domingo, 6 de noviembre de 2016

¡Escribe con K!: Burocracia

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de las mil maravillas ¡Regreso con el reto de Kath! Lo tenía un poquito abandonado a decir verdad, pero es que tampoco encontraba algo que me inspirase angustia como para ponerme a escribir y sacarle alguna congoja (?) Si quieren ver el reto, pueden pasar por aquí, que además, podrán leer el cuento de Kath <3

Les cuento que además, voy llevando un buen conteo en el NaNo. Yo sé que lo mío es que me tengan con el látigo para llegar al objetivo (?) ¡Ya llegué a las once mil palabras! Dos logros del NaNo y espero que no sea sólo la motivación inicial y llegar a fin de mes con un ritmo tan bueno como hasta ahora XD

 Y ahora sí, vamos con el reto:

Normas:  
Escribe pensando como te sentirías con ese sentimiento.
—Puedes basarte en experiencias propias o en otras.
—Disfruta mientras lo haces.

Nivel 1: Escribe un reto basándote en la sensación de Angustia.


Burocracia

No había sido una buena persona. Según las normas cristianas, ello lo llevaría al tan temido infierno el día de su muerte. Mientras la iba se le iba en unos pocos minutos que el dolor hizo que parecieran más que horas, días, su mente fue pensando en ello. El infierno, el fuego, el diablo con tridentes, saberse torturado cada uno de sus días de su vida… corrección, de su muerte. O su vida inmortal. Todos sabemos que los pocos afortunados que poseen un alma, la tienen por toda la eternidad: el cuerpo es perenne, el alma no. Esto lo llevó a pensar, mientras escuchaba a las enfermeras gritar por un destino inútil de evitarse a esas alturas, que posiblemente, haya vivido más experiencias de las que se había imaginado. Y que también, probablemente, se había encamado con su familia muchas veces de las que se había imaginado. Si había un número limitado de almas, algunas, conseguían el cielo, otras el infierno, otras volvían a la tierra ¿Cuántas veces habría estado emparentado con las mismas personas? Quizás, las almas se atraían, efectivamente. Pero eso era según los cristianos. Los budistas reencarnaban. Y mientras estaba en la sala de operaciones, le pareció una idea maravillosa convertirse al budismo. Le hubiese gustado saber un poco más de eso para no tener que estar preocupándose por el después. Tenía miedo de morir, no porque no iba a ver a su familia. Y ese miedo lo hacía pensar en tonterías mientras escuchaba una voz que decía ‘se nos va, se nos va’. 

—¡El problema es a dónde me voy!— tenía ganas de gritarles a todos ellos, pero no podía moverse. Su cuerpo estaba entumecido por la falta de sangre, de oxígeno y que de nada, sus órganos se habían visto atrofiados de tal forma que lo habían dejado en estado lamentable. 

Pero quería que aquel dolor siguiera un poco más, tan sólo un poco porque necesita pensar sobre ello, hacerse una idea por incorrecta que fuera de lo que le estaba esperando ¡susto fue que se vio a él mismo en la camilla! Y el chirrido molesto e incesante. 

Maldijo, maldijo e intentó hacer una rabieta pero otra cosa que descubriría ¡las almas no pueden patear cosas! Al menos, las nuevas como la suya no podían hacerlo, necesitaría práctica. Más, lo que ahora venía a su mente, ya lejos del incesto místico del universo y sus condenas brutales, cual salchicha en parrillada, se armó de valor para averiguarlo.

Cruzó la puerta con tanta seguridad que se sintió ridículo cuando entró corriendo de nuevo a la habitación. Era muy pronto ¡era muy pronto! Probablemente, merecía el fuego eterno y mucho más ¡pero carajo! Que no tenía los pantalones para aceptarlo. Y efectivamente, no llevaba pantalones, sólo la ridícula bata de hospital que le hizo recordar que había muerto sin ropa interior. Maldijo al hospital por semejante vergüenza. Podrían haberlo dejado en traje y verlo más galante.

Lo que sabía es que no podía esconderse por mucho. La situación en la estaba era delicada y al darse cuenta, no estaba en un hospital, sino en una sala de espera. Le habían dado un pantalón y un número: 348. Iban en el 15 ¿Cuántas personas podían morir en un solo día? Y es que ni en la muerte el azar lo beneficiaba.

A regañadientes se tiró en un sillón, el único que quedaba disponible y lo averiguó en cuanto se sentó: el resorte se te incrustaba en el trasero al sentarte, levantándose con disgusto. Trescientos y tantos números y tener que esperar parado.

Le llevó tres días llegar a ventanilla. O bien, lo que creyó que eran tres días, pues, el sol y la luna no se veían por la ventana, pero el soso reloj negro de pared, con el péndulo, le había hecho recordar que seguía perdiendo el tiempo. En términos económicos, habría perdido su fortuna en ese tiempo en que estuvo tan improductivo.

Pero cantaron el 348 y se acercó con emoción y un nudo en la boca del estómago que casi hace que pida un número a alguien más para no acercarse y salir corriendo una vez más. El no saber lo mataba, pero el saber ¿podría ser peor? Confirmaría o cambiaria alguna de sus teorías, no importaba cuál fuera, todo se veía demasiado trágico para él en ese momento.

Pero tragando saliva y con el temblor en sus dedos, entregó el papel en ventanilla.

—¡Felipe! ¿Qué haces aquí?— le preguntó el administrativo —¡creí que ibas a vivir mucho más!—

—El negocio fue duro. Me acribillaron hace unos días— se lamentó él pero se sintió mucho más relajado de ver a alguien conocido allá. Nunca pensó que el sistema fuera tan parecido a la tierra.
Vio su archivo mientras enumeraba todas las cosas malas que había hecho: robo, fraude, contrabando de drogas, armas. Y seguía.

—¿Sabes qué?— se inclinó hacia delante y le habló bajo. 

Él prestó el oído rápidamente.

—Llena esto. Te lo sellan en tesorería arriba. Diles que vas de mi parte. Y ya no te debo nada— aseguró entregándole un certificado de buena conducta y un par de monedas de color rojo que rápidamente tomó y cumplió con ello.

El sentimiento que había tenido antes, se fue desvaneciendo a medida que subía las escaleras y llegar, le firmaran todo y le dieran a elegir un futuro era algo fascinante. ¿Quién hubiese pensado que una hojita de papel pudiera hacer tanto? Y por supuesto, tener cuña ayudaba muchísimo.

Vio en total las cinco opciones que le daban, aun no era lo suficientemente afortunado para tener más para elegir. El guardia le explicó que algunos más nobles, pueden tener hasta cien, pero es algo que se ve cada lluvia de estrellas.

Él miró hacia abajo. El vacío lo esperaba. Y quería saltar y aventurarse a una nueva vida en la tierra.


Y la verdad, había pensado mucho en la angustia y no sé si salió bien. Felipe me ha resultado un personaje jocoso. Espero les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!



6 comentarios:

  1. Me recordó a El sincope blanco, un cuento de Horacio Quiroga, donde el más allá es burocratico. Pero es más una historia de amor, con una mujer que conoce. Y el protagonista no era como el de tu relato.
    Buen personaje Felipe, me gusta eso de que las influencias también sirvan en esas circunstancias. Y lo del personaje queriendo patear de rabia, muy bueno.

    Ya está el próximo jueves de relatos.

    http://blogdemjmoreno.blogspot.com.ar/2016/11/este-jueves-un-relato-la-ninez.html

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    1. Si he de ser sincera, con Quiroga he tenido poca relación. Alguna vez intenté leer Cuentos de la selva y poco me acuerdo de ello, realmente. Pero me ha sonado interesante lo que me cuentas, así que buscaré el cuento a ver qué tal.

      Me alegra que te gustara <3

      Ya me pasaré a ver la convocatoria. Gracias por avisar <333

      ¡Un abrazo!

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  2. Vaya, has llamado al personaje como mi chico. Me ha gustado el relato. Interesante. :) Un besote guapa

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    1. ¡Oh, casualidades sí las hay! XD Sinceramente, el nombre lo tomé por el gato del vecino que ya es un cotidiano por mi casa XD

      ¡Un abrazo!

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  3. ¡Oh! Me alegra que hayas seguido con mi reto. Poco a poco y con buen pie.
    Me encantó el relato, me he puesto más nerviosa y tensa xD
    Muy conseguido.
    un besote

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    Respuestas
    1. Poquito a poco espero ponerme al corriente con todo así espero a que lo actualices más tranquila XD

      ¡Me alegro que te gustara!

      ¡Un abrazo!

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