miércoles, 2 de noviembre de 2016

Apaga la luna que los ángeles nos miran - Parte III

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Ya les traigo la última parte! Les dije que era uno de mis cuentos más largos que creo que no me he vuelto a entusiasmar tanto al escribir uno desde entonces que los he vuelto más cortos, aunque será que esta trama tenía para explotarla bien XD. Pero ya surgirá alguno como éste a futuro. Quién sabe. Por lo pronto, les dejo la tercera y última parte de este cuento.

¡Disfrútenlo!




La terraza había sido el mejor lugar para dar pie a la velada. Steve había bajado a la bodega, sacando una de sus mejores botellas de vino, aquellas que dejaban para ocasiones especiales en las que las disfrutaban ellos dos, pero, en aquella ocasión, había alguien más que iba a poder probar un vino tinto tan fino: el detective. Lo habían pasado a buscar en el oscuro callejón donde se habían encontrado para acabar llevarlo a su morada. Él había tenido la misma reacción de todos al llegar: había torcido el rostro entre el miedo y el asco por vivir frente a un cementerio, por muy abandonado que estuviera el ambiente tétrico era algo que no escapaba de la mirada y el sentir de sus invitados, como si las almas de los difuntos pudieran estar celebrando con ellos.

Allison había hecho la cena con la ayuda de Steve y se habían encargado de preparar una buena cantidad de vino y bebidas alcohólicas para ello. El pollo que habían horneado tenía una buena dosis de vino rosado también, habiendo dejado el sabor de la uva fermentada en su carne. Todo estaba a la altura de la situación. Una buena cena, una buena bebida que se iría transformando o cambiando con el pasar de la noche. Las mezclas nunca son buenas, era un dicho popular sin embargo, las mezclas les habían dado sus mejores momentos, eso podrían asegurarlo.

El olor de la comida casera impregnó la habitación al entrar y sentarse en la mesa preparada arriba, con largos candelabros y la luz de las estrellas sobre ellos. 

—¿Por qué vivir aquí?— preguntó sirviéndose una nueva copa de vino.

—¿Y por qué no? No hay nadie que moleste ni vecinos que se quejen de nada— dijo Steve recibiendo a Allisson entre sus piernas. 

La joven se había sentado en el hueco de la silla, acomodándose cómodamente contra el pecho de él, tomando su copa de vino y dándole un sorbo. 

Necesitaban más vino. O algo más fuerte. Allisson no vaciló y trajo de ambos: vino y una botella de ron británico, a diferencia del común que se obtenía de la caña, este se hacía a partir de la melaza siendo más dulce y especiado. Les mostró ambas botellas y lo invitó a que se sirviera de ambos, viéndole por debajo del saco.

—Es una cena en una pacífica terraza y aun así, trajo un arma— dijo ella sin poder ocultar el hecho de verle la sobaquera debajo de la chaqueta.

—Oh, eso— dijo él mostrándole y sintiéndose apenado por ello.

Steve le sirvió un nuevo trago y lo dejó que siguiera hablando.

—Mi trabajo es duro. Últimamente, estoy metido con mucha gente peligrosa, no puedo bajar la guardia ni un momento—.

Steve sonrió acariciando el hombro de su novia. Así, sin que se dieran cuenta, fue acabando una botella tras otras, hasta ver los vidrios vacíos en el suelo.

Allison dejó a Steve un momento para acercarse al detective que se paró tambaleante de la silla. La joven lo sostuvo de la cintura.

—Quizas, deba descansar un poco— le sonrió llevándolo hasta su habitación.

Steve los siguió y pretendió quedarse con ellos mirándolos en todo momento. Estaba cómodo viéndolos solamente, el estado de detective era lamentable. Pensaba que por su trabajo, estaría más acostumbrado a la bebida pero no, lo que lo hizo pensar que probablemente, era de los que prefería el cigarrillo para aplacar sus frustraciones aunque no había llegado a notar el olor del tabaco en sus ropas. Era un hombre peculiar. Y entendía por qué Allisson quería que forme parte de su colección. Y él estaba dispuesto a averiguar qué tan interesante era el hombre, tanto por fuera como por dentro, literalmente.

Se mantuvieron un momento en silencio cuando ella le ofreció una píldora para hacerle pasar el malestar. Estaban lejos de la ciudad y lo mejor era que descansara un rato antes de irse a su casa. Estaría mucho mejor cuando le hiciera efecto la medicina.

Fue en el momento en que el detective puso la cabeza contra la almohada que se levantó de un salto al ver el cráneo en la mesita de noche, habiendo manoteado rápidamente haciendo que la misma caiga al suelo.

Allison no reparó en su reacción, sino que se apresuró a levantar el cráneo. Se había hecho un rasguño en el occipital y el hueso que antes había sido liso y perfecto, se veía con una grieta en él, era pequeña, pero ella podía verla a la perfección y eso era suficiente para sentir que no deberían seguir esperando.

El hombre intentó ponerse de pie pero volvió a tambalear. Su vista se había vuelto doble, o triple. Ya no sabía cuántos eran, lo cierto es que no podía distinguir bien a la pareja y no era gracias al alcohol. Conocía bien la diferencia de una buena borrachera y lo que le sucedía: lo habían drogado.

—¿Quiénes son ustedes?—

—Una simpática pareja de novios ¿no lo cree?— dijo Allisson dejando el cráneo en su mesita de noche abriendo la cajonera y sacando de ella un picahielos.

Él tanteó en su brazo buscando la sobaquera. Nunca le había costado tanto quitarle el seguro como en ese momento, tambaleante, con el pulso vibrante sin saber a dónde es que debería apuntar. Lo cierto es que estaba lo suficientemente sofocado y asustado como para determinarse a matar si era necesario.

Amenazó para que no se acercaran, dispuesto a disparar.

Steve se acercó por detrás de él, lanzó un disparo al aire que terminó dándole a un retrato de la habitación. Él torció su brazo sobre su espalda hasta tirarlo en el suelo, haciéndolo gemir por el dolor o el susto. Ninguno de los dos lo sabía, lo cierto es que sabían que estaba disfrutando esto que sucedía.

Metió la mano en su bolsillo y sacó el teléfono del detective, pasándoselo a Allisson quien acabó incrustándole el picahielos, dejándolo inútil: no había forma de comunicarse.

—Me gustan sus manos. No quiero dañarlas— dijo ella acariciando con la yema de los dedos los nudillos.

El detective se estremeció debajo de Steve y sacó lo único que tenía de fuerzas para levantarse a pesar del dolor y el malestar y empujarlos a ambos. Salió corriendo de la habitación, sin saber si el brazo le había quedado inútil o no, pero, en cuanto sintió el crujir del hueso y un dolor que iba y volvía no podía asegurar nada. La droga lo tenía mal. La desesperación, la angustia, sus deseos de sobrevivir a esa gente loca. Necesitaba huir pero ni si quería sabia dónde estaba o tenía como comunicarse con alguien fuera de aquella terrible casa, por lo que pensó en esconderse, viendo una puerta grande y metiéndose allí. 

El olor de la cera le llegó a las fosas nasales y apenas giró sobre sí, vio aquel horrible lugar que lo hizo gritar, delatándose a sí mismo. Ojos, huesos, cráneos, órganos. Un par de pulmones, el corazón que parecía que iba a comenzar a latir en cualquier momento, los cráneos que estaban dispuestos en una posición tan detallada que parecía que los estaban mirando con la luz de las velas.
Se tapó la boca por lo que veía y el olor nauseabundo de la habitación.

—¡Cariño! Aquí está— gritó Allisson al abrir la puerta, acercándose a él. Lo golpeó con un libro tirándolo al suelo. 

Él empuño el arma, era lo único que tenía para salvarse. Podría matarlos y agarrar su auto y salir de allí, así que intentó fijar su vista en la muchacha y disparar. Pero Steve llegó quitándola del medio, sabiendo que le había dado a él más que porque lo había visto, por la sangre que vio en el piso y el quejido de él que casi al instante se desvaneció.

Ella lo miró con furia. En ese momento en que el blanco cuerpo de Allison se vio manchada con la sangre de su novio, deseó haberla matado. La fiereza que vio en su mirada era la que seguramente, debían tener los demonios del infierno cuando torturaban a alguien.

—Yo soy la única que puede herirlo— espetó clavándole el picahielos en la mano que empuñaba el arma, haciéndolo proferir un grito de dolor que estaban seguros, se escuchó en toda la casa.

La habitación había sido especialmente elegida por él para encontrar su final, así que le darían el gusto. Entre el dolor y los temblores, se había arrinconado contra la pared suplicando por su vida, maldiciéndolos, pidiendo una razón. Nada de ello funcionó. 

Ella disfrutaba verlo llorar desesperado, disfrutaría más cuando lo tuviera en su estantería, aunque su mano y sus piernas ya estuvieran arruinadas. Dos estocadas más en sus piernas. Su picahielos se veía de un hermoso color rojo y ella, ante la mirada inquieta de él, pasó su lengua por el metal, saboreando la sangre.

—Es suficiente— dijo Steve poniéndose de pie y tomando el arma. Aún tenía un brazo bueno y sin pensarlo dos veces, le dio un tiro en el entrecejo, tirando el arma a un costado mientras sus ojos desorbitados miraban fijamente hacia los dos —sus ojos aún están intactos— dijo sentándose en el suelo al lado de ella.

Se quedaron unos minutos apreciando la belleza del cadáver. Ella tomó su mano y la besó: tenía un ligero sabor a la pólvora, así como su olor. Por eso no les gustaba las armas de fuego, hacían que la muerte perdiera todo su encanto y se ensuciaran de aquella forma.

—¿Y ahora?—

—Apaga la luna— dijo él levantando el picahielos sucio y arrojándolo contra la mesa.

—Que los ángeles nos miran— concluyó sonriendo ella cerrando la puerta, acercándose a Steve rompiendo su camisa para  ver la herida de bala. Ella no pudo negarse el antojo de lamer la sangre alrededor de la herida, haciendo que su rostro se contrajera en una mueca entre el dolor y el gusto. Y ante el cadáver y su colección completa, terminaron fundiendo sus cuerpos entre el placer, la sangre y un mórbido deseo por aquel que los miraba con sorpresa y miedo, aunque ya estuviera muerto.



¡Y aquí termina! Espero que les haya gustado <3

¡Se cuidan! Y pasan un hermoso día <3

Bye!

4 comentarios:

  1. ¡Oh! Me ha gustado mucho. <3
    Espero poder leer más relatos tuyos así.
    ¡Un besote!

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    Respuestas
    1. ¡Gracias! Seguramente, a futuro estaré subiendo algunos más como éste o mejor aun.

      ¡Un abrazo!

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  2. Le tengo amor a las frases que incluyan una pistola y una amenaza. xD tengo una obsesión...
    Me ha gustado.


    Un besote.

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    Respuestas
    1. Pues, la verdad,dudé en ese momento del arma de fuego, que me gustó como venían siendo cuidadosos a pesar de todo y el arma de fuego no tiene ese cuidado XD

      ¡Un abrazo!

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