miércoles, 28 de diciembre de 2016

Uno entre mil — Parte III

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? Les traigo la última parte de este cuento. Pueden ver las otras partes en Si Perdemos el control, que ahí he dejado todo bien ordenadito o al final, podrán encontrar el link para ir a la parte anterior. 

He de decir que me ha costado, por sobre todo, que he investigado más que Morgan en su afán de volver al presente sobre giros temporales y esas cosas para acabar, como siempre, haciendo lo que quiero ¡las maravillas de la ficción! Lo he disfrutado mucho que me ha sido muy divertido escribir todo esto y espero, lo disfruten ustedes también.

Los dejo con el final.



Las horas habían pasado y el aburrimiento era mortal ¡no pasaba absolutamente nada ahí! Se estaba cansando de estar ahí, para mejor, anochecía y estaba refrescando y estaba seguro de que eso le iba a pasar factura después. Pero no podía irse, no todavía. Al menos, estaría allí hasta la medianoche. 

Miró su reloj, casi eran las nueve de la noche.  Salió del auto y se quedó mirando fuera,  poco decepcionado de haber fallado en su razonamiento. ¿Qué había fallado? Tendría que volver y seguir pensando, quizás, había algún detalle, por ínfimo que fuera que se le había escapado y había llegado a sacar falsas conclusiones. No sería la primera vez que se equivocara pero sí la más importante de todas. 

Respiró el aire helado y volteó a abrir la puerta del auto. El frío tampoco estaba ayudando a su razonamiento, pero ayudó a algo mas: vio al hombre al lado de la máquina en forma de cafetera. El extraño le sonrió con sorna y Morgan, reaccionó como si la vida se le fuera en ello para detenerlo. Y lo alcanzó, acabando en un momento en que el tiempo se detuvo. Fue una sorpresa una enorme sorpresa. Los papeles en el aire, el agua de la fuente, las personas inmóviles como si fuera estatuas ¿qué infiernos era todo eso? Aun le parecía un sueño todo, era demasiado irreal como para ser cierto. No podía encontrarle una explicación lógica, pero el hombre podría darle una. 

—Tú me trajiste aquí. Ahora, llévame de nuevo a casa— dijo molesto tomándolo del cuello de la camisa. 

—Podría, pero no quiero— se encogió de hombros. 

¿Por qué? ¿Por qué tenían que sucederle esas cosas? Tenía ganas de golpearlo, pero no podía hacerlo, lo necesitaba. 

—De todas formas, me sorprende que hayas logrado volver a verme. Las personas que viajan en el tiempo, no vuelven a encontrarse conmigo. Y espero, no suceda de nuevo— 

Morgan sintió la piel de gallina cuando dijo esas palabras y el curso de todo volvió a la normalidad, quedando él solo de nuevo. Pero tenía una pista nueva: un nuevo reloj. Y eso podría ser suficiente para volver a encontrarlo. Además, había descubierto algo más: la hora en que llegó a aparecer el hombre. 

Lo maldijo por lo bajo y después de fijarse las coordenadas, encendió el auto y pisó el acelerador al fondo. No podía demorarse más tiempo. El patrón que utilizaba para aparecer era un círculo, probablemente, un reloj dibujado en el mapa. Iba por una media luna, suponiendo que estaba cerca de llegar a lo que serían las doce, no tenía mucho tiempo para perder: ésta debía ser la oportunidad de volver. Wisconsin sería el lugar donde lo atraparía y lo obligaría a llegarlo a su hogar, quisiera o no. 

—No voy a seguir viviendo en este tiempo— y tomó la palanca y se metió en la ruta.  No había mucho tiempo para pensar ni para hacer nada más. Morgan haría lo que siempre hacía: jugarse el todo por el todo. Y mayormente le iba bien, así que esperaba que esa ocasión fuera una de las positivas y que no tuviera nada de qué arrepentirse. 

Llegó y buscó con desesperación el punto en el mapa: estaba vacío, en medio de la nada, sólo la densa vegetación. No le importaba estar en medio del Sahara mientras pudiera adelantarlo y atraparlo. Sospechaba que si había podido detener el tiempo, podría también, viajar a gusto en él. 

Miró el reloj y miró el reloj espiralado: le había adelantado por tres minutos. Y esos tres minutos habían sido los más largos de toda su vida. Y estaba perdiendo la paciencia, estrujando el mapa entre los dedos cuando la hora exacta y él apareció. 

—Es un mérito que alguien me vea dos veces. Hace un siglo que nadie lo hace— se rio cruzándose de brazos, apoyándose sobre la máquina que hacía un leve zumbido detrás de sí. 

—Tan sólo necesito volver a mi tiempo y tú eres el único que puede hacerlo posible— 

—¿Y por qué esas ansias de volver? Tienes una linda esposa, un buen trabajo, tu pierna…— dijo alargando la vocal y dirigiendo su mirada a la pierna derecha. 

—Es maravilloso, pero no es mi vida. No la quiero— 

—¿Por qué?— Preguntó confuso. 

—Por la misma razón que dejaste tu vida y te dedicaste a jorobar a los demás: tienes lo que quieres— 

—Es daño colateral. Aún no logro perfeccionarla, pero hasta ahora, sólo tú te has quejado de tener una segunda oportunidad. Veras, mi Chronovisor ha sido modificado: no sólo puedo viajar al pasado o futuro, sino, a los mundos paralelos que nos rodean. Tú estás dieciocho años en el pasado, en un mundo alterno. ¿Aún así te quieres ir?— 

Morga asintió. No tenía dudas de que quería volver. No tenía sentido quedarse si todos los que quería estaban muertos o lejos. Probablemente, tendrían un futuro mejor sin él ¡pero no les daría la dicha de averiguarlo! 

—¿Cómo sabes tanto de mí?—  

—En un inicio, la máquina sólo servía para ver el pasado. Ahora, puede ver cualquier tiempo antes de visitarlo— 

—O sea que me viste antes de llegar aquí— 

—Me estabas esperando— se encogió de hombros —hubiese sido descortés dejarte plantado—. 

Programó la máquina y se unieron a un nuevo viaje. Fue cuando vio las iniciales de nuevo en la máquina. Al llegar a destino, Morgan preguntó sobre ello, pero sólo llegó a escuchar el apellido antes de que desapareciera y le dijera que no se volviera a meter en su camino. El apellido era Ernetti ¿qué eran las otras dos? Sería un misterio y no estaba con ganas de resolverlo en ese momento, tenia que confirmar que estaba en el tiempo necesario.

Fue a la agencia y se detuvo de golpe en su oficina. Pero demorar más el momento iba a ser inútil, así que se arriesgó con toda la posibilidad de que ella no estuviera ahí dentro.

—¿Dónde estuviste?— Le reclamó Kysa apenas lo vio entrar —¿es que acaso fuiste  plantar el café y esperar a que crezca?— 

Y le hubiese seguido recriminando todo pero Morgan la abrazó con tal vehemencia y necesidad que no pudo decir nada. 

—No te volveré a hacer esperar— le dijo al soltarla, mirándola con una sonrisa de feliz cumpleaños a la que ella no daba crédito todavía. 

—¿Te sientes bien?— preguntó ella arqueando una ceja sonriendo sin creer que Morgan estuviera así —ni si quiera trajiste el café. Te llamé varias veces, incluso a Jack, vendrá para aquí enseguida— 

—Jack ¿Jack Moberly?— preguntó tirando la perforado sobre el escritorio que revisaba desordenado, hasta estaba medio biscocho a medio comer que había dejado de la mañana y ahora, un rayón en la madera por la perforadora. 

—¿Qué otro Jack Moberly conocemos los dos? ¿En serio estás bien?— insistió sorprendida en lo que Morgan seguía revisando la oficina. Todo era perfecto. 

—Compraré otra cafetera— 

—¿Ya llegó Morgan?— Preguntó Jack al entrar a la oficina y apenas verlo, Morgan se acercó cojeante a abrazarlo ¡jamás se había sentido tan feliz de cojear! 

Jack vio a Kysa por sobre el hombro de Morgan, preguntándole sin hablar qué es lo que sucedía, y ella, respondía de la misma manera: no tenia idea. 

—Llama a Marissa, saldremos los cuatro— les dijo feliz, tomando las llaves del auto y saliendo. 

—¿Estás drogado?— Preguntó Jack. 

—Es eso o que haya tenido daño cerebral cuando se fue— agregó Kysa.

—Nada de eso— alzó la voz alegre, con una sonrisa en los labios —sólo estoy feliz de que formen parte de mi vida—. 

—Quizás esté borracho— le susurró Kysa por lo bajo. 

—O planeando algo. En cualquier caso, no bebas nada de lo que te dé. Una vez lo hice y acabé en una corrida de toros— dijo negando con la cabeza, lamentándose de haber recordado eso. 

Fuera lo que fuera, nada le quitaba el buen ánimo y aunque sonara raro, les alegraba ver al detective tan feliz sólo porque sí.


<<Parte II

Y aquí concluye el cuento. Me entusiasmé con Morgan <3

Espero les haya gustado :D

¡Se cuidan!

Bye!

6 comentarios:

  1. Y tuvo lo que deseaba, con el precio de no tener su pierna, lo cual le parece algo menor. Bien escrito.
    Un abrazo.

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    1. De hecho, a veces, hay que hacer pequeños y grandes sacrificios para ser feliz <3

      ¡Un abrazo!

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  2. (。◕ ‿ ◕。)/ Holaaa!!!
    Este capitulo ha estado sorprendente!! ya quiero saber que pasa en el proximo!!!


    Ten bonito día espero puedas pasar a visitarme un abrazo!

    穛 S4Ku SEK4i®

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    Respuestas
    1. Gracias <3 aunque este es el final del cuento. Aunque el personaje, seguramente, saldrá en otros cuentos donde le haga la vida imposible (?)

      ¡Un abrazo!

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  3. Estaba programado, era su destino encontrarse con el, ya que estaba decidido a no quedarse allí. No le importo la buena posición, su pierna, la nueva chica. Muy buena decisión la que tomo, es mejor pájaro en mano que cien volando. Jajaja. Me fascino el final.

    El link de la parte tres no funciona.

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    1. ¡Exacto! Morgan es bastante especial <3 me alegra que te haya gustado. Y gracias por avisarme lo del link, ahora sí ya está corregido todo.

      ¡Un abrazo!

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