sábado, 21 de enero de 2017

52 días de reto: día cuatro

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Sigo con el reto! Por si quieren sumarse o ir leyendo los anteriores, los invito a pasarse por aquí que está todo bien ordenadito <3 

Hoy me toca basarme en algún cliché de esos que te sacan de onda para hacer un deus ex machina. Y me pasé pensando exactamente qué es lo que podía hacer, además, de leer mucho sobre eso. Para los que no sepan, es 'Dios desde la máquina', donde los escritores jugamos a ser dioses —no es como si no lo fuéramos ya (?)— para sacar una solución de la galera, así sin más.

Día cuatro: Escribe una historia en la que salves la situación con un mayúsculo deus ex machina




Bajo el ala del misterio

                Le estaban pisando los talones y Johann no aparecía por ningún lado. Primero, tenían a la policía encima de ellos. Luego, al pseudo aquelarre que los perseguía intentando matarlos. No podían hacer mucho con los flancos cubiertos. Si iban por uno, las brujas los atraparían, en el otro, la policía los iba a encontrar y no podían dejar que los atraparan, mucho menos, ahora que su hermano estaba desaparecido.

                —Hay que hacerlo— le dijo Fran tomándola de la cintura y subiéndose al alfeizar de la ventana sin darle tiempo a actuar para luego, pegar el salto a la pileta. No los iban a seguir por ahí o al menos, eso esperaba.

                Maya emergió rápidamente habiendo perdido a su hermano al caer al agua. Miró a su alrededor preocupada y se encontró sola en la pileta. ¡Perfecto! El aquelarre, la policía y ahora, sus dos hermanos estaban desaparecidos. Johann había desaparecido en una situación similar, cuando habían dado parte de ellos como aquellos prófugos que habían desaparecido hacía seis meses.

                Nadó hasta la orilla y salió. No tenía tiempo de secarse ni de borrar sus huellas, así que comenzó a correr, esperando salir ilesa de allí. Sentía las sirenas y los agentes que habían entrado a la casa, seguirle los pasos. El corazón se le iba a salir por la boca en cualquier momento.

                Su abuelo, podría haber empleado gran parte de su tiempo contándole sobre aquellas brujas que formaban grupos para matar humanos. O brujos, en su caso. Sólo esperaba que sus hermanos no hubiesen caído a manos de ella. 

                Se escondió en un árbol de copa ancha mientras la gente comenzaba a amontonarse y a salir por las sirenas de la policía. Sentía su cuerpo temblar, no sólo por el miedo, era la primera vez que estaba sola en una situación similar y aunque siempre se había mostrado muy temeraria, siempre había tenido a Francis y a Johann cubriéndole las espaldas. En cambio, ahora, estaba completamente sola, sin nadie que pudiera ayudarla a salir de allí ilesa. Y encima, el viento soplaba con fuerza, haciendo que el frío de su cuerpo se intensificara al estar mojada. No podía usar el fuego o descubrirían su escondite. Y gracias a eso, tuvo una idea, por el fuego, ella podía despistar a todos. Y ni lo pensó, enfocándose en el auto aparcado en la calle, haciéndolo arder. No había nadie alrededor, pero enseguida al ver el fuego, la gente se concentró en apagarlo antes de que explotara el tanque de gasolina.

                Aprovechó ese momento para bajar sigilosa y correr cuanto pudiera de ahí. No tenía tiempo que perder, con suerte, podía volver a la cabaña y pensar en un plan, nadie allí la buscaría a sus hermanos. Pero nunca esperó que las brujas la acorralaran en la calle. Eran cinco en total, que la llevaron a una calle desolada, con la policía y tanto curioso alrededor, no podían hacer nada a la vista de todos.

                —Al menos, queda ésta— dijo una de las mujeres, cruzando sus brazos, moviendo sus largos dedos con las uñas rojas y largas sobre el codo.

                Eso le dio un indicio a Maya de que no habían sido ellas las que tenían a sus hermanos ¿entonces? Frunció el ceño. No tenía nada encima y se arrepentía de no haber escuchado mejor a su madre y tener su pequeño equipo para situaciones críticas. Cuando estuvieran con bien, no dudaría en volver a la cabaña y preparar su bolso con todo eso. Por ahora, no contaba si quiera con un celular que funcionase y estaba rodeada, contra la pared, dando un paso hacia atrás y sintiéndose aún más acorralada que antes al chocar contra el frío muro.

                —Mátala, atraeremos a Elián aunque sea sólo con ella— habló Ada, quien le pareció, era la que mandaba a las demás.

                La tomó del cuello y aunque ella forcejeó e hizo que las llamas quemaran sus pies, una de ellas le clavó una aguja en el brazo, haciendo a Maya flaquear.

                —¿Sabes qué es? Ajenjo mayor, también conocido como Artemisa. Como tu querida madre muerta— le contó Ada en un susurro con una sonrisa que hizo a Maya sentir asco.

                Su visión se volvió borrosa. Conocía los efectos de la planta. Mezclada con la sangre de un brujo, resultaba mortal, aunque en un humano, sólo causaría alucinaciones. Lo recordaba bien de lo que su abuelo le contaba y pasaba largas horas instruyéndola sobre las bondades y los malos chistes de la botánica. En ellos estaba todo lo que podía ayudarlos como los que no.

                La soltaron y cayó al suelo, sintiendo las miradas de todas, sabiendo que estaban esperando al momento en que su respiración se cortara para dejarla abandonada a su suerte y que alguien encontrara el cuerpo frío de la bruja.

                Escuchó una risa y tuvo ganas de patearlas una a una, pero estaba cada vez peor. Casi estaba a punto de rendirse cuando vio a todas las mujeres caer al suelo. La calidez de una mano pasó por su rostro sin que ella supiera exactamente quién era. No lo escuchó hablar, quería pedirle que hablara más fuerte, que se sentía casi sorda, pero tampoco salió nada de sus cuerdas vocales.



               
                Le dolía la cabeza y le daba vueltas todo. Sobre ella, había una manta tejida que estaba algo roída por el paso de los años. Se sentó en la cama y miró a su alrededor, reconociendo el lugar donde estaba: la cabaña de su abuelo.

                Salió corriendo de la habitación encontrándose con sus hermanos ahí, sintiéndose dichosa de que estuvieran bien, abrazando a Fran y a Johann antes de mirar por el espejo, al hombre de piel dorada que estaba ahí.

                —Él te salvó— se adelantó su hermano mayor a responderle —a los tres, aunque aún no nos ha explicado nada—.

                Ninguno creía que pudiera aparecer de la nada y salvarlos sólo porque sí. Algo más se traía entre manos, aunque ninguno sospechaba qué es lo que era. Poco les había dicho la razón por la que los había traído de a uno, era simplemente, que su poder no era tan amplio sin su colgante, siendo mucho más cansador transportarlos a lugares tan lejanos.

                —Su madre me lo pidió— fue lo primero que dijo después de estar largas horas con ellos en silencio.

                —Entonces ¿Sabes dónde está? ¿Por qué no se ha contactado con nosotros?— preguntó Johann con entusiasmo que pronto acabó por esfumarse.

                —No. Hace seis meses más o menos, dejé de sentir su presencia en éste mundo. Justo antes de eso, ella me pidió que los protegiera—.

                —¿Y quién es usted?— preguntó Maya.

                —Quién te salvó de la muerte. Mi nombre es Ruggiero, aunque probablemente, me conozcan mejor por Noddens—

                —¿EL dios celta?— Preguntó Francis viendo asentir al contrario.

                No hubo mucha más charla después de eso porque el dios no estaba muy dispuesto a charlar con ellos, más, les pidió que se mantuvieran alejados del peligro antes de desaparecer de ahí, sin pedirles nada más ni dejar rastros o una forma de contactarlo.

                Mientras más conocían el pasado de su madre, menos entendían nada. Las brujas les habían asegurado que su padre esaba vivo, aunque ellos sabían que había muerto hacía doce años. En cambio, su madre llevaba desaparecida seis meses y la aseguraban muerta. Sus enemistades, la muerte de su padre, ahora, el dios que salía a cuidarlos, como si ya supiera lo que iba a suceder. Sólo planteaban más preguntas que no tenían idea de cómo responder, pero que estaban dispuestos a darle una respuesta convincente, así les costara.





Para quienes no han leído los cuentos anteriores, les cuento un poquito rapidito todo. Elián es el padre de Maya, Johann y Francis. Artemisa es su madre. Su padre murió y su madre desapareción con su abuelo sin dejar rastros, dejándoles a ellos el trabajo de averiguar qué es lo que sucedió con ella  y él, encontrándose con varios enemigos en el camino. 

Es una historia que tengo en proceso de continuar. Y como había que hacer uno de esos rescates sorprendentes, la idea del dios apareciendo de golpe fue lo mejor.

Espero les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!            
               
               


8 comentarios:

  1. ¡Buenos días! Me ha gustado muchísimo la historia y... ¿dónde están los demás trozos? Podrías pasármelos por correo y así, ordeno en mi blog los capítulos para llevar un seguimiento.

    Me ha gustado mucho la idea de que apareciese un Dios celta en tu historia. Aunque a ese no lo conozco...


    Un beso,

    Noa

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    1. ¡Gracias! Me alegro que te gustara y te enganchara. Ya hago un índice de ellos y te lo mando por correo <3

      ¡Un abrazo!

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  2. Oioioioi como me ha gustado. Que ganas tenía de leerte de nuevo.
    Un besito guapa

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    1. ¡Gracias! Se te extrañaba también <3

      ¡Un abrazo!

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  3. Muy clara la reseña. Y me gusta la temática.
    Bien el deux in machina.

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    1. ¡Gracias! Me alegro que te gustara <3

      ¡Un abrazo!

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  4. Hola, Roxana
    Dejame decirte que, me ha encantado este relato. Creates un argumento chick lit con deus ex machina. Te quedo super original con ese Dios céltico. Me a atrapado el misterio de este, y tendré que leer los anteriores.
    Beso y feliz domingo

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    1. Primero, déjame decirte que he conocido un género nuevo gracias a ti, desconocía la existencia del chick lit.

      Me alegra que te gustara <3

      ¡Un abrazo!

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