martes, 13 de septiembre de 2016

Si perdemos el control - Capítulo 16

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Al fin les traigo este capítulo que es bastante más triste de lo que están acostumbrados a leer por esta novela, pero espero que les guste, que hace un tiempo lo tenía planeado, pero hasta ahora vengo a subirlo, que suelo anotar escenas para usarlas luego y bueno, esta viene con bastante tiempo ya macerándose XD

Les dejo con el capítulo.




Capítulo 16

El viaje había sido largo, incómodo gracias a un niño que se había pasado todo el maldito vuelo llorando y ya ni con la madre, ni si quiera, con algunas personas que habían estado cerca para ayudar a callar al niño, había surtido efecto. Kysa y Morgan estaban exhaustos, en más de un momento, habían sentido la imperiosa necesidad de levantarse de su asiento, tomar al niño en brazos y lanzarlo por la ventana. Aunque ella estaba segura de que aun así, habrían seguido oyendo su llanto hasta que impactara contra el suelo. Por eso, odiaba a los niños, especialmente, a los ajenos.

Marissa, por su lado, había sido una de las que se había acercado a ayudar a que el niño guardara silencio acabando resignada al poco tiempo. ¡Y Jack! Aunque parecía que la paciencia era de sus mayores virtudes, un viaje largo con un niño llorando eran su límite.

Con grandes ansias, apenas el avión paró su marcha y anunció que podían abandonar el vehículo, la pareja fue una de las primeras en hacerse paso para salir disparados fuera del horrible quejido del niño.

—La próxima vez, si hay un niño, cambiamos el vuelo al siguiente que salga. No importa si debemos esperar tres o cuatro horas— decía Kysa frotándose la sien en busca de sus maletas, esperando a sus compañeros. No iban a dudarlo un solo minuto ninguno de los dos, aunque llegaran tarde, todo sería por estar lejos del mocoso que todos debían haber salido odiando. Después de doce horas de vuelo, cualquier enloquecía.

Recogieron su equipaje y tomaron un taxi hasta la casa de Kysa. Se quedarían un poco en casa, era grande gracias a su familia numerosa así que no iban a tener problemas por el lugar. La relación con Kysa y su familia, si bien era bastante estrecha, nunca se había sentido cómoda fuera del país. Y aunque fueron a verla apenas se instaló en el extranjero, nunca más volvieron al no sentirse parte de todo ello, por lo que las visitas quedaban relegadas a Kysa y a sus tiempos pues, su abuela había asegurado que no iba a volver a poner un pie en un avión. Y hasta la fecha, lo venía cumpliendo. No era extraño considerando que había pasado unos quince años viajando para conocer el mundo, más, después de eso, se había instalado en casa con su novio sin ánimos de volver a salir de, lo que ella siempre decía, era la tierra que la iba a ver morir. Aunque cualquiera que viera a su abuela negaría que le quedase poco de vida, por el contrario, a veces sentía que era más joven y vivas que toda su familia.

Ahora, el tema era su familia y Morgan. Era llegar a casa y ver a todos de nuevo y presentarles a su novio y amigos. Aunque Morgan lucía muy relajado en cuanto a ello y hubiese estado de mejor humor si no hubiesen viajado con el niño de los pulmones de oro. Pero estaba segura de que iba a saber comportarse, aunque de todas formas, se lo recordó antes de entrar a la casa, comentándole un poco de las cosas que debía y no hacer al llegar y no era problema por Jack y Marissa, hacía hincapié en Morgan porque lo conocía demasiado bien. Lo primero que debía hacer era quitarse los zapatos en la entrada, luego, no llamar padre a su padre. Le recordó el nombre de todos para que no cometiera el error de pronunciarlos mal, especialmente, el de su padre, que era muy meticuloso con los extranjeros e incluso, le iba a oficiar de traductora, que su abuela y algunos de sus hermanos manejaban bien el inglés, más, varios de sus parientes eran bastante toscos para el idioma y algunos, ni lo sabían. Por eso mismo, ella había pensado en todo. Habría podido organizar mejor todo si no hubiese sido llevada a la fuerza al avión. Pero era tarde para lamentarse, para arrepentirse o querer salir corriendo de ahí.

Se detuvieron frente a unas rejas negras, una de ellas abiertas que rechinaba al abrir y cerrarse por el viento: estaba en casa. Desde que tenía memoria que todos en su familia hablaban de aceitar la dichosa cerca. Desde que tenía memoria la dichosa cerca estaba sin aceitarse, haciendo ese irritante sonido al abrir y cerrarse cada vez que una ventisca soplaba por ahí. El pasto era completamente verde y los canteros estaban adornados con flores de estación que recién estaban abriéndose. Era común considerada la época del año y que habían tenido la suerte de que no fuera uno de sus comunes días grises.

Abrió la puerta de su casa y los hizo pasar. Justo delante, estaba una fila de zapatos, que iba bordeando la pared izquierda y seguía por la derecha, usando una de las tantas estanterías que tenían allí. Demasiadas personas, y ella supo reconocer los zapatos de varios, más o menos, dándose una idea de quiénes habían llegado ya y quiénes no.

                El olor de la comida casera impregnaba el aire de tan sólo entrar a la casa. Un olor a carne asada y algo dulce en el aire. Pensó que su abuela era quien estaba preparando todo y no tardó en comentarles a todos lo que probablemente, pasaría cuando ella avisara de su llegada. Tan sólo pronunciar las palabras ‘Jag är hemma’[1],  vio a un aluvión de personas acercarse a la entrada a recibirla entre abrazos, condolencias y besos. Apenas terminó de saludarlos a los siete que habían salido a recibirla, presentó a sus amigos, y les dijo que se iban a quedar con ella unos días.

                Su abuela, Karah, fue la primera en darles la bienvenida y llevarlos a la habitación de huéspedes, con todas sus cosas, que con su edad, aun no perdía lo servicial y había terminado en una pequeña discusión con Jack por ayudarlo a llevar las maletas a la habitación, poniéndolo en un predicamento a él, que no sabía cómo decirle que no hacía falta mientras la seguía con Marissa al lado.

                —Måste jag hjälpa till[2]?— preguntó Kolbjorn, el novio de su abuela, señalando las maletas de Kysa y Morgan ahora que todos habían vuelto a sus actividades, dejándolos solos a ellos.
              
               —Vi är bra. Tack[3]— respondió Morgan dejando sin palabras a Kysa mientras se adelantaba a seguir a su abuelo a una de las habitaciones de abajo.
               
                  Él la miró por sobre el hombro sonriendo haciendo que ella reaccionase y lo acompañara, mientras su abuelo iba contento hablando de lo bien que pronunciaba el idioma y que no era común que los visitantes lo hablasen con tal fluidez.

                Los dejó en la habitación, diciéndole que pronto iba a comenzar el velatorio, cuando su padre volviese, que ya tenían todo arreglado y varios vecinos iban a llegar, así que tendrían tiempo de descansar mientras tanto.

                Cerró la puerta tras de sí y abrió la ventana con el cálido viento de verano entrando a la habitación. El olor de la tierra mojada y las flores le encantaba: se sentía la pureza que no había sentido en ningún otro sitio. 

                No hizo falta prender la luz, ya que las ventanas eran tan grandes y tan sólo vidriadas que no hacía falta tener una luz extra para iluminarse, salvo cuando la noche caía, así que puso las cosas sobre la cama mientras Morgan inspeccionaba la habitación, abriendo cajones, puertas y todo lo que encontraba a su paso, curioso de lo que había allí, casi como un niño en un sitio nuevo. Se preguntó qué tal le iría a Jack y a Marissa con su abuela. Saldría a verlos enseguida.

—¿Cuándo aprendiste a hablar sueco?— preguntó ya cuando estuvieron a solas en la habitación, guardando su ropa en el ropero.

—Cuando intentaba conquistarte— cojeó hasta la cama y la ayudó a desempacar las cosas, desde el vuelo que el dolor en su pierna había aumentado —tú eras reacia a las salidas a pesar de haber tenido nuestra primera cita. Pensé que aprender sobre tu país, tu idioma podría acercarme a ti. Así que comencé a estudiar. Pero no hizo falta eso. Acabaste cayendo rendida a mí sin necesidad de ponerlo en práctica— y la rodeó por la cintura hablándole al oído. La besó al cuello y la llevó a la cama sentándola sobre él a un lado de la maleta.

—Eso no es cierto—

—Claro que sí. No pudiste resistirte  mí—

Y no pudo seguir hablando al verse atrapada entre sus labios. Ya poco importaba la discusión que tenían así como que tampoco necesitaban la maleta en la cama.

Quizás, fuera cierto. Ambos funcionaban bien juntos, por el deseo inacabable de la pasión de ambos, su complicidad y la conexión que había entre ellos que iba más allá de lo físico. Ella podía leerlo como un libro y él, la conocía como su novela favorita. Predecía sus puntos, comas y desaciertos. Habían aprendido uno del otro y eso, los mantenía juntos a pesar de todo.




                El patio de la casa era enorme. Supieron que Kysa no mentía al decir que su casa era grande, apenas habían visto un par de habitaciones y el patio junto a la galería, donde se haría la despedida. Había sillas y un gran banquete y estaban preparando todo para la noche. Se acostumbraba a hacer una cadena de oración y cantos en la noche, acompañados de comida y bebida para los dolientes que ayudaban a guiar al espíritu hacia el descanso eterno con sus voces. Las sillas estaban dispuestas en filas, justo delante del féretro abierto, rodeado de flores y mientras la gente iba llegando a hacer la despedida, iban armando las mesas. Mucha comida, regalos y algunas cosas que el muerto necesitaría para pasar al otro lado. Incluso, se acostumbraba a hacer los velorios comunitarios. Cuando alguien moría, los vecinos ayudaban con los gastos, dejando una contribución, fuera mucha o poca, para pagar todo.

Kysa miraba todo desde la entrada, había estado en varias despedidas. Cantado hasta quedarse dormida en los brazos de su madre y se había despertado para ir de su mano a colocar las flores o la comida que tendrían su tumba. Recordaba todo eso, cuando le decía que morir era simplemente, dormirse y encontrarse en otro lado, que ahora, que lo estaba viviendo por ella se sentía tan irreal. Aun le parecía mentira estar ahí, sintiéndose en una especie de limbo, entre el malestar que tenía en el pecho y el tener que sentirse bien para no preocupar a nadie.

—Tu madre conocía a mucha gente— dijo Jack llamando su atención junto con Marissa y Morgan, quienes llegaban ya listos para participar en la misa y en la despedida. 

—¿Qué hacen vestidos así?— pregunto Kysa sorprendida a verlos a todos de luto y eso la hizo olvidarse un momento de todo —¿quién va a un funeral de negro?—.

—¿Quién va a un funeral vestida de bailarina de bar cubano?— pregunto Morgan sorprendido al verla vestida de esa manera.

Y frotando sus sienes se preguntó exactamente cómo debería ir vestida a un funeral. No recordaba ninguno, ninguno al que ella haya asistido donde viera a todos los concurrentes de negro, quizás, en alguna película. Pero las películas, películas eran, esto era la vida real y precisamente, el negro no iba a ser parte de la vestimenta de todos.

—Creo que los que desentonamos somos nosotros— señaló Marissa a la gente que iba llegando y se iban saludando y dando el pésame. Nadie iba vestido del luto que ellos acostumbraban, por el contrario, no sabían si siquiera, habían encontrado a alguien vestido con alguna prenda oscura al menos. Los colores reinaban.

—La muerte siempre ha sido tomada de manera excéntrica aquí. El pueblo se caracteriza por esto de que llorar por quien se fue no soluciona nada y sólo te deprime más. Los muertos dejan siempre sus deseos dichos. La madre de Kysa quería una fiesta tropical si el clima era agradable o una bella Navidad si helaba— interrumpió Karah, la abuela de Kysa contándole algunas de sus costumbres —en cambio, los lloramos y reímos. Cantamos y agradecemos los buenos momentos que pasamos juntos, uniendo nuestras voces para que ellos sigan su camino en el otro lado. Si un espíritu siente la tristeza, se queda, por eso los extranjeros viven llenos de espíritus tristes y ambientes lúgubres: no dejan ir a sus muertos y se quedan siglos y siglos atormentándolos.

Todo era tan natural que nunca se había preguntado por ello, sólo sabía que ellos, jamás habían tenido un ambiente tétrico y oscuro por los muertos.

Lo cierto es que las velas empezaban a encenderse y en aquel cálido murmullo, las oraciones por el bienestar de la familia y por el descanso eterno se hacían eco. Algunas velas se colocaban dentro de campanas, para que las luces de colores iluminaran a todos. Y entre ese ambiente entre melancólico, alegre y relajado, las lágrimas de adiós iban cantando una melodía que no entonarían de nuevo, porque cada despedida es única, dolorosa y permanente.

Morgan abrazó a Kysa, hasta que las luces del amanecer, fueron llevando las velas y a cada visitante caminando hasta el cementerio, donde dejarían sus últimas palabras, y una última vela, para que al llegar a destino, mirase atrás y supiera que había gente que la extrañaría y que en un tiempo, lejano o cercano, volvería a ver, aunque en otro plano. Con lágrimas más alegres y una sonrisa que les dijera: bienvenida.



[1] Estoy en casa en sueco
[2] ¿Los ayudo con las maletas?
[3] Estaremos bien, gracias.




<<Capítulo 15                                                                                                           Capítulo 17>>

Y esta vez no hubo caso, habrá en el siguiente, pero quería cerrar este capítulo de Kysa ya.

La verdad, esto del funeral fue una mezcla de varias culturas, que estuve leyendo sobre los funerales y entierros en diferentes culturas y la mayoría, tienen este ambiente triste  y decadente, pero algunas —son las menos, sí— lo ven como un paso a la otra vida y tal como explica la abuela de Kysa, ayudan a los muertos a encontrar sus caminos al otro lado con cánticos, fiestas y oraciones alegres, porque la tristeza sólo ata las almas a la tierra. Me gustó mucho esta interpretación y esta forma de vivir la m, junto con esto de ayudar siempre a las familias y que sean también los vecinos los que participan, por lo que quedó esta manera tan peculiar de despedir a alguien que creo que va bien con la familia de Kysa.

Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!

2 comentarios:

  1. ¡Oh! Que capitulo más triste... pero ha sido bonito.
    "Ella podía leerlo como un libro y él, la conocía como su novela favorita" Me ha encantado la cita... ha sido preciosa.
    Me ha encantador. <3
    Un besito

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    Respuestas
    1. Me esmeré en el capítulo (?) Me alegro que te haya gustado, la verdad, esa frase también me gustó mucho XD la tenía escrita antes del capítulo, así que era esperar el momento para agregarla (?)

      ¡Un abrazo!

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