viernes, 28 de octubre de 2016

Apaga la luna que los ángeles nos miran - Parte dos

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de las mil maravillas ¡llegó con la segunda parte del cuento! Y creo que me queda para una tercera xD Les dije que era largo, que me entusiasmé con él <3 Espero que les guste que es macabro que estos dos personajes son sumamente retorcidos y me fascinan porque les importa un soberano rábano todo <3





Jim se había dejado llevar por los efectos del alcohol, la belleza exótica de Allison y sus propios instintos. Estaba demasiado borracho para decir que no o pensar con claridad, en ese momento, su lado más sucio era el que estaba al mando y era justamente el que necesitaban ellos dos.

Allison lo tomó de la mano y lo acomodó entre las sabanas de seda, quitando los almohadones y ayudándolo a acostarse en el centro como quien terminaba de preparar el plato principal con especial devoción.

Entre besos, caricias angurrientas, se habían ido deshaciendo de pudores y tabúes, dejando las manos recorrer los cuerpos desnudos sin inhibiciones. Los tres se fueron fundiendo en una noche de sexo pasional mientras la luz de la luna se colaba por la ventana. Enredando las sabanas, mojándose en el placer y gimiendo hasta que el amanecer les diera el alto.

Agotados por el vaivén salvaje del deseo, sucumbieron en la cama dormidos hasta que el sol los molestó lo suficiente para despertarlos.

—Nos toca— dijo Steve poniéndose los pantalones y entregándole a Allison la camisa para que se vistiera —ya te divertiste—.

Ella sonrió saliendo de la cama con sigilo ya que Jim aún no se había despertado. La camisa cayó sobre su cuerpo ocultando la delgadez y las marcas que habían quedado tatuadas en ella por la noche anterior.



Atado a la cama, con las sabanas de seda cubriéndolo, los gritos comenzaron a ahogarse en aquel lugar perdido en el bosque. Las manos de Allison y Steve se vieron teñidos de rojo por la sangre, caliente y viscosas. El ambiente de la habitación era perfecto, incluso, cuando el silencio se apodero de todo, siguió viéndose una imagen tan perfecta que incluso, superaba a lo que se habían imaginado. Ninguno de los podía arrepentirse de ello.

—¿No son hermoso?— preguntó Allison a Steve limpiando con cuidado los globos oculares del muchacho, habiéndolos sacado después de muerto ¿por qué? Porque le encantaban y si estaba vivo, podían terminar estropeados por algún movimiento en falso, así que ella siempre esperaba a que Steve terminase su trabajo para ella proseguir con el suyo.

           —Lo son— observó el color de los mismos a través dl frasco con formol en que ella los había depositado, dirigiendo su mirada al frágil cuerpo de su novia, aun sólo con la camisa encima y la sangre seca que se había salpicado encima de ella: le parecía una de las mujeres más bellas que había visto ante semejante decadencia.


Las manos de Jim también habían sido de su agrado y después de examinar su cráneo, decidieron quedarse con él también. Su pequeña colección iba cobrando forma, era como un museo, pero no hacía falta tener cientos de años y una historia interesante. La única historia interesante sería piezas. Ojos, manos, hasta algunos órganos, sólo debía gustarles. Era todo lo que se necesitaba para estar en aquella peculiar colección.


Incluso, había una practicaba que Steve hacia que a ella le fascinaba: se cortaba y dejaba su sangre caer sobre las velas para perfumar el ambiente. A veces, él mismo hacia las velas, mezclando la parafina con su propia sangre, tiñéndolas y perfumándolas. Verlo hacer eso, mutilarse por gusto propio, la excitaba. Aquella casa, era el paraíso de dos personas trastornadas.





—Allison, ven— la llamó haciendo que dejase de pulir la calavera de su mesita de noche para seguirlo a la sala donde estaba el televisor.

Iba una semana desde su última noche de diversión y con eso, tenían suficiente para que la diversión se viera entre ellos dos nada más: Allison aún tenía el corte en su espalda de donde Steve había bebido después de una larga y apasionada noche de sexo.

Habían quemado la ropa y se había deshecho de los huesos en una de las tumbas del cementerio. Nadie iba a sospechar de los muertos.

Él se sentó en el sillón y ella acabó entre sus piernas, viendo la noticia de que su último juego estaba siendo buscado. El chico que habían conseguido era alguien importante, según lo que estaban viendo, lo que les causó una retorcida satisfacción al saber que había sido tan fácil engancharlo.

—Era alguien de dinero—

—Y yo tengo sus ojos— se regodeó contra su pecho por semejante logro, dejando la noche de fondo mientras él recorría su cuerpo con sus dedos para desvestirla en el sillón, escuchando de la opulenta recompensad de dinero a quien diera cualquier información.


El aburrimiento los siguió  a pesar de que su última cacería había sido muy fructífera, la emoción había sido mucho menos duradera que otras veces. Quizás, el saber que era alguien de alto vuelo le había quitado la emoción, aunque eso no era algo que intimidase a la pareja: no temían por ellos pero estaban listos a salir a cazar de nuevo.

Tenían planeado salir a tantear el terreno aquella noche a otro bar de mala muerte. Allison estaba ansiosa por conseguir un nuevo par de ojos, había un estante vacío que quería llenar rápidamente, pues, los veía solitarios. Adoraba los ojos, en especial, cuando tenían alguna particularidad, como la heterocroma o algún color extraño. Había unos realmente extraordinarios que cambiaban de color según la luz del día. Y aunque le encantaban, sus favoritos eran los de un hombre mayor que habían conocido al cierre de un bar. Él tenía heterocroma: un ojo de color lavanda y el otro, de un brillante azul cielo, en un tono muy parecido al de ella, pero los de este hombre, parecían mucho más brillantes, como una luz en ellos. Se fascinaba observándolos a través del cristal del frasco durante largas horas.

—Es hermoso— repetía una y otra vez como si pudieran hallar encantadores los halagos aquellos restos, los miraba con la fascinación de un niño descubriendo el mundo. 

Para cualquiera, aquello habría sido una escena macabra salida de una mala película de horror, Steve se deleitaba viéndola fascinarse por los ojos de un hombre, más cuando encontraba esa misma maravilla cuando lo veía a él, sus marcas o sus manos ensangrentadas. Él también disfrutaba de su colección, pero disfrutaba más ver a Allison apreciando la misma. El deleitante olor de la muerte que embriaga el sitio era algo que hacía que se olvidase del mundo y encontrara una nueva razón para vivir: ampliar su colección. Sería la más grande, la más bella y siniestra que alguien haya visto jamás. Ese era el motivo por el que había nacido después de todo: para causar la muerte de los demás.


 





Allison entró corriendo atravesando el umbral de la puerta con rapidez, sosteniendo el celular entre sus manos esperando que su novio lo viera.

—¿Qué sucede?— preguntó con tranquilo tono de voz asomándose a la puerta de la cocina, observando el entusiasmo de la muchacha que había perdido el hilo de la conversación al sentir el dulce olor de los panqueques recién hechos que inundaba la cocina.

—¡Panqueques!— dijo con una sonrisa tomando uno, olvidándose de todo.

—¿Qué es lo que querías decirme, Ali?— preguntó volviendo a la cocina dejando que ella terminase de comer. 

Rápidamente recordó lo que iba a hacer, dejando el panqueque a medio comer sobre la encima para buscar en su celular la fotografía que había tomado en la tarde cuando salió.

Steve tomó el aparatito acomodándose los anteojos sobre el puente de su nariz y observó la fotografía con precisión de cirujano hasta que la pantalla se apagó. Era interesante, sin duda alguna, no había duda de que Allison tenía un muy buen ojo para elegir a sus presas. Era una chica bonita, aunque con las mujeres solían tener un poco más de recaudos ya que pocas veces encontraban a muchachas tan interesantes solas.

Apagó la sartén y llevó la bandeja con panqueques a la mesa para luego, dejar dos tazas de café en ella y sentarse a su lado. Había sido por esas cosas del destino que ella había llegado a su vida y le había traído un nuevo matiz macabro que, quizás siempre había estado latente en él y hasta ese momento se dio cuenta de ello. Ali era todo lo que necesitaba y quería. Ambos eran justamente lo que necesitaban, completándose como un todo oscuro y único que absorbía todo y lo dejaba en nada.




Una vez más, se alistaron para salir a la noche. Aquel bar en donde habían encontrado a su última pieza de colección ahora les iba a proporcionar otra por la que ambos estaban ansiosos de salir y conseguir mucho más material para su museo, aquel que adoraban y le había dado una razón para vivir y seguir respirando: quitarles el aliento a otros. Les causaba placer ¿Qué mejor que so? Ambos eran felices de esa forma ¿Qué más podían pedir? Sólo ampliar su colección y conseguir más piezas bellas, por supuesto.

—¿La seguimos o sólo la encaramos?— preguntó Allison al ver a la muchacha acompañada de un chico.

—Veamos hasta donde llegan. Con suerte, quizás sean dos— dijo Steve rodeándola por la cintura y Allison sonrió radiante acariciando sus dedos suavemente, adoraba la tibieza que desprendía su cuerpo cuando la tenía cerca.

Siguieron a la pareja sin que se dieran cuenta hasta que los perdieron en el segundo piso del bar. Ambos quedaron sorprendidos de que un antro como ese tuviera una sección con más clase ¿Qué tan decadente podría ser? Ambos estuvieron ansiosos de averiguarlo, pero el destino les había arrebatado a su presa y sin ánimos de volver a la búsqueda de otra, habían decidido volver luego para intentar atraparlos una vez más o conseguir una nueva. Si había otra de mejor calidad ¿para qué perder el tiempo en las baratijas?

Salieron de allí buscando otro sitio que pudiera saciar sus deseos, caminando bajo los fluorescentes de aquel barrio oscuro, sucio, con aire dantesco en el ambiente, como si el infierno estuviera a la vuelta de la esquina o peor, ya estuvieran caminando en él. Alguien podría matar a otra persona en plena calle y nadie haría nada. Ese tipo de decadencia y violencia era el pan de cada día, por eso, la pareja se sentía tan cómoda al pasear por ahí: era su paraíso en tierra.

—Mira ¿no es el mejor espectáculo?— señaló al frente al poder presenciar un ajuste de cuentas.

Ambos se quedaron parados en la vereda viendo a dos sujetos pelear. Uno de ellos acorraló a otro contra la pared y con una punta, lo mató. La clavó en su cuello con tanta fuerza que casi podrían jurar que sintieron el sonido de la piel desgarrándose y abriéndose de una punta a la otra, con la sangre manando como una cascada de su cuello.

El hombre quedó convulsionando en el suelo hasta que su último aliento cargado de un coagulo de sangre escapó de su boca.

—¿Podemos ir a verlo? Si tiene unos lindos ojos, los quiero— lo tomó de la mano la muchacha y lo hizo acercarse a él, poniéndose de cuclillas al lado del cadáver.

—¿En serio? Se ve un tipo muy soso— advirtió Steve al tomarlo de la cabellera sucia y levantar la cabeza del cuerpo inerte.

—Podrían tener más respeto con el cadáver de ese hombre— dijo un tercero, agitado, encovándose colocando sus manos sobre las rodillas para recobrar el aliento, tanteando en su bolsillo buscando el celular.

—Ya está muerto. El respeto es algo que sólo sirve a los vivos. A los muertos no les afecta— dijo Steve limpiándose la mano sobre el muslo y metiendo las manos en los bolsillos momentos después.

Allison se puso de pie, más, al ver al hombre que los acababa de regañar, sus ojos brillaron con gran entusiasmo y una sonrisa curvó sus labios. Realmente, el tipo que habían matado era demasiado soso, pero aquel hombre que tenían en frente no.

Steve supo al verla qué significaba ese tipo de mirada: habían encontrado al reemplazo y con gusto iba a aceptarlo. No permitía que nadie le dijera qué hacer, menos con tanta prepotencia.

—Su cabeza es hermosa— soltó ella como si de un cumplido se tratase. Y lo era, sólo que no era uno que se escuchaba todos los días o que querías oír de ella.

—¿Disculpe?— dijo con sorpresa sin saber qué decir ante ello.

—Su cabeza tiene una forma hermosa, incluso, su mentón, es tan perfecto que parece salido de un fresco de Miguel Angel— lo delineó con sus dedos en el aire, sin atreverse a tocar. Para ella, era una obra de arte y el arte se admira, no se toca.

Steve vio la oportunidad en ello, ya que no habían tenido suerte en el bar ni con el muerto, necesitaban alguien que les diera la emoción que había salido a buscar en esa noche.

—¿Ustedes vieron algo importante? ¿Al hombre que lo mató?— preguntó intentando volver al caso.

—No, lo vimos tirado en el suelo y pensamos que era sólo un vago y queríamos invitarle un trago— mintió ella.

—¿Lo conocían?—

—¿Hay que conocer a alguien para salir a beber? Este lugar es maravilloso porque a nadie le importa quién es tu compañero de copas mientras tengas un compañero de copas. Entre al bar de enfrente, siéntese en una mesa con alguien solo y verá cómo pueden comenzar a hablar como si se conocieran de años— argumentó Steve. Una de sus tantas tácticas para conocer personas y ahí, funcionaba de maravilla.

El hombre negó con la cabeza disimulando un temblor en el cuerpo. Se había presentado a ellos como detective privado. No les explicó mucho de su trabajo, pero tenía a alguien colaborándole según le había dicho.

Intercambiaron miradas, quizás, fuera más interesante de lo que ellos se imaginaban.

—¿Nos acompaña una copa? Mi novia estaría agradecida de compartir un momento con usted: es una artista. El mundo lo ve en términos artísticos. Usted sabe cómo son los bohemios ¿no? Además, presiento que podemos llevarnos muy bien y continuar esta charla— invitó Steve con una mueca que bien podría pasar por una sonrisa para quien no lo conociera.

Era bueno con las palabras, aunque no era un hombre especialmente hablador, cuando quería, podría seducirte tan bien que venderías tu alma al diablo con una sonrisa: era su don especial: el don de la palabra.

Más, el detective rechazó aquella oferta, debiendo quedarse hasta que llegue la ambulancia y la policía a recoger los restos y tomar parte de los testigos. Estaba seguro de que iba a conseguir algo, incluso, les pidió lo mismo a ellos, pero tal y como le habían dicho, no tenían nada qué aportarles, ni si quiera habían visto al asesino, o al menos, esa era su versión y la llevarían consigo hasta la muerte, por supuesto.

Y ante la negativa, hubo una nueva invitación para la noche siguiente, que estuviera desocupado y pudieran tomar una copa, alegando que no iba a dejar con ganas a una dama en dos oportunidades, no era algo digno de un caballero. Afortunadamente, acabó por aceptarlo: ya lo tenían para ellos.

Un destelló se pudo ver en la mirada bicolor de Allison preguntándose donde quedaría mejor la cabeza del detective en su colección. Quizás, su mesita de noche fuera la apropiada.





<<Primera parte

Espero les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!



2 comentarios:

  1. Se me ha puesto la piel de gallina, mira que es tétrico y gore y sangriento xD
    Como se nota que te gusta esto...
    un saludo

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    Respuestas
    1. Es que los personajes son macabros y retorcidos a más no poder. Me encantan <3

      ¡Un abrazo!

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