jueves, 26 de enero de 2017

Ojos de Cristal: Capítulo 5

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Yo estoy haciendo un esfuerzo por ponerme al corriente porque tampoco quiero demorar mucho tiempo con las historias, que yo soy especialista para quedarme en el tiempo, así que ¡a ponerse las pilas! De todas formas, esta historia no va a ser muy larga, así la acabo y retomo el reto de escritura por semana, que hay varias propuestas y tampoco quiero saturarme.

Espero les guste el capítulo que algunas cosas se explicaran aquí.


Capítulo 5 

La casa era grande. El número estaba oxidado en la pared, a punto de caerse. La pintura se descascaraba por el paso del tiempo y la humedad. El moho en la pared había dio cubriendo todo de manera lenta, sigilosa, apropiándose de lo que alguna vez había sido la envidia del barrio. 

—¿Seguro que es aquí? La casa parece completamente abandonada— dijo Haydée preocupada. El viaje había sido largo y temía que hubiese sido en vano. 

—Nos abrirán. Mira, hay luz allá dentro— aseguró confiado colocando su mano sobre su hombro para animarla. 

Tocaron el timbre y esperaron a que les abrieran. Una mujer salió a recibirlos, más, preguntaron por el doctor Seinfield, quien los recibió momentos más tarde. Apagó la radio apenas su esposa anunció a las visitas, invitándoles una taza de café para que charlaran pues, alegaban ser conocidos de él. 

Esperaron a quedar solos para recién, hablar sobre ello, más, apenas el hombre de mediana edad había escuchado sus nombres, palideció, pidiéndoles que se presentaran de nuevo. 

—Usted sabe que pasa algo con nosotros. Nuestros padres nos mantienen ignorantes a todo, pero queremos saber la verdad— aseveró Heiko manteniendo la mirada firme sobre el doctor para después, mirar a su hermana. 

Él suspiró y nuevamente, esperaron a que su esposa se fuera para recién, comenzar a hablar de nuevo, bebiendo un sorbo de café para aclarar su garganta.  

—Yo estuve en ese caso. No podría explicarles tan bien todo como un amigo. Él era la mente maestra detrás de todo. Murió hace dos semanas. Una lástima, era joven todavía, pero s enfermedad pulmonar lo consumió. Siempre se arrepintió de su último experimento. Vengan, los llevaré— les dijo levantándose y buscando su bastón para poder caminar a gusto. 

Le avisó a su esposa que saldrían y que iba a volver tarde seguramente. Ninguno de los dos estaba muy seguro de seguirlos, pero tampoco tenían otra opción si querían averiguar la verdad. 

Subieron al auto y apenas le indicó las coordenadas en una pantalla desplegable, se puso en marcha. El camino de más o menos, hora y media, fue en el más perfecto de los silencios. El anciano era el único en ir delante ya que los hermanos iban tomados de la mano en el asiento trasero. No lo dijeron, pero al mirarse, transmitieron sus nervios y aquella sensación de ansiedad e inquietud por saber qué es lo que los esperaba al final del camino. 

Se detuvieron ante una casucha abandonada. Cada vez se tornaba más incierto su destino, con dudas sobre si entrar o no, pero querían seguir a pesar de eso. Estaban juntos después de todo, si algo llegaba a suceder, se las iban a ingeniar para encontrar una solución para salir de allí de alguna manera posible. 

—¿Estaremos bien?— Susurró Haydée al cruzar el umbral de la puerta. 

—Eso espero— dijo él sin llegar a ser muy alentador —tú sólo quédate a mi lado—. 

Ella asintió mientras el doctor golpeaba el suelo hasta que sintió el lugar hueco. Les pidió perdón pues, no recordaba donde estaba la entrada, hacía mucho tiempo que no estaba ahí y podrían comprobar eso por la cantidad de polvo que había encima de todo y las telas de araña que cruzaban la casa casi por completo. 

Abrió una trampilla en el suelo y sacó una pequeña linterna del suelo. Al llegar al final de la escalera, encendió la luz gracias al grupo electrógeno que tenían ahí que aun funcionaba. 

—Toda la investigación está escondida aquí. Su madre nos pidió expresamente que nunca se lo contaran. Yo me negaba. La investigación habría avanzado realmente mucho mejor con el conocimiento de todo— 

—¿Qué es lo que quiere decir?— Preguntó contrariada Haydée. 

—Su madre llegó a nosotros desesperada. Tenía gemelos, pero no cualquier tipo de gemelos: siameses. Al segundo mes, uno de ellos empezó a flaquear. Iba a morir. Interrumpir el embarazo era lo recomendado pero ella se negó, así fue como llegó con nosotros. Randy, mi compañero, se encargó de ello. Podíamos salvar a ambos por medio de una teoría que aún no había sido probada en personas, sólo con ratas. El problema, principalmente, es que las ratas no hablan por lo que no podíamos sacar más de lo que veíamos. Ella fue perfecta para ello. Estaba desesperada por salvarlos por lo que aceptó—. 

El anciano se sentó y terminó de entrar a una serie de archivos en una computadora antigua. Usaba mouse y teclado y el monitor era enorme, más, la pantalla bastante pequeña para la pantalla que tenía. Una serie de fotos desde las primeras semanas del feto hasta la fecha en que llegó con ellos y todo estuvo completamente monitoreado. 

Haydée tomó con más fuerza la mano de Heiko al ver todo ello. Separar a unos siameses era cosa sencilla, más hoy en día, lo que temía era saber a qué habían sido sometido para salvarlos a ambos. Aquellos minutos de silencio parecían una eternidad, pero ya no estaba tan segura de qué tanto quería saber eso. 

—¿Quieres continuar?— Le preguntó su hermano. 

Ella dudó pero asintió apenas moviendo la cabeza.  

En la pantalla, apareció la foto de un mineral. 

—¿Les suena el nombre de Draupner?— Ambos negaron —es un sólido que encontramos en un meteorito, muy similar al cristal. Comprobamos su estructura y puede compararse a una geoda, aunque transparente, casi como el hielo. Descubrimos que también, puede servir como un cristal aunque con pequeñas diferencias: muestra cosas que el ojo normal no ve— y se puso de pie a rebuscar en unos estantes unos anteojos —pruébenlo— les pidió y Heiko aceptó a usarlos —ahora, dime qué ves—. 

Él quedó sorprendido. El espectro lumínico se amplió tan sólo al abrir los ojos y mirar con los anteojos puesto. Incluso, hasta podía ver el aura de su hermana, luces coloridas que manaban con fuerza alrededor de ella mientras que las del doctor era azul, triste y casi, sin vida. 

—¿Lo notaste? El ojo humano es muy limitado. Aprovechándolo, descubrimos cosas interesantes, como el alma. Un alma puede verse, tocarse y modificarse— 

—¿Y qué tiene qué ver todo esto con nosotros?— Interrumpió Haydée. 

—A eso voy, a eso voy— se aclaró la garganta y siguió —con esto, habíamos descubierto un nuevo avance en la medicina, en todo ¿se imaginan modificar el alma de una persona? Incluso, aquellos que están perdidos, como los asesinos, podrían reinsertarse en la sociedad quitando aquel gen que lleva desde el nacimiento en su alma. Por supuesto, todo esto era una teoría, muy ambiciosa de nuestra parte, pero logramos llevarlo a cabo en ratas y modificar su conducta sin tener que enseñarles nada. En las personas, debía suceder igual, pero saben esta era es muy avanzada pero seguimos atrasados en el experimento con los humanos— suspiró pesadamente mirándolos para volver a seguir pasando las paginas en la computadora, mostrándole imágenes, formulas y el proceso que iban registrando —su madre fue la que nos ayudó a superar la barrera, pero tú moriste, Heiko. No llegamos a salvarte en la mesa de operaciones, así que hicimos algo impensado. Al morir, una persona pierde el alma, pero nosotros, al tener tal dominio podíamos hacer algo impensado: dividirla. Tuvimos que separarlos, pero afortunadamente, volviste a respirar, por lo que ambos volvieron al útero materno a seguir el embarazo. Esa fue la parte sencilla— 

Ambos se miraron con miedo a preguntar por la difícil. 

—Un alma no puede partirse sin que haya repercusiones— dijo él sabiendo qué querían preguntarles ellos —por eso había que tomar las precauciones para que no sucediera nada que pudiera afectar la vida de esas dos persona. Lo habíamos probado con las ratas. El draupner era capaz de sintetizarse como una proteína en la sangre, eso les daba la posibilidad de vivir estables. No hubo complicaciones ni en el parto ni en el embarazo. Incluso, años más tarde seguían viniendo a que los revisáramos e hiciéramos el tratamiento para que todo marchasee bien. Pero sucedió algo:  su cuerpo empezó a producir el Draupner sin necesidad de que les dieramos los suplementaos y con eso, los cambios fueron sucediéndose uno tras otro. Descubrimos que cuando pasaban largos períodos de tiempo junto, se aceleraba su metabolismo y sucedían cosas extrañas a su alrededor. Algunas explotaban, otras levitaban, estaba muy ligado a su estado de ánimo. Eran niños, resultaba normal que supieran expresar sus emociones de esa forma, hasta que sucedió todo: hicimos una prueba en la que Haydée se asustó. Heiko reaccionó con ella y volaron medio laboratorio. Salimos vivos porque Dios es grande— dijo rascándose la barbilla —y hubo algo sorprendente: cuando analizamos los estudios que lograron salvarse, descubrimos que su metabolismo volvía al ritmo de una persona normal si estaban separados por prolongados períodos de tiempo— 

—Entonces, fue cuando nos separamos ¿No es así?— indagó Heiko. 

—Pueden ver todo aquí— le dijo a Heiko entregándole unos cdś y unos archivos impresos —usen la computadora a gusto— los invitó mientras él les daba la espalda y comenzaba a caminar, dejándolos solos —no fue eso lo que nosotros queríamos hacer— dijo cerrando la trampilla al salir, encerrándolos —su sangre es peligrosa. Sucedió con las ratas pero a menor escala. Su poder fue creciendo hasta que su cuerpo no lo soportó y se disolvió. Podría compararse a un big bang, creando un ser terrible de aquello. Nosotros queríamos matarlos. Su madre no lo aceptó y prefirió separarlos. Como tú eras quien mostró mayor reacción a todo, te dejo con tu padre— le dijo a Heiko —y ella se llevó a la niña menos peligrosa. Ella sabía las consecuencias. No podrían vivir mucho tiempo separados pero tampoco juntos, en ambos casos, los resultados serían fatales. Pero eso nos jugó a favor. Estábamos seguros que algún día se preguntarían por su origen y quién los encontrara, debería traerlos aquí y deshacerse de ustedes. Lo siento, chicos es por un bien mayor— y escucharon sus pasos al salir de la casa, pero había algo más: habia olor a gasolina y no tardó en escucharse el crepitar de las llamas. 

Tenían que borrar toda evidencia, todo vestigio de que habían experimentado de esa manera con ello y quemar absolutamente todo para que nadie volviera a reproducir semejante engendro. Nadie. 

Haydée y Heiko comenzaron a impacientarse: los iban a matar. 

—Toma los Cds y los archivos, vamos a salir de aquí— dijo firme intentando abrir la trampilla sin éxito alguno. 

—¿Podemos hacer esas cosas que dijo a voluntad?— preguntó ella abrazando lo único que tenían sobre ellos —moriremos aquí si no— 

—No, no vamos a morir. Te juro que vamos a salir aquí cueste lo que cueste— pero ninguno de los dos tenía idea de cómo hacerlo y el humo estaba empezando a llegar a donde ellos estaban.

El humo se iba apoderando de la habitación, respirar costaba mucho más todavía y no había punto de escape. Heiko se acercó a su hermana e hizo que quedara contra el suelo, para evitar lo más que pudieran inhalar el humo. La cubrió con sus brazos y todo explotó. 

A lo lejos, el doctor estacionó el auto y se bajó para ver el gran ahumadero desde lejos. La explosión había sido en forma de hongo, tal y como lo habían planeado: había una bomba que reaccionaría al fuego programada para estallar y todavía, funcionaba. De todas formas, si no hubiese funcionado, no habrían podido escapar por el incendio. 

Subió al auto pensando que todo habia acabado con ellos y que haría, podría volver a casa con su esposa en la mayor de las tranquilidades. Ya se enteraría su madre que los niños desaparecidos habían muerto. Los lloraría, pero finalmente, los olvidaría y él, también lo haria.


                     <<Capítulo 4                                                          Capítulo 6>>

Si me demoré más con este capítulo fue porque me puse a investigar un poco de genética. Es ciencia ficción, la física, química y biología tienen unas reglas distintas en la historia pero tampoco quería ir tan a ciegas, que yo soy una negada para estas tres materias, pero que hago el esfuerzo para que salga bien.

Espero hayan disfrutado el capíulo.

¡Se cuidan!

Bye!

4 comentarios:

  1. Interesante teoría la que desarrollaste.
    Es curioso que el médico no anticipó que no se dejarían morir pasivamente, que intentarían algo.

    La pantalle era pequeña para el monitor que tenía. Quedaría mejor la imagen era pequeña para el tamaño del monitor.

    Me gusta la historia.

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    1. ¡Gracias! Pues, creo que es la confianza de que iban a ganar que los cegó también.

      Corrijo esa parte, gracias por decirmelo <3

      ¡Un abrazo!

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  2. Uy espero que que se escapen lo dejaste bien interesante. Te admiro yo con una novela aveces no tengo tiempo . Tu tienes varias y varios relatos tienes mucha imaginación . Te mando un beso

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    1. ¡Gracias! Me siento halagada <3 pues, he intentado esto de llevar una sola historia y es que me puedo yo misma que cuando me doy cuenta, estoy escribiendo paralelamente algo más.

      ¡Un abrazo!

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