viernes, 28 de octubre de 2016

Apaga la luna que los ángeles nos miran - Parte uno

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 Una vez más, estaba removiendo un poco mis cuadernos y encontré este cuento que hice un noviembre del 2012. Hace bastante, aunque, es un cuento un poquito diferente a los que tengo subidos aquí que es largo, bastante largo. No llega a ser novela corta porque no ahonda en secundarios ni en otras tramas, así que quedará como cuento y seguramente, lo subiré en dos o tres partes, dependindo de qué tan jugada esté en estos días, pero pienso subirlo seguidito así no se queden con las ganas como suelo hacer (?).


Apaga la luna que los ángeles nos miran

Cuando la luna apareció en el cielo, ellos salieron al patio dirigiéndose hacia las escaleras que estaban contra la pared de la higuera y cerca del enorme nogal que estaba creciendo libremente en el jardín, comenzaron a subir, escalón a escalón hasta llegar la terraza y visualizar los dos únicos objetos que residían allí: unas reposeras y una maceta con papiro.

Ella sonrió. 

Él se quedó serio a pesar de ver la curvatura de sus labios mientras sacaba su celular del bolsillo y se lo pasaba a la muchacha después de dejar abierta una fotografía en él.

—¿Te gusta?—

Un silencio prolongado se hizo sentir. Él, tomó asiento en su reposera y se quedó mirando la brillante luna que había en el cielo ésa noche. Unos hermosos puntitos blancos resplandecían tintineantes en el cielo. Siempre había admirado el espacio y tener ésa casa en ésa parte de la ciudad, en la ladera, donde aún se podía apreciar todo aquello, había sido una hecatombe de suerte para el muchacho. Apenas había visto la terraza, sin si quiera haber visto el resto de la casa o pensado en el precio de la vivienda, ya había decidido que debía ser de él. Steve se había dejado llevar por ese impulso y había pasado tres solitarios años que había convivido junto a ése cielo estrellado antes de que Allison apareciera en su vida.

El mismo desprecio por la vida. El mismo aburrimiento. Las mismas ideas sobre el mundo. Parecía que eran capaces de leer la mente del otro; completaban sus ideas llevando a cabo sus excéntricos y oscuros planes para llenar el vacío envolvente que algunos llamaban vida.

—El mundo no sirve—

Como si hubiese sabido exactamente qué decir, su respuesta al unísono fue aquel augurio que necesitaban para saber que estaban hechos el uno para el otro, que su encuentro no había sido un mero capricho del destino, que entre los dos iba a terminar haciendo algo realmente grande, maravilloso y macabro.




—Me gusta ¿Dónde lo encontramos?— preguntó aun embelesada por la fotografía sentándose entre las piernas de Steve mientras se rodeaba así misma con sus brazos. 

El silencio volvió. No era un silencio incómodo, por el contrario, ninguno de los se quejaba de ésa silenciosa tranquilidad que había entre ambos. Aunque Allison no era de las que solía permanecer en ése estado por mucho tiempo ni frecuentar personas tan taciturnas como él, al conocer a Steve había aprendido que en todos sus silencios su compañía había sido mucho más fructífera que en todas las conversaciones que ella había entablado a lo largo de su vida. Un vacío que sólo se llenaba en el silencio, con la ausencia, con la compañía de ése ser tan peculiarmente extraño que había conocido. Steve, aquel hombre que salía de todos los esquemas para llegar y demostrarle que sólo había comenzado a vivir en ése último año que pasó con él.



Se dio un baño, buscó un vestido negro que contrastase con la palidez sepulcral que su piel tenía y se maquilló con colores oscuros que lo único que hicieron fue afianzar aún más la palidez cadavérica que presentaba en su rostro. 

Una muchacha lastimosamente enclenque aunque se diese el gusto de comer a diestra y siniestra, su cuerpo parecía no asimilar los alimentos dejándola en una delgadez insípida. Su rostro era bastante afinado; sus ojos rasgados, dándole una belleza egipcia en la mirada, como dos pequeños cortes hechos con bisturí sobre la piel que ella remarcaba con el delineador y la máscara de pestañas. Su nariz pequeña y respingada se alzaba enérgica en su rostro encima de unos labios pintados y delgados, resaltados por el brillante tono carmesí que había elegido para completar su maquillaje.

—¿Qué te parece?— preguntó dando una vuelta haciendo que la falda del vestido se abriese.

Él la miró y quiso curvar sus labios en un gesto que podría interpretarse como una sonrisa: le había encantado.

Steve había conseguido en ese austero gesto decir todo. No era muy expresivo, ni con palabras ni expresiones faciales, pero podía demostrarle lo mucho que le importaba en otras formas. Era un hombre que hablaba lo justo y necesario. Siempre había pensado que era inutil decir todo lo que se le cruzaba por la cabeza si a nadie le interesaba oírlo. O a lo mejor, les importaba, pero Steve no tenía ganas de darlo a conocer. No había cosa más íntimas y propias que las ideas.

Allison esbozó una sonrisa alegre al ver a Steve. Estaban listos para salir.

Él se acercó a ella por la espalda y corrió la cortina de su negra cabellera colocándole un dije de colmillo de serpiente como único accesorio.

—Me dijeron que aún tiene rastros de veneno así que no te piques con él — le susurró al oído a la joven, estremecida por el golpeteo de su aliento en el cuello mientras se miraba encantada en el espejo por el nuevo regalo que él le había dado.

Por su parte, él sólo se separó de ella después de recorrer su cuello con sus dedos, dejándola sola para buscar una campera, colocándosela sobre la camisa blanca que había dejado fuera del pantalón, un jean negro deshilachado y unas zapatillas del mismo color que compleaban su vestimenta.

Steve era un hombre bien parecido. Sus rasgos toscos y gruesos sentaban bien para su estilo y ayudaban a conformar el conjunto de belleza tan encantador por no ser perfecta. Usaba unos anteojos cuadrados, que su flequillo cubría a medias entre un inquieante tono gris y negro que terminaban de caer rebeldes sobre su espalda. Su rostro era delgado y cuadrado, notándose mucho más en el mentón, afianzando sus rasgos anglosajones.





Parpadeantes luces de colores verdes, amarillas, moradas, naranjas y rojizas iluminaban todo. Los anuncios locales parpadeaban tiñendo más calles de colores. Un cartel naranja zumbaba momentáneamente con las palabras 'Hotel 24 hs'. Al frente había otro más o menos parecido, 'La Copa de oro', apagándose cada cierto tiempo la R, haciendo pensar que en cualquier momento dejaría de funcionar, de un color amarillo estridente y un dibujo de una copa de se llenaba hasta rebalsar.

El barrio se vestía de color, vulgaridad y un gusto muy peculiar por lo grotesco y cargado. Más, las calles se vestían de personas más peculiares todavía. Allison y Steve se veían entre ellos pasando desapercibidos por la multitud de transeúntes indiferentes. Y mientras la mayoría se perdía entre las puertas de los llamativos locales, la pareja siguió un largo camino hasta un callejón iluminado por una molesta luz azul perdiéndose detrás de una puerta, debajo de una escalera de incendios. Dentro no había mucha diferencia de ambiente. El sonido de una banda que se hacía llamar ‘Esclavos de la oscuridad’ amenizaba el ambiente, con algunos jóvenes moviéndose al ritmo de la batería que sonaba en una repetición constante hasta que el cantante agradecía y volvía a la misma rutina. Un ritmo de muerte, sexo y locura se respiraba en el airea gracias a la música y a las personas que componían la amplia clientela. Jóvenes de todas las edades agitaban sus cuerpos endebles sin poder ori otra cosa que el sonido de la batería y a veces, de la guitarra que sonaba fuera de tiempo, la voz grave y gutural del cantante que impedía cualquier tipo de conversación en el lugar por la mala acústica y la música tan alta. Pero a nadie allí parecía importarle realmente.

Steve llevó a Allison hasta la barra y pidió un trago para ambos. No hablaron ante la imposibilidad de hacerlo, dejándose envolver por el sonido de la música y la última estrofa de la canción, dedicándose una mirada de tanto en tanto.

Pasó más o menos una media hora hasta que la banda hizo un receso y la luz azulada que iluminada el ambiente se volvió más clara, dejando un poco más a la vista a todos los concurrentes. Unos minutos de búsqueda y el muchacho de cabellera azabache ya había hecho un minucioso barrido con la mirada, posando la mano en el hombro de Alli guiando su mirada hacia su presa: el chico de la fotografía se encontraba allí.

Alli no tardó en sonreír posando su mirada bicolor sobre el muchacho rubio. Sí, hasta ahora no lo habíamos mencionado: Allison padecía de aquel maravilloso don de la heterocroma: un ojo era del color de las aguas cristalinas del mar, casi de un verde claro y poderoso mientras, el otro, de un fuerte y brillante azul cielo.

—Es tu turno— le susurró Steve al oído quien sólo aceptó aquella instrucción como si su vida dependiese de ello pensando en lo que se iban a divertir los tres juntos.

La muchacha se hizo paso entre la gente y se acercó a su presa pasando frente a él guiñándole un ojo, coqueteándole descaradamente sabiendo que iba a llegar el momento en que se acercaría.

Y no falló. Ella nunca fallaba. La charla se había facilitado entre susurros, lo que hacía que su táctica para seducirlo, tocarlo y acercarse a él fuera mucho más efectiva que en cualquier otro sitio. 

Ella, le dedicó una de sus encantadoras sonrisas y acabó por llegar a un acuerdo con él de que sería mejor que continuasen en otro lugar, pudiendo hablar con mucha más tranquilidad.

Steve después de observar todo, lo esperaba en aquel pasadizo de mala muerte que los conduciría de nuevo a la ciudad en la que ellos se habían perdido alguna vez y la habían tomado como punto de referencia para sus encuentros nocturnos. Y aunque elegían a chicos al azar, justo este muchacho era un asiduo cliente de estos lugares, por lo que no fue costoso dar con él, ni si quiera les había hecho falta seguirlo como en otras ocasiones.

Allison le presentó a Steve, quien les ofreció ir a beber a su casa, mostrándole la vista increíble que tenían desde su terraza. El extraño aceptó, y Steve aprovechó para rodear a Allison con su brazo, con una sonrisa electrizante, apretándola a su cuerpo y reclamándola posesivamente como propia sin decir palabra alguna, sólo con aquel gesto abrasivo. 

Sería una noche interesante.

Su acompañante se llamaba Jim. Y entre la botella de whisky barato que llevaban en el auto y el alcohol que ya habían tomado en el antro, fueron aflojando los labios de Jim, riéndose, charlando hasta llegar a la casa. 

Allison se había sentado en el asiento trasero, junto a su invitado. Steve la miraba por el espejo retrovisor.

El viento frío les llegó cuando dejaron la carretera y se internaron en el bosque. Las estrellas resplandecían y la luna brillaba hermosa en el cielo. 



—¿Te gusta la casa?— preguntó Allison recostada sobre el pecho de Steve, en las reposeras de la terraza, entre botellas vacías de mojitos y tequilas, junto a la hermosa vista hacia un cementerio dejado atrás por los años, el abandono y el olvido de sus muertos. Un hermoso paisaje.

—Sí, pero la vista… es demasiado macabra ¿por qué no se mudan?— preguntó algo torpe por el efecto del alcohol. Y aunque habían tomado la misma cantidad, sus anfitriones no parecían verse en problemas por ello, estaban demasiado acostumbrados al alcohol, tanto así que necesitaban mucho más para emborracharse.

—Porque es hermoso— respondió Steve mirando al frente, apoyando su quijada sobre la cabeza de su novia.

La risa de Jim se desató tras oírlo. Y no supieron por qué pero ellos dos también se vieron afectados por el sonido carcajeante de su risa, acompañándolo hasta que les dolió el estómago, olvidándose incluso de por qué se estaban riendo.

—Ya es hora— le susurró Steve al oído.

Allison cerró los ojos un instante y respiró profundo.

—Espera— y volteó hacia el muchacho, viéndolo a los ojos a través del grueso cristal de sus lentes —quiero probarlo primero—.

—¿Probarlo?— enarcó una ceja

—Sí, ya sabes— y lo miró —llevarlo a la cama—

—¿Por qué?—

—Porque me gusta— y se deslizó hacia los labios de Steve desabotonando su camisa y acariciando su pecho —y quiero que tú también participes— sonrió descarada.

No era algo tan disparatado lo que ella le pedía. En más de una ocasión, lo habían hecho, aunque llevaban casi seis meses sin llevar a una rata callejera a la suavidad de su lecho.

Steve asintió seducido por ella dejando a Allison acercarse a Jim a susurrarle algo al oído, haciendo que la mirase de arriba abajo, arriesgándose a probar sus labios amoratados, descubriendo la mezcla de sabores en su boca, terminando por sentar a Allison sobre sus piernas.

—Sé dónde estaremos más cómodos— dijo ella relamiéndose los labios de deseo, tomándolo de la mano y llevando a la habitación.


                                                                                                                Segunda parte>>


Espero que les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!

4 comentarios:

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