sábado, 15 de octubre de 2016

Creepy Halloween: Taxi

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Me sigo poniendo al corriente con esta iniciativa, que tuve esta idea mientras venía en el colectivo y tenía que usarla para esto *^* De paso, recordé una bonita imagen de Yamamoto Takato —artista que les había recomendado en la crítica de En el bosque, bajo los cerezos en flor— así que era por partida doble, que este hombre tiene un gusto muy elegante, tétrico y brutal para sus trabajos. Una belleza realmente.

De paso, los invito a que vean la iniciativa en el blog de Kyaru y sus aportes justo por aquí.


Taxi

 Llevaba mucho tiempo en aquella parada de taxi. En algún momento, iba a cruzarse con él, en algún momento, iba a volver a aquel lugar. Le llevó seis años, ocho meses y veintitrés días, pero finalmente, lo vio cargando unas bolsas y subiéndose al auto. Apenas lo vio hacerle seña al chofer para entrar, su mirada oscura se iluminó y se subió al auto sin que él se diera cuenta de su presencia.
Llegó a casa sin ver a la mujer. No fue hasta el día siguiente que recibió una visita en la puerta de su casa que lo supo.

El hombre se presentó como un detective, pero no de los comunes. Se dedicaba a investigar casos como el suyo y ante la falta de credibilidad de sus palabras, decidió hacer algo mucho más fuerte para aquel hombre: mostrarle un video. Las cámaras de seguridad que había en la ciudad habían sido su fuente de trabajo durante muchos años y aún lo seguían siendo. Gracias a eso, había podido ver al espíritu y encontrar a aquel hombre con uno o dos trucos de más.

—¿Cómo me deshago de ella?— preguntó temeroso de que ella estuviera cerca ¡tenían un fantasma en su casa desde el día anterior! No podía estar bien con eso por mucho que se esforzase.

El detective apagó el aparato y torció el labio, luego, volvió a su expresión tan seria como en el momento de cruzar el umbral de la puerta. No dijo nada hasta que el hombre volvió a insistir.

—Debo matarlo—.

El hombre palideció y pasado el momento se rio. Debía ser un mal chiste, no había otra explicación. Pero no fue así. El sujeto siguió mirándolo fijamente, dejando claro en su mirada que todo lo que había dicho era cierto.

—No, debe ser un malentendido. Ella me está persiguiendo. ¡Yo soy la victima! No debo sufrir por su culpa. Usted debería morir por jugar estas bromas pesadas a gente inocente. Váyase de mi casa— dijo con miedo, se le notaba en su voz, en su accionar. Estaba nervioso y lo que antes había parecido algo que irreal, ahora ya no era si quiera factible a que él lo dejara que siguiera explicándole nada. Quería que se fuera, con fantasma o sin él, ya no le importaba.

Abrió la puerta y esperó que saliera.

El hombre caminó hasta ella y la cerró, arrinconándolo contra la madera. El picaporte se le había incrustado en la espalda. Y aunque le había parecido alguien sumamente escuálido y débil, lo sostenía con una fuerza irreal. Su miedo fue incrementando con el pasar de los segundos.

—Ella ha venido a buscarlo. Usted murió hace años— y sacó una fotografía de un accidente de tráfico: una pareja —se negaba a morir así que pactó. No crea que no lo sé, yo me entero de todo, sólo que se me escapó por todos estos años. Pero ella me ha ayudado— dijo moviendo la cabeza señalando a la mujer que lo seguía mirando sin hacer nada.

Las lágrimas se formaron en los ojos del hombre. Él no había hecho nada, no tenía memoria de nada. Ni si quiera tenía idea del accidente. Aunque fue claramente explicado por él: tras el pacto, decidió olvidar. Vender su alma por unos días más era algo que no quería recordar. Y no lo hizo.

Pero el detective se encargaba de esos casos. Futuros demonios serian aquellos humanos, así que él se encargaba de reducir su población. Con un rápido movimiento, quebró su cuello y apenas vio el alma escapar del cuerpo, la encerró en una botella. No iba a dejar que el demonio cobrará el pacto.

Salieron de la casa después de quemar el cuerpo. La mujer fantasma lo siguió hasta una casa abandonada. Al abrir la puerta, un camino flotante se erigió delante de ellos. Las piedras los conducirían a través de varias puertas, pasillos y más caminos flotantes, algunas plazas o habitaciones que vagaban en el cosmos que había en esa casa: un portal a otro mundo.

Se detuvieron en una puerta amarilla. Giró la perilla y un viento frío y olor a moho llegó a su nariz. Se quedó mirando al interior, más, no se veía nada gracias a un fuerte resplandor que salió de la habitación.

—¿Estás segura? Podrías hallar el descanso si lo dejas solo—.

Ella se negó. No podía hacer más. Arrojó la botella al interior y ella lo siguió, perdiéndose entre la luz.

Jamás había podido averiguar qué es lo que había en ese cuarto, sólo sabía de algo: quien entraba, no salía nunca más.

Giró el pomo una vez más. Sus ojos brillaron con un destello amarillo en ellos. Aun había muchas más almas que salvar… y condenar.





Además, ya que estamos con esto del Halloween, los invito a que se sumen al Halloblogween que organiza Charo. La convocatoria es de relatos cortos para los días desde el 29 a última hora hasta el 1 de noviembre ¡así que tienen tiempo de ir pensando en ello! Por lo pronto, ya tengo una o dos ideas por delante.

Espero les haya gustado.

¡Se cuidan! Y pasan un hermoso día y unas buenas noches.

Bye!

6 comentarios:

  1. ¡Oh! No sé porque pero el relato me ha recordado a Morgan. Me ha gustado muhcho <3

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    1. Curiosa evocación que no había pensado en él xD

      ¡Un abrazo!

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  2. Un ambiguo final, lo que es lo hace interesante. ¿Ella lo salvó de algo peor? Me da esa sensación, al renunciar a hallar el descanso, por él.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. De hecho, creo que no lo dejé muy claro en el relato, ya lo revisaré, él se convertiría en demonio si su alma quedaba libre, por eso el encierro. Y ella acepta quedar encerrada con él tan sólo para estar juntos.

      ¡Un abrazo!

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  3. Interesante. :) Me ha gustado bastante.

    Un beso

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