sábado, 17 de diciembre de 2016

El brillo de los copos de nieve - Capítulo : Secretos

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? Espero que de maravillas :D Hoy no tengo mucho qué contarles, pasé el día sin luz ¡e hizo un calor terrible! Hasta el loro se dio un baño directo de la canilla de agua (?) y ya empezaron con los fuegos pirotecnicos que no acabó de regresar la luz y se entusiasmaron  D: hasta la gata desapareció.

Pero terminé un par de cosas para la semana que viene, ya viene la feria navideña y hay que aprovechar la fiebre consumista (?).

Capítulo 8


Secretos 


Hacia frío. Aun así, estaba parada en medio de lo que antes había sido el bar de su esposo. Nadeshiko suspiró y recorrió el lugar hasta quedar sentada en medio de la devastada sala común. Todo el esfuerzo de Hiro se había visto consumido en nada. 

—Sabía que estabas aquí— dijo una voz detrás de ella.


Nadeshiko volteó aunque ya sabía quién era el portador de aquella voz. Yoshiki se sentó a su lado y no dijo nada más. 

Había faltado a clases. Después del incendio, Nadeshiko estuvo en el hospital esa noche y pasó al día siguiente en cama por petición de su esposo. Y aunque estaba gratamente sorprendida de que  Yoshiki volviera a dirigirle la palabra, no supo qué es lo que debía hacer.


—Mizuki-chan me contó lo que sucedió. También me llamó idiota por mi actitud. Lo siento— dijo al mirarla y reverenciarla.


Ella abrió los ojos grande, y acabó dibujando una amable sonrisa sobre sus labios, ablandando su mirada de esa manera.


—Está bien. No tienes qué disculparte. Aunque me alivia. Realmente, pensé que iba a perder la amistad de Yoshiki-kun—.


Él no supo qué decirle. Ser su amigo no era lo que quería, no le agradaba ese título. Pero había comprendido que no iba a poder con ella, que sin importarle el poco tiempo que llevaba de conocerlo y amarlo, eso no iba a cambiar. Sea por sus sentimientos o por su propia terquedad, Nadeshiko tenía un solo objetivo en mente y no iba a dudar en llevarlo a cabo. No sabía si era extremadamente afilada o sumamente ingenua. Era alguien peculiar y él, la quería.


—Nadeshiko— interrumpió Hiro llamándola, encontrándose con Yoshiki.


Su expresión enserió tan sólo de verlo de espaldas, mucho más cuando se puso de pie al lado de su esposa. Había mucho que debía aclarar con él pero estaba ella de por medio. Tampoco estaba para hacer escenas en ese momento, le pesara lo que le pesara. 

Saludó con una inclinación de cabeza sin perder la severidad de su mirar. 


Yoshiki no estaba al tanto de que ella le había puesto al corriente, de lo contrario, aquella mirada rival que le había dirigido a él habría sido una llena de vergüenza.


—Hiro-kun— sonrió ella poniéndose de pie, arreglándose la falda —¿cómo te fue?—


—El empleado está demorado. Llamó para decir que está atascado en el tráfico que probablemente, demore una media hora— le contó —podemos ir a comer al local de la esquina, tú aun no has almorzado ¿Nos acompañas?—


Y esto tomó por sorpresa a los dos, pues, que Hiro invitara a Yoshiki a almorzar era algo que ninguno de los dos esperó. Mucho menos Yoshiki, aunque, Nadeshiko se sintió feliz. Así fuera por mera cortesía, el hecho de haber formulado la invitación era algo que la había dejado muy feliz.


Pero él lo rechazó y se despidió de ellos, dejándolos solos, con la promesa de volver a verse en otro momento. 

—Qué extraño. Vino hasta aquí y se va así—


Él le sonrió y salieron del local para dirigirse a almorzar. Aun y con todo lo que venía pasando, estaba feliz de estar con Hiro. Al terminar los arreglos, irían a casa de sus padres, a saber cómo seguía el padre de él. 


—El local no estará terminado para año nuevo ¿crees que podamos ir a ver la puesta de sol en el monte?— Preguntó ella con ilusión en la comida. Sabía que Hiro iba a trabajar ese día  eso es lo que le había dicho antes de que ocurriera el accidente en el local, así que ahora hasta que lo reparasen, tendrían la posibilidad de pasar un año nuevo como ella había soñado y nunca había podido ejecutar.


Armar los mochi y colocarlos en la entrada con las mandarinas, ver los fuegos artificiales en la isla y contemplar el amanecer del primer día. Nunca había podido hacerlo debido a que sus padres siempre habían pensado que era un malgaste de su tiempo. Cenaban y dormían temprano, así que ella se escabullía y los veía desde el techo, pero no era lo mismo que hacerlo de esa manera.  Aunque eran tradiciones comunes, para ella, resultaban algo sumamente curioso y atrayente, así que no dudaba en ponerlo en practica apenas podía. Había mucho que quería hacer y sentía que el tiempo era poco para cumplir todos sus deseos.


A él le pareció bien. Había una posada que solía frecuentar con su familia cuando era pequeño. No habían vuelto a ir ahí desde hacia tiempo, pero estaba en la isla Shikoku, frecuentada por los viajeros que procuraban visitar los templos para su riqueza espiritual. No habia lugar más bello que ése a su parecer, así que había pensado, en hacer las reservaciones ahí. Y tras discutir detalles sobre ello, fueron directo al local para luego, ultimar detalles y llegar con su familia.


Mariko los recibió en la casa con Ta-kun en brazos. Los invitó a tomar una taza de té, pero Hiro prefirió pasar primero por el estudio de su padre. Había salido del hospital y había vuelto a trabajar como si nada, así que al menos, lo haría llevarse un descanso con su visita.



La puerta se encontraba entornada y de no haber escuchado a su madre gritar, las cosas habían sido diferentes. No quería interrumpir, así que volvería enseguida, pero oyó algo que le concernía muy bien a él: el restaurante. Y casi se quedó paralizado al escucharlo: su madre estaba detrás de todo.


Nunca la había enfrentado, siempre había preferido dejar las cosas suceder y alejarse. Evitaba la confrontación con ella por considerarlo inútil: ni ella cambiaría ni él lo haría. O se toleraban o se iba. Como sabía que su madre no iba a tolerarlo ni aceptar sus insolencias en cuanto a su futuro, él tomó la decisión de irse y mantener las distancias. Por su padre y su hermana es que la relación con aquella casa seguía pero estaba seguro de que esta vez, no había llegado a límite ¡lo había rebasado por completo!


Sin pensarlo si quiera un momento, abrió la puerta, quería saber quienes eran los que estaban allí. Se sorprendió al reconocer sólo a su madre. No dijo nada, sólo le dirigió una mirada tan fría como decepcionante que le caló los huesos y el alma, si es que alguna vez la había tenido.


Volvió a la sala y le dijo a su esposa que se marchaban de allí. Ninguno entendía nada, pero en cuanto vieron a su madre seguirlo e intentar detenerlo, lo supieron: se habían encontrado. Nadeshiko lo entendía, tampoco le molestaba aquella tensión. La relación con su familia era igual o peor, así que simplemente, aceptaba las cosas que él hacía porque ella, probablemente, actuaría de la misma manera en su lugar.


—Hiromu ¡Espera! ¿Qué tanto escuchaste?— Preguntó al sostenerlo del brazo.


Él se soltó sin ningún tipo de consideración. No iba a decirle nada, no quería hacerlo, pero ante su insistencia, reventó. 


—Escuché todo. No necesito explicaciones, ni excusas ni nada de lo que vayas a darme. Con no volver a saber más de ti es suficiente— dijo ofuscado.


—Pero era por el bien de la familia—


—¡No! Era por tus estúpidos deseos egoístas. ¿Sabes que Nadeshiko quedó atrapada en el incendio? Casi muere por tu culpa. Y no sólo ella, había mucha gente que pudo salir herida. Resultó en daños materiales nomás, pero podrías cargar con varias vidas sobre tus hombros—


—¿Eso es cierto, mamá?— Intervino Mariko.


Su madre no respondió.


Hiro no volvió a decir nada. Iba, podría haberla amenazado, podría haber hecho algo para que lo dejara en paz con la empresa, pero, sabía que lo mejor era que no. Ya había dicho suficiente y se había quitado el peso del secreto de encima.


Tomó a Ta-kun en brazos y se fue de casa con su hermana y su esposa. Al final, no había tenido oportunidad de ver a su padre, que era para lo único que habían ido hasta ahí y habían salido con una pesada verdad sobre sus hombros.


—No sé qué decir— soltó Mariko como un susurro.


—No tienes qué decir nada—


—¡Claro que si! Yo fui siempre la que te instó a mantener contacto con ella cuando siempre debe haber hecho cosas terribles por ti.


—Pero si se esforzó en hacerlo es porque te aprecia, Mariko. Son esos sacrificios que uno hace por amor los que realmente cuentan— intervino Nadeshiko antes de que dijera nada más —quizás suene un poco egoísta, pero yo estoy feliz de que las cosas hayan sucedido así. Probablemente, si tu madre no hubiese intervenido, jamás hubiese llegado a conocerte. No la justifico, pero creo que no todo lo que hizo acabó con terribles consecuencias— y le sonrió.


Ambos la miraron. Ninguno había pensado en algo tan simple como ello. 


Sin decirse nada más sobre el tema, pasaron a charlar sobre el año nuevo y reunirse nuevamente para ello, con una sensación de que cosas nuevas los esperaban y habiendo cortado lazos tóxicos de raíz, la felicidad llegaría como una fresa brisa de invierno que los aclararía y los acercaría mucho más todavía.








Había pensado hacer un par de notas al pie por lo del año nuevo,pero pensé en hacer tema aparte así no hago tantas notas y queda todo explicado en una sola página. Lo terminaré hoy si es posible así lo subo todo junto.


Espero les haya gustado :D


Bye!


4 comentarios:

  1. Yo odio los cohetes. Los animales se nos ponen histéricos y pffff... Es para matar a los que los tiran. Espero que se te pase el calor. ^_^ Y que refresque un poco. Aquí estamos heladitos y me encanta. ¡Amo el frío!

    Interesante la historia ^_^

    Muak

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    Respuestas
    1. ¡Yo también! Sobre que mi pequeño zoológico se altera, entre los perros, el gato, el loro y l hamster XD

      ¡Gracias!

      ¡Un abrazo!

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