domingo, 30 de abril de 2017

Claro de luna; luz de sueños — Capítulo 7

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? Espero que de las mil maravillas. Me toca seguir con esta historia, así que aquí me ven, atrasada, que debo mucho, pero voy intentando subir todo >.< que mi problema es que me entusiasmo y me olvido y queda en el tintero hasta nuevo aviso, así que sigo en esta lucha continua que tengo de ser constante — lo más que pueda—.

Lo bueno es que a esta historia no pretendo hacerla demasiado larga, así que no va a tener muchos capítulos, por lo que voy a esforzarme en acabarla pronto >.< —y comenzar nuevos fics (?)—.

Capítulo 7

En la penumbra del corazón

A pesar de que abrió sus ojos, la oscuridad persistió durante unos instantes hasta que sus ojos se acostumbraron a ella. Intentó mover sus manos, dándose cuenta de que estaba atado. Miró por sobre su hombro y confirmó estar con Sayo. El roce de su espalda con la suya le había dado alguna pista pero no fue hasta ese momento que se sintió seguro de verla cerca, después de todo, el enemigo los tenía en sus manos y poco podían hacer atados.

Intentó soltarse de las amarras haciendo que ella despertara y comenzara a preguntar por lo ocurrido. Ninguno de los dos podía decir mucho sobre ello al quedar dormidos, pero tenía la idea de que si, habían dado con ellos es porque les habían seguido el paso a Shougo desde el primer momento.

—¿Puedes moverte?— Le preguntó Sanosuke.

—Un poco—

—Perfecto. Cúbreme por si alguien viene— le pidió aprovechando a cubrirse con la espalda de ella, que le avisara sobre cualquier cosa extraña que viera para poder hacer un tipo de flexión que no había hecho en su vida y dudaba de que pudiera repetirlo: pasó sus manos de su espalda al frente y desató a Sayo, de esa manera, ella pudo soltarlo más rápidamente.

Los pasos que retumbaban en la cueva les indicaron que no estaban solos, así que usaron las amarras a modo de que pareciera que aun no se habían movido de su lugar, llegado el momento, serian ellos los que los emboscaran.

Sanosuke se sentía tenso, debía proteger a Sayo a como diera el lugar, por lo que todos sus esfuerzos iban destinados a ello.

Fue cuando lo vieron que pudieron respirar con tranquilidad: no eran ellos, sino Shouzo. Sanosuke se levantó de un brinco y le dio la mano a Sayo, ayudándola a ponerse de pie de esa manera. No era la primera vez que estaban en un lugar oscuro a punto de ser atacados por algo peor.

—Hay que irnos pronto. Estaban llegando hacia aquí— les contó él —en total, son trece, no podremos con todos si no nos apresuramos—.
Sanosuke y Sayo asintieron y se dispusieron a salir de allí. Sayo estaba cansada, débil. Su enfermedad la debilitaba cada vez más y ahora, con lo que estaba pasando, los nervios y la mala alimentación, todo iba de mal en peor. El ex Zanza lo notó y se ofreció a cargarla en su espalda en lo que lograban escapar.

Había una grieta en el techo por la que saldrían, tendrían que seguir por los desniveles de la pared de la manera más sigilosa que pudieran para llegar a salvo, pero tenían el tiempo en su contra y cuando escucharon el grito de los guerreros avisando de su escape, no les quedó otra más que apresurarse.

Shouzo iba delante, llegaría primero a la cima para poder ayudarlos a subir mientras Sanosuke cargaba con Sayo en su espalda. Fue cuando la luz de una llama los iluminó y los hizo visible a los ojos del enemigo. El silbido de las flechas rompió el silencio llegando a darle una en la pierna al guerrero, haciéndolo caer, llegando a sujetarse sólo por la soga que Shouzo les tiró.

Ella se sintió mal por lo que estaba sucediendo. Estaba enferma, al límite con su cuerpo, su salud y su mente y aun así, seguía trayéndoles problema por cosas así. Pensó que al menos, él podría salvarse, que estaba estorbándole ahora y si no hacían algo, una de sus personas más importantes iba a perder la vida por su culpa.

—Cuídate— susurró en su oído y se soltó de él.

Ambos hombres se espantaron al ver a la mujer caer al vacío ¡y peor aun! Con sus enemigos. Sanosuke se dejó caer hasta el último tramo de cuerda llegando a sujetarla de la muñeca. La mano le ardió por la fricción, pero no importaba, habían llegado juntos y juntos se iban a ir.
—¡Mujer, deja de hacer estupideces!—

—Estás herido y yo…

—No me importa si pierdo ambas piernas, no te voy a soltar. Si tú caes, yo caigo— le gritó. Estaba furioso por lo que había intentado hacer.

Su mirada se volvió cristalina, Sayo sintió sus ojos llenos de lágrimas contenidas, siendo jalados hacia arriba finalmente, lejos de las armas, pero no iban a tardar mucho en alcanzarles el paso. O eso pensaron al sentir el choque de espadas. Los tres miraron por el hueco y vieron a Shougo batiéndose a duelo con ellos: el Hitten Mitsurigi Ryu había vuelto a la acción. El corazón de los tres dio un vuelco al verlo, en especial, el de Sayo que había estado preocupada por él y por sus heridas, pero Shougo se movía como si nunca le hubiese sucedido nada: era como un milagro.  O quizás, precisamente era aquello que los había metido en todo eso.

—¡¿Qué esperan?! ¿Invitación? ¡Váyanse!— les gritó dirigiendo una rápida mirada hacia el techo.

No dijeron nada y se pusieron de pie. No podían aportar nada en la batalla, salvo Shouzo, sin embargo, sabía que debía quedarse con ellos, que su señor iba a poder arreglárselas solo hasta que volvieran a verse.

—¿Podrás llegar con esa herida?— Preguntó Sayo mirando su pierna.

—Esto no es nada, deberías haberme visto cuando peleé con lo secuaces de Shshio— argumentó orgulloso Sanosuke, pensando que eso iba a aliviarla, pero acabo aferrándose a s espalda, apoyando su frente en ella, sujetando su abrigo entre sus manos.

—Idiota— susurró y él tomó su mano con una sonrisa, aceptando aquel insulto de su parte.

Un poco de esperanzas regresaba a sus vidas mientras se alejaban de aquel lugar en donde la oscuridad casi los abrazaba.




<<Capítulo 6                                                          Capítulo 8>>

Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!
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Convocatoria juevera: El escenario es suyo

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Esta es la primera vez que soy anfitriona de esta convocatoria y cerrando el mes. Tenía varias ideas para proponer pero acabé quedándome con esta después de andar revisando mucho mis borradores.

La idea que tengo para esta semana es inspirarnos no en un tema o una idea, sino, imágenes —una o más, pueden elegir las que quieran o quedarse sólo con una—  y en base a ello, escribir lo que surja. Ya sea un sentimiento que nos transmite mirar la fotografía, una idea, encontrar la historia que hay detrás de lo que vemos o lo que sentimos al observarla, incluso, usar la imagen como una escena de nuestra historia, —si alguno se anima, encontrar alguna relación entre las imágenes—. El límite lo colocaran ustedes.

Imagen 1

Imagen 2

Imagen 3


Imagen 4

Imagen 5

Imagen 6

Imagen 7

Imagen 8

Imagen 9

Imagen 10

Pueden elegir una imagen, dos, tres o las diez, quedará en ustedes. No olviden las reglas:

○○Empezar a publicar desde el miércoles a última hora hasta el viernes a última hora. Cerraré la convocatoria el sábado.

○○Intentar no pasar las 350 palabras, aunque si la historia requiere un poquito más para entenderse, estará bien.

○○Linkear la entrada de la convocatoria.

○○Dejar el link de sus relatos en los comentarios así yo los vaya agregando para facilitar la lectura.

Es todo, los espero a todos.

¡Un abrazo!
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sábado, 29 de abril de 2017

Relato juevero: El corazón servido

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien, yo estoy contenta. Hoy saqué las entradas para ir a ver a Dolina cuando llegue con el programa para aquí <3 y ya que me sentí super feliz por eso 😆 y eso que falta un mes todavía (?)

Les cuento que esta semana le toca a Demiurgo ser nuestro anfitrión y nos ha propuesto hacer un relato con sus personajes, como lo ha títulado: el Maraverso —clic en el nombre para ir a leer a los otros participantes—.

La verdad es que tenía ganas de hacer un relato con Mara Laira, pero no terminaron de fluir las ideas —quizás luego, que el texto me quedó a la mitad—, así que terminé eligiendo a Ulises Lestrade. Y terminé eligiendo a uno de mis personajes como el villano de turno, que tengo una idea dándome vueltas desde hace tiempo —y si se trata de psicópatas, no hay mejor que mis niños (?)—. Por si quieren leer sobre Mudai, mi canibal que se come a sí mismo, pueden pasar por aquí.


El corazón servido

Chou te mira desde la alacena abierta. Bueno, la calavera. Sus orbes huecas dirigen tu mirada a ti diciéndote aquello que sus labios no pueden decir: ya llegaron. Revisan tu museo, se han horrorizado y han guardado algún grito de asco para sí, probablemente, ya han abierto la conservadora y han encontrado el brazo y la cabeza también ¿no te preocupa?

—Estaremos bien— respondes a una voz que nunca se escuchó, que nunca más volverás a escuchar.

Fileteas la carne sobre la tabla de madera y destapas la olla para agregarla a la salsa roja y brillante. El vapor del interior se eleva como si tuviera vida propia y tú, cierras los ojos para sentir esos aromas.

Los pasos se aproximan.

—Bienvenidos ¿Se quedaran a comer?— dices removiendo con una cuchara de madera la comida. Sientes que uno de ellos aguanta una arcada.

Ulises y Sofia, conoces esos nombres, conoces esos rostros aunque nunca has tenido el placer de verlos: Ian te instruyó bien. Pero sabes que no va a poder hacer nada por ti ahora.

Te dice algo sobre los cadáveres y como si temiera confirmarlo, como si creyera que puede salvarte, pregunta sobre lo que estás cocinando: sí, es a la chica que estaba en la conservadora.

El sonido de la arcada vuelve. Tú sonríes. Te parece interesante que alguien dude de ti hasta ese punto ¿alguna vez hubo bondad en ti? No, Chou te encontró antes y se olvidó de enseñártela.

Quieren llevarte. Te niegas. Si no es por las buenas, aseguran que será por las malas. Y tú aceptas. No te llevaran.

Muerdes tu dedo y la sangre cae al piso, dos bestias aparecen a tu lado: diviértanse.

El detective tiene a una en su contra, Sofia a la otra. Los talismanes y amuletos sirven para alejarlos. Ulises suelta un sello antes de que lo muerda y desaparece en una llamarada.

Será por las malas. Sofia hace lo suyo mientras Ulises quiere reducirte al suelo. Lo detienes, eres bueno en las artes de combate. Te golpea contra la cocina y la comida cae, la olla está de lado con la comida hirviendo derramándose al suelo. Manoteas la cuchara y lo golpeas, invocando con tu sangre a las bestias nuevamente, pero él, agarró el cuchillo y lo clavó en tu pecho, partiendo tu corazón.

—Ya no hará falta llevarlo— escuchas el murmullo de sus voces hasta el último latido cuando las bestias se desvanecen. Estarás con Chou de nuevo. Lo ves sonriéndote desde la alacena.

Hacen una llamada, esperan a alguien. Guardianes. Se llevaran tu cuerpo y desarmaran tu museo. Tu corazón vuelve a latir, la herida no era tan profunda, se regenera rápido. El dolor te gusta, hace interesante todo. La marca va cerrándose poco a poco en tu pecho. Tomas la calavera y huyes. Él coloca un sello en tu pierna y te hace caer, sabe que no eres un humano, pero aun con el dolor, la bestia alada se invoca desde tu sangre y te lleva en su lomo.

Él promete que te atrapará. Tú prometes que lo invitaras a cenar.




Espero que les haya gustado, un poquito tétrico nomás (?). Por si no han leído el texto anterior, la calavera es de su amante muerto —que él mismo cocinó, porque nada se tira (?)—.

¡Se cuidan! Pasan una hermosa noche y un bonito día <3

Bye!
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jueves, 27 de abril de 2017

52 días de reto: día veintinueve

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Revivo una vez más. He estado bastante dispersa últimamente, esas cosas de la vida o la vida misma, con tantos problemas, obligaciones y angustias que parecen irremediables que siento que me viene costando más concentrarme para todo. Necesito vacaciones (?)

Retomo un poquito el reto y he decidido retomarlo con Yuuwaku, mi maravilloso pirómano suicida <3 Si no han tenido tiempo de leer sobre este maravilloso espécimen, los invito a pasarse por aquí.

Día veintinueve: Escribe una historia de un personaje con miedo al amor.



El canto de Rouise

El crepitar de las llamas producía un extraño y bello sonido para Yuu. Apoyó la farola sobre su mejilla derecha. El hierro hervía y las marcas le quedaron en la piel. El olor a quemado se sentía en el ambiente destilando el camino por donde pasaba. Era hermoso, solos eran ellos dos: Yuuwaku y Rouise, la bella farola que había forjado con sus propias manos para la única mujer que había amado. Se había dado cuenta de que su amor estaba mal dirigido y que Rouise era quien merecía ser abrasada por su fuego azul. 

Sus pies ardían, literalmente. Había llevado su deseo a tal punto que las llamas habían traspasado su piel, deseaba sentir el dolor, el ardor, la piel siendo devorada por el fuego mientras él andaba dejando un rastro de hierbas quemándose detrás de él: las llamas se propagaban por donde él pasara.

El fuego fue subiendo sobre sus piernas mientras seguía andando, cantando una canción siguiendo la melodía que entonaba Rouise, hasta que se vio hecho una llama él mismo. Sus brazos, torso, rostro, todo en él ardía con gran intensidad. Porque después de haber sido herido, no necesitaba nada más en el mundo que el fuego, las llamas y a su querida farola: Rouise. Enloquecidos por las llamas de su pasión, arderían hasta que su cuerpo carbonizado se levantara del suelo, con las marcas en la piel, con ella al rojo vivo y su piel pegada al hierro, habiendo muerto y renacido la misma noche, los dos juntos, dejando sólo las cenizas y desolación de un pasado que lo acompañaría siempre, hasta que lograra encontrar su muerte.

Por ahora, sacudiría su cuerpo, lamería su mano en carne viva, sintiendo el escozor de la saliva en las llagas abiertas, buscaría vestimenta y el próximo alimento para las llamas que pedían salir descontroladas una vez más.







Espero lo disfrutaran <3

¡Se cuidan! Pasan un hermoso día y una maravillosa noche.

Bye!
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