lunes, 13 de marzo de 2017

Como una luz o como un grito — Capítulo 7

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Les traigo la contnuación de la novela. Sí, sí, me he demorado un poquito pero mis personajes no colaboraban D: y bueno, aquí me ven, tarde pero seguro :) Intentaré subir el capitulo ocho antes de que termine la semana, que aprovechando la colaboración de mis niños, comencé a escribiro, así que me falta pulirlo y corregir dedazos. Sin más, los dejo con el capítulo :D



Capítulo 7 

Había quedado el cráter en medio del asfalto. El avión había chocado con el aeropuerto, causando graves daños en el establecimiento gracias a ello. El polvo que se había levantado a su alrededor dificultaba la vista, era como una densa neblina que no terminaba de disiparse y a pesar de que había querido huir sin dejar rastros, ahí estaba, cubriéndola. Su cuerpo se había movido por su cuenta. Y se quedó pensando que realmente nunca le había costado tanto desaparecer como en ese momento.




—¿Por qué? A menos que me des una buena razón, no voy a tomar tu renuncia—

—Es personal. No creo que pueda seguir con este trabajo mucho más tiempo— le respondió Battista a su jefe.

—Eres uno de nuestros mejores bookers, de hecho, creo que eres el mejor de todos los que trabajan para la agencia. Tus modelos están muy satisfechos con tu trabajo y son los más activos de toda la agencia. Hasta has hecho algunas búsquedas para otros bookers. Alguien tan bueno como tú, que se esfuerza tanto y rinde tan bien, por sobre todo, que lo disfrutas no puede irse así como así. Te daré un aumento de sueldo y una oficina más grande—

—No es el dinero lo que necesito—

—Entonces, dime qué necesitas y lo tendrás—

—Sólo irme—

—¡Perfecto! Tómate unas vacaciones, todo pago, cuando regreses, retomaremos la discusión— y dicho eso, lo echó de su despacho.

Battista salió bastante frustrado de la reunión. Eran más problemas con los que lidiar y tenía que idear una buena mentira ahora que se había metido en eso. Podría servirle lo de sus vacaciones, aunque simplemente irse y no volver también era una posibilidad. Pero él era un hombre muy correcto y quería dejar todo en buenos términos.

Se fue a su oficina y allí encontró a Milan girando en su silla, deteniéndose dejando los codos sobre el escritorio cuando la vio. Se había olvidado por completo que tendrían una sesión ese día y que él la iba a acompañar, que había pensado que sería una de las últimas —incluso, ya había arreglado un último trabajo con todos sus modelos— pero ahora, no sabía cómo llevarlo a cabo.

—¡Justo a ti te esperaba!— Cantó con una sonrisa

—Estás en mi oficina, debías estar esperándome a mí—.

—Pero podría llegar alguien más ¿no? Como esta excelente oportunidad— le dijo ella sacando dos unos tickets de su bolsillo  —mamá me los envió, cree que debo trabajar menos y si hay alguien que quiero que me acompañe eres tú. Será divertido.—

—Milan— se sentó frente a ella, iba a dejarla para el final porque sabía que era una de quien peor iba a tomar su decisión, pero las cosas habían surgido al revés. Hasta ahora, nada le venía saliendo tal y como él quería. Su jefe, Milan, ahora sólo faltaba que se presentara Chiara o su padre y le terminara de poner la vida patas para arriba.







Fue una de las semanas más largas de su vida, sin embargo, había cumplido con su agenda, con sus papeles y su nueva identidad. No era su primera vez en esto, llevaba tiempo cambiando de nombre, de oficio, de vida como si fuera cosa de cambiarse de ropa. Era cuestión de adaptarse y de no hacer lazos con nadie por el momento en que tocara irse. Había mejorado mucho y ahora, iba a irse de Italia. No le importaba donde, aunque Suiza era su destino ahora, tan  sólo debía tomar el avión y dejar que las cosas volvieran a comenzar como hasta ahora había vivido. Era la forma más sencilla de hacer todo, al menos, la única que conocía que podía darle un resultado: escapar.

Acomodó sus documentos en el bolsillo de su banderola y despachó su equipaje, quedándose tan sólo con lo mínimo. Ya con todo hecho, iba con lo mínimo para esperar a que el vuelo saliera, cuando encontró a aquella mujer que le había quitado el aliento en repetidas ocasiones: Chiara.

—Sabía qué harías eso. No has cambiado en nada— se acercó a él y rozó su mano con la suya.

Fue un reflejo prácticamente de su parte, que apenas sintió la mano fría que se hizo para atrás, haciendo que la sonrisa de ella se ensanchara a pesar de la reacción que había obtenido de su parte.

Battista se quiso justificar, quería ponerle un orden a su cabeza pero parecía que iba a ser una tarea titánica, lo mirase, por donde lo mirase.

—Sólo me pasé a decirte algo: tu padre te necesita y hará lo que haga falta para que lo ayudes—

—Seguirá intentando como otras ocasiones—

—Pero tú sabes que esta vez, no es como otras ¿no?— Aquella expresión que mostró era de travesura, ero Battista podía leer el triunfo en lo que decía —estoy yo. Está esa chica, hay muchas personas que te importan. Y esa siempre ha sido tu debilidad—

—¿Qué quieres decir con eso?—

—Que tienes pocas opciones ¿qué tal si yo soy tu mejor opción? Juntos y con un futuro por delante— Y se acercó a él tiernamente, como lo había hecho tantas veces.

Era un pasado tan lejano que le parecía demasiado irreal, una verdadera fantasía, aunque su vida se había vuelto demasiado compleja. En otro momento, la idea de que Chiara estuviera con él hubiese sido una de las mejores propuestas de su vida, pero ahora… ya no sabía qué es lo que debía hacer.

Apenas sintió sus labios cerca, la tomó de los hombros, sorprendiéndose él mismo por aquella reacción que había tenido. No podía hacer algo así en ese momento.

La dejó atrás, iba a irse sin importar qué, no podía echarse hacia atrás, pero se detuvo, volteando a verla.

—Es tu elección, tus consecuencias— le dijo y el frío se apoderó de él.

Chiara desapareció entre la multitud pero él no podía dejar de pensar en sus palabras, volviendo sobre sus pasos tan rápido como pudo, debía encontrar a esa mujer y saber a qué se estaba refiriendo.

Recorrió el aeropuerto agitado, deteniéndose a descansar un momento, apoyando sus manos sobre sus rodillas. Miró hacia el frente y esperó normalizar su respiración, intentando encontrarla, pero era tan buena para irse sin dejar rastros como él la recordaba. Odiaba que se escondiese porque nunca lograba hallarla ¿y ahora? ¿Habrá sido otro de sus trucos? ¡No! Su padre era quién estaba detrás de todo eso y por una vez en su vida, debía hacerle frente y detenerlo ¿tendría la fuerza suficiente para hacerlo? ¿Tendría? Se dejó de hacer preguntas que no iba a poder responder y siguió buscando por el aeropuerto.

Miró hacia el frente y entre las butacas, encontró a Milan. Temió preguntarse qué es lo que hacía ella ahí porque estaba seguro de conocer bien la respuesta: lo estaba buscando. Y recordó aquello que le había contado y lo complicado que se le debía estar volviendo encontrarlo. La llamó de un grito aunque fue más por lo que vio venir a través del vidrio que los protegía. El avión no había llegado a despegar más de unos metros para terminar cayendo en picada al suelo, derrapando y arrastrando todo a su paso, destruyendo gran parte del aeropuerto hasta chocar contra el muro invisible deteniéndolo por completo. Ella volteó a ver el desastre que había detrás de ella: el avión iba a matarla e iba a matar a todo aquel que estuviera en frente, pero se dio cuenta de que alguien saltó del techo en frente del avión. Llevaba una máscara puesta pero ella pudo reconocer los garabatos que conformaban el rostro oscuro.

Battista la tiró al suelo y usó todas sus fuerzas para que sus poderes detuvieran al avión, ayudando al excéntrico personaje que había aparecido de la nada.

Los gritos, la gente corriendo de aquí para allá cesaron de un momento a otro volviéndose un murmullo general. Una densa neblina se había producido, que no era más que el polvillo y el humo de los motores que se habían mezclado impidiendo la vista a los curiosos que habían quedado dentro del aeropuerto.

Battista la abrazaba, manteniendo el muro en frente de ellos hasta que lo consideró seguro. Aun la neblina no se había terminado de disipar y sentía los pasos aproximarse inspeccionando si había alguien ahí y en qué estado se encontraban. Sin mediar palabras, tomó a Milan en sus brazos y la sacó de allí, quedando lejos de todos. El alboroto era tal que no se dieron cuenta de ellos.

—¿Qué fue eso?—

Battista se detuvo con ella en la salida. Al otro lado de la calle, vio a Chiara sonriéndole, haciéndole una seña para que la llamara. No fue hasta que Milan tomó su mano que reaccionó. Al volver la vista al frente, se dio cuenta de que no estaba ahí.

—Battista—

No le respondió. La llevó a un taxi o y sin mediar explicaciones, soltó lo primero que vino a su cabeza.

—¿Conoces a Los Vitale? Mi padre es quién los dirige y me quiere en casa—

—¿Por eso ibas a huir?—

—Es lo que he hecho toda mi vida—respondió con desilusión

—¿Para qué te quiere?—

—No estoy seguro. Recuerdo ‘el negocio familiar’. Había un olor pútrido en el aire, como a cadáver. Cuando quise averiguarlo, vi a Palmiro con un corazón en la mano. Desde ese día, siempre estuve yéndome.

No quiso contar más o no pudo hacerlo. Necesitaba indagar en memorias que no habían visto la luz en muchos años.

Battista colocó las manos sobre sus rodillas y sintió la de ella encima, entrelazando sus dedos.

—¿Por qué me sigue buscando?

—Porque eres tú— sonrió vivaz —siempre supe que de aburrido no tenías nada. Mis sentimientos van en serio. Yo voy en serio, aunque sea difícil para ti aceptarlo— y se inclinó hacia él.

Battista la observó y notó un corte en su pómulo derecho. La acarició con la yema de los dedos ¡era una modelo! Y había dañado su rostro por su culpa, aunque ella negó que fuera algo importante y que siempre el maquillaje podría cubrir aquellas imperfecciones si hacía falta.

—Estaré bien, sobreviviré— optó por una actitud entusiasta —sólo quisiera que te quedes. Sea lo que sea que suceda, quiero estar ahí  y ser tu fortaleza— finalizó enlazando sus dedos con los suyos.

Él no dijo nada, sólo sostuvo su mano. La sentía fría a pesar de que iban en el auto. Y aun había muchas cosas que le hacían ruido. Chiara  y el enmascarado. Y la confianza que había surgido con Milan: le había contado cosas de su pasado sin titubear y no supo si era porque confiaba en ella y en su extraña forma de ser o porque necesitaba descargar ese peso con alguien y ella era quien insistía en acercarse. Y mientras sostenía su mano y la miraba descansar en su brazo, por un momento pensó que estaría bien hacerle frente una vez a s destino. Si ella, que era una jovencita la tenía, él debía encontrarla como sea.







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Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!

10 comentarios:

  1. Mis personajes tampoco son muy colaboradores. Yo mismo no sé con que va a salir Anita Zinc.
    ¿Un personaje enmascarado con poderes? Interesante.

    Un abrazo.

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    1. Es sorprendente lo que sale por dejarte llevar por ellos que la sorpresa no sólo la lleva el lector sino también el escritor.

      ¡Un abrazo!

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  2. Respuestas
    1. Si los dioses lo permiten, lo subiré en esta semana.

      ¡Un abrazo!

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  3. Uy pobre Battista, lo dejaste en suspenso. Animo y te me cuidas

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    Respuestas
    1. Un poco sí, pero va a reaccionar al menos xD o eso creo.

      ¡Un abrazo!

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  4. Muy bonito capitulo.
    Comprensible que Battista quiere retirarse, con esa clase de peligros. Aunque no sea la propia razón. Ambos estaran agradecidos de que les salvo la vida. Me gusta ese personaje tan improviso de la máscara, pero que se traerá entre manos.
    Bso

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  5. Vaya me ha gustado mucho este capitulo!!!.La chica no se rendia hahaha me encanta!!! *-* <3

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