lunes, 24 de octubre de 2016

Si perdemos el control - Capítulo 18

¡Hola! ¿Cómo están? Espero que muy bien, que anduve muy desaparecida el fin de semana y es que, uno de mis niños, mi gatito, murió. Y bueno, no tenía muchos ánimos de hacer nada tampoco para ser sincera. Que era una ternurita y la verdad es que su muerte fue demasiado shockeante. Como toda muerte, quizás, pero me ha quedado esa sensación terrible en el pecho de la que no me deshago. Más, como no quería tenerlos tanto tiempo abandonados, me paso a actualizar un poco las historias, que esta ya la tenía terminada desde hace unos días.






Capítulo 18

Estaban atrapados y de todas las personas con las que hubiese deseado estar atrapados era Marissa. Si tuviera que hacer una lista, estaba seguro de que no la colocaría si quiera entre las cien primeras, ni de última. Y era seguro que ella pensaba lo mismo.

—¿Te sientes bien? ¿Qué debo hacer?— le preguntó preocupaba al ver a Morgan mal.

—¿Le preguntas al inválido herido? ¡Me siento más tranquilo de estar contigo!— se quejó arrastrándose hasta donde pudo para quedar contra la pared, lejos del busto de la Virgen destrozado.

—Idiota—.

—Bruja—.

—Cojo—.

—Vieja—.

—Tú eres más grande que yo— refutó ella molesta intentando encontrar un punto de escape. Con esa actitud, ninguno de los dos iba a aguantar quince minutos más juntos.

—Mas viejo, pero me veo mejor— sonrió ladino. Bien sabía que la edad le sentaba mejor a unos que otros —ven, ayudarme a quitarme la prótesis— le pidió intentando hacerlo por su cuenta y fallando inútilmente.

Su pierna había quedado atrapada debajo de una viga, por suerte, era su prótesis, de lo contrario no sabía que iba a hacer si algo le pasaba a su pierna sana. Aunque se había lastimado la cabeza y el brazo por protegerla. ¿Por qué la había salvado? Y ahí estaba intentando encontrar la respuesta mientras ella carraspeaba por su mala suerte.

El espacio en que habían quedado era reducido, aún así, podrían moverse un poco. Apenas había uno o dos metros de espacio a su alredor, gracias a la viga que había caído y se había desmoronado a partes, haciendo su pequeño escondrijo.

Marissa se terminó por acercar a Morgan para ayudarlo. La prótesis se había partido con el impacto y había rasgado el pantalón y lastimado la pierna del detective. La mujer se quitó el cinto del vestido y le hizo un vendaje en la cabeza para detener el sangrado y con esfuerzo, pues, no tenía idea de cómo iba colocada una prótesis salvo por las instrucciones que el detective le fue dando para que lo hiciera. Era la primera vez que estaba tan cerca de Morgan.



Los bomberos habían llegado, impidiéndoles el paso, sacando a Kysa de allí que había estado intentando encontrar un punto para mover la cosa sin que todo se viniera abajo. Pero tampoco tenía nada que pudiera ayudarle y ahora, lejos de todo, se sentía mucho más inútil. Jack la contuvo apenas salió acompañada de un bombero, que él se había encargado de los policías y el muchacho que había atrapado.

Lo cierto es que su viaje estaba resultando mucho más animado y movido de lo que ellos se habían esperado. Era su funeral más estresante hasta la fecha. Y probablemente, no fueran a tener otro que pudiera superarlo o igualarlo.



—Estoy mareado. Hablame o me dormiré— dijo Morgan cerrando los ojos al apoyar su cabeza contra la pared.

Marissa se sentó a su lado y pensó de qué podían hablar para que no se durmiera.

—No seas tan habladora. Me aturdes—dijo con sarcasmo tanto que la molestó a ella, diciéndole todo lo que podía decirle con su mirada.

Morgan lo ignoró.

—No sé de qué hablar. Eres tú después de todo — bufó sin saber qué decir —¿hace cuanto usas prótesis?

Y le sorprendió escucharla preguntar eso. Sonrió de medio lado y se rascó la barba.

—¿Jack no te lo contó? No me esperaba eso del señor bondad— se rió intentando no moverse demasiado o se sentiría peor aún. Y con el equipo de rescate trabajando, sólo les quedaba esperar.

—¿Por qué debería haberlo hecho?— preguntó sin entender nada.

—Porque fue por él. Fue cuando estábamos en el ejército. Salvar a mi único amigo me costó la pierna. Y te salvé a costa de mi prótesis. Veo un patrón en todo esto— se rió.

—¿Te arrepientes?— preguntó ella, sabiendo que había una pregunta estúpida, pero ya no había marcha atrás.

—No. Si no lo hubiese hecho me estaría arrepintiendo ahora— dijo muy sinceramente cuando la voz de uno de los rescatistas los sacó de su charla, preguntándoles su situación.

Morgan se rió ¿Qué podían esperar? Se estaban montando alta fiesta allí dentro o eso diría en el tono más sarcástico que su voz pudiera entonar. Más, según lo que le habían dicho, iban a tardar un rato en salir de allí, así que tenían que seguir tolerándose un rato más.

El detective suspiró profundamente y ella no le quitó la vista de encima. Tantos años habían pasado en forjar su enervada enemistad que nunca ninguno de los dos había tenido una charla profunda. Bueno, una vez, cuando Morgan le había advertido sobre los peligros de herir a Jack y otra vez, justo antes de la boda, cuando había tenido una agradable charla hablándole la terrible locura que cometería su mejor amigo al decir sí en el registro civil y que confirmaría en el altar ¿y es que necesitaba hacerlo dos veces? Eran las dos ocasiones que más recordaba a lo largo de su vida y su trato mutuo. Ninguno de los dos había si quiera disimulado por el otro y Jack optaba por ignorarlos a ambos cuando se ponían en plan de niños berrinchudos. Más, así habían logrado convivir durante todos esos años, incluso, cuando compartieron casa antes de que Morgan tomara la decisión de abandonarlos y dejar que hicieran su vida de casados sin él, algo que fue complicado, pero de lo que no se salvaban hasta la fecha, que si no era por el trabajo, seguramente, contarían con el detective gran parte del día en la casa.

—¿Por qué tanto esfuerzo en odiarnos?— preguntó ella tras un largo silencio entre ambos.

—En algo tenía que ocultar mi tiempo libre— bufó él mirando hacia arriba —¿No saldremos pronto? Me aburro aquí— dijo más alto Morgan esperando que alguien le respondiera del otro lado.

Le habían dicho que estaban armando los colchones inflables para levantar las vigas ya que las maquinas no serían capaz de entrar a la iglesia.



—Te sentirás un poco mejor si lo bebes— le dijo Jack extendiéndole un vaso con café caliente —estarán bien— la intentó animar dándole un sorbo al café. Intentaba animarse él también que al evocar los días en que los tres convivían juntos, las discusiones constantes llegaban a su cabeza. O las bromas que se hacían cuando él salía, una tras otra, a cual era más peligroso de los dos.

Suspiró profundo.

—Nunca entendí por qué no se soportan—

—Imagínate a dos niños pequeños que quieren el mismo juguete y sólo uno puede tenerlo— dijo Jack haciendo su explicación lo más simple y visual posible.

Kysa asintió y dio un sorbo a un café. La imagen de Morgan actuando como un niño caprichoso no era novedad, que bien poco le importaba las normas de la agencia, la vía publica o simplemente, legales, lo que un adulto debía hacer y todo ese protocolo social que él consideraba inútil. Y era una de las razones por las que resultaba o terriblemente atractivo o diabólicamente insoportable. Marissa encajaba en la segunda sin duda alguna.



Media hora más tarde, ambos salieron. Morgan fue llevado en una camilla a la ambulancia debido a que había perdido su prótesis y se encontraba con una contusión en la cabeza y heridas menores. Marissa estaba bien, sólo tenía un par de raspones por el golpe, pero Morgan había amortiguado las mayores heridas siendo él quien las recibiera.

—Deberás pagar mis cervezas por el resto de mi vida después de esto— le dijo a Marissa mientras lo revisaban en la parte trasera de la ambulancia.

Ella rodó los ojos.

—¿No deberías decirle algo?— Jack la miró diciéndole en esas palabras y en su mirada lo que debía hacer.

—No puedes atacar a un herido— alzó la mano Morgan al ver que ella se acercaba con aquel rostro tan serio como inquietante.

—Gracias. Me salvaste la vida—

—Pero lo de la cerveza sigue en pie— aseguró mientras lo llevaban dentro de la ambulancia por su pierna.

Ella volvió a rodar los ojos. Kysa se contenía las ganas de llorar y Jack respiró aliviado completamente al verlos a ambos a salvo, que había temido por la vida de los dos.

Los tres subieron a la ambulancia y los llevaron a casa. Morgan había dejado claro que no iba a ir al hospital encontrándose bien, aún estaba mareado, pero bien y si podía evitar pasar la noche en un sitio así, lo haría.

—Además, mi enfermera tiene mejor trasero que las que hay en el hospital— dijo refiriéndose a Kysa.

El auxiliar de la ambulancia la miró con el sonrojo en las mejillas. Se notaba que el muchacho no estaba acostumbrado a esas cosas.

—¿Estás segura, Kysa? Podrá ver más rápido a los doctores por lo de su pierna— le insistió el conductor, el viejo Acke, como lo conocían, que había visto crecer a Kysa y hasta ahora, volvía a encontrarla, ofreciéndole su ayuda una vez más.

Conocía bien a su familia y había estado siempre presente por su madre, que no podía hacer menos por la hija de ella.

—Sí, mañana iremos con el doctor—

—Te facilitaré una silla de ruedas entonces— aseguró.

Ella agradeció el gesto, sabiendo que estaba en deuda con él. Pero las cosas sucedían así en su hogar, cuando hacía falta algo, entre los vecinos se ayudaban. Favor con favor se paga y seguramente, si hubiese algo que él necesitase estarían en las mismas condiciones, intentando ayudarlos. Algo que extrañaba de su vida fuera de casa. Si no tenías conocidos, en las grandes ciudades, básicamente, estabas solo y a tu suerte.




Los dejaron en su casa. Jack y Kysa ayudaron a bajar a Morgan y llevarlo hasta la entrada. Era ya entrada la noche y en su casa, todos estaban preocupados por ellos. Su padre sabia del trabajo pero aun así, lo inquietaba que se estuvieran demorando tanto por ello ¿No deberían llamar? Más, cuando ya estaba por hacer un surco por la vuelta alrededor de la sala, ellos entraron, viendo su condición deplorable al llegar.

—¿Qué sucedió?— preguntó la abuela al verlos y correr hacia ellos, examinándolos rápidamente con la mirada.

Kysa fue la que le explicó todo lo sucedido, más, su padre lo interrumpió.

—¿Y su pierna? ¿Qué le pasó?—

—Perdí la prótesis—

—¿Prótesis? ¿Te falta una pierna? ¿Por conducir mal tal vez?— indagó su padre sin ningún tipo de tacto, recibiendo un regaño por parte de sus hijas, pero, Morgan era diferente: si lo atacaban, él devolvía el ataque.

—Por el contrario de lo que piensa, que soy un irresponsable en una moto (aunque lo soy) perdí la pierna por una bomba al combatir en Irak hace treinta años—.

Quedó en silencio después de oír eso. No le gustaba nada aquel hombre. Saber que le doblaba la edad a su hija no ayudaba en nada. Tampoco el hecho de que se viera de esa manera tan informal, tampoco le gustaba su barba o ahora, el hecho de haber participado en una guerra que lo dejara lisiado.

Pensando que lo mejor era que ninguno de los dos siguiera con peleas inútiles y sabiendo que Morgan necesitaba descansar a pesar de que se negara muy insistentemente, lo llevaron a la habitación donde le pidió encarecidamente que descansara y que evitara peleas con su padre. Luego, se encargaría de hablar con su padre, por ahora, ella se encargaría de tratar con él. 

Jack y Marisssa estaban en las mismas condiciones, aunque ella los invitó a que descansaran un poco, se quedaron un rato más con la familia de Kysa, charlando un poco en un inglés un poco torpe, pero podían manejarse bien, siendo la abuela la que la llevaba mucho mejor ya que hablaba de maravillas idioma, tanto que los había dejado sorprendidos a ellos de su fluidez y de que a pesar del acento, fuera tan claro la dicción.

Kysa buscó algo de comer y preparó todo para llevarlo a la habitación y dejarle la cena a Morgan, que a pesar de todo, aseguraba tener hambre. Aunque tenía sus ventajas de estar en cama, así, sería menor la tensión y los problemas entre todos, al menos, por esa noche.

—¿Cómo te sientes?— preguntó viéndole la venda en la cabeza.

—Estaré mejor mañana—

—No vuelvas a preocuparme de esa forma— le pidió abrazándolo.

Él apoyó su barbilla en su cabeza y la abrazó. Era en vano prometer eso. El detective era tozudo y se vivía poniendo en un peligro tras otro. Si lo prometía, más temprano que tarde acabaría rompiendo esa promesa. 

Se quedaron un rato así hasta acostarse. Para descansar, aunque aún con la luz apagada, ambos seguían despiertos. Kysa abrazó a Morgan, apoyando su cabeza sobre su pecho.

—¿Por qué la guerra te pareció atractiva?— preguntó mientras él jugaba con su cabello entre sus dedos, enredando sus hebras finas y observando su brillo con la escasa luz que entraba en la habitación por la ventana. 

Se tomó unos minutos para responderle.

—Carecía de sueños. Tenía dieciocho años, un futuro por delante y ningún ideal por el qué pelear. Recuerdo que entonces, fue cuando me dieron unos panfletos en el centro comercial. Sonaba bien. A falta de sueños propios, no parecía una mala idea luchar por los ajenos. No pienses que tenía un sentido patriota el estar en el campo de batalla. Tampoco era por odio o el fervor de ayudar a alguien como el de algunos de mis compañeros. Intentaba hallarme— se sonrió acariciando la espalda de ella —y acabé perdiéndome—.

Ella le sonrió un momento antes de incorporarse y darle un beso en los labios, rozando su barba con sus labios hasta acabar mordiéndolo sacando una sonrisa por parte de él.

—No te perdiste, sólo te preparaste para encontrarme— y entre besos dulces, apasionados y deseosos, acabaron deshaciendo la cama antes de ir a dormir.



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Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!

4 comentarios:

  1. No sé porque, pero a medida que iba leyendo, pensaba que iba a llegar el desenlace. xD Me ha gustado. Espero la continuación.

    Un besazo

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    Respuestas
    1. Pues, todavía no tengo pensado terminar la historia de Morgan que aun le falta mucho qué contar y vivir Xd

      ¡Un abrazo!

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  2. Lamento la pérdida de tu gatito. Ojalá te mejores pronto.
    La historia es como siempre... awwww adoro a Morgan.
    un abrazote

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    Respuestas
    1. Gracias <3

      Me alegra que te haya gustado

      ¡Un abrazo!

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