viernes, 14 de octubre de 2016

Inspirándome con en elemento: Refugiados

¡Hola, mis amores! ¿Cómo están? Hoy llueve y el día está de maravilla, más fresquito todavía aunque vaticinan tormentas más fuertes que Tucumán sigue en alerta. Y yo espero que simplemente, no derribe el cableado que con eso estoy más que contenta, que las tormentas de esta época siempre acaban con el cableado telefónico, el módem o en el peor de los casos, la luz, que no se si les conté, pero donde vivo es una zona de pararrayos y una vez —entre tantas— un rayo cayó sobre el transformador de la cuadra y anduvimos sin luz hasta que lo arreglaron. Que yo les digo en serio que a los dioses les encanta divertirse conmigo (?).

Por lo pronto, les traigo el reto de Ficción Romantica,: Inspirándome con un elemento y está vez, toca inspirarse en un fragmento o bien, usarlo en el relato, se los coloco a continuación:
Día 1. Nos han invadido y hemos tenido que escondernos en nuestro refugio secreto subterráneo. ¿Habrá más gente como nosotros, o seremos los únicos en salvarnos de esta catástrofe? Al menos, por ahora... De vez en cuando se oyen ruidos en el exterior. Personas que gritan por auxilio, niños que lloran y disparos por todas partes. No sabemos lo que sucede ahí fuera, pero preferimos estar aquí encerrados ideando una buena estrategia que nos libre de esos seres...

Y vamos al relato:



Refugiados

—Día uno: Nos han invadido y hemos tenido que escondernos en nuestro refugio secreto subterráneo. ¿Habrá más gente como nosotros, o seremos los únicos en salvarnos de esta catástrofe? Al menos, por ahora... De vez en cuando se oyen ruidos en el exterior. Personas que gritan por auxilio, niños que lloran y disparos por todas partes. No sabemos lo que sucede ahí fuera, pero preferimos estar aquí encerrados ideando una buena estrategia que nos libre de esos seres... nosotros seguiremos escondidos.

>>Alex se aferra a su manta como si no hubiera mañana. Quizás no lo haya después de todo. Si salimos, seremos hombres muertos, no importa a donde vayamos, son seres peligrosos los que moran allá afuera— y asomó la cara por un pequeño espacio que dejaba entrar la luz y vio los pies de una mujer. 

Los zapatos de tacón color vino se detuvieron debajo de la cama, murmurando que iba a darle una buena reprimenda cuando lo viera por desordenar la habitación de esa manera. Puso las rodillas contra el suelo y los encontró a ambos bajo la cama: Daniel y Alex, el perro que habían llevado apenas unos días a la casa y ya se había vuelto inseparables los dos.

—Salgan de ahí ahora mismo. La abuela te está buscando— dijo molesta manteniendo una mano sobre la cama para levantar las mantas y verlos.

Alex movió la cola debajo de la manta y al escuchar que levantó la voz, sólo atinó a esconderse mejor con el peluche que llevaba en el hocico, un oso que había perdido en batalla un ojo y que ahora, tenía media entrepierna abierta. Pero era fiel aliado de los dos, que iban juntos incluso, a huir de aquella temible invasión.

Daniel salió a regañadientes de debajo de la cama, cuerpo a tierra y por detrás de él, Alex lo siguió de la misma manera, con el oso colgando de su hocico y la manta sobre el lomo.

La madre lo sentó en la cama y lo sacudió arreglándole la ropa y la corbata para que saliera a ver a su abuela.

—¡La abuela no! Me besa completamente y me jala las mejillas. Después me duelen de tanto que dice ‘quiere comerme a besos’— se quejó a punto de hacer un berrinche.

—Pues dile que no lo haga y ya—

—Pero también está la tía y Esther que tiene ese bebé que llora tanto. Y el tío Carlos que siempre quiere enseñarme a defenderme. Quiero volver al fuerte— dijo pensando en todos ellos a punto de volver a meterse bajo la cama y Alex, a punto de seguirlo, pero ambos fueron detenidos por la mujer que los tomó del cuello de la camisa y del collar, haciendo que ambos se sentaran.

—Es un bebé, los bebés lloran— dijo colocándole unos mechones de cabello detrás de la oreja —Sólo cinco minutos, saludas, cenas y vuelves ¿sí? Lleva a Alex contigo, él te ayudará— lo animó y tras un fuerte y sonoro suspiro por parte del niño, terminó por salir arrastrando los pies con el can moviendo la cola y arrastrando el oso a medio desarmar para encontrarse con todo aquel mar de adultos que lo abrazaban, besaban y apachurraban como si no lo hubiesen visto en años ¡hasta alguno lo despeinaba! Que hasta Alex se había visto en las mismas condiciones por verse tan tierno de aquella manera. 

Más, Daniel encontró algunos aliados allí, listos para escapar de las garras de los adultos y sus charlas estiradas y regresar a su fortaleza. Ya no escucharían al vecino borracho lanzar tiros al aire ni tampoco los insultos y cargadas que se hacían por encender la pirotecnia. El abuelo ya se había quemado con un petardo que no reventaba ¡y era lo primero que le decían! Si no revienta, que no insista, pero terco era el abuelo para cambiarlo a sus ochenta y tantos años. Y mientras las mujeres discutían sobre qué hacer para curar su herida, los hombres pensaban en abrir la sidra o el champagne para brindar, los niños tomaron una bandeja de sándwiches de jamón y queso, unas bolsas de garrapiñadas y corrieron con Alex siguiéndole los pasos hacia la habitación. 

Con una silla, armaron un toldo con una sabana para hacer el ingreso hacia el fuerte, donde se sirvieron su cena. Eran tres, cuatro si contaban a Alex que para variar, habían decidido celebrar las fiestas de una forma más tranquila y adulta que sus propios padres: con una fortaleza, un par de sándwiches y un perro con una manta. Porque las reuniones familiares eran un verdadero problema cuando no te llevas con los grandes.




La verdad, lo primero que había pensado al leer el fragmento era en zombies. Cuando volví a leerlo, no pude evitar pensar en Oliver y su gran enemistad con el perro que tengo sobre el televisor, que a veces lo ve y pelea con él —sin contar que es él quien va con la manta y tiene un oso de peluche con el que duerme abrazado que está a punto de morir el pobre de tan mordido que está—. Y cuando vio el wallpaper del perro en la computadora, fue armar otro escándalo porque había un perro en la computadora. Pensando en eso y rememorando las reuniones familiares, se me ocurrió el relato, que siempre me han desagradado las multitudes y ha decir verdad, y creo que como todo niño, no terminas de encajar en ellas —más si no conoces a la mitad de los que ves allí—, así qué ¿Qué invasión más realista y terrible que ésta? 

Lo del vecino... también es otro hecho real XD Para las fiestas, uno de los vecinos se emborracha y dispara al aire —en general, durante el año, se emborracha y hace tiros al aire (?)—, así que encajaba bien para usar el fragmento tal cual.

Espero les haya gustado, que la verdad, tenía pensando tan sólo inspirarme pero ver una situación tan caótica descripta por un niño me pareció muy divertida.

Espero les haya gustado <3

Bye!

4 comentarios:

  1. ¡Oh! Me ha gustado mucho. Ha sido entre tierno y dulce, y eso que está dentro de un apocalipsis.
    Me ha gustado mucho <3
    Un saludo

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    Respuestas
    1. ¡Gracias! Me alegra que haya resultado así, que la verdad, buscaba algo menos caótico <3

      ¡Un abrazo!

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  2. Me gusta el recurso de plantear algo e ir para el otro.
    Yo pensé que el personaje estaba refugiado y que la mujer era otro sobreviviente. Pero era un juego infantil interrumpido por una fiesta con parientes indeseables.
    Yo puedo entender esa resistencia.
    Por suerte encontró gente afín. Aliados para la resistencia.

    Bien contado.

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    Respuestas
    1. De hecho, tenía pensado extender un poco más eso pero como que iba a perder la gracia un poco con eso.

      Y las reuniones de ese tipo... nunca han sido de mi estilo, para qué mentir xD un poco me veo en ese niño.

      ¡Un abrazo!

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