estaban en una especie de prisión por el tipo de habitaciones que habían visto y ahora, la vieja trampilla que no fue nada discreta con ellos.

Apenas ella asomó la cabeza, sintió el clic de un arma, tragando saliva y manteniendo la calma o al menos, intentando hacerlo. En total, había ocho personas ahí arriba. Ella podría con uno, si no estaba armado, pero de esa manera ¡No había forma! Subió con la maldita resignación de quién sabe que a perdido la guerra y la siguieron los niños temerosos.

Cerró los ojos con una expresión de frustración, subiendo y viendo subir a sus cómplices de escape con una mira de disculpas por lo que acababa de ocurrir. El desconocer el terreno les había jugado en contra pero tampoco tenían forma de salir delante de otra manera.

Lo pensó durante un instante. Tenía que hacer algo o podría jugarle en contra aquel descuido si decidían a darles un escarmiento por eso. Ya estaba jugada  jugar de nuevo no le iba a venir mal.

—¡Al suelo!—Gritó ella para hacer una nueva estupidez y fue darle un golpe en el plexo solar con el codo para después, pisarlo y empujarlo contra el hombre que estaba detrás de él. Ya no había marcha atrás y Kysa lo sabía, pero si podía darles la posibilidad de que ellos escaparan, lo haría.

Fue que un hombre alto y de piel bronceada la tomó del brazo y le propinó una trompada tan fuerte que la tiró al suelo. No le había importado que fuera mujer, sólo se estaba metiendo en sus planes.

—Reza— le dijo apuntándola con un revolver.

El sonido de la puerta rompiéndose hizo eco en la habitación.

—Eso es lo que digo yo ¿qué tal si te mando directamente a hablar con él?—

Kysa reconoció esa voz y sonrió a pesar del dolor de su rostro: era Morgan y Jack. Ambos habían llegado armados con diez hombres detrás de ellos listos para atacar en cualquier momento, cosa que no tardó en suceder, buscando refugio detrás de sus escudos y en lo que hubiese cerca.

Kysa gateó hasta la trampilla, la abrió e ingresó con los niños, también a rastras hasta llegar allí y resguardarse hasta que todo acabara. Por ahora, el sitio bajo tierra era el lugar más seguro para poder salir con vida o ilesos de ahí.

—Tengo miedo— dijo Ross temblando y ella lo abrazó, quedándose cerca de los demás. 

No supieron cuanto tiempo estuvieron allí dentro, pero parecía que habían sido años hasta que la trampilla se abrió y vio la sonrisa estúpida de Morgan invitándola a salir de allí.

Afuera, vieron a los criminales y les contaron del otro que estaba encerrado aún. Uno de ellos habia muerto en el tiroteo y dos más estaban heridos. Uno de gravedad, el otro, era una herida que sanaría a su tiempo en la cárcel.

Pronto los pequeños fueron subidos a los coches patrullas para que pudieran regresar con sus familias mientras los detectives y el jefe de policía se quedaban ahí hasta que todos se hubiesen ido.        
 
Morgan la abrazó y ella sintió que podía volver a respirar ahora que el peligro había pasado o eso suponían. Había algo que le molestaba y era que el hombre que la había atacado 

—Estuvo estresado desde que desapareciste— le dijo Jack codeándola suavemente mientras señalaba a su amigo.

—Eso no es cierto. Sólo me preocupé como cualquier persona normal— se defendió Morgan.

—¡Casi nos matas cuando diste con su paradero! El auto literalmente quedó sobre dos ruedas—

—Algo que tú nunca podrías hacer— se sintió orgulloso de eso, desviando al tema a zonas más cómoda para él.

—¿Cómo nos hallaste?— Preguntó Kysa curiosa.

Morgan se sonrió ladino y Kysa supo que no era algo que ella quería saber. Y al ver a Jack negando con la cabeza, supo que no, no iba a ser algo bueno. De todas formas, siguió adelante.

—¿Qué fue lo que hiciste? Seguro algo ilegal— en su voz sonaba el reproche, llevando la mano a la cintura. No iba a parar hasta saber qué es lo que había hecho.

—No te diré. Es un secreto que me llevaré a la tumba— se adelantó para llegar al auto, que cojeante y todo, era rápido.

—Jack—


—A mí no me metan en esto— se lavó las manos apenas escuchó la voz de ella pronunciando su nombre —ambos me dan el suficiente miedo como para no querer tenerlos de enemigos—

—Sí, Kysa ¿por qué no puedes actuar como Jack y no hacer nada?— Agradeció Morgan socarrón sintiéndose contento de que la respuesta de él lo hubiese favorecido.

Ella insistió, pero él jamás le diría que aquella pulsera que le había dado tenía un GPS porque estaba seguro que si ni su trabajo ni una guerra lo habían matado, Kysa iba a hacer que su racha esquivando la muerte terminara rápidamente.





<<Capítulo 22                                                                 Capítulo 24>>

Espero les haya gustado

¡Se cuidan!

Bye!

6 comentarios:

  1. Bravo Roxana , esperando el siguiente .
    Un abrazo y feliz semana.

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  2. Que buen capitulo.
    Es una historia detectivesca muy bien llevada, me gusta el suspenso, la trama, los diálogos.
    Original idea de un gps en la pulsera de Kysa. Que decirte de la valentía de Kysa, en esa trepidante acción por rescatar a los chicos. Magestuoso final. Comprensible que Morgan no le diga nada sobre la pulsera.
    Un abrazo!

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    Respuestas
    1. ¡Gracias! Me alegra que te guste, la verdad, disfruto mucho haciéndola, especialmente, algunso diálogos que tienen estos personajes, que me encantan.

      Creo que fue la vez que más se arriesgó Kysa, va tomando coraje de a poquito.

      ¡Un abrazo!

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