domingo, 16 de abril de 2017

52 dias de reto: día veintisiete

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Me toca continuar con el reto y esta vez, me toca hablar de una heroína, que ya había pasado por un superhéroe, ahora me toca contar la historia de una mujer. La verdad, es que no tenía mucha idea por donde encarar esto, hasta que me releí el relato de Valentino y decidí situarlo por los mismos lares y hasta, quizás se conozcan —como para darle más sustos a Valentino (?)—. Por si no lo han leído, puede pasar por aquí.

Día veintisiete: Inventa un relato con una mujer como heroína y su camino hasta llegar a serlo.

Camino al cielo 

En el momento en que su respiración cortó el silencio de la habitación, fue cuando el cielo se iluminó por luces en forma de hongo y el humo cubrió a todos los habitantes de Kizuna. Había sido todo preparado meticulosamente para actuar justo a la hora de cierre y aun habiendo una gran cantidad de clientes en el banco, siguieron tal y como lo habían planeado, sellando todas las entradas y haciendo volar gran parte de la edificación, dándoles el paso para el escape.

Los rehenes que estaban al borde de la locura por todo lo que estaba sucediendo, quedaron atrapados en la sala principal, con las entradas bloqueadas por el sistema de seguridad y la puerta que los comunicaba a la salida de emergencias bloqueada, no tenían hacia donde escapar. Y la edificación se veía bastante frágil después de la explosión.

El equipo de rescate, los medios, la policía y cuanto curioso había alrededor no tardaron en llegar hacía la zona en conflicto. Se escuchaban gritos, tanto del interior como del exterior y el murmullo general que servía para ambientar todo.

Evelyn, que miraba todo como una transeúnte más, había pensado que era el momento justo para probar uno de sus últimos inventos: sus botas de gravedad. Había estado llevándolas a cabo desde hacía un año, después de perfeccionar el reloj de pulsera que mantenía su imagen para pasar desapercibida, pues, naturalmente, su piel rosa destacaría entre las personas, por lo que debía llevar a cabo ese cambio que lo que menos intentaba.
Se colocó la capucha y se fue por la calle lateral derecha, encendiendo las botas y comenzando a elevarse del suelo, llegando hasta el techo y entrando por una de las aberturas que había dejado la explosión. Intentó entrar de manera sigilosa, pero acabó golpeándose con uno de los escombros no pudiendo retener el quejido que salió de sus labios. Afortunadamente, aun contaba con las botas para mantenerse en el aire sin que nadie se diera cuenta de su presencia, esperando contra el techo que los delincuentes desaparecieran una vez más para recién, hacer su gran actuación.

Tenía un plan: su reloj tenía una función más. En el interior del mismo, había tres capsulas que contaban con un componente muy especial: bombas de humo.  Había considerado que iban a ser de utilidad en algún momento. Aun no sabía cuándo, pero se sintió feliz de haber confiado en su intuición porque ahora sí que le iban a ser de utilidad.

Las hizo estallar subiéndose el cuello de su polera para no respirar el humo y con la capucha, agilizar su visión, algo que de por sí, era muy buena, su raza tenía sentidos muy agudos, en especial, la vista, que era uno de sus más desarrollados al ser tan observadora. Aprovechó el momento en que fueron saliendo y cayó detrás del primero, y lo golpeó en la nuca con uno de los escombros, un puntapié detrás de las rodillas y lo había reducido al suelo, dándole un codazo en la espina. No iba a levantarse de momento, aunque su cómplice había sido un poco más rápido que ella, apuntándole con un revolver en la sien.

Ella levantó las manos mirándolo de reojo, levantándose lentamente tal y como le había dicho mientras le gritaba a su compañero en el suelo. Respiró profundamente sabiendo que se jugaba todo en ese momento, golpeó el suelo con el tacón y clavó la navaja que salía de en el pie del contrario, aprovechando que se concentró en el dolor para tomarlo del brazo y hacerle una llave para luego, dejarlo inconsciente.

Revisó que no hubiera nadie más a su alrededor y al confirmar que sólo eran ellos dos los que estaban ahí dentro, se sintió un poco más tranquila, saliendo con uno de ellos por el agujero del techo para entregarlo a la policía y luego, volver con el otro y hacer lo mismo. Sin embargo, su mayor problema no resultó ser ese, sino que al volver para intentar ayudar a los rehenes que habían quedado atrapados dentro, encontró una bomba con temporizador dentro. No sólo iban a desvalijar el banco, sino que tenían pensado destruir todo para no dejar huellas y con ello, a todas las personas que habían llegado ahí.

La abrió y se encontró con los cables y el detonador. Respiró tranquila cuando vio ninguno de ellos estaba conectado a la placa pues, entonces, no iba a tener nada qué hacer, pero sólo quedaban quince minutos en el contador ¿tan rápido iban a hacer todo?  Aun así, no iba a ponerse ansiosa por esas cosas cuando tenía que concentrarse en los cables. Tampoco podía apresurarse pues, no sabía si la bomba podía explotar antes por un golpe fuerte. Se quitó la bota y arrancó la cuchilla manchada de sangre de ella para poder usarla para salvar a todos los que estaban allí dentro. No iban a llegar tan pronto a desactivarla ¿y si ni quiera los robots eran capaces de ello? No podía darse el lujo de perder más tiempo.

Corto el cable violeta, asumía que habían cambiado los colores y por ahora, estaba jugándose el todo por el todo, más, el rojo y el negro estaban en el lugar correcto ¿sería? Pero se jugó cortándolos uno a uno. Y cuando le llegó el momento de cortar el último, sintió que la vida se le iba a ir en ese movimiento: negro o rojo. Hasta ahora todo iba bien, aunque usualmente era el rojo el que desactivaría, usaban el negro cuando no había cable rojo, pero en esta ocasión, estaban los dos. Tragó saliva y con la mano temblorosa, volvió a jugarse todo: cortó el negro y cerró los ojos con fuerza y esperó lo peor. Pero el contador se detuvo. Y al abrir los ojos, pudo comprobarlo ¡la había detenido! Y casi saltó de la alegría, golpeando otro montículo de escombros que provocó otro derrumbe, sintiéndose apenada por ello: el equipo de rescate iba a tardar en sacar a todos fuera, pero al menos, ahora podrían hacerlo con total tranquilidad.

Salió por el techo y vio que Valentino abría la puerta de entrada con sus manos, destruyendo el hierro para hacer las aberturas por donde iban a salir. Ya podía dejar todo en sus manos y volver a casa a seguir su vida, había sido un gran día, uno muy agitado en el que había pasado más allá de la teoría y había llegado a la practica, salvando varias vidas en el proceso, entre todas ellas, la suya también. Y esa emoción le gustó, se sintió bien. Y en ese momento, supo que iba a volver a hacerlo, porque en ese momento, su vida había cambiado y ella había encontrado una forma de darle uso a sus habilidades.




Espero que les haya gustado. Quizás, en algún momento los retome a ambos, que aun no tengo muy claro el rumbo que seguirán estos héroes, pero seguro que algo surgirá.

¡Se cuidan!

Bye!



6 comentarios:

  1. ¿Que si me gustó? Soy un lector de historietas, intento hacerlas, veo casi todas las películas de superheroes. Y me gustó mucho. Visualicé las escenas, la piel rosa de la protagonista, casi hasta sus expresiones.
    Que bien contado.
    Un abrazo.

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    1. ¡Gracias! La verdad es que aunque disfruto mucho de las historietas y las películas de superhéroes, pocas veces me he animado a escribir algo relacionado con ello ¡es algo totalmente nuevo para mí! Me alegra que te gustara.

      ¡Un abrazo!

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  2. Buen relato me gusto. Te mando un beso

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    1. ¡Gracias! Me alegra que te gustara <3

      ¡Un abrazo!

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  3. Me atrapastes en la trama, nos haces visualizar esas circunstancias por las que pasa tu heroína hasta el final. Te quedo super que hayas introducido a Valentino, con ese final de triunfo.
    Abrazo

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    1. La verdad es que tenía ganas que se conocieran, aunque cuando empecé a escribirlo, me quedé en que iba a ser para una próxima ocasión, que seguro, habrá otro relato de ellos.

      ¡Un abrazo!

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