domingo, 16 de octubre de 2016

Claro de luna, luz de sueños: Capítulo 5 - Conociendo al enemigo

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Retomo historias! Que algunos de mis personajes han estado muy rebeldes últimamente y ando actualizando poco historias que ya debería haber terminado. Pero bueno, así es la vida. Por lo pronto, traigo un capítulo nuevo de esta novela y espero, espero que el próximo no llegue tan demorado como éste, que no prometo nada pero haré mi mejor esfuerzo para no dejarlos colgados tanto tiempo.

Pueden ver los capítulos anteriores justo por aquí.



Capítulo 5

Conociendo al enemigo

El viaje había sido totalmente improvisado por lo que no habían llevado realmente nada para ello. Apenas habían logrado irse con rapidez. Descansaron en la noche y apenas salió el primer rayo de sol, Shouzo le indicó un lugar al que ellos podrían ir a quedarse. Una cabaña en medio del bosque que Shougo solía usar con él cuando tenían que hacer largos viajes. Estaba bien escondida, así que no iban a tener problema alguno ocultándose allí e iban a tener un buen lugar donde descansar.

Él había atendido las heridas de Shougo superficialmente considerando que no tenían nada a mano que pudieran usar, por lo que luego, se encargaría de salir a buscar algunas hierbas para hacer un ungüento.

El ambiente general que hubo en el camino y al llegar a la casa fue de desasosiego y muchas, muchas dudas sin resolver. ¿Por qué alguien lo seguía por esa fuente? ¿Realmente aquella agua era tan poderosa? ¿Era así? ¿Cuánto tiempo podrían estar escondidos? Preguntas como esa formularon todos sin decirlo en voz alta, hasta que llegaron a su nueva vivienda o al menos, a la provisional. 

Estaba bastante limpia y ordenada, lo que les decía que no hacía mucho la había utilizado. El piso de madera crujió bajo sus pies y las bisagras de las puertas rechinaron al abrirse y dejarlos pasar.

Shouzo llevó al herido a la habitación mientras Sayo y Sanosuke se encargaban de buscar agua y encender la cocina, necesitarían agua caliente. Él salió a buscar alguna fuente de agua potable mientras ella revisaba la casa. No podía darse el lujo de mostrarse mal en las condiciones en que se encontraban, así que debía dar lo mejor de ella como fuera, al menos, aguantaría todo lo que pudiera hasta que su hermano se recuperase y su vida de fugitivos se viera terminada.

Pocas cosas encontró que pudieran serle de utilidad, aunque algunas conservas había allí y con eso, podrían darse maña. De momento, tenían para hacer un buen té y tendrían algo para la cena. Herido no podía descuidar su alimentación.



Shouzo llevó al herido a la habitación mientras Sayo y Sanosuke se encargaban de buscar agua y encender la cocina, necesitarían agua caliente. Él salió a buscar alguna fuente de agua potable mientras ella revisaba la casa. No podía darse el lujo de mostrarse mal en las condiciones en que se encontraban, así que debía dar lo mejor de ella como fuera, al menos, aguantaría todo lo que pudiera hasta que su hermano se recuperase y su vida de fugitivos se viera terminada.
Pocas cosas encontró que pudieran serle de utilidad, aunque algunas conservas había allí y con eso, podrían darse maña. De momento, tenían para hacer un buen té y tendrían algo para la cena. Herido no podía descuidar su alimentación, aunque aún le quedaban muchas más cosas de las cuales preocuparse, especialmente, sobre lo que haría su hermano cuando ella no estuviera.

Un escozor en el pecho se le produjo al pensar eso. No quería morir, pero era parte de aquella naturaleza de su enfermedad. Es más, ella debía haber muerto hace mucho, cuando creía que ya no iba a poder más en Shimabara y Sanosuke la salvó y gracias a algunos tratamientos alternativos y su fuerza de voluntad, ella se mantenía firme aun, aunque no sabía cuánto más su cuerpo iba a soportar eso. Quería mucho más, mucho, más ahora con todo lo que estaban pasando pero ¿qué podía hacer? Rezarle a Dios por ello, nada más.

En cuanto Sanosuke llegó con el agua, la puso a hervir e hirvió un par de vendajes en ellos para usarlos luego con su hermano, debían estar limpios y esa era una de las formas más sanas de saber que estaban completamente esterilizados.

—¿Te encuentras bien?— preguntó Sano apoyándose en el umbral de la puerta mirándola.

—Sí, lo estoy— mintió ella poniendo en otra vasija más agua a hervir para hacer un té para ellos.

Sanosuke no le creyó, acercándose a ella y tomándola del hombro para que volteara a verlo y ver sus brillantes ojos verdes cristalinos por las lágrimas. No dijo nada, sólo atrajo su rostro hacia su pecho y la abrazó, prometiéndola protegerla a ella y a su hermano sin importar cómo.



Shouzo se encargó de curar a Shougo y dejarlo dormir. Mientras Sanosuke vigilaba la casa, él había salido a dar una vuelta por los alrededores. Necesitaban estar al pendiente de todo lo que pasara, tanto si había alguien cerca como que no, no podían darse el lujo de ser tomados por sorpresa.

No tenían mucho qué hacer en la cabaña, así que después de juntar algo de leña, se habían sentado frente a la chimenea, el bosque era sumamente frio en la noche y el crepitar de la madera era relajante. La penumbra se cernía en la habitación, más, daba un ambiente agradable y después de barrer un poco, el piso se vio mucho mejor. El techo estaba bien cuidado, por lo que si llovían, esperaban no tener goteras que cubrir ni que preocuparse porque el agua entrara por cualquier lugar, más, no veían signos de humedad lo que les podía vaticinar cosas buenas.

—Creo que estaremos solos durante un rato— dijo Sayo ofreciéndole una frazada a Sanosuke y mirando por la ventana.

La luz de la luna no llegaba hasta la cabaña, los árboles eran demasiado altos como para que la luz se colase por algún sitio, razón de más para saber que estaban bien escondidos, al menos, mientras estuvieran allí, ya que la misma vegetación había ayudado a hacer de aquel sitio, el refugio ideal.

Se sentó al lado del guerrero y quedaron en silencio durante un rato hasta que escucharon un ruido. Sanosuke le pidió que se quedara en la sala mientras él iba a revisar, encontrando la habitación de Shougo vacía y una nota en la cama: volveré en cuanto encuentre la fuente.

No podía decirle eso a la mujer pero tampoco podía escondérselo, así que él salió por la ventana a buscarlo, pero no tuvo suerte, se había ido demasiado rápido, más, había encontrado a Shouzo en el camino, poniéndolo al tanto de la situación. Ahora, tenían que encontrar a Shougo sin tener pista alguna de su paraje ni de la posible ubicación de dicha fuente.

Volvieron a la casa con el rostro demostrando desgano, sin saber cuál sería el siguiente paso.

Después de contarle a Sayo lo sucedido y darle la nota, se quedaron pensando en frente de la chimenea.

—No es seguro, pero hace unos años, unos hombres, los Caballeros negros querían hacerse con el control de una planta milagrosa—

—¿Pueden ser ellos?— preguntó Sayo.

—O alguien que esté relacionado a aquella información—

Y si se trataba de obtener información, Shouzo era el mejor, así que sabiendo aquel nombre, salió en medio de la noche a investigar que algo debía traer para poder continuar.





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Espero que les haya gustado. Se cuidan y pasan un bonito día ¡y un feliz día de la madre!

Bye!

3 comentarios:

  1. Oh... se pone interesante, a ver que pasará en el siguiente cap.
    ¡Chau!

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    Respuestas
    1. ¡Gracias! Espero subir pronto el siguiente capítulo

      ¡Un abrazo!

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  2. uy se pone super interesante te mando un beso

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