sábado, 21 de enero de 2017

Como una luz o como un grito — Capítulo 5

¡Hola, mis amores! ¿Cómo están? Espero que de las mil maravillas. Hoy no tengo mucho que contarles que tuve un día super tranquilo, aun se sienten las vacaciones y hay poca gente y poco qué hacer, al menos, en estos días en el trabajo me aburro como una ostra :,D así que les dejo el capítulo, un poco más largo de lo que suelo subir. Espero les guste que alguna que otra incógnita sale a la luz.


Capítulo 5 

Milan había estado un par de días ingresada en el hospital. Habían salido rápido así que no tenía mayores problemas que el reposo. Se tomarían unos días de receso del trabajo después de eso, ya que la agencia les había dado franco por el incidente ocurrido. Recuperados y pasado el tumulto, volverían al trabajo.

Aun así, lo que más inquietaba a Battista no era exactamente el trabajo o las vacaciones, sino lo que había visto en la fiesta. Aquel hombre, estaba seguro de que era uno de los que trabajaba para su padre. Y lo que le dijo Milan lo hizo confirmar sus sospechas, sólo había una sola persona que podía compartir esa descripción tan similar a la suya y eso lo inquietaba.

Aprovechando el receso del trabajo, se quedó en casa esos días, hasta que se dio cuenta de que se le había acabado el café, saliendo a comprarlo. Fue cuando encontró a Milan a medio camino.

Él habia ido a verla, salvo que cuando fue, estaba durmiendo, así que sólo tuvo una charla con su tutor sobre su estado, por lo que Milan nunca se enteró de su presencia en el hospital y se lo reclamó por teléfono en cuanto salió. Le dijo que le debía una cena porque la noche en la playa se había arruinado. Y él sabía que no iba a aceptar un no como respuesta, más, acabó cambiándolo a que tomaran un café. Probablemente, sería el último que tomaran juntos así que tampoco pensó en desistir la invitación. Aunque era más una invitación a que él la invitara a ella. Pero no le dio cabida entre sus pensamientos. Milan era así y por extraño que sonara, se estaba acostumbrando a ello, aunque ya no iba a hacerlo más.

No era la primera vez que se iba. Se había cambiado el nombre muchas veces y había aprendido oficios por montones. El de booker era el que más le venía durando sin tener problemas, pero en cuanto aparecían, era momento de emprender viaje de nuevo.  Y básicamente, de lo que había sido originalmente, no quedaba nada, hasta sus documentos eran falsos, cosas que había aprendido de su padre, por supuesto y que le habían servido para alejar toda pista de sí, pero aun no era tan bueno como para despistar a su mentor, por lo visto. El mundo era chico y él se daba cuenta de ello cada vez que se comenzaba a sentir tranquilo. Quizás, volverse un ermitaño fuera la única solución razonable a sus problemas.

Quizás.

Se colocó la chaqueta y salió de la casa para ir al café del centro, donde habían quedado anteriormente. Pero ella nunca llegó. Se preocupó, pensando que algo había sucedido, aunque le parecía raro, Milan no era de las que dejara pasar una oportunidad para estar con él. Lo atribuía a que era joven y tenía mucha energía que gastar, simplemente, un capricho que se le iría con la edad y ya. Pero no era así. Milan era insistente por naturaleza, puntual y muy decidida, tanto que nunca había flaqueado ante él. Y eso también lo sorprendía, hacía tiempo que no conocía a alguien tan tozudo como él.

Esperó una hora y media, hasta que una mesera le trajo un sobre: quedó helado al leer su contenido. Habiendo dejado el dinero en la mesa, salió como alma que lleva el diablo del local. Eso había sido suficiente para que se decidiera de una vez a marcharse.





La habían dejado sobre una cama de dos plazas. El cuerpo de mujer que antes habia estado flotando en el agua fue llevado al lado de Milan, ya portando un vestido amarillo para cubrir su desnudez. Ninguna de las dos abrió los ojos, ninguna de las dos podría.

—¿Estás seguro de que es ella?— preguntó Dustino aun sin estar del todo seguro de ello.

—Nadie puede engañar a estos ojos. Es ella— aseguró —ahora, es momento de hacer magia— arremango su camisa y posó su mano en el abdomen de Milan. Su brazo se vio rodeado de luz, traspasando la piel de ella, como si estuviera hecha de aire.

La expresión de su rostro fue de un terrible dolor, hasta un quejido soltó pero no despertó en lo que el hombre inspeccionaba el cuerpo de Milan, en realidad, iba un poco más allá de su cuerpo, llegando a su alma. Palmiro era conocido por sus habilidades espirituales. Sus ojos habían sido bendecidos para ver el aura y el alma de las personas. Así, había ido perfeccionando sus habilidades innatas con magia prohibida, la que ahora servía a Dustino. Todo era parte de un plan fríamente elaborado, que no habría tenido éxito alguno si no hubiese sido por la aparición de ella. Que el alma reencarnara y él pudiera verlo era uno de los grandes tesoros que tenía la familia.






Battista estaba exaltado. Sabía a donde tenía que ir. Había pasado mucho tiempo esquivándolo y ahora, le tocaba volver a su casa. No le hizo falta nada, ni la llave ni un arma, tan sólo, llevó su chaqueta y salió rumbo a su antigua residencia.

El portón principal se abrió apenas llegó e ingresó sin mayores problemas y sólo había una razón para ello y era precisamente, la que a él le desagradaba: lo querían ahí.

La luz de la puerta del jardín estaba encendida y al llegar ahí, notó la puerta entornada, así que entró por ahí. El pasillo tenía una luz brillante de tono anaranjado y como cuando se había marchado, la decoración seguía siendo tan escueta como su padre.

Se detuvo en la puerta y se quedó mirándola unos instantes. Dudaba de lo que iba a ver del otro lado. Estaría su padre, sus hombres, su familia. Todo aquello que había dejado atrás o al menos, había intentado dejar atrás. Parecía que no importaba cuánto se esforzara, el pasado siempre acababa volviendo, era como un círculo del que no podía escapar. Pero no estaba dispuesto a darse por vencido por ahora.

Juntando valor, tomó el pomo de la puerta e ingresó. Había entrado dispuesto a confrontar a su padre y lo que vio, lo dejó helado. Esperaba ver a Milan allí, esperaba ver a muchas personas ahí, había imaginado de todo, pero nunca eso.

Tragó duro y sintió todo su valor disolverse al cruzar su mirada con la de ella. La miró una vez más y miró a su padre, que estaba sentado al final de la sala cruzado de piernas, buscando una respuesta. Pero no la halló, ni la hallaría.

Ella se acercó a él y como si fuera portadora del peor de los males, retrocedió de golpe.

—¿Por qué estás…?—

—Porque te extrañaba ¿tú no?— lo tomó de las solapas de la chaqueta y le sonrió.

La vio de cerca, su cabello largo y ondulado, su mirada verde azulada, la sonrisa traviesa que le mostraba sólo a él, las manos finas y pálidas que lo sostenían: era Chiara. No podía entenderlo. No quería entenderlo. Ella había muerto hacia diecisiete años ¡era imposible que estuviera de pie frente a él! ¡Imposible! No, tan sólo, no era razonable, ni lógico, ni natural, pero era posible porque ella estaba ahí, frente a él, intentando seducirlo. Estaba de frente a él, en cuerpo, en alma, como si el tiempo no hubiese pasado para ella, manteniendo la mirada adolescente, la picardía con la que lo había dejado. No podía entenderlo ni tampoco quería. Le había mucho superar su muerte ¡Y ni si quiera superarla! Simplemente, se había dado cuenta de que jamás lo haría, ni la superaría ni la olvidaría, sólo había tolerado acostumbrarse a una eterna ausencia de ella.

Su mente y sus emociones eran una sola maraña que no iba a poder disolver ni evitar así nomás. Pero debía dar el primer paso. Tomó las manos frías de su ex y la miró serio. No era momento de dejarse llevar por sentimentalismos. Él estaba ahí por otras razones y fuera las que fuera que tuviera su padre para involucrar a su novia muerta no se lo perdonaría.

—Tú no eres Chiara, solo te ves igual que ella— y la apartó buscando a Milan, quien descansaba en la cama que habían compartido las dos hacía un momento.

Battista intentaba contener sus emociones o estaba seguro que se desatarían y no saldría un alma con vida de allí y si algo había jurado desde que ella había muerto, es que jamás caería al nivel de su padre. Jamás.

Se acercó a Milan sin que nadie hiciera nada para detenerlo. La tomó entre sus brazos y miró desafiante a su padre.

—Ella es Chiara, aunque no completa. El alma de Chiara reside en esa mujer— y señaló a Milan —si decides matarla, podrás recuperar a tu gran amor. Yo puedo facilitártelo—.

Fue una ráfaga de viento tan fuerte la que azotó la habitación que todos los muebles salieron despedidos contra la pared, teniendo que esquivarlos para no salir heridos. Pero Dustino siguió sentado observando como su hijo se marchaba.

—Tú sabes que la única forma de escapar a tu destino es matándome. Mientras, seguiré tras tu pista hasta que cedas. Tengo tiempo y es divertido— dijo sacudiéndose la ropa al ponerse de pie.

Battista lo miro por encima del hombro.

—Mi respuesta seguirá siendo la misma: no me interesa tener relación contigo. Puedes olvidarte que tuviste un hijo. No me importa como consigas otro heredero, sólo consíguelo y déjame en paz—

—Tú sabes que esto no funciona así. Quien me traiciona, las paga. Lentamente, las veces que quiera y cuando yo quiera. Eso aplica a todos— dijo entrelazando los dedos sobre las rodillas.

Battista estaba seguro de que sus palabras eran ciertas, pero, no podía ceder a todo ello. No podía aceptar a su padre ni tampoco podría seguir su legado. Y enfrentarlo, enfrentarlo, hacerlo desaparecer de su vida sólo significaba una cosa: matarlo. La policía no tenía nada contra él, nunca. Era cuidadoso como para no dejar huellas y sus hombres, si alguna vez habían sido capturados, estaban dispuestos a sacrificarse por la familia, por él y por todo lo que hacían, algo que ya había sucedido alguna vez, más, Dustino, había ido a su rescate tras un motín en la cárcel.                       

No hubo alguien que lo detuviera, la batalla recién estaba comenzando y él no tenía problemas en torturarlo un poco más ahora que contaba con un arma mucho más potente que cualquier otra: Chiara. Aquello sólo había sido una pequeña muestra, para darle en su lado sensible, lo mejor, estaba por llegar.





<<Capítulo 4                                                            Capítulo 6>>


Y hasta aquí llega el capitulo. Intentaré actualizar pronto.

¡Se cuidan!

Bye!

12 comentarios:

  1. Ahora está claro, que retorcido. Matar a una mujer para recuperar a otra o matar a su padre, a quien odia. ¿Habrá una salida para el personaje?

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    1. Ninguna de las opciones es buena para Battista, confiemos que puede llegar a sacar una tercera ¿no?

      ¡Un abrazo!

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  2. Hola me gusta leer tu blog y ya estoy de seguidora, yo también tengo uno por lo que te invito a el, besotes..

    " estoy entre paginas"

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  3. Oh... ¡Ya quiero leer el siguiente! Me has dejado con la intriga. Es realmente perturbador.

    Un beso

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    1. ¿Verdad que sí? Pero eso es lo que lo hace más interesante.

      ¡Un abrazo!

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  4. Uy pobre Battista , me da pena las decisiones que debe tomar y ese padre que tiene. Te mando un beso

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    1. El pobre la va a tener díficil pero confiemos en que logre superarlo <3

      ¡Un abrazo!

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  5. Ya está el proximo Este jueves, un relato. El tema es
    Soledades.
    http://desgranandomomentos.blogspot.com.ar/2017/01/este-jueves-un-relato-soledades.html#comment-form

    Un abrazo.

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    1. Gracias por avisar <3 enseguida me paso a leerlo <3

      ¡un abrazo!

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  6. Un capítulo de gran intensidad. La fortaleza de esa familia es inquebrantable por lo que veo. Batista está contra la espada y la pared, eso de tener de enemigo a su propia padre debe ser difícil para el. Veremos qué le depara en el próximo capítulo. Genial.
    Bso

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    1. ¡Muchas gracias! Pues, no es cosa fácil lo que tiene que enfrentarse, más que su caracter no es similar al de su padre, así que le va a costar mucho.

      ¡Un abrazo!

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