lunes, 13 de febrero de 2017

Siempre volveríamos

¡Hola a todos, mis soñadores! ¿Cómo están? Espero que de maravillas <3 Les traigo esta historia de mi querido Morgan, de mi novela Si perdemos el control. La verdad, es que esta historia la tenía pensada para un reto de San Valentín, pero cuando empecé a escribirla, me di con que superaba las cuatro páginas, así que quedó descartada, porque me encanta así y acortarla me parece un crimen >.< así que ya me las ingeniaré para otra historia que participe del reto. Por lo pronto, los dejo con la historia, que, como a otros cuentos largos, los dividiré para que sea más ágil la lectura.



Siempre volveríamos

No era la primera vez que estaba en el hospital y estaba seguro de que no iba a ser la última tampoco. Morgan lo había asimilado como parte de su vida y de su trabajo y parecía que no le importase demasiado. Pero esto era contrario a lo que su novia y mejor amigo sentían. Incluso, Heather, la doctora, tenía ganas de prohibirle la entrada pensando que quizás, fuera un poco más cuidadoso de esa manera. A lo mejor, sería una buena forma de darle un escarmiento, pero testarudo como era, dudaba de que fuera a servir de algo.

—¿Sabes que aquí nos conocimos?— Le dijo él abriendo el bote de gelatina de su cena.

—¿En esta habitación?— Preguntó ella mirando el cuarto. Una habitación común ordinaria. Y aunque intentó hacer memoria, no pudo recordarlo.

—No puedo creer que yo lo recuerde y tú no. Tú eres la romántica de los dos—

—En mi defensa, tú eres bueno con los detalles y yo pasaba muchas horas en el hospital. No puedo recordar el momento exacto donde conocí a cada uno de mis pacientes—

—Pero te enamoraste de uno. Deberías haber tenido más consideración con ese pobre hombre— dijo mirándola de soslayo, viendo la sonrisa de ‘ni tú te crees lo de pobre’ que ella le daba.

Kysa le quitó el bote de gelatina y dándole una cucharada, iniciando una discusión por eso, regresando al tema del puro que le había pedido que le llevara.

—De todas formas ¿por qué debo seguir aquí? Estoy despierto, bien, sólo fue un golpe en la cabeza—

—Te hicieron cinco puntos en la frente—

—Son detalles—

Ella lo regañó por cuidarse tan poco, la preocupaba tanto que creía que iba a perderlo haciendo alguna locura y aunque siempre era en pos del trabajo y de que podía hacer algo bueno —aunque él jamás lo admitiera— no iba a negar que el susto nunca le iba a pasar mientras siguieran con ese trabajo. Al menos, trabajar de doctora era menos riesgoso que seguir a Morgan, aunque podría jurar que podría transmitir el mismo sentimiento de tristeza y dolor cuando no podían hacer nada.

En cuanto anunciaron que iban a apagar las luces, Morgan se acostó y ella se acurrucó a su lado.

—¿Nos hubiésemos conocido si no nos encontrábamos en esa habitación?—

—Yo creo que Dios hubiese hecho que se cruzasen nuestros caminos de todas formas—

—No te olvides que el diablo también tiene poderes— se le burló descaradamente, haciendo que ella le pateara la pantorrilla —duérmete de una vez— dijo antes de cerrar los ojos.

Él la cubrió con la sábana y se quedó pensando hasta quedar dormido.



Una de las primeras cosas que hizo Kysa al despertar fue a hablar con Heather para firmar el alta de su novio, sin llegar a encontrarla. Tuvo que pedirle a otro doctor que le ayudase, así volvería y no tendría que soportar las quejas de Morgan porque le servían un té de desayuno ¿a quién en su sano juicio le servían té para desayunar? Él sin el café no arrancaba. Y ella lo conocía bien, así que sabía bien cómo debía lidiar con él.

Tomaron un taxi y se dirigirían a la casa o al menos, eso esperaba. Los vidrios del segundo piso salieron volando, junto con el humo y todo aquello que la explosión pudo impulsar.

Kysa entró corriendo y Morgan la siguió intentando detenerla ¡bendita mujer que se largaba al peligro como quería! Llegó a atajarla en la escalera, evitando que subiera, apoyándose en la pared para mantener el equilibrio, que después de todo, aquella pequeña maratón lo había dejado bastante mal.

—¿Y si Heather estaba ahí? ¿Y toda esa gente?— Lo cuestionó preocupada volteando a verlo.

—Nada vas a lograr muerta. Cálmate— le pidió abrazándola. Lo entendía, pero no podía permitirle que se metiera a un piso donde la posibilidad de otro ataque aun fuera posible.

El equipo de bomberos y rescate llegó rápidamente junto con la policía que se encargó de cercar la zona. 

La vigilancia en el hospital se intensificó después de confirmar que había sido un ataque suicida. Uno de los enfermeros había llegado a escapar antes de que la explosión lo consumiera a él también, habiendo salido bien librado, sólo con un par de huesos rotos.

Nadie más había salido con vida y habían tenido que evacuar los pisos superiores por los riesgos que la infraestructura pudiera sufrir después de la explosión. No podían seguir arriesgando a los pacientes ni a sus familiares y acompañantes, incluso, a su personal, empezando a derivarlos a otros hospitales o clínicas privadas, los que pudieran acoger a los pacientes en ese momento.

Morgan y Kysa se quedaron hasta el final de la evacuación, Morgan más que nada por curiosidad: quería saber qué es lo que había pasado y al parecer, todo le apuntaba a un ataque de un suicida. Habían tenido algunas amenazas en otros lugares públicos, pero estaban tan alejados del hospital que nunca pensaron que pudieran actuar ahí. Lo cierto es que con ese caso encima, él no iba a volver tranquilo hasta su hogar, subiendo al segundo piso a pesar de todo lo que le dijeron. Vio a Kysa apoyada en el umbral destruido y se acercó a ella.

—Todo pasó tan rápido. Podríamos haber sido nosotros los que viéramos nuestro final aquí también. Tantas personas… Incluso, destruyeron la habitación… Y ya no sé si Dios hubiese obrado por los dos. Tú dejaste el ejército, yo dejé el hospital, dejé mi país natal ¿aún sigues pensando que nos hubiésemos conocido si no nos hubiésemos visto aquí?

—Al menos sé que me habría esforzado en encontrarte— le dijo y salieron de allí ante la llegada de nuevos oficiales.

Morgan sentía sus deseos por quedarse, pero de momento, lo mejor era mantener distancias aunque la curiosidad lo fuera a carcomer todo el día. Salieron y al cruzar el umbral de la habitación a la escalera, sintieron algo, algo que ninguno de los dos pudo explicar con palabras, como si estuvieran cruzando a un lugar diferente, aunque hubiese sido el mismo por donde entraron. Se miraron y aunque no se dijeron nada, confirmaron aquella sensación que dejaron en nada de momento. No tenían que preocuparse por algo como eso cuando había otras cosas por delante.

Tomaron el taxi directo a sus casas y ahí fue cuando se llevaron la primera sorpresa: su casa no estaba. Había un lote baldío, con las hierbas creciendo metro y  medio ya. Un limonero se erguía imponente, con las frutas listas para cosecharse, pero de su casa no había nada.

—Esta es la dirección ¿cómo puede ser posible?— Balbuceó ella metiéndose en la maleza y palpándola. La casa de Morgan había estado ahí. Un día atrás, ese era el tiempo que habían pasado fuera como para que desapareciera y algo así lo reemplazara.

—¿Le diste bien la dirección?— 

—Sí ¡por supuesto! El golpe en la cabeza lo recibiste tú, no yo. Además, está la casa de los vecinos y—

—Nos debimos equivocar— replicó. No había otra respuesta lógica para lo que estaba sucediendo.

Kysa asintió y buscó en su bolso el celular para llamar a otro coche a que pasar a buscarlos, encontrando un teléfono viejo en su bolso. Ella lo miró sin entender nada, Morgan tampoco sabía bien qué es lo que había ocurrido, lo cierto es que lo tenía inquieto.

—Creo que me equivoqué de bolso. Este teléfono no es mío—

—Usa el mío— dijo buscando en su bolsillo y no hallando nada. Por el contrario, sacó su libreta de enrole, casi descreyéndolo.

—¿No tenías un documento normal ya?—

Él asintió. La abrió y miró la dirección que figuraba en ella y se encontró con su antigua dirección, cuando aún vivía en un cuchitril de dos por dos.

Ambos se sentaron en el cordón de la vereda, vaciando el bolso de Kysa y comenzando a revisarlo, encontrando una tarjeta de presentación de su taller.

—Hay que ir a verlos— dijo él —la casa no está y todo esto es de nuestras vidas antes de conocernos. Hasta el llavero lo es—

—Pero yo nunca tuve un taller—

—Lo tienes ahora— le sonrió ayudándola a guardar todo el contenido del bolso.

—Entonces ¿vamos a verlos?— Preguntó inquieta.

—Claro ¿no te da curiosidad saber qué sucede? Debe haber una explicación para todo esto—

—Pero tu cabeza, deberías estar descansando, no dando un paseo— se preocupó ella deteniéndolo de la manga del abrigo antes de que emprendiera camino y no pudiera detenerlo. Se parecían mucho, a decir verdad. Ambos eran dos tontos impulsivos.

—Bueno, tú ve al taller. Yo iré a mi casa y nos vemos en el café frente al hospital, al mediodía. Tenemos tiempo de llegar y averiguar todo—

Y habiéndose puesto de acuerdo con ello, se despidieron yendo por dos caminos diferentes, con la incertidumbre de que haber tomado un camino distinto había sido un gran error.




Espero que les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!

8 comentarios:

  1. Que intriga. ¿Que pasó? ¿Les cambió el pasado? ¿Por que son amenazados? Lograste atraparme con esta historia.
    Un abrazo.

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    1. Tiene algo de eso. Espero poder subir el capítulo ahorita.

      ¡Un abrazo!

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  2. Me ha hecho gracia que sea él, el que recuerda los detalles y no ella. Porque eso no suele pasar.

    Quiero más.

    Un beso

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    1. No es común que sea el hombre el detallista, pero hay casos, desde mi experiencia, puedo decirte que hay <3

      ¡Un abrazo!

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  3. Me gusto y me dejo con ganas de más . Se ve un relato que t e deja con mucha intriga

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    1. Sí, sí, espero subir la próxima parte ahorita.

      ¡Un abrazo!

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  4. ¡Oh! Vaya... si es que Morgan, es Morgan... me ha encantado. Kysa y Morgan son totales... soy super fan.
    ¡Quiero más!
    Un beso

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    1. ¿Verdad que sí? Me gusta mucho la química de los dos <3

      ¡Un abrazo!

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