martes, 27 de diciembre de 2016

Uno entre mil — Parte II

¡Hola a todos, mis queridos soñadores! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Yo aprovecho que el servicio ha mejorado un poco y publico todo lo que puedo. Y como tengo el cuento en pendientes, lo continuaré, así me queda menos que terminar :D

Espero les gusten que no me fue tan fácil como me esperaba el viaje en el tiempo xD pero ahí está el reto, en hacer algo difícil para superarse.


Se sentía bastante desorientado. El reloj, su rango, el trabajo, la muerte de Jack. Por sobre todo, la muerte de Jack. No imaginaba que hubiese un momento en que él no hubiese estado para cubrir sus espaldas. Jack siempre había tenido sus dudas, hacer el bien pero sin herir a nadie. Y Morgan tenía claro que era matar o morir. Y ante las dudas de los primeros días, no lo había dejado sólo en ninguna de sus expediciones, ni en las futuras, siempre en el mismo pelotón ¿por qué lo cambiaría? ¿Por qué existía una realidad donde él había dejado a su amigo, al único que tenía? Eso era algo que no se podía perdonar. No parecía ser el mismo.

Volvió a mirar el reloj y vio en el interior, debajo de las agujas, una inicial. Parecía que había algo más debajo así que buscó algo con qué romper el vidrio del reloj. No iba a perder el tiempo desarmándolo. Pero no tenía nada que pudiera servirle ¿desde cuándo era tan inútil? En su oficina, incluso, habia un pisapapeles de bronce capaz de romperle la cabeza a alguien. Y aquí ¡ni un bendito abrecartas! Estaba muy decepcionado de la persona en que se había convertido ¡demasiado! Se sentía aburrido de sí mismo en ese tiempo.

Habiendo vaciado el cajón, miró la puerta y pensó en una buena forma de romper el vidrio del reloj. Lo colocó en el canto de la puerta y la cerró hasta oír el sonido del cristal roto. Lo que lo sorprendió fue que sólo el cristal se rompió, el resto del reloj no mostraba una sólo rasguño ¿de qué estaba hecho? No tenía ni n simple rayón.

Quitó los cristales y sacó con cuidado todos los restos de astillas, moviendo las agujas. Buscó una lupa y lo vio M.P.E. y no le sonaban de ninguna manera. M.P.E. podría ser un nombre, una marca, podría ser cualquier cosa. Pero no le sonaba a nada y además, el reloj había dejado de funcionar. Marcabas las 8:51:00 y aunque lo intentó, dándole cuerda buscándole la pila, pensando que era a pulso, lo agitó un poco pero no obtuvo nada. Estaba cansado, así que quería regresar a su casa, suponiendo que él no vivía donde habia estado viviendo siempre, buscó su documento, libreta de enrole, carnet, lo que fuera que tuviera una dirección actualizada y lo encontró después de vaciar sus bolsillos y mochila.
Su casa era enorme y había luces encendidas, suponiendo que había olvidado apagarlas. Una nueva sorpresa lo golpeó de frente cuando una mujer se acercó a recibirlo con un fogoso beso en los labios. No era Kysa ¿por qué no era ella? Era su novia, su paciente y maravillosa novia.

—Creo que me equivoqué—

—¿En qué te equivocaste? ¿Te quedó trabajo pendiente?— preguntó volviendo a la cocina para llegar al salón a poner la mesa.

Y no, no se había equivocado: vivían juntos. Y antes de estar feliz, tenía un nudo en la boca del estomago y una desazón de su nueva vida que no sabía por donde empezar a tomarlo y quitárselo de encima. Había demasiado para asimilar en un solo día.

Se sentó en la silla y se masajeó la pierna, siempre le dolía cuando estaba estresado. Pero ahora no le dolía porque nunca le había pasado nada en la pierna, simplemente, lo había hecho por costumbre, recibiendo a su ¿esposa? ¿Novia? No estaba seguro qué era suyo, pero se sentó sobre sus piernas y le habló de manera coqueta. No veía anillo en su dedo o el de ella, por lo que dudaba de lo primero. De todas formas, estaba siendo todo demasiado bueno ¿o demasiado malo? Era joven, apenas, treinta años. El accidente que lo había hecho perder su pierna nunca había sucedido, tenía un buen empleo y una novia candente. Y no estaba feliz con eso.

—Cariño ¿qué tal si vamos a dormir? No tuve un buen día— dijo a falta de conocer su nombre ¿cómo averiguarlo? Si estuviera Jack o Kysa, ya lo habría hecho decir el nombre, pero estaba solo. Después de tanto tiempo, sintió como si la soledad fuera mucho más fuerte y envolvente que en otras ocasiones, como una fuerza que si lo llegaba a atrapar, no lo iba a dejar escapar nunca. Fue cuando entendió que era mejor tener amputada la pierna que tener amputada el alma.

Y aunque ella lo besó e intentó animarlo, Morgan no reaccionó, yéndose a la habitación, no sin antes, revisar uno o dos cuartos antes de descubrir cuál era el sitio donde dormía. Ella llegó más tarde a acostarse a su lado.

Morgan no podía dormir. Lo único en que podía pensar era en el reloj y las iniciales: M.P.E. debía averiguar qué es lo que eran porque eso, lo llevaría de nuevo a su hogar. O al menos, eso esperaba.

Cansado de dar vueltas en la cama, se levantó a las cuatro y fue a tomar una ducha y a concentrarse en sus pistas. Apenas salió, se sentó frente a la computadora, esperando que al ingresar las siglas, algo saliese pero no halló nada. Tampoco de alguna teoría que pudiera confirmar que un reloj en espiral funcionara efectivamente.
Se echó hacia atrás en la silla frustrado. No podía pensar con claridad, así que fue a hacerse un café. El café era el mejor remedio para todo. Los dioses tenían su néctar y ambrosía, Morgan tenía el café y biscochos de queso y se sentía rey del mundo. Puso el agua a calentar y para su sorpresa no halló café en la alacena.

—Pedazo de hereje— se dijo a sí mismo después de dejar todos los frascos y cajas fuera sin encontrar nada más que una diversa variedad de té, negro, verde, rojo, de hierbas. No podía vivir en un mundo semejante ¡era el colmo no tener café! Ni lo pensó y se enfundó en el abrigo, se puso los mocasines y salió a buscar una tienda, una gasolinera, un delivery, lo que sea que pudiera servirle un café decente. Y lo consiguió a la hora de andar buscando: un paquete de medio kilo de café. Si iba a tener que vivir en ese mundo, no lo iba a hacer solo ¡no, señor!

Volvió a su casa al amanecer. Ella aun dormía así que acomodó todo y preparó el café. El olor del café recién hecho era lo mejor de su día hasta ahora. Y sirviéndose una taza humeante, se fue a sentar en la computadora una vez más. Y lo pensó un poco y decidió poner algo de música primero al ver el reproductor. Pero no estaban ninguno de sus preciados vinilos ni mucho menos, alguno de sus cantantes favoritos. Comenzó a revisar los Cd’s y se sintió merecedor de un tiro ¿Cuándo había perdido el buen gusto? Rollins Stone, Kiss, y lo peor de lo peor: Backstreet boys.

—Soy la peor versión de mí mismo— se dijo haciendo una mueca mientras seguía viendo los CD’s —¿qué infiernos es esto?— Se dijo al ver un CD de Pablito Ruiz y antes de salir y acostarse en la calle a que un camión le pasara por encima, decidió que lo mejor era dejar la música de lado y disfrutar del silencio.

Miró la hora que marcaba el reloj, las horas y las anotó. El número podía significar algo ¿qué? Ése era el verdadero problema. Se rascó la barba pensando en algo. Y nada vino a su mente. E hizo algo que le pareció ridículo y que seguramente, no hubiese hecho nunca de estar desesperado: buscó sobre viajes en el tiempo. Y se sintió avergonzado de sí mismo pero comenzó con la lectura de todas formas ¿cómo creer en eso? Y es que no tenía nada más de qué agarrarse para llegar a algo. Y mientras leía, peor se sentía. No había un solo testimonio que le aportara algo que fuera útil o cuanto menos, interesante ¡era gene que buscaba fama!  Y lo hubiese soportado de ser entretenido al menos, que le gustaba la ficción, ahora, creer en ello era una cosa que consideraba totalmente descabellada… hasta ahora.

Eran casi las siete cuando sintió ruidos en la cocina y ella apareció saludándolo, preguntándole si iba a desayunar.

—¿No dormiste nada anoche?—

—No pude dormir—

—Y te pusiste a leer. Ha sido más productivo que tus anteriores insomnios— se rio al dejar la habitación.

Y Morgan suponía a qué dedicaba sus anteriores insomnios y prefirió no revisar el historial por si las dudas, levantándose y acompañándola a hacer el desayuno.

Hizo unas tostadas y una tanda nueva de café, llenando de interrogantes a la mujer, pues, al parecer, su predilección con el té era constante.

Terminó de desayunar y fue a ver la computadora, más, por la hora, supo que era momento de marcharse. Mientras estuviera ahí, tendría que hacer las cosas bien, al menos, hasta que pudiera deshacer todo.

Se despidió de ella y salió vestido con su uniforme, sintiéndose sumamente extraño al estar de nuevo en las fuerzas armadas. Era una parte de su pasado que se había esforzado en dejar atrás y ahora, volvía con mucha más fuerza a su vida ¿por qué eso y no otro trabajo? Probablemente, porque si él nunca hubiese tenido el accidente, nunca se hubiese molestado en buscar una profesión que realmente lo llenara. El ejercito había sido una salida casi de emergencia. Alejarse de todo sonaba bien y estar al mando de alguien más, con un ideal por delante sonaba bien, no necesitaba más que eso. Luego, y ya tarde, se dio cuenta de que sólo eso no era suficiente. Existir no era suficiente, quería comenzar a vivir, no sólo inhalar y exhalar el aire, sino, disfrutarlo. Y ahora, volvería a luchar por eso.

Al llegar, lo primero que tuvo fue la reunión para la próxima batalla. Tenían el mapa, hablaban de estrategias, soldados, ambiente, y todo lo que se necesitaba para poner al tanto a todos. Pero Morgan se había concentrado en algo más: los números. Justo cuando creía que estaba perdiendo el tiempo en la charla, lo supo: no era una hora, eran coordenadas. Tan sólo debía encontrarlas en un mapa y estaría más cerca de encontrar lo que necesitaba para regresar con los suyos. Apenas dieron por acabada la reunión, fue el primero en salir casi corriendo hacia su propia oficina. Dio vuelta todo buscando el mapa y viendo las coordenadas del reloj. Pero tuvo qué pensar demasiado para ello. Hora tenía dos y no fue hasta ese momento que se dio cuenta de ello. 20 horas y 21 horas.  8 y 9 no le servían y si le servían, no estaba seguro de tener tiempo de llegar. Las buscó y tampoco le sirvió, jugándose a sumarlas y las marcó, llegando a Illionois, Chicago. Él estaba en Indiana. Podría llegar fácilmente de un condado a otro, suponiendo que su deducción había sido correcta.

Y sin saber qué es lo que tenía qué buscar ahí, se fue. Sin decir nada, ignorando a todos. Apagó su celular y subió al auto. Estaba seguro de que iba a encontrar algo, lo que fuera, tan sólo debía esforzarse y estar atento a todo, porque todo era importante y totalmente, definitivo.


<<Parte I                                                                                 Parte III>>

Espero que les haya gustado. ¡Ya sólo queda una parte! Espero subirla prontito <3

¡Se cuidan! Pasan un hermoso día y una bella noche.

Bye!

8 comentarios:

  1. Siguen las intrigas. ¡Que habrá producido el cambio?

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    1. Queda para resolverse en la última parte *^*

      ¡Un abrazo!

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  2. ¡Chan chan chan! ¿Qué pasará, que pasará? ¡Quiero más!

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  3. Sigue el suspenso. Dormir con una extraña mujer. No encontrar café, y sino solo te, y ese reloj con las iniciales tan extrañas. Muy buena continuación.
    Beso

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    1. ¡Y eso sí debe ser incómodo! Por suerte, Morgan lo intenta llevar lo mejor que puede XD

      ¡Un abrazo!

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  4. Me gusto , mucho de paso . Te escribo para desearte un genial año.

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    1. ¡Gracias! Me alegro que te gustara. Ya está la última parte subida también z<3

      ¡Un abrazo! y Feliz año nuevo también <3

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