martes, 25 de octubre de 2016

Cita en el bar : Capítulo seis - Atrapados

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Aquí, con el fresquito encima, que hubo una tormenta fuerte y aun llueve, así que disfrutando de ello. Espero que el frío sea suficiente para espantar a los mosquitos que están insorportables >.<

Traigo capítulo nuevo de esta historia que está cerca del final ya, tengo ya tres capítulos más pensados y creo que en eso irá cerrando, así que espero actualizarla prontito así ya la cierro <3


Capítulo 6

Atrapados  
                     
Lizy estaba en shock. Sus manos temblaban y su respiración se vio mucho más agitada que antes de llegar allí. Verlo en el patíbulo le rompió el corazón. Verlo allí, como espectáculo del más vulgar y repugnante que había. Ella nunca había asistido a las muestras públicas de justicia que había porque se sentía asqueada de que las personas pudieran reunirse a ver cómo mataban a alguien sin que nadie interviniese. Muchas veces, eran amigos, primos, vecinos de ellos. Más allá de que estuviera bien o mal su forma de actuar ¿era necesario convertirlo en un espectáculo? Nunca lo entendió ni lo entendería. Y estaba segura, de que ella no sería parte de eso.

Lo cierto es que había pensado que todo podría volver a la normalidad. Hacia una semana que había vuelto a casa y no de la mejor manera. Su padre había contratado a unos mercenarios para que la encontraran. En total, eran diez hombres que había distribuido a lo largo y ancho de la provincia para que volvieran con su hija como fuera y al precio que fuera, que no iba a permitir que Lizzy acabara perdida más tiempo sola, pensando lo peor que pudiera ocurrirle a la muchacha.

Todo fue confuso el primer día pero ahora, la sensación de calma y de que todo había sido un mal sueño iba desapareciendo poco a poco, volviendo a su rutina diaria. Se preguntaba por Robert, por lo que le había pasado y en más de una ocasión sintió el irrefrenable deseo de salir corriendo al establo, tomar un caballo y salir a buscarlo. Si habían podido dar con ella ¿cómo no iba a poder encontrar a uno de los bandidos más buscados del país? Le sería fácil, seguramente, pero algo le decía que debía esperar un poco más antes de salir. Cada vez que se había dirigido al establo con las ansias de desaparecer una vez más, se había detenido, alimentado a los caballos y vuelto a la casa. También, tenía miedo de encontrarlo o de no encontrarlo, aunque no lo dijera.

Tampoco había hablado con su padre al respecto, simplemente, había quedado todo en nada. Ni ella había dicho absolutamente nada ni tampoco su padre le había recordado su mal viaje, pues, pretendía que todo aquello quedara como si nunca hubiese sucedido. Su padre era así, prefería olvidar las cosas inútiles. Y como nada sacarían de hablar, simplemente, no hablarían. Pero eso no quitaba el hecho de que demostrara cuan feliz se veía de ver a su hija de nuevo, sana y con vida.

Lizzy, por el contrario, había perdido el entusiasmo de siempre. Y aunque todos decían que era normal después de una experiencia traumática como un secuestro, había algo más n todo ello que no había hablado con nadie. Tampoco había vuelto a bailar o si quiera, pisado el bar. A veces, se asomaba con la intención de encontrar algún disfraz ingenioso y ver la mirada triste de Robert debajo de ello, pero no había sucedido y el desgano la podía.

Todo hasta ese día, un sábado a la tarde, cuando salió a caminar por las calles poco transitadas, sabiéndose de aquella reunión en la plaza mayor. No le prestaría atención a ello, pero algo le dijo que tenía que ir y saciar su curiosidad.

Quedó saciada. Esperaba verlo, ansiaba volver a verlo y saber que estaba bien después de la forma en que se habían separado. Sin embargo, que Robert estuviera allí, en aquellas condiciones nefastas fue lo peor que le pudo pasar. Había escuchado rumores de que habían encontrado y ejecutarían a un peligroso asesino en la plaza principal mientras caminaba. Ella tenía miedo, no quería ser parte de ello pero también, quería confirmarlo. Y lo confirmó de la peor manera: Robert estaba maltrecho. Su cabello largo se veía revuelto y sucio, su barba ya tenía varios días y tenía varias cicatrices en su cuerpo. Se sintió tan mal que su corazón iba a reventar de tristeza. Le dolía verlo así. Y sin si quiera pensarlo, hizo lo que nunca nadie había hecho en las ejecuciones: entrometerse.

Corrió, empujó y saltó a todo lo que se metía en el medio para llegar con más rapidez allí ¡le importaba tres rábanos la gente!  La vida de aquel hombre estaba en juego: dependía de ella, pura y exclusivamente de ella.

Nadie esperaba semejante intromisión. Sólo dos personas estaban ahí arriba: el verdugo y su padre, que como sheriff, certificaba todas las defunciones allí. Ver a su hija apartar de una mujer segura a un asesino fue una de las peores deshonras de su vida. 

Lizzy no lo había pensado. Se había arrojado encima de él, quitándolo de una muerte segura, rondando entre los tablones entre los murmullos de las personas. Abrazó a Robert como si su vida dependiera de ello. No podía ser cómplice, no podía no hacer nada y tan sólo, mirar. Nunca se iba a perdonar algo así.

—¡¿Lizzy?! ¿De verdad eres tú?— preguntó él sin poder moverse del suelo. Ella estaba encima de él, más, las manos de Robert se encontraban atadas en su espalda, sin permitirle mucho movimiento gracias a eso.

—Sí, soy yo— murmuró llorando levántandose y ayudándolo a él a sentarse. Acarició su rostro y él cerró los ojos cuando de un brusco movimiento, se vio siendo jalada por su padre para ponerse de pie ¡no iba a tolerar que algo así tuviera cabida en público! Ella forcejeó, Robert la llamaba sin que pudiera hacer nada por ella ni por él. Estaba demasiado débil gracias a los maltratos que había recibido en prisión días antes de su ejecución.

Nadie allí había quedado indiferente a lo que había sucedió. Una joven enamorada había detenido una ejecución, de nada más ni nada menos que de uno de los asesinos más buscados del país. Y no era nada más ni nada menos que la hija de quién debía encargarse de la seguridad del pueblo ¿Qué podían pensar al respecto de ello? No tardaron en salir rumores ahí mismo, entre el ajetreo de los dos amantes por volver a estar juntos hasta que al fin, fue silenciado, llevándoselos lejos el uno del otro. En esa situación, no podían proceder a nada.

Todo se disolvió rápidamente. Y ella no pudo dejar de llorar desde que se vio alejada de su querido Robert. No podía. Lo habían visto alejarse de ella por segunda vez ¡y quién sabe qué cosas le harían! No podía permitirse eso. No podía permitirse estar lejos de él ¡no! Debía cuidarlo. Debía estar con él. Quería estar con él.

Renegó de ella, de su suerte, de ser una mujer inútil, aunque sabía que nada de eso podía salvarlo. Lo sabía bien y eso, la hacía sentir muchísimo peor.

<<Capítulo 5                                                                                  Capítulo 7>>

Espero que les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!

2 comentarios:

  1. Ohhh... saber que se acerca el final da incluso penita.
    Espero la conti <3

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    Respuestas
    1. ¿Verdad que sí? Pero ya llevo bastante tiempo con la novela XD debe acabar XD

      ¡Un abrazo!

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