domingo, 19 de febrero de 2017

Siempre volveríamos — Parte III

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Me demoré un poquito subiendo la continuación que ando además de con todo los líos del inicio de clases, las mesas y todo el chiche, del que recién hoy tomé un descanso, me enteré que tengo dos presentaciones de fin de mes —que hoy me enteré que serían dos, así que más presión todavía, que cosas que tengo que pulir todavía—, que sé que una va a ser en el hotel y la otra, me ha quedado pendiente que aun no nos han avisado nada. Así que a mil por hora todo, que febrero se me pasa volando >.<


La exposición comenzó a las ocho de la noche. Kysa estaba nerviosa, después de todo, era un gran paso para ella: nunca había tenido una exposición de ese calibre. Su novio no paraba de hablarle de lo bien que le iría aquella noche y que seguramente, iba a vender más de una obra.

Noah la felicitó después de dar un paseo por las salas en las que exponía: en total eran tres. Heather llegaría más tarde, iría con unos amigos a cenar, así que ella esperaba terminar todo para ir a cenar con Noah.

Todo le parecía tan raro que no terminaba de creerlo y aun tenía la sensación de que buscaba algo más, a alguien más. No era Noah, de eso estaba segura, pero no podía recordar y mientras más se esforzaba en volver sus memorias a ella, más terminaba poniéndose nerviosa. Al final, acabó sintiéndose mal y saliendo del centro cultural sin decirle nada a nadie. Su estómago estaba revuelto y aquellos escalofríos que sentía no eran propios de los nervios. Sentía que iba a desmoronarse si se quedaba, así que prefirió salir y tomar un poco de aire.

Morgan había llegado con Jack a la exposición. Había intentado mantener su compostura, pero de eso de pasar en silencio y no decir nada mientras contemplaban una pintura o una escultura era algo que no iba con él. Aunque daba por hecho de que Heather era bonita y seguramente, muy interesante, al llegar al bar sintió que no iba a aguantar toda la noche. 
Se sentaron y ordenaron, a todo eso, salió la charla típica al conocerse, aunque Morgan sentía que recordaba demasiado de sí o que había algunas memorias que no congeniaban exactamente con lo que debería estar viviendo en ese momento. Aun pensaba en otra mujer y que no debía estar en el sitio. Pero era una ridiculez decir eso en voz alta, lo más probable es que le acabaran preguntando si había tomado antes de llegar ahí. Aun así, no dejaba de pensar que su presente se estaba reescribiendo y su pasado se iba volviendo una nebulosa tan incierta como lo era su futuro. Nada estaba bien a pesar de que dijera lo contrario. Lo raro es que todo parecía estar bien a pesar de que le intentara encontrar la quinta pata al gato.

—¿Y a qué te dedicas?— Le preguntó Heather a Morgan y él terminó de beber su cerveza casi de un solo golpe.

—¿A qué me dedico?— Fue exactamente la misma pregunta que él le hizo a Jack.

Bromearon acerca de eso y él se levantó con la excusa de ir al baño. Tomó su abrigo y se fue sin decirle nada a nadie, habiéndolos dejado riéndose mientras llegaba la comida: estaba demás en ese momento o alguien estaba de menos, no lo sabía pero quería averiguarlo. Su curiosidad lo movía a querer saber más de lo que estaba pasando a su alrededor, encontrándole una explicación razonable a todo lo que le sucedía, porque todo lo que sucedía debía ser algo factible, irrefutable, como que el cielo estaba sobre su cabeza y la tierra bajo sus pies. 

Caminó durante una hora hasta que el frío lo pudo y acabó comprándose un café y sentándose en una banca en la plaza que estaba frente al hospital. Lo destapó y le dio un sorbo. Había probado un café más fuerte en ese mismo lugar. Quizás, en otra vida. No lo supo, pero ése que tenía en manos no estaba tan mal como lo estaba su noche. 

Suspiró y volvió a dar un sorbo, frotándose el muslo derecho por sobre el pantalón. No supo por qué lo hizo, así que lo ignoró y se levantó comenzando a caminar, terminando el café y botándolo en un cesto cerca de la esquina. Si hubiese podido encogerse dentro de su chaqueta, lo habría hecho, más, siguió caminando lentamente a pesar de sus ansias por llegar a su hogar.

Se detuvo de golpe. No había sucedido nada en especial, pero había sucedido absolutamente todo. Ella, la sueca de sus recuerdos, estaba en la calle del frente, con la nariz roja por el frío, con la bufanda tapándole la barbilla. Su mirada se cruzó con la suya y obviando todo a su alrededor, cruzaron la calle, en ese momento, ambos habían sentido algo.

Al llegar al centro de la senda peatonal, les había ocurrido lo mismo que antes: habían sentido algo, como si cruzaran un portal a otro lugar a pesar de estar exactamente en el mismo sitio.

Se miraron, con las manos frías, recorrieron los rostros ajenos y sin mediar palabras, sus labios buscaron un beso que habían pedido a gritos desde hace tiempo.

El sabor a café amargo aun persistía en la boca de Morgan, junto con la helazón de sus labios. Kysa se aferró a él apenas se separaron, teniendo miedo de que si llegaba a soltarlo de nuevo, las cosas volvieran a cambiar.     

—No sé qué pasó— dijo él

—Pero me siento feliz de volver a verte— concluyó la frase ella y sin más, la rodeó con su brazo y comenzaron a caminar por la calle.

El viento frío helaba sus manos, aun así, entrelazaron sus dedos fríos. Aquella piel helada era la confirmación de que habían vuelto y de que no iban a dejarse ir otra vez, sin importar qué sucediera.       
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
Decían que el amor era una llama. Ellos habían descubierto que era un incendio, y como los incendios, un solo cubo de agua no era suficiente para apagarlo.

—¿Lloraste mucho mientras estuviste lejos de mí?— La miró socarronamente mientras andaban.

—Por el contrario, tenía demasiados pretendientes como para hacer algo así— respondió altiva, levantando la cabeza  sacando pecho haciendo que él apretara su mano un poco más fuerte —en realidad, no estoy segura de qué recuerdo y qué no. Sólo estoy segura que entre todos los locos que hay en el planeta, me gustaría poder reencontrarme siempre contigo—.

Fue sincera, demasiado sincera, tanto que podría haber puesto nervioso a Morgan por aquella confesión.

—Estoy seguro que no podrías pasar un día sin mí—

—¿Acaso quieres apostar?— Respondió ofendida —en cuanto veas que sí, limpiaras la oficina tú sólo.

—Nunca dije que iba a limpiarla. De eso debe encargarse Anna— le dijo adelantándose a ella.

—Pero tú no dejas que ella entré a la oficina. Hasta mandaste a hacer un cartel para que no entrara—

—Es su trabajo, ella debería saber cómo sortear los obstáculos que la vida le pone— se encogió de hombros y así, entre el frío y la discusión, sintieron que todo había sido un mal sueño y que podían volver a su preciada normalidad. O al menos, a lo que ellos consideraban normalidad.









Al llegar a casa, arrojó su bolso molesta encendiendo la luz. El tintineo de las llaves contra la mesada se escuchó por toda la habitación mientras un hombre permanecía recostado, con un libro abierto sobre la cabeza.

—¡No funcionó!— Le quitó el libro de la cabeza. En realidad, no estaba dormido, sólo prefirió seguir así en cuanto la oyó entrar a la casa.

—¿Qué quieres que haga? Hago lo que puedo, si ellos rompen mis hechizos, debo hacer otro— se estiró en el sillón, desperezándose.

—Pero me prometiste que si cambiabas el pasado, su memoria se borraría y no se volverían a ver— espetó Heather quitando uno de los almohadones del sillón y sentándose a un lado.

—¿Qué quieres que te diga? Los demonios tenemos poderes limitados cuando estamos atados. Si deshicieras el amarre…— y a pesar de su mirada amable, no obtuvo nada de ella —bien, bien. Yo te dije que la manera más sencilla era matándola a ella. Así no habría posibilidades de que vuelvan a encontrarse o que alguien interviniese—

—¿Entonces?—

Ella lo sabía aunque igual preguntó. Había logrado invocar a un demonio y amarrarlo para que la ayudara a conquistar a Morgan. Había hecho todo lo posible para ello, más, necesitaba a Kysa fuera del camino, más, la quería, por lo que no podía aceptar su primera oferta. Pero tal y como el demonio había dicho, había alguien que podía separarlos, entonces, debía encontrar a quién se encargaba de unir a las personas. Si había un hilo rojo que los mantenía juntos, ella lo hallaría y lo cortaría.

—¿Quién ata el hilo rojo?— Preguntó sentándose con una sonrisa en los labios.

—Yuelao, el dios lunar. Es quien se encarga de destinar a las personas ¿piensas pedirle ayuda?—

No respondió. Se levantó, puso la cafetera a andar y comenzó a maquinar su próximo plan ¿qué tan difícil sería manipular a un dios? Pronto lo averiguaría.





La verdad es que este cuento se sale mucho de la historia ya que Morgan no cree en lo sobrenatural hasta que lo golpea de lleno en la cara. Pero tenía la idea y quería ponerla en marcha, así que salió esta historia.

Espero que les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!

8 comentarios:

  1. Me gusta eso de que rompan el hechizo al encontrarse.
    La explicación del cambio del pasado me gusta.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Me alegra que te gustara! Quizás, más adelante la siga a la idea con lo del hilo, de momento, me gustó como quedó.

      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  2. Lo del hilo rojo es algo con lo que se puede jugar mucho. Un buen capi. :)
    ¡MÁS!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias! Pero no es un capítulo, es la última parte del cuento, que es diferente.

      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  3. Uy me gusta como pusiste lo del hilo rojo y el destino veamos como sigues.

    ResponderEliminar
  4. Muy sublime ese encuentro de Morgan con Kysa. Que final mas interesante, ademas lo dejas abierto, quizá para una futura continuación.
    Bso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Personalmente, me ha encantado escribirlo <3 Seguramnte, lo continuaré más adelante, de momento, me encanta cómo ha quedado.

      ¡Un abrazo!

      Eliminar

¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Si quieres que dejar invitación para que pase por tu blog, pincha aquí.
Si vas a afiliar o dejar confirmación de ello, por aquí

Gracias por no hacer spam <3 Y si lo haces, ten presente de que borraré tu comentario por no estar relacionado con la entrada ¡Estás avisado!

¡Qué tengas un lindo día!

Bye!