domingo, 4 de septiembre de 2016

El brillo de los copos de nieve - Capítulo cinco: Familia

¡Hola a todos! ¿Cómo están' Espero que muy bien <3 Sé que debería subir capítulo de Arreglos [...] o de Claro [...] antes de volver con ésta, pero tenía el capítulo ya para finalizar, así que lo acabé y lo comparto con ustedes. Espero que les guste que a esta historia, no creo que se extienda unos tres o cuatro capítulos mas. Ya veré que más o menos, lo tengo bien armado ya a todo. 

Les dejo el capítulo.


Capítulo cinco

Familia

Al salir del Instituto, como casi se le había vuelto una costumbre, iba a ver a su esposo al restaurante. Intentaba ayudarlo y aprender de él. Como aquella vez en la que realmente no había podido serle útil se sintió realmente frustrada, supo que tenía que aprender de alguna forma y como bien sabía, la práctica hace al maestro.

Entró a la cocina y sólo encontró a Eiji ahí, avisándole que su esposo estaba en la parte trasera. Sin pensarlo, fue a verlo y se encontró con Mariko discutiendo con él. Apenas vio eso, ella se quiso zafar del problema, más Hiromu la detuvo diciéndole que no interrumpía, corriendo a su hermana y llevando a su esposa dentro.

Mariko, por el contrario, no pensaba dejar las cosas como estaban, siguiéndolos por el pasillo a la cocina.

Hiro había evitado el tema durante mucho tiempo y prefería simplemente, colgarle cada vez que le hablaba de su madre, más, ahora ella había caído determinada a que la escuchara, pero él no tenía intenciones de eso y justo cuando estaba por abrir la puerta, Mariko se puso en medio en un último intento de que le prestara atención.

—Mamá te extraña. Siempre pregunta por ti. Deberías ir a verla—

Él respiró hondo frotando sus ojos.

—No quiero. No me interesa realmente. Ella sabe dónde vivo, después de todo, ella compró la casa. Que venga cuando guste pero yo no iré a escuchar sus berrinches. Me he cansado de sus actuaciones de madre del año —dijo serio, más molesto que nada.

Sólo se escuchó el sonido de sus respiraciones después de eso. Mariko miró a su hermano y se interpuso en su camino.

—¿No me dejarás en paz con el tema?—.

Ella negó sonriendo. Era demasiado insistente y él prefería evitar problemas.

—Mira, mamá hace lo que quiere cuando quiere. Soy su hijo todo el año, no cuando ella me necesita. Me cansé de sus tira y afloja. Si ella quiere una relación conmigo, no seré yo quien de él primer paso. No tiene que actuar como madre si no quiere —y miró a Nadeshiko— tú tampoco debes hacerlo—.

Y se dirigió a la cocina recordándoles que tenía clientes que servir. Mariko aprovechó el momento a solas para convencer a Nadeshiko de hablar con Hiro sobre el tema. Ella no quería meterse en temas familiares. Lo cierto es que la familia no era precisamente su fuerte. Pero acabo aceptando, aunque no prometía nada al respecto.

Lo siguió después de despedirse de Mariko. Él no dijo nada aunque lo sabía todo. Aún así, a ella le faltaba confianza para decir las cosas, así que también sabía que iba a tardar en encararlo.

Sé quedó mirándola recogerse el cabello largo en una cola de caballo y ponerse el delantal para salir a atender a los clientes. Sonrió al ver su dedicación. Era persistente. Aún le faltaba mucho que aprender pero le ponía tanto empeño a todo que no iba a dudar de ella.

Estaba atendiendo unas mesas cuando vio a Yoshiki entrar al restaurante. Ella no le prestaba mucha atención a esos detalles, los consideraba propios de un buen amigo, pero no pasaban desapercibidos para su esposo.

—¿Ya puedes traer un pedido sin perder la bandeja? —Bromeó siguiéndola en su camino.
Ella quiso sonreír pero acabó haciendo un mohín.

—Sólo me hace falta prácticas ¿ordenaras?—

—No. Vine por otra cosa —dijo sintiéndose algo nervioso— quería invitarte a la feria. Pronto sera Navidad, así que no estarán mucho tiempo—.

—¿En serio? Suena divertido—.

Y quedaron en encontrarse el fin de semana. Nadeshiko siguió yendo de lado a lado con órdenes y recogiendo mesas. Estaba tomando más confianza con todo, por lo que iba soltándose y haciendo más cosas por su cuenta.

—¿Que quería Yoshiki? —Preguntó Hiro al terminar una orden de bastones de pescado.

—Queria invitarme a la feria. Le diré a Muzuki-chan que me acompañe, será un buen momento para ellos dos—.

—¿Piensas jugar con los hilos del destino? —Sonrió Hiro al escucharla. Su esposa era demasiado inocente.

—No había pensado en eso. Si fuera tan fácil como atar un hilo no me preocuparia—.

—¿Y cuando te encargarás de tu hilo?—.

—Estoy feliz con él —contestó con una expresión llena de alegría antes de acomodar todo en la bandeja y salir de la cocina.

Simplemente, lo había dejado sin palabras.

******
En la mañana, se despidió de su esposo y fue a la feria, encontrándose a Mizuki en la entrada. Nadeshiko estaba feliz pero no pudo decir lo mismo cuando vio a Yoshiki. Y es que ella jamás había reparado en el detalle de que era una cita, daba por hecho de que era una salida de amigos y por sobre todo, poniendo primero los sentimientos de Mizuki ante todo, ella iba con la intención de conseguir que ellos dos pasaran la Navidad juntos.

—Traje el almuerzo. Shiratori-san preparó todo para nosotros. Quería que viniera pero tenía que trabajar—.

—Tu esposo es cocinero ¿no? —Preguntó Mizuki curiosa mientras andaban hacia los juegos.

—Si, un día debes ir al restaurante. Es muy bonito y acogedor—.

Mizuki sonrió agradeciendo la invitación. Escuchar hablar a Nadeshiko de su esposo le hacía entrar ganas de conocerlo. Con el carácter de la joven, había imaginado a un joven muy vivaz, apasionado y amable y con lo que ella le contaba, terminaba de confirmar esa imagen.

Casi recorrieron todos los puestos cuando se sentaron a tomar el almuerzo en los merenderos que había al aire libre. Algunos, bajo la cálida sombra de algún árbol, otros con el cielo abierto encima. Las chicas hablaban con bastante soltura, pero en la cara de Yoshiki se veía el desánimo: no era precisamente lo que había planeado y se le notaba en la cara y cuando ellas preguntaban, simplemente, decía que no era nada y seguían como si nada.

******

Ya casi listos para irse, Mizuki les pidió que la esperasen mientras iba por su bolso, habiéndolo olvidado en el tocador. Fue el momento que Yoshiki aprovechó para hacer lo que había planeado ese día: confesarsele.

—Todo esto ha sido muy divertido. Es mi primera vez en una feria —contó Nadeshiko mirándolo con alegría.

La gente, las luces de colores, el olor dulce de las golosinas, las risas y la nieve. Sé alegraba de haber pasado ese día con ellos, pues sería uno de sus preciados recuerdos de ese primer año con sus amigos.

—Nadeshiko —ella lo miró expectante, más seria al ver la expresión de su rostro.

—¿Sucede as algo?—

—Me gustaría pasar Navidad contigo—.

—Pero yo la pasaré con Shiratori-san. Aunque puedo decirle y puedes venir con nosotros. Seguramente, a Mizuki le encantará la idea, podré presentárselo también y

—¡No! —La interrumpió abruptamente —yo hablo de nosotros dos, solas, esa noche— y la tomó por los hombros— me gustas, Nadeshiko. Aún creo que ese idiota no te merece, deberías estar con alguien de tu edad, como yo —y no se contuvo más, besándola.

Quedó helada. No sólo por el frío del ambiente sino que no supo qué hacer. Reaccionó golpeándolo y separándose de él, mirándolo entre el susto y la decepción. No pudo decir nada, sólo se alejó de él hasta perderse de su vista.

No supo cuánto anduvo hasta que se detuvo cansada y sin aliento. La había besado, había robado su primer beso y no era lo que imaginó. Ni fue dulce ni fue tierno: fue desesperado. Y sintió ganas de llorar y la sensación de que nada iba ser igual con él.

Miró a su alrededor, dejando su espalda descansar contra una fría pared. Intentó reconocer el lugar y nada vino a su mente: estaba perdida y dolida. Realmente, no sabía qué hacer hasta que ringtong del celular la asustó. ¡Tenia el celular! Y se sintió mas idiota aún. Levantó la tapa del mismo y vio el nombre de Hiro en él, dudando de si contestar o no hasta que su dedo terminó apretando el botón para aceptar la llamada.

—¿Donde estas? ¿Estas bien? —Escuchó su voz agitada, como si hubiese estado corriendo.

Ella se mordió el labio.

—Si, estoy bien —dijo en un susurro— pero no sé dónde estoy. Me eché a correr y me perdí —finalizó apenada.

—¿Sabes encender el GPS? —Ella lo confirmó— hazlo y espérame donde estás. Llegaré lo más rápido posible —y dándole un poco de ánimo, colgó.

No le quedó de otra que esperar. Él, le habría preguntado de algún indicio del lugar, pero temía que acabará aún más lejos o en problemas por darle un punto de partida.

Le llevó unos veinte minutos llegar y verla ovillada en el suelo, con el celular en la mano. Al sentir los pasos, ella alzó la vista y aunque quiso saltar a los brazos de Hiro, se contuvo. Sin embargo, él terminó por acercarse a ella y al arrodillarse en el suelo, la abrazó, suspirando aliviado.

Sin contenerse más tiempo, ella lloró en sus brazos, refugiándose en él, en el calor de su cuerpo, en su bondad, justo en su corazón.

Al momento en que Yoshiki y la muchacha habían llegado al restaurante preguntando por Nadeshiko, pensó lo peor. La joven se había echado a andar y con su horrible orientación, podría terminar en un hotel de amor sin darse cuenta.

Regresaron a la casa, avisó a sus amigos que ella estaba bien y se quedó a su lado en la cama.

—Sobre lo de ayer —rompió el silencio ella, casi pérdida en la gran y mullida cobija que tenía encima.

—No tienes que hablar de eso. No es tu culpa ser parte de este circo —la interrumpió— y tampoco debes meterte en los planes de Mariko—

—No pensaba hacerlo—.

Y eso lo dejó confundido ¿a que se refería entonces? Sé quedó mirandola, más ella, seguía sin corresponderle la mirada, desde que la había encontrado en la nieve, había evitado mirarlo directamente a los ojos. Cuando Yoshiki llegó buscándola, supo que las cosas no habían salido bien ¿qué podía hacer para que se sintiera mejor?

—Imagino que tienes tus razones para no hablar con tus padres. Yo tengo las mías, salvo, por negocios. Seré la sucesora de mi padre y debo manejar la empresa y lo haré por motivos laborales —y le sonrió. Fue el.primer momento desde que la había encontrado que lo miraba y le dirigía una sonrisa, aunque era mucho más apagada de lo que esperaba.

Asomó su mano blanca, casi tan pálida como la nieve en la que había descansado antes. Y lo miró de reojo sin saber por dónde empezar.

—Para mí no es un circo. Empezó como tal, sólo debíamos aparentar ser felices y ya. Pero me gustas. Llevo tiempo pensando en ello y en pasar más tiempo contigo, ser una buena esposa para ti. Pero...—

—¿Pero?—

—Yoshiki-kun me besó. No pude detenerlo —dijo apenada— ni si quiera lo vi venir. Era mi primer beso y quería que fuera tuyo—.

Él sonrió, aquella mujer era demasiado tierna ¡y no dejaba de sorprenderlo! Era tan inocente y sincera que estaba seguro de que nunca había conocido a alguien como ella. Tan directa, tan pura, tan ella.

La rodeó con su brazo y la atrajo hacia su pecho, descubriendo su rostro al quitar la manta de su cabeza. Vio sus mejillas ligeramente sonrojadas y el camino de las lágrimas secas en su él.

Recorrió con su pulgar su mejilla tibia sin dejar de mirar sus rasgos, como si los memorizara en la penumbra de la habitación.

—¿No te molesta que te doble la edad? —Preguntó curioso ¡habia sido una locura! Desde que lo pensaron hasta que ellos aceptaron la propuesta.

—¿Por qué la edad es tan importante?—

—Porque te entenderías mejor con alguien joven—.

Y ella acabó negando. Catorce años. No le importaba. A ninguno le había importado. Ni ella lo había pensado en su momento. En realidad, ninguno, pero ahora todos sacaban ese tema ¿por qué ahora? ¿Por qué no antes, cuando ella tenía que firmar los papeles?

—Y si me entiendo contigo ¿Me aceptarías?—

Y aquella sería la primera osadía que ella haría: probar sus labios. El beso de Yoshiki-kun fue desesperado, el de Hiromu debía ser amable, dulce, justo todo aquello que ella quería sentir de él.

Rozó su rostro con la yema de los dedos, pero el beso fue mucho más apasionado, terminando por perder la frazada mientras los brazos de él la cobijaban y la recostaban en la cama, haciendo subir su temperatura sin necesidad de abrigarla.

Y la realidad le llegó una vez más y se detuvo, separándose de ella, quedando encima, agitados, sin dejar que sus vistas se apartarán del otro. Y justo ahí, debajo de él, con aquella expresión en el rostro, con su pecho elevándose tan rápidamente, con su blusa a medio subir, dejando a la vista su ombligo, con sus cabellos negros esparcidos en el colchón de manera tan sensual que le era difícil hacer eso: contenerse parecía imposible y él estaba negando cuanto impulso quisiera pasar por su cabeza.

Sé disculpo sentándose a su lado. Ella se cubrió sin llegar a entender por qué se habían detenido ¿Habia hecho algo mal?

—Shiratori-san—

—Hiro— la corrigió él —soy tu esposo. Ya es hora de que dejes de llamarme por el apellido — sonrió de medio lado removiéndose el flequillo de la frente.

Volteó a verla. Y supo que era lo mejor, irían lento, se conocerían mejor aún, pasarían por un noviazgo adecuado para poder actuar como esposos. Lo harían bien y empezarían por tener una cita.



<<Capítulo 4                                                                                         Capítulo 6>> 

Espero les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!


6 comentarios:

  1. ¡Oh! ¡Me ha encantado! Ha sido la mar de tierno <3 Precios, precioso. ¡Ya me muero por leer la continuación!
    un abrazote

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    1. ¡De hecho! La verdad, ni yo me creía cuando acabé el capítulo XD pero las cosas se fueron dando <3

      Espero subir prontito la continuación.

      ¡Cuidate!

      Bye!

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  2. Si te gustan los retos, te recomiendo el próximo jueves de relatos. Porque creo que el tema es muy tuyo.

    http://annabelli67.blogspot.com.ar/2016/09/regalame-un-sueno.html

    Un abrazo.

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    1. ¡Gracias por avisarme! Estaba buscando cual iba a ser la propuesta de la semana, así que ya me pondré a ello que con éste tema me tengo que lucir <3

      ¡Cuidate!

      Bye!

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  3. Espero que esa pareja termine por entenderse. Te mando un beso

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