jueves, 2 de febrero de 2017

Como una luz o como un grito — Capítulo 6

¡Hola, mis queridos soñadores! ¿Cómo están? Espero que muy bien. Yo intento ponerme al día que entre mi mala conexión, el calor y las prácticas he estado lejos de la computadora como para ponerme a terminar todo lo que debo postear. Por lo pronto y como compensación, les dejo un capítulo un poco más largo de lo que acostumbro a subir.


Capítulo 6 

El olor del café, mezclado con azahar y jengibre impregnó su nariz y se despertó asustada. No reconocía el lugar, lo que la puso más nerviosa todavía. Lo último que recordaba es haber peleado con un hombre y cayó dormida por una fragancia dulce, sólo recordaba esa dulzura empalagosa que la llevó a caer dormida y su desesperación por escapar. Y nada mas.

Se levantó de la cama y al sentir ruidos fuera de la habitación, atinó a buscar con qué defenderse. Revolvió todo, entre el cajón de la mesa de noche, el ropero y hasta el baño, acabando con una botella de colonia, que fue lo más duro que encontró para darle un golpe fuerte a su captor. Aunque se iba a ver en un problema si entraba más de uno. Y Milan temía por ello, porque no iba a poder hacer nada de esa forma.

Esperó al lado de la puerta al sentir pasos y se quedó con el frasco de colonia agarrado fuertemente y apenas lo vio, lo golpeó con fuerza, sintiendo el ruido de la taza de café y el quejido de él por el golpe. Fue suficiente para que ella lo empujara y saliera corriendo de la habitación. Él la siguió, la llamó y llegó a alcanzarla cuando llegó a la puerta de entrada intentando encontrar la llave que la abriera. Maldijo mientras intentaba escapar sin tener éxito alguno, haciendo que el sentimiento de ansiedad y desesperación fuera en aumento.

—Tranquilízate. Soy yo— la detuvo levantándola del suelo, mientras ella pataleaba por soltarse. La acorraló contra la pared e hizo que volteara a verlo. Era pequeña ¡pero tenía fuerza! Era demasiada la energía que corría por sus venas y él que aun estaba mal por el golpe y encima, la quemadura del café —soy yo, Milan. Battista. Cálmate, estás en mi casa— dijo sosteniendo su rostro entre sus manos.

Ella respiró agitada, asustada observando su rostro detenidamente, dejando de forcejear con él.

—¿En serio eres tú?—

Él asintió y ella acabó abrazándolo con fuerza. No pudo contener sus ganas de llorar, había pasado por un momento demasiado fuerte y se había esforzado por no desmoronarse hasta ese momento. No entendía nada de nada, pero al menos, él estaba ahí para tranquilizarla.

Battista la abrazó, acariciando su espalda consoladoramente, sin decir nada hasta que ella se sintió mejor. Limpió sus lágrimas y arregló su flequillo. Supo entonces que estaba mucho  más seguro de la decisión que había tomado.

—Siento haberte golpeado—

—Y quemado—

Y se sintió peor por eso. Estaba avergonzada de su reacción, pero era entendible. La habían raptado y dormido y al despertarse, estaba con él. Había un bache muy, pero muy grande en su memoria.

—Está bien ¿tú estás bien? ¿No te hicieron nada?— preguntó caminando a la cocina, buscando algo de hielo para su cabeza y sus pies.

Ella asintió y se sentó en frente de él, ayudándolo a ponerse el hielo en la cabeza notándole una cortada, acabando por buscar primero, el botiquín.

—No es la primera vez que me confundes, aunque ha sido la más desafortunada de todas— quiso reírse pero hizo una mueca de dolor cuando ella tocó la zona lastimada con el algodón y el desinfectante.

Él no la vio pero su mirada entristeció al decir ello, dejando de lado su herida para ponerse de cuclillas frente a él.

Battista no podía decir que estaba entendiendo lo que sucedía. Él aun tenia que preguntarle qué había sido lo que había pasado allá, con su padre, pero quería que se tranquilizara primero para hablar de ello. No esperaba otra cosa más.

—Tengo qué decirte algo—

—No suena a una de tus habituales confesiones— dijo preocupado.

—No, no es eso— se sinceró —hay una razón por la que no te pude reconocer. No es a propósito, es… padezco prosopagnosia. Es una agnosia facial, yo no puedo ver el rostro de las personas—

—Pero ¿cómo? Me has reconocido muchas veces—

—Por tu chibita y el lunar que tienes ahí— señaló debajo de su ojo izquierdo — Y siempre te escucho hablar. Aunque en la agencia es fácil porque eres alto y tu color de cabello claro no lo tiene nadie. Pero realmente, no sé cómo luces o como es una sonrisa o una expresión triste o una mirada hipócrita o cual es la expresión que tienes en este momento— y es que en parte, estaba frustrada por eso. Era todo un mundo desconocido para ella que no podría conocer nunca, por mucho que se esforzara en hacerlo.

Por su lado, él no acababa de procesar todo ello. Había escuchado de eso alguna vez, cuando aun tenía su sueño de estudiar medicina, quería especializarse en el cerebro y estudiar neurología, algo que le fascinaba pero que nunca llegó a hacer.

—Y yo que siempre pensé que un día te cansarías de verme y dejarías tus avances—

—Eso es porque me gusta como eres, aunque me cueste averiguar quién eres— le sonrió entrelazando sus dedos juguetonamente.

—¿Y por qué no lo dijiste antes?— Preguntó más interesado, casi olvidándose de lo que quería hablar con ella.

—¡Por qué soy capaz de hacerlo! Las personas, se enteran que tienes un impedimento y te tratan como un inútil. Recuerdo a mis profesores en la primaria— se cruzó de brazos irguiéndose en la silla —parecía que trataban con alguien estúpido. Yo sólo no sabía quienes eran, hasta que me hablaban o cuando veía algo raro en sus caras. Por eso, le pedí a mi madre que dejara de decirlo y me he mantenido así hasta ahora ¿bastante bien, no? — Dijo orgullosa de sí misma —pero creo que ese hombre lo supo— conjeturó —me esperó en el auto con un amigo tuyo o al menos, eso es lo que me dijo. Era igual al tuyo, aunque no llegué a fijarme en la patente. Lo había visto de perfil y me resultó idéntico a ti, así que me confié. Mis recuerdos son vagos después de eso, salvo una voz que aseguró que tú llegarías—

Se sentía mejor al decirlo, se había quitado un peso de encima al confesar aquello. Y eso, podría ayudar a que entendiese su situación y la ayudara a que las cosas fluyeran con más facilidad. Luka se encargaba de eso, al igual que Lulu, los dos, al estar con ella, siempre le decían quien era el que se acercaba, razón por la que siempre le habían dicho que se comportaba como una princesa teniendo que pedir que le anunciara quien era quien llegaba. Y es que a veces, ella podía identificarlo, si tenía algún rasgo distintivo. El color de cabello, el peinado o un lunar, pecas, la barba, bigote o una cicatriz ¡lo que fuera! Pero esas cosas, todo esto que se consideraban ‘defectos’, detalles que afeaban la cara, ella los apreciaba como si fueran el santo grial. Eso le facilitaba muchísimo las cosas, aunque algunas personas la ayudaban. Luka usaba un colgante en sus anteojos, por lo que si ella no notaba nada en su rostro, al mirarlo, sabía que era él.

Aunque nunca le había resultado más problemático que ello. Quizás, tener que lidiar con cosas como su apatía en las calles, por ejemplo. Aunque era algo sencillo: si ella no sabía que se iban a encontrar, no los veía porque no se enfocaba en verlos. Nunca pensó que eso le fuera a traer un problema tal como que alguien la raptase haciéndose pasar por una persona en la que ella confiaba.

—Me tienes mucha confianza— sonrió cerrando los ojos él —con ese problema, ¿no pensaste que podría ser yo quién te trajera desde un principio?—

Y si antes él la había sorprendido, la situación se habia visto revertida cuando ella se rio de él.

—¡Por supuesto que no! De no haber insistido, apenas habrías hablado conmigo. Dudo que pusieras en marcha un plan así cuando siempre actúas de manera contraria—.

Tal como él lo sospechaba, Milan era más observadora de lo que él se imaginaba. Aunque tenía un verdadero problema con ello: sabían demasiado de la joven, lo que hacía que se preocupase mucho más todavía. Es más, tal y como ella contaba, habían averiguado muchas cosas estando espiando desde afuera que él que trabajaba con ella.

—Pero no tienes que poner esa cara triste—

—¿Cómo lo sabes?— Preguntó con sorpresa.

—Estás tenso, mira tus hombros y manos. Y por lo que te acabo de decir, es lógico pensar eso. Pero yo sé como animarte: te mostraré la parte más sexy de mi cuerpo— le dijo poniéndose de pie y haciendo que él acabara por ponerse nervioso. Nunca sabía que esperar con ella y aunque intentó persuadirla, ella acabó por levantar la blusa y dejar al descubierto su ombligo —¿No te dan ganas de tocarlo? Te dije que era sexy—

—Yo lo veo normal—

—¿Normal? Es un ombligo famoso. No puedes verlo sólo ‘normal’— dijo indignada.

Pero eso había sido suficiente para cortar la tensión del ambiente y cambiar de tema a uno más ameno, era difícil hablar de alegría en esa situación, pero se hacía lo que se podía. Y ya con eso, ella pensaba en marcharse a su casa, que demasiado habia molestado a Battista como para seguir causándole más molestias. Aunque él se negó a que se fuera sola tan tarde y ella se negó a que él la llevara sin haber descansado lo suficiente.

—Entonces, quédate. Puedes dormir en la cama, yo—

—Tú dormirás en tu cama— dijo llevándolo a empujones hacia la habitación —ya cuidaste de mí así que me toca cuidar de ti—

—Tú siempre lo estás haciendo a tu manera muy extraña y  posesiva— sonrió sentándose en la cama.

—Puedo dormir contigo y cuidarte mucho más de cerca— alzó una ceja al decirlo.

—No pasará—

—Mojigato—

—Acosadora—

—Y a mucha honra— respondió irguiéndose, sacando pecho.

—No creo que sea algo de lo que debas sentirte orgullosa— pero ella no le hizo caso y lo tapó con la cobija, quedándose a velar su sueño el resto de la noche, pensando que quizás, podría acercarse un poco más a él, que había derribado una de las tantas barreras que había construido y que al fin, podría lograr que él se interesara en ella.

Pero el destino era caprichoso y en los planes de Battista no estaba Milan, ni la agencia, ni la ciudad, sólo un boleto a cualquier lugar, cuando menos lo esperasen.

Ella quería saber mucho mas todavía y aun había cosas que quería preguntarle ¿cómo había llegado hasta ella? ¿Habría visto la cara de quienes la raptaron? ¿Por qué ella? ¿Por qué él? Eran muchas preguntas pero creía que lo mejor era dejar que Battista tuviera un momento de descanso antes de que ella lo bombardeara a preguntas.

Suspiró y apoyó sus brazos al borde de la cama y su cabeza encima. Su respiración había cambiado rápidamente, asegurando que estaba durmiendo. Debía estar cansado después de haber tenido un día tan largo que apenas cayó en la cama, tuvo el más plácido de todos los sueños que había tenido hasta ahora.



<<Capítulo 5                                       Capítulo 7>>

Prosopagnosia: Es una enfermedad que impide reconocer el rostro de las personas, dependiendo del grado en que esté, incluso, pueden no reconocerse a sí mismo. Algunos, dicen que pueden reconocer algunas parte del rostro, aunque también, dependiendo del grado en que se encuentre la enfermedad, pueden directamente, ver un rostro vacio completamente.


Y les dejo un dibujo nuevo de Milan <3 La verdad, es que el del año pasado, pero hasta ahora me pongo para subirlo. Espero que les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!


4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. ¡Gracias! Espero actualizar pronto.

      ¡Un abrazo!

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  2. Que susto debió llevarse Milán. Bueno ni tanto, esa chica sabe defenderse. Que lindo capitulo, me gusto su diálogo. Que pena que Battista sufra de esa enfermedad, que por cierto no la conocía. Es lo menos que pudo hacer ella, después del golpe y la quemada. Nos dejas en suspenso, para cuando el chico despierte.
    Bso

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    1. Y sí, le pasa de todo en muy poco tiempo.

      Battista no es quien lo sufre, sino Milan. Me alegra que te haya gustado el diálogo, fue lo que más me costó armar que me fui a hacer algo muy extenso también XD

      Espero subir pronto la continuación.

      ¡Un abrazo!

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