domingo, 31 de julio de 2016

52 días de reto: día treinta y dos

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 ¡Hoy les traigo el reto! Y a pedido de mi querida Kath y Mia, la continuación del relato de ayer y a su vez, una mezcla con el relato del día veintiocho que, va más o menos por el mismo camino. La verdad es que ayer mientras lo escribía, había pensado la historia como una continuación no ligada de esta historia más, he acabado pensando que ambos personajes van a trabajar mejor juntos, así que aquí este gran Frankentein (?)

Día treinta y dos: Escribe un relato sobre las marcas que deja la vida en la piel.

Y como si fuera poco todo eso, he sumado un extra a la historia. Hará un tiempo, más o menos, un mes, leí en el blog de Eleazar sobre un programa para hacer historias interactivas muy sencillo de usar: Twine. Y me quedé con las ganas de usarlo. Había pensado en hacer la primera historia para el reto de Tahis, pero la verdad, es que me está costando llevar el reto, así que como mal que mal, llevo este más al día, me meto con este.

La verdad es que la premisa: si uno es capaz de escribir es capaz de usar Twine me motivó muchísimo a metemer, pero hacer una historia con dos arcos argumentales, paralelos que lleven al mismo personaje pero que desenboquen en situaciones diferentes ¡es todo para pensarlo! Y ni hablar si nos metemos a más. Fue cuando me metí a esto que he llegado a sentir verdadero respeto por los creadores de novelas visuales ¡grandes escritores! No es sencillo, pero nadie dijo que tenía que ser sencillo para ser bueno.

Y bueno, les dejaré la historia linkeada —mi primera historia fuera del blog :,D— y ya me dirán qué opinan. No será larga porque me exprimí la cabeza creando variables, pero espero que la disfruten al menos <3

Estadía indefinida


A pesar de eso, ha sido realmente divertido todo esto. Una forma diferente de escribir pues, siendo sincera, ha sido todoun reto: jamás había pensado en hacer algo como esto y me he entusiasmado a hacer una próxima historia por aquí de nuevo. Aun no sé cuándo vaya a publicarla, pero seguramente, estaré trayéndola pronto que además, el programa permite insertar imágenes, música y todas esas cosas para hacerlo más interactivo y bonito todavía. Es cosa de darme un poco de maña que este fue una especie de conejillo de indias también XD

La historia tiene dos finales, uno abierto y el otro bastante definitivo. Ya veré si continuar el final abierto en otro momento, que me gustaría seguir explorando este formato todavía y esta historia que aun no le he sacado todo el provecho que podría sacarle. Y también, mejorar en cuanto al uso del programita que después de terminarlo me di cuenta que debería haberle una portada bonita y cosas como esas xD Pero bueno, son los errores de novato.

Espero les haya gustado y les recomiendo probar el programa y hacer sus propias historias que seguramente, será una experiencia interesante.

¡Se cuidan!

Bye!

P/D: aun soy nueva con esto, así que cualquier problema que tengan con el link de arriba, dejo el archivo en Drive. De ahí lo pueden descargar y abrir con el navegador —que sino, verán códigos nomás—. Aquí el enlace.
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sábado, 30 de julio de 2016

52 días de reto: día treinta y uno

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 Les traigo otro día de reto. Pensé que me iba a costar como el día de ayer, pero tengo una buena idea, al menos, en mi cabeza suena tremenda, ahora, pasa que cuando lo plasmas al papel, a veces cambia eso. De todas formas, espero que les guste <3

Día treinta y uno: Imagina que eres incapaz de salir de un piso durante una semana. Cuenta cronológicamente cada día y por qué no puedes salir.

Estadía indefinida

                Estoy loco. No. No lo estoy. Eso es lo que ellos dicen y pretenden que yo crea: que estoy loco. Pero no es así. Estoy cuerdo, muy cuerdo. Más cuerdo que cualquiera de los inútiles que me trajeron hasta aquí. Yo lo sé bien. Lo sé bien. ¿Pero cuál es la mejor ayuda que me pueden dar? Declararme locura ¡claro! Santo remedio. Llevas al loco a la habitación cerrada, ahí no tendrás que escucharlo ¿para qué escuchar a alguien si te puedes deshacer de él?

                No puedo hacer mucho aquí dentro. Tengo una cama blanca, ropa del mismo color y absolutamente nada más a mi alcance. Paso todo el día encerrado. Soy alguien violento para congeniar con los demás, al menos hasta que la medicación haga efecto en mí y pueda salir al patio con los otros. Todo consiste en suprimir mi voluntad y mis ideas una a una, con un cuchillo interno que me irá matando poco a poco a base de drogas. Así, encajaré de nuevo en su querida sociedad ¡al diablo su sociedad! Como si yo quisiera volver a estar con los idiotas que me trajeron aquí.

                Yo sé exactamente lo que vi. Sé exactamente lo que va a pasar. Escuché algo que ellos deberían haber tomado en serio ¡los monstruos existen! Los demonios están con nosotros ¿Qué Lucifer reina en el infierno? Eso es mentira. Lucifer reina en la tierra y se hace presente como amigo, vecino y esposo sin que nadie se dé cuenta hasta que es demasiado tarde.




                Llevó tres días aquí dentro. No hago más que comer lo que me dan y esconder las medicaciones cuando debo tomarlas. Tengo que salir. Tengo que salir. No importa cuánto me cueste, sé que él vendrá por mí si me quedo en un sitio así que debo buscar la forma de escapar. Pero no tengo mucho. Las ventanas tienen barrotes, la puerta seguro y está lleno de enfermeros y guardias. Estoy en un pabellón para albergar a locos violentos, tal como yo. 

                Hace tres días era un vendedor de casas con mala suerte. Ahora, he quedado reducido a un loco con ataques de ira. No puedo si quiera comer al pensar en eso.

                La enfermera ha venido a llevarse la comida y yo le he rozado el bolsillo, quitándole la lapicera. Espero que funcione o estaré mucho tiempo aquí.

                Cuando han apagado las luces, he empezado. Le he quitado todo dejando sólo la carcasa, quitándole el tapón de la parte trasera. Corrí la cama para hacerme de estante y subir sobre ella. Puse la lapicera de culata y rogándoles a Dios y todos los santos, encajó sobre el tornillo. Ya sólo me basta quitarlo de allí y esperar que no se rompiera. Lo único que me faltaba es que se me rompiera cuando estaba tan cerca.

                Me llevó unas horas. Estaba cansado y con la mano acalambrada de tanto darle vuelta, pero había logrado sacarlas la reja. No pensé que fuera a funcionar, pero funcionó. La quité con cuidado de no hacer ruido y me escabullí por ahí, dejando las rejas sobre la cama. Lo malo de seguir ahora era la cornisa. No debía mirar abajo. No debía mirar abajo. Si lo hacía, estaba seguro de que iba a flaquear.

Tragué saliva y me fui sosteniendo de la pared hasta que llegué a una columna y me sujeté a ella. Había un árbol en frente, era frondoso y grande. Tragué saliva, sentía mis manos y piernas temblar pero tenía que hacerlo. Tomé impulso que pude en el pequeño espacio de la cornisa y me arrojé al árbol. Me golpeé y estoy seguro que me lastimé más por las ramas que por el golpe de la caída: estaba afuera.

Me puse de pie y comencé a correr lejos. No iban a tardar mucho en darse cuenta de que yo no estaba e iban a empezar a buscarme. Ahora tan sólo debía esconderme de todos, de todos, hasta que fuera seguro salir, hasta que tuviera todo para hacerle frente a la realidad. Sólo podía esconderme. No, sólo quiero esconderme y que nadie me encuentre.

Tan sólo me esconderé, antes que los demonios me encuentren y yo desaparezca para siempre.




Había empezado por lo típico: un rapto y acabé descartando esa idea muy pronto así que terminé con esta. Creo que nunca había hecho la fuga de un manicomio, fue interesante plantearlo xD 


Espero les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!
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viernes, 29 de julio de 2016

Inspirándome con un elemento: El libro donde te encontré

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Sigo con esto de ponerme al día con los retos en los que estoy inscripta. Ahora toca de nuevo éste, que creo, es con el que más atrasada voy que me vengo demorando mucho en subir todo a pesar de que lo tengo en pendientes :,D 

Siendo sincera, de sólo ver la imagen ya sabía sobre qué iba a escribir a el protagonista de la historia, así que tenía todo bastante armado, pero me demoré  como de costumbre, que no sería yo si fuera exactamente puntual para publicar estas cosas. Si quieren ver el reto completo, pueden hacerlo en Ficción Romántica.





El libro donde te encontré

                Fue una casualidad hallarlo en la biblioteca. Parecía ser que el destino se había esforzado en que ambos se encontrasen. Al llegar y revisar los estantes, se vio con su mano sobre el mismo libro que él, acabando por discutir quien se llevaba ese ejemplar. 

Artemisa ganó, con la excusa de que él tenía otros materiales que leer y que podría esperar a que ella lo desocupara. Ella le agradeció con una sonrisa brillante abrazando el libro para dirigirse a una mesa no sin antes echarle un vistazo a aquel hombre desde la lejanía. Sus miradas se cruzaron una vez más ese día pero no hubo más charla que esa al final de todo.

Más, no iba a tener la suerte de olvidarlo al volver a la biblioteca y encontrarlo leyendo el libro que ella buscaba. Era uno diferente, pero al parecer, ambos estaban leyendo de los mismos temas: magia.

Le agradeció a la recepcionista por darle la información que buscaba y se dirigió a la mesa donde él estaba sentado leyendo, bajando el libro a que quedara con el lomo sobre la mesa, mirándolo con una sonrisa pícara.

؅—Al parecer, te has empeñado en llevarte mis lecturas—

Él la miró sorprendido para luego reírse.

—Debe ser el destino—

—No, Destino debe estar mucho más ocupada cortando los hilos de alguien. Es más razonable que sea magia—.

Y él se tomó a broma aquel comentario o al menos, quiso hacerlo. No era común que la gente hablara de que la magia existía como si fuera lo más normal del mundo. Lo que él no sabía y descubriría más tarde, es que ella hacia mucho más que creer en la magia.




Elián, el nombre de aquel hombre, le había contado que estaba investigando sobre unos símbolos mágicos que había encontrado en unas ruinas. Era arqueólogo y en su último viaje había encontrado instrumentos realmente interesantes y algunos que jamás había visto, intentando encontrar algo de ello en los libros, antes de entregarlos al museo. Aunque en los últimos tiempos, había encontrado cosas que, según él, eran demasiado poderosas para que estén a la vista de todo, olvidándose de dar reportes para resguardarlas él.

Artemisa, estaba bastante entusiasmada con sus relatos, tanto así que había dejado un poco de lado lo que había ido a hacer a la biblioteca, olvidándose que su padre la estaría esperando con información que le iba a servir para resolver su misión. Pero en ese momento, poco importaba. Estaba demasiado metida en los relatos de Elián como para pensar en que había un monstruo suelto. Tendría tiempo de resolverlo luego.

Acabaron por salir de la biblioteca para ir a tomar algo. Él la invitó a su departamento, pues, Misa aseguraba que ella podría ser capaz de ayudarle. Había crecido en un ambiente mágico, literalmente, por lo que, si era tal y como él relataba, quizás, ella sería mucho mejor que cualquier libro que encontrase. Era una estupidez confiarse así de un extraño, pero ninguno de los dudó en aceptar. Habían aceptado que la magia estaba en aquel encuentro y que por eso, las cosas iban a terminar bien.

Ella se quitó el abrigo al entrar a la vivienda y lo siguió hasta la sala, observando con escrutadora mirada todo. La pila de libros sobre la mesa, pergaminos viejos, anotaciones por todos lados y varias tazas de café. Sospechaba que no era un hombre que durmiera de manera convencional, sino, que quedaba dormido en el trabajo.

Sin ningún tipo de permisos y con la curiosidad como su guía, ella tomó una de las hojas que había sobre el escritorio y miró el dibujo de una roseta, con una cruz en medio en la que la base de la misma acababa envolviendo en varias espirales al dibujo.

Elián se acercó con una taza de café y le explicó que era uno de sus últimos trabajos pero que aún no sabía qué era. Pero ella sí: un símbolo de invocación.

—¿Para quién?—

—Adivina— volteó sonriendo casi feliz. Pero él se encogió de hombros, no tenía idea de ello.

—Artemisa. Sí, como yo— y dejó la hoja dándole un sorbo al café —mi padre me puso su nombre para darme su poder. Los nombres tienen magia y una vez que consagras al niño a uno, obtienes sus virtudes. La batalla es la gracia de Artemisa, la caza y la noche con lunas. Te dije que había magia entre nosotros—se rió.

Él no sabía qué decirle realmente. ¿Era realmente el destino? Mucha coincidencia y no es que no creyera, pero era todo tan raro que no sabía qué decirle. Por sobre todo, desconocía cómo alguien tan joven como ella pudiera saber tanto de magia antigua, incluso, una que ni él había encontrado antes.

Y Misa se lo explicó. No sólo era el nombre lo importante, sino toda su historia y su padre, tenía mucha historia por el mundo. Había vivido en varios periodos de tiempo y recolectado mucha información. Aunque no le dijo nada de esto, sólo que su padre era un gran aficionado a la historia y que, probablemente, si veía la colección de reliquias que él tenía allí, iba a enloquecer de felicidad. Había muchas cosas realmente valiosas allí.



Volvió a la biblioteca al día siguiente, pensando en buscar al fin lo que le habían encargado. Más, apenas abrió la puerta, un intenso olor a sangre golpeó su nariz. Misa sacó el revolver de su chaqueta y comenzó a andar con paso sigiloso, esquivando las cosas que había en el suelo, entre tantas de ellas, algunos cadáveres de chicos y chicas. La recepcionista era quien peor la había llevado al acabar cercenada en fragmentos.

Sintió repulsión. A pesar de que veía escenas grotescas como esa seguido debido a lo que hacían, era algo que no terminaba de ser agradable. No terminaba de hacer de tripas, corazón y ser indiferente a ello, por el contrario, aun le afectaba.

Se metió por los estantes con cuidado de no hacer ruido y de tener un ojo al frente y el otro a la espalda cuando sintió un ruido. Volteó rápidamente apuntando el cañón al frente sin tener éxito, fue entonces cuando la estantería se derrumbó y ella rodó por el suelo casi a centímetros de que le cayera encima y la aplastara. Entonces, lo vio: Elián estaba allí, con la Annis negra sujetándolo por el cuello. Había seguido a aquella bruja desde hacía seis meses y siempre encontraba la forma de escapárseles, pero en esta ocasión, ella esperaba acabar con eso.

Él estaba asustado y no era para menos. Ella se sentía de la misma manera pues, no contaba con que lo usara a él, no esta vez. ¿Qué iba a hacer? Bajó el arma sin pensarlo y se quedó frente a ella.

—Tenía que acabar contigo lejos del viejo, así que te seguí— se rió la bruja sosteniendo al muchacho, con una de sus uñas afiladas y tan azules como su piel contra el cuello de él.

Ella no iba a dudarlo, sabía que tenían que matarla pero para eso, debía tener la certeza de que no iba a matar a Elián. Así que simplemente, ofreció un trato: ella por él. Lo dejaba ir a él y la tendría a ella para lo que quisiera.

La bruja no lo dudó y sonriendo, le pidió que se acercara a ella, apenas teniéndola a centímetros para botar al suelo a Elián y agarrarla a ella del cuello, colocándole un brazalete en su muñeca.

Misa se rió y le dio un golpe en la mandíbula, deshaciéndose de la bruja y haciendo uso de la piroquinesia, se quemó la muñeca. No iba a permitir que sellara su magia, aunque le costara la muñeca quemada.

Corrió hacia él y lo ayudó a ponerse en pie, pidiéndole que se fuera lo más lejos que pudiera. Ella se encargaría de todo, después de todo, sus visitas a la biblioteca no habían sido tan improductivas como su padre había pensado y conocer al arqueólogo había sido una gran ayuda.

Pero la Annis ya se había recuperado lo suficiente como para hacer que se estrellara contra otra estantería, dejándola bastante aturdida, pero no menos decidida a acabar con todo. La bruja la tomó del mentón y la golpeó haciendo que ella escupiera una buena cantidad de sangre. Era fuerte, demasiado pero ella estaba segura de poder ganarle. Debía hacerlo si no quería morir en el intento. Pero no podía pararse ante el ataque de la mujer.

Con su vista casi nublada por los golpes, vio como ella cayó al suelo después de que una silla le fuera partida en la cabeza: había sido Elián. Tomó a Misa entre sus brazos quitándola de allí, pidiéndoles que se fueran pero ella se negó. No podían irse sin haber hecho el trabajo.

Sacó una bolsa de hechizos de su bolsillo y él vio el símbolo que había dibujada en ella: el mismo que el de sus estudios. Misa la encendió y se la arrojó a la bruja recitando un hechizo para que surtiera efecto. Por último, le pidió a él que se cubriera los ojos ante la inminente explosión de luz azul que surcó todo. 

Los vidrios de la biblioteca quedaron totalmente destrozados, los libros… pocos quedaban en pie y todo estaba manchado con sangre y un líquido viscoso de tinte azul. Más, al menos, tenía la certeza de que ella, había muerto ya. Y con eso, sus fuerzas cedieron cayendo de rodillas al suelo, respirando aliviada. Sólo susurró que había que salir de ahí antes de que la policía llegara y los viera dentro.



Al despertar, estaba en la cama de Elián. Su habitación tenía olor a libros viejos. Y al inspeccionar con la mirada, se dio con que era una especie de biblioteca mal hecha, donde apenas había espacio para pasar sin problemas. Era demasiado apegado a su trabajo. Pero le gustaba eso pues, ella también lo era. A brujería era parte de su vida y corría por su sangre y de la sangre, no se escapa.

Se levantó de la cama adolorida y salió a la sala, donde lo vio pensativo frente a una botella de whisky. Se rio al verlo así, delatando su presencia en la sala.

—Siento que no debo preguntar, pero de todos modos, seré impertinente— y suspiró —¿Cómo te sientes?—

Ella se sentó a su lado, quitándole el vaso con whisky para tomarlo ella.

—Esa no es la pregunta que ibas a hacer—

Él miró el suelo, sonriendo de medio lado, sirviéndose más en el vaso. Tenía razón, no iba a preguntar eso pero lo preguntó. No quería dar por hecho que todo lo que había visto era real.

—Era una annis negra. Una bruja que se alimenta de niños. Por alguna razón, a esta le gustaban más maduritos. Llevamos seis meses con mi padre buscándola. No pensé que nos separara a propósito para atacarnos. Lo siento— se disculpó tomando la mano de él entre la suya, entrelazando sus dedos.

Él seguía con su mirada incrédulo. Había leído tanto, investigado tanto que nunca creyó que aquello que tanto perseguía se iba a hacer realidad en una biblioteca.

—¿Y tú? ¿Qué eres?—

—Soy una bruja, pero de las buenas— sonrió y soltó su mano.

No tenía mucho más qué hacer. Sabía lo que pasaba cuando la gente se enteraba de esas cosas y era mejor mantener distancias. Así que se puso de pie y le agradeció por lo que había hecho. Pensaba volver a casa y salir de aquel pueblo a otro sitio que su padre indicara en el mapa: el mundo era su destino. 

Pero Elián hizo algo que ella no esperó: la detuvo. La tomó del brazo antes de que fuera a buscar los zapatos en la habitación y le pidió que se quedara con él.

Ella se sintió aliviada, feliz y sin pensarlo ni si quiera un segundo, lo besó, dejándolo aún más perplejo. Era una mujer con demasiadas agallas.

Se relamió los labios al dejarlo, mirándolo coqueta, recorriendo con la yema de sus dedos su mejilla.

—¿Es parte de la magia también?—

—Siempre— se rió y se sentaron en el sofá a beber sabiendo que esa no iba a ser la última vez que se verían, ni mucho menos. Aun había mucha más magia que descubrir en su destino y ambos, estaban dispuestos a hacer los conjuros necesarios para ello.





Y ya les había presentado en una ocasión —el día veinticuatro—, a tres protagonistas de una de mis novelas y ahora, les traigo a dos más de la misma, aunque, en la novela serán más personajes secundarios. Ellos, Artemisa y Elián, son los padres de Francis, Maya y Johann y éste es un cuento de como se conocieron, algo que no había contado en la novela, pero aprovecho ahora para hacerlo.

Espero que les haya gustado, que ya ahorita que veo que me quedan menos borradores que publicar, iré subiendo las continuaciones de mis novelas y quizás, estrena alguna nueva, quién sabe.

¡Se cuidan!

Bye!



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