domingo, 8 de enero de 2017

Ojos de cristal —Capitulo 4

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien. Yo muy bien, algo ansiosa que mañana empiezo clases. Más ahora que está fresquito :DD y ya se puede salir a la calle sin miedo a derretirse en el camino (?).

Hoy estuve escribiendo est historia, más o menos la tengo ya casi armada, que me he encontrado con una cantidad de borraderes increíble, de ésta y otras historias. Lo intento, pero la organización no es mi aliada, sin importar cuánto me esfuerce :,D pero a tomando forma al menos. Espero les guste el capítulo, que en el siguiente habrá mucho más drama💞


Capítulo 4 

Llegar a casa fue toda una odisea. Sabiendo que su padre era posible que aun no llegara, fueron directo a casa de Haydée directamente. Entraron, aun en shock por lo que había pasado anteriormente, habiendo dejado su paseo para otro momento. Podían vivir con los secretos de sus padres. Habían decidido que no les iba a importar mientras pudieran  verse, aunque fuera a escondidas, más, ahora, todo había cambiado: necesitaban respuestas y las necesitaban cuanto antes.

Su madre soltó el teléfono de golpe al descubrir que Haydée no estaba en casa, pero hubiese deseado a que siguiera fuera a que llegaran juntos.

—Te dije que no podían verse—

—Pero nunca nos diste una razón. Mamá, quereos saberlo. Nos separaron y no fue por el divorcio, precisamente. Fue sólo una coincidencia o algo que les vino bien a ambos— dijo Haydée enfrentando a su madre. No sería la primera vez que lo hiciera, más ahora que se sentía bien.

—Además, mejoramos espontáneamente desde que nos encontramos. Yo no me he vuelto a sentir mal, ni si quiera me duele una uña y hoy…—

Hubiese querido seguir pero su madre lo interrumpió. Haydée reaccionó cuando vio a su madre empujar fuera de la casa a Heiko ¿no era su hijo? No entendía por qué lo trataba así, porque ese afán de mantenerlos lejos.

—Mamá ¡es tu hijo!—

—¡No, no lo es!— gritó ella.

Ninguno entendía nada de nada. ¿Cuántos secretos podrían tener? Haydée ignoró a su madre, a sus ordenes y a su histeria y salió detrás de Heiko sin pensarlo una sola vez. No necesitaban de eso.

—Vamos. Sé como perderla— le dijo tomándolo de la mano y echándose a correr. Aquella reacción les había dicho que algo grave sucedía y estaban casi seguros de que no lo iban a poder averiguar así como así: ninguno de los dos iba a colaborar, así que debían buscar algo más que estaban escondiendo.

Cruzaron las vías, y terminaron en uno de los vagones abandonados del antiguo tren: su madre nunca iba a buscar aquí.

—¿Vienes seguido?—

—Nunca— sonrió mirando por la puerta del vagón —pero siempre que ocurría una emergencia y mamá me llevaba al hospital, pasábamos por aquí. Siempre quise venir a verlo de cerca y nunca me dejó por ser delicada de salud— y eso la hizo sentir triste ¿por qué esa delicadeza les habia hecho estar lejos once años?

—¿Tienes alguna hipótesis?—

—Debe tener algo que ver con nosotros— dijo ella sentándose en el suelo.

—Desde que salimos del hospital, he pensado que tiene que ver con ello pero a un nivel que no logro entenderlo todavía. Por ejemplo, nuestra mejoría o que nos separemos y desmejoremos. Sé que los gemelos suelen estar muy unidos, pero quizás, haya algo más que averiguar—.

—¿Crees que tenga que ver con nuestros genes?—

—Podríamos partir de nuestro nacimiento— sugirió él.

Tenían un punto de partida, pero era tarde para salir a investigar sobre ello. Heiko pensó que su tío podía facilitarle una partida de nacimiento, pero decidieron ir por la mañana a sacarla al registro y averiguar en dónde habían nacido. Necesitaban saber quien los había tratado y por qué su madre aseguraba que Heiko no era su hijo.

Él la rodeó con un brazo y le aseguró que todo iba a estar bien. Haydée cerró los ojos y se esforzó en creer esa mentira. Nada estaba bien, desde hacía años que nada estaba bien, pero se esforzaban en creerlo y vivir atrapados en una vida que probablemente, no era la de ellos.

Durmieron en el vagón, despertándose por los rayos del sol que entraban por la chapa roída. Nadie se había dado cuenta de que alguien había dormido allí, así que pudieron pasar la noche tranquilos y salir con la misma tranquilidad que antes. Probablemente sus padres estuvieran buscándolos poniendo la ciudad patas para arriba. Decidieron no pensar en ello, desayunar e ir al registro.

Les llevó media mañana llegar hasta ahí, dirigiéndose al hospital. Preguntaron por los clínicos que atendían los partos hacía quince años, dieciséis, quizás, si había sido el mismo especialista, pero les dijeron que era información confidencial.

Desilusionados, pensaban que iban a tener que marcharse de allí sin nada.

—¿Puedes distraerlos?— Le preguntó Heiko en un susurro —necesito entrar a la computadora—.

Haydée lo entendió y se separaron. Ella caminó al centro de la habitación. No había muchas personas: la ventaja de que las máquinas predominaran es que podían llegar a hacer cosas como esa sin problemas. Había una maceta al lado de un banco. Ella se arrodilló en el suelo y delante de la chica que atendía la entrada, sacó la planta y comenzó a rociar la tierra por el suelo, corriendo con maceta en mano.

La muchacha salió corriendo por atrás habiendo apretado un botón en el escritorio llamando a la seguridad del hospital.

Heiko vio que no había nadie alrededor y se metió a los archivos. Horas y horas de aburrimiento en el hospital, le habían ayudado a que aprendiera bastante y su tío, que no tenía un historial muy limpio, le había enseñado uno o dos trucos de hackeo. Sólo necesitaba tiempo y no ponerse nervioso o iba a arruinarlo todo. Cada tanto, miraba por la ventanilla intentando que nadie lo viera, hasta que al fin, encontró el archivo de ellos: lo envió rápidamente a su celular y apenas vio que estaba al cien por ciento cerró todo y salió de allí.

Llamó a Haydée, esperándola en el estacionamiento del hospital. Y en lo que ella llegaba, siguió investigando desde la pantalla de su móvil, desplegándola en frente de él para encontrar a los doctores que habían atendido tanto el embarazo como el nacimiento.

Ella llegó a los quince minutos, dejando la maceta a un lado: estaba llena de tierra.

—Vamos pronto antes de que vean las cámaras—

—¿Ya sabes a donde iremos?— preguntó sin tiempo para reponerse.

Asintió y le mostró una fotografía el hombre tenía sesenta y cuatro años y estaba retirado, no muy lejos de allí, así que sería su primera parada.

—¿Qué crees que vayamos a encontrar?— preguntó Haydée al subir al subte.

Heiko se sentó a su lado, meditándolo un momento antes de responderle. No quería decirlo en voz alta, pero sospechaba que aquella verdad que tanto deseaban conocer, no les iba a gustar.

 ⇐Capítulo 3                                                         Capítulo 5⇒
Espero les haya gustado.

¡Se cuidan! Pasan una linda noche y un lindo día.

Bye!

5 comentarios:

  1. Uy pobrecito espero que encuentre respuestas. Me gusta mucho esta historia te mando un beso y t e deseo una genial semana

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    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias! Igual para ti <3

      ¡Un abrazo!

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  2. Creo que juntos tienen un potencial, que no quieren que se desarrolle. Incluyendo el recuperar la salud. Por alguna razón que todavía no se muestra.
    Saludos

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    1. ¡Sí, sí! Va justo por ahí la cosa.

      ¡Un abrazo!

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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