miércoles, 8 de febrero de 2017

El brillo de los copos de nieve — Capítulo 11

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien ¡Al fin llego a ponerle fin a la historia! Disfruté mucho escribiéndola y espero que ustedes también hayan disfrutado mucho leyéndola. Para los que no hayan leído los capítulos anteriores o el comienzo de la historia, les recomiendo pasarse por El brillo de los copos de nieve en el que encontraran todos los capítulos bien ordenaditos <3

Capítulo 11 

Armonía 

El restaurante estaba listo para abrirse. Habían planeado también la cena en la que su padre se retiraría y Mariko asumiría la presidencia de la empresa. El único problema de Hiro es que tenía que mantener el brazo inmóvil por al menos, una semana para que sanara bien la herida. Y Nadeshiko era la que se hacía cargo de controlarlo, aunque las cosas no le iban saliendo tan bien como ella se lo hubiese imaginado. Era demasiado torpe y entusiasta como para hacer todo bien, pero le ponía entusiasmo que es lo que siempre la salvaba, que no importaba si le salía diez veces mal, lo haría una onceava bien. O doceava, sin importar cuánto le costara.

La reapertura sería al día siguiente, que esperaban estuviera ya todo en calma. Hiro había contratado a un cocinero extra de manera temporal hasta que se reintegrara al cuerpo de cocina. Nadeshiko lo ayudaría, de eso estaba seguro. Se había dado cuenta que era difícil llevarle la contraria cuando quería hacer algo, así que simplemente, se lo permitía, aunque ahora, le había pedido que fuera más cautelosa con todo. Por suerte, contaba con las vacaciones de invierno, así que podrían organizarse un poco mejor con todo en la casa como en el trabajo.

Llamó a su hermana para confirmarle por enésima vez que iban a ir a la cena, cansado de leer sus mensajes, tan sólo debía esperar a que su esposa estuviera lista y saldrían. Había elegido kimono elegante negro bordado con hilos dorados y rojos de manera que formaran una grulla desde el largo del kimono hasta las mangas que terminaban de dar forman a las alas. Considerando como era ella, estaba seguro de que si llevaba tacones y un vestido largo acabaría varias veces en el suelo, así que había parecido lo más sensato, aunque había una elegancia innata en el porte de Nadeshiko, tal como la Yamato Nadeshiko , pensando que sus padres habían querido llegar a ese ideal de crianza, olvidando la torpeza innata que tenía también ella, que podía opacar todo ello, aunque a Hiro le parecía más bien, tierno.

—He estado viendo esa sonrisa confiada todo el día ¿pasara algo importante en la cena? — preguntó ella colocándose los zapatos en la entrada al ver a Hiro tan ¿contento? Estaba segura de que no era precisamente por Mariko, debía haber algo más en medio.

—Si todo sale bien esta noche, probablemente, todo vuela a estar en paz— y abrió la puerta haciendo que el viento frío se colase en la casa. Por suerte, iban a un lugar techado y cálido, de lo contrario, no estarían saliendo con tanta calma de casa. Quizás, volviera a nevar, el clima estaba demasiado inestable últimamente, justo como sus vidas.

—De todas formas ¿está bien que vayas? Tu madre estará ahí también—

—Eso es lo que más espero— le sonrió y rodeó su cintura con su brazo, acercándola —todo saldrá bien. No tienes de qué preocuparte—

Ella asintió. Confiaba en Hiromu, confiaba ciegamente en él como para echarse para atrás en ese momento. Y ella quería ser una buena esposa, por sobre todo, quería ser un punto de apoyo para Hiro. Hasta ahora, él había hecho de todo por ella y ella sólo le había agradecido sin poder hacer nada más. Estaba segura de que quería ser la fuerza de Hiro, así que estaría ahí para lo que hiciera falta y esperaba no hacer alguna estupidez en el camino.         

Subieron al coche que los esperaba fuera y se dirigieron al salón donde los estarían esperando. Era un lugar grande ya que no sólo los ejecutivos de la empresa estarían ahí sino la familia y clientes, algunos potenciales inversores también, por lo que debería haber pasado a ser una pequeña ceremonia terminó siendo un gran evento. Algo que no se acostumbraba a hacer pero que vendría bien para los negocios.

Las luces de las arañas daban mucha más elegancia al salón que estaba a medio camino entre lo oriental y lo occidental. Era una fusión bien lograda entre amos. El piso de tatami, las mesas al estilo occidental. Y los invitados se veían justo a juego con ello que entre vestidos largos y trajes y pajaritas, se observaban a los kimono y haori entre ellos. Mariko, quien era la estrella de la noche, había elegido un vestido negro largo.

Apenas vieron que todos estaban acomodados y cómodos en sus lugares, dieron por comenzada la cena, con los discursos correspondientes, las felicitaciones y todo lo que correspondía a este tipo de eventos. Mariko era quien más ocupada estaba junto con su padre que pasaban de una charla a otra y de aquí para allá. Apenas cruzó palabra con Nadeshiko y su hermano, quien había quedado con su esposa, más, también había tenido que lidiar con las típicas preguntas sobre el por qué no era él quien se hacía cargo de todo.

Un mozo se acercó a ellos mientras hablaban dejándole una copa a Nadeshiko que Hiro le quitó de las manos.

—Ni hablarlo— dijo devolviendo la copa a la bandeja del mozo —tu tolerancia al alcohol no existe—

No hubo mucho tiempo de charlar: las luces fallaron desviando la atención de todos los invitados hacia ello. Pero entre Mariko y su padre, intentaron mantener la calma de todos alegando que había sido un simple fusible que había saltado y que seguramente, pronto iba a estar todo en marcha y podrían continuar la celebración.

Hiromu se puso alerta y le pidió a su esposa que no se separara de sí, que sabía que la oscuridad no era uno de sus mejores aliados tampoco.

Y no iba a ser lo único que le sucediera. Su esposa seguía a su lado, lo sentía en su agarre sobre su brazo, más, tuvo que soltarla y voltear, para sostener el brazo de alguien más. Aun con un brazo herido y a oscuras, tenía buenos reflejos, casi agradeciéndole a su madre tantos años de entrenamiento.

La luz regresó a los pocos instantes, haciendo que la calma se mezclara entre los invitados: un simple fusible que había saltado era todo el problema. Hiro sabía que eso no era así y lo podía ver en los ojos de su madre al sostenerla del brazo.

La sacó de allí escondiendo con la chalina el cuchillo y fue seguido por otros cuatro hombres y su esposa.

—¿Qué sucedió? — Preguntó Nadeshiko confundida y preocupada. Ella sabía que algo malo había pasado en el momento en que él se soltó de ella. Y había visto el resplandor del filo antes de que él lo cubriese y salieran.

—Tenía una leve sospecha con lo sucedido en año nuevo. No fue hasta ahora que lo confirmé— le explicó —mi madre siempre estuvo en contra de mi vocación, quería que me quedara en la empresa, aun si perdía el brazo ¿no es así? Si me cortabas un tendón, pensaste que iba a terminar renunciando y cumpliendo tus deseos—.
La mujer se echó a llorar soltándose del agarre del otro hombre. Hiromu no se inmutó aunque no podía decir lo mismo de Nadeshiko que estaba entre las dudas de consolarla o dejarla estar.

—Señora— le dijo posando una mano sobre su hombro —¿no cree que Hiromu es quién debería llorar? Que su madre no sepa dejarlo ser feliz es lamentable. Y que intente hacerlo ceder con sus lágrimas después de lastimarlo es vil— sentenció ella dando un paso hacia atrás, viendo como la mujer recuperaba la compostura, corriendo las poas lágrimas que habían salido de sus ojos.

Hiromu había planeado todo para delatarla, gracias a eso, aquellos hombres que estaban allí, habían logrado pasar al salón y lucir como invitados cuando eran policías encubiertos, habiéndose llevado a la mujer mientras gritaba a cuatro voces que su hija iba a destruir la compañía y que era una vergüenza que Hiromu dejara a una mujer hacerlo todo.

Al regresar a la fiesta, optaron por obviar el hecho de que su madre había sido arrestada, aprovechando el hecho de que nadie se había percatado de ello. Además, era la noche de Mariko y lo menos que podían hacer era dejarla disfrutar, que luego, iba a verse con todos los problemas que le llevaría asumir y también, asumir la actitud de su madre.

Su loca obsesión la había llevado a cruzar un límite, un punto sin retorno que sólo le prometía la satisfacción que no le estaban dando, pero que conseguiría de alguna forma, manteniendo aquello figura altiva del hombre por sobre la mujer. Eso mismo la llevo a actuar de forma cruel contra sus hijos y ahora, contra su esposo que le iba a dar un infarto nuevo en cuanto le contaran todo lo sucedido.

A la hora, regresaron a su casa. Había sido mucho para una sola noche.

—¿Estás bien? — Preguntó con voz suave sirviendo té en la mesa del comedor.

—Estaré mejor a partir de ahora— y alzó la taza, oliendo la fragancia del té sin llegar a beberlo —les dije que mamá se había ido a casa temprano. Confío en que papá esté tan cansado y bebido que me de tiempo a pensar cómo decirle todo esto—.

—Lo harás bien y te acompañaré— acomodó su cabeza en el hombro de él y se relajó.
Él se sonrió. Había pasado mucho después de todo, desde que Nadeshiko había llegado a su vida, hasta lo había hecho enfrentar a su madre después de todo, algo que nunca habia pensado en hacer.





Un mes más tarde, cuando se hubo resuelto todos sus problemas familiares, organizaron la boda. A la madre de Hiro la habían internado, después de los chequeos médicos habían descubierto varios trastornos dejándola inimputable. Su padre aun iba a verla en la Institución mental en donde estaba, viéndola por primera vez en muchos años, realmente tranquila, sintiéndose terrible por no haberse dado cuenta de todo ello a tiempo. Aunque le habían dicho que quienes sufren limites de personalidad suelen actuar bien ante los otros, para animarlo. Lo cierto es que nada lo iba a animar después de todo.

Aun así, había puesto su mejor sonrisa para acompañar a su hijo y nuera al templo. Una ceremonia pequeña se había organizado, sólo con los amigos y los más cercanos. Hiromu lucia con total seriedad el haori y mientras Nadeshiko intentaba sujetarse al brazo de su esposo mientras caminaban al templo con el acompañamiento intentando no tropezar y arruinar el hermoso kimono blanco y rojo que llevaba puesto.

Se miraron al llegar a los escalones de la entrada y se sonrieron, después de todo, sólo les quedaba un futuro lleno de felicidad, que si no llegaba, ellos se encargarían de forjarla.







<<Capítulo 10

Espero les haya gustado <3

¡Se cuidan! Pasan un bello día y una hermosa noche <3

Bye!

4 comentarios:

  1. Uy que lindo final , por fin están juntos y ahora la madre Hiro no hará más d año. Te mando un beso y te me cuidas mucho

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    1. Es una de mis parejas más tiernas y sí, como se merecián este final <3

      Me alegro que te haya gustado.

      ¡Un abrazo!

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  2. Muy bonito este final. Lograron ese sueño del restaurant. Todo se ha normalizado, ellos están juntos. La madre debió haberse arrepentido, pero creo ya fue muy tarde sometida a ese hospital. Debo leer las anteriores capítulos.
    Bso

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    1. ¡Gracias! Lograron conseguir su ansiada vida normal después. Tómate tu tiempo para leer los otros <3

      ¡Un abrazo!

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