martes, 3 de enero de 2017

No te soñé — Capítulo 17

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Yo de maravillas, aunque me tomé el día más a fuerzas que nada, que vino mi antigua niñera de visita y ya me quedé en casa por ella, que suele aparecer en casa para los cumpleaños y año nuevo siempre, así que he tenido un día libre más (?) como ella es no vidente, tampoco me daba para salir sabiendo lo que cuesta hacer todo el camino sola —porque se viene sola, que tiene un caracter que se las apaña con todo xD—.


Capítulo 17


Me sentía completamente mareada. A pesar de tener los ojos cerrados, sentía que todo me daba vueltas e intentar abrirlos, fue peor. Me quise frotar los ojos pero encontré mis manos atadas. Fue varios forcejeos en vano hasta que logré sentirme un poco más estable y ver las ligaduras que tenía en los brazos, sujetas al barandal de la cama de hospital en la que me encontraba: no había funcionado.

No sé qué fue peor en ese momento, si verme de esa manera o pensar que todo lo que había hecho no había funcionado. El cuerpo se me estremeció de sólo pensarlo y las ganas de llorar volvieron a mí. Sólo estaba enloqueciendo, al menos, esa era la opinión popular. Quizás, había llegado el momento en que mi cerebro ya no sabía diferenciar la realidad de la fantasía. Quizás, estaría bien viviendo en mi fantasía, escapando de esta terrible realidad.

Mamá entró y se largó a llorar, balbuceando muchas cosas. Sobre mi intento de suicidio, sobre mi locura, que recibirá ayuda profesional para mis delirios, que ella había hecho algo mal criándome, una sarta de cosas. Acabé escuchando la mitad, no sé en qué momento me distraje y no me di cuenta hasta que llegó el doctor y me soltó para ir a otra habitación a hacerme otros estudios que había solicitado mi madre alegando que mi locura podría ser cosa de alguna enfermedad.

El doctor me fue hablando acompañado de una enfermera. Iba en silla de ruedas para que tuvieran mayor control sobre mi. No miré a ninguno de los dos, pensaba en encontrar el momento para salir corriendo de allí. No iba a dejar que me tomasen por loca.

Miré mis manos esperando ver alguna cicatriz de aquella vez que Fei m había lastimado, pero mi piel seguía tan tersa como siempre. Levanté la mirada desilusionada sin poder encontrar alguna prueba física de que estaba bien. Bueno, al menos, que no estaba loca.

Me sentí derrotada y cuando creía que realmente podría haber algo mal en mi, vi a Sophie luciendo una bata de doctora. No podía haberlo imaginado, estaba segura de ello. Me levanté casi trastabillando de la silla y me eché a correr detrás de ella. El médico gritó y la enfermera corrió detrás de mi. No me importó nada de ello ya que yo había visto a Sophie caminar por el hospital ¡No estaba equivocada, era ella! Eso quería decir que no había sido un sueño ¿verdad? Necesitaba encontrarla y hablar con ella, pero no llegué al ascensor. Miré el piso en el monitor y corrí a las escaleras. No sé si aún me seguían pero ya no me importaba.

Llegué totalmente agotada al tercer piso y aun me faltaban dos mas. Pero ya me faltaban las fuerzas. Un año en la cama había hecho mella en mi estado físico, eso era obvio. Debía ponerme en forma, pero primero, debía aclarar las cosas. Por qué el coma y por qué mi viaje. Estoy segura de que yo viajé a algún lado. No sé cómo, no sé por qué, no sé cómo he vuelto, sé que ha sucedido y con creerlo fervientemente debe ser suficiente como para tener algo que defender. Al menos, eso es lo que creo. Eso es lo que intentaré demostrar. Sentí pasos y me escondí en una habitación. Había un hombre mayor con un respirador y una mujer mayor durmiendo apoyada sobre la cama. Se despertó y le pedí de favor que no dijera nada sobre mí.

Ella aceptó y me invitó a que me sentara con ella. Me dijo que le recordaba a ella cuando era joven, siempre huyendo de los doctores cuando la internaron por unos problemas hormonales. Su madre era muy estricta y por cualquier problema de salud ya iba a la guardia con ella preocupada. Así fue hasta que falleció. Pero ella nunca cambió, siempre se sintió aterrada de los hospitales a pesar de que ahora por su esposo, estaba en uno de ellos.

—¿Qué es lo que tiene?— pregunté intrigada. Debía amar mucho ese hombre para superar sus temores.

—Sus pulmones fallan. Él no puede vivir sin ese respirador. En casa, usaba una mochila de oxígeno hasta que lo hizo—

—¿Qué hizo?—

—Me dijo el día anterior, que iba a prepararse para su viaje ¿sabes? Siempre me dijo que era capaz de desprenderse de su cuerpo y viajar. En sus mejores años, fue un gran vidente, siempre acertaba, incluso, con su enfermedad lo hizo— me contó con pesar acariciando las arrugas de su mano con la yema de sus dedos —dijo que sería el último que haría— y no siguió. Sentí que la abuela estaba demasiado acongojada para seguir con su relato, pero eso me dio una posibilidad a mí: había algo más en todo esto.

—¿Tiene algo de ropa qué prestarme?—

—¿Te iras?—

Asentí. Si no me iba, me iban a internar en una institución mental como que siguiera de esta manera, así que debía planear algo. Un buen disfraz sería útil para escapar de allí.

La señora me ayudó, fue demasiado buena conmigo y aun, desconozco las razones. Prometí devolverle el favor en algún momento.

—Estará bien con que vuelvas a verlo y lo ayudes— me dijo.

Me quedé de hielo.

—¿Es usted vidente también?— pregunté incrédula ¿sabría ella de verdad lo que me habia pasado? ¿Me creía? Eso era lo más importante de todo ¿me creía? No tuve el valor de preguntárselo.

—Mucho mejor, querida. Soy mujer. Las mujeres tenemos un sexto sentido innato— me dijo riéndose alegremente —cordón de plata. Eso te va a servir. No lo olvides— me dijo antes de sacarme de la habitación.

Me llevé su sombrero y un pañuelo que usaba para cubrir mi cara. Intenté no mirar a nadie de manera directa hasta llegar a la puerta y sentirme segura. El guardia estaba hablando precisamente de mi, lo había escuchado por el transmisor, dándole mi descripción física. 

Corrí tras haberme alejado del hospital. Mis pertenencias habían quedado con mamá. No llevaba nada encima, sólo aquella pista que me había dado la abuela Sofía. No podía ser tanta coincidencia, estaba segura de ello. Todo había sucedido para que lo descubriese ¿no es así? El universo, Dios, los dioses, quién fuera que estaba maquetando este increíble enredo salido de un cuento de ficción, me había mandado esa pista: el cordón de plata.

Me fui a la biblioteca. Lucía como una señora mayor con esas ropas, nadie iba a sospechar que era yo o al menos, eso lo esperaba. El único lugar donde podría encontrar sobre el cordón de plata era ahí, podría haberme ido a un cyber pero no tenía una sola moneda encima y ahí, era el único lugar que me podría quedar sin pagar, y por sobre todo, sería el último lugar donde sospecharían que yo estaría escondida ¿Kayla en una biblioteca? Probablemente, si no fuera por Rick no hubiese conocido nunca la ubicación de ésta. Debería agradecerle en su momento sobre esto.

Me fui a la última que había en la sala, lejos de la vista de todos y me senté a buscar. Gracias a ella conocí el viaje astral. Esta teoría sostenía que el cuerpo físico era capaz de separarse del alma sin morir, como me había sucedido a mí. La energía que conectaba al cuerpo y al alma, era lo que me mantenía unida a ambos mundos, aunque sólo explicaba de viaje por el mundo ¿sería que es posible atravesar dimensiones con ello? Yo sólo sabía que el cordón de plata era el responsable de todo y si había que romperlo para poder volver a verlos a todos, lo haría, como fuera, lo rompería.



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Espero les haya gustado que no está muy lejos del final :D

¡Se cuidan! Pasan una hermosa noche y un maravilloso día :D

Bye!

4 comentarios:

  1. Que lindo capitulo, muy atrapador. Tengo que leer los anteriores para saber mas a fondo de tu historia. Luce muy interesante.
    Bso

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    Respuestas
    1. ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado <3 Intentaré actualizar pronto <3

      ¡Un abrazo!

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  2. Uy espero que lo logre. Te mando un beso

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    Respuestas
    1. Kayla y Fei son fuertes aunque no lo parezcan.

      ¡Un abrazo!

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