domingo, 18 de diciembre de 2016

Ojos de cristal — Capítulo 2

¡Hola a todos, mis queridos soñadores! ¿Cómo están? Espero que muy bien. Les traigo un poco más rápido la continuación de esta historia, que ya algo había empezado a escribir. Vuelvo un poco a mi ritmo normal de publicación o al menos, eso intento que tengo mucho qué subir y actualizar, así que espero seguir de la misma manera.

Les dejo el capítulo, es algo corto pero era exactaamente esto lo que tenía que plasmar, así que espero les guste :D


Capítulo 2 

Despertó de golpe por culpa de la enfermera. Tanto Haydée como Heiko se habían visto sorprendidos por el bullicio que se había generado tanto fuera como dentro de su habitación. Una de las mayores sorpresas —al menos, para Heiko— fue ver a su madre entrando a la habitación casi al trote, deteniéndose al verlo a él.

Fue un momento tan sólo, pero fue como si el tiempo se detuviera y lo que había sido cuestión de segundos, había parecido una hora. Once años hacía que no veía a aquella mujer y ahora, de golpe, irrumpía en su habitación así como si nada.

—Mamá, quiero dormir— dijo Haydée volviendo a acostarse en la cama y tapándose hasta la cabeza, sin importarle mucho la situación, algo que su hermano no podía hacer: no podía ignorar a su madre con la facilidad con la que su hermana lo estaba haciendo.

Aun así, ninguno dijo nada, debido a que la mujer le quitó la sábana y la manta de encima y sacó casi de un solo tirón a Haydée de la cama y la llevó a rastras fuera de la habitación con la muchacha peleando con su madre por el camino.

Una sorpresa fue para la enfermera darse cuenta de que eran gemelos. Estaban en pisos diferentes, y los atendían médicos diferentes, por lo que el detalle de que había dos personas idénticas en el mismo lugar había pasado completamente desapercibido hasta ahora.

—¡Qué te detengas!— Gritó Haydée haciendo que le llamasen la atención por eso, soltándose de su madre de un empujón —ni me dejaste hablar con Heiko, no pienso volver contigo hasta que te disculpes con él.

—No tengo por qué disculparme. Estás delicada, no puedes estar fuera de la cama. Además, no debes ver a esa persona—

—Es mi hermano y quiero verlo. Estoy bien. Me siento mucho mejor—

—Deja de mentir para volver allá— y atinó a volver a tomarla del brazo pero ella la esquivó y los cruzó contra su pecho.

—Estoy bien. No me siento ni cansada, ni hambrienta ni me duele nada—

Y su madre hubiese seguido sin creerle en lo absoluto si no fuera porque cuando el médico hizo el chequeo, le hicieron la resonancia y análisis de sangre, fue como si nunca hubiese tenido nada. Incluso, se sorprendieron de ver sus glóbulos rojos llenos, como los de una persona sana, lo que era imposible porque la talasemia  producida por su enfermedad degenerativa, era imposible de curar. Que ella se viera de pie y sin ningún malestar, había sido una especie de milagro que la ciencia no tenía por donde encontrarle una explicación.

El estado de Haydée podía ser controlado, podrían hacerla sentir cómoda y aligerar la tensión de su cuerpo junto con sus dolores, pero curarla era imposible con la tecnología y la medicina de esos días. Incluso, comparando estudios de años anteriores, ver una mejoría de un día para el otro era imposible, por lo que acusando a ser un error del equipo de testeo, decidieron hacerlo a la antigua, con una persona de por medio para certificar los resultados. El resultado fue el mismo.

Y no fue la única en pasar por aquella sorpresa: su hermano estaba en las mismas condiciones, llegando a ser dos anomalías médicas sin precedente alguno. Sin embargo, la más sorprendida era Haydée. Intentaba procesar esa información. Nuevos estudios y si estaba bien, saldría del hospital sin problemas. Ella se había sentido mejor, pero lo atribuía era que había sido todo a que su tristeza se había disipado al ver a su hermano. Aunque habían prometido mantenerlo en secreto para evitar que los volvieran a alejar. Así que conteniendo su emoción, Haydée salió a hurtadillas en la noche, cuando su madre había quedado dormida en la cama de acompañante que le habían llevado a la habitación. Corrió hacia las escaleras y se encontró con Heiko en frente de ella.

—¡Estoy bien!— se dijeron al unísono sosteniéndose de los antebrazos —¿En serio? ¡Tú primero! ¡No, tú! Bueno, seré yo— siguieron diciendo los dos al mismo tiempo acabando por reírse y con miedo de llamar la atención, se fueron hasta el último piso, donde no había nada más que los cuartos de limpieza  y puras máquinas, y ahí se sentaron en el suelo a charlar.

Era la primera vez en años que le daban esa buena noticia: habían mejorado. Sin razón aparente, pero habían mejorado y poco les importaba a cualquiera de los dos saber las razones si es que podían salir finalmente del hospital y vivir su vida como dos personas normales. 






Jennifer suspiró al despertar y no ver a Haydée en la cama, sacó su móvil y desplegó la pantalla delante de ella. Dijo un nombre y esperó a que la llamada conectara. Apenas vio en la pantalla el rostro de un hombre, fue directo al grano, sin mediar saludos ni si quiera decir algo sobre la apariencia de recién levantado que tenía.

—Están en el mismo hospital. Haydée como él han mejorado de golpe y pronto, le darán de alta a ambos—

—Pero se supone que no deben estar juntos ¿para qué estás con ella si no eres capaz de cumplir con algo tan sencillo?— Le recriminó molesto.

—Lo mismo digo por ti. Hay cientos de hospitales y lo vienes a internear aquí—

—Ted se encarga de eso. Lo solucionaré. Procura mantenerlos alejados mientras—

Y la pantalla se vio negra. Desapareció la proyección y cerró el celular molesta, reclamando que era siempre ella la que se tenía que hacer cargo de todo.

Salió de la habitación para ir con el guardia una vez más y pedirle que revisara las cámaras de seguridad para saber donde se encontraba su hija. Había pasado once años evitando todo reencuentro posible. Y por un descuido, ahora, pasaba esto. Renegó mientras el guardia terminaba de hacer su trabajo. Volvería a tener que controlarla. De niña, con sus berrinches por estar lejos de Heiko, Haydée había escapado varias veces de casa y luego, cuando empezó a desmejorar, del hospital, por lo que su madre había puesto un rastreador en una de sus pulseras. Con el paso del tiempo, había caído en una triste resignación de que no iba a poder hacer nada, dejó de intentarlo. Y ahora, volvía a lo mismo.

—Lo lamento por ambos, pero sólo causaran problemas— dijo yendo escaleras arriba. Algo peor pasaría si no hacían algo por detenerlos, de lo contrario, si se dejaban llevar, llegaría el momento que nadie sería capaz de detenerlos. Ni ella ni su padre, ni si quiera, ellos mismos.



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¡Se cuidan! Pasan una hermosa noche y un maravilloso día.

Bye!

8 comentarios:

  1. Cuando leo el nombre de Haideé, me trae recuerdos, por cosas del pasado. Pero es interesante el capi. Espero la continuación. Porque si que ha sido cortito. ¡muaks!

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    1. Pero el nombre es Haydée, con Y y acento en la primera e owo

      ¡Un abrazo!

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  2. Intriga, ¿por que el interés en mantenerlos separados?
    Parece un buen comienzo para una historia.

    Ya está el jueves de relatos de la semana proxima

    http://jwancarlos.blogspot.com.ar/2016/12/convocatoria-literaria-este-jueves-un.html

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    1. Poquito a poco se irá revelando eso <3

      ¡Gracias por el link! Ya empezaré a prepararme para esta semana, a ver qué sale.

      ¡Un abrazo!

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  3. Cuanta intriga. Una gran incógnita es, el porque no quiere la madre verlos juntos. Muy, muy interesante.
    Abrazo

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    1. Oh, esto se me da bien, creo que es una de las pocas cosas xD Pronto la madre irá revelando un poco de esto :DDDD

      ¡Un abrazo!

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  4. Pobres gemelos me da pena que siempre los separen y no me tgusta la actitud de la madre

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    1. De hecho, pero tendrá una buena justificación o eso espero XD

      ¡Un abrazo!

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