lunes, 29 de agosto de 2016

Reto Tahisiano: Nocturno : La canción de la lluvia

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Me toca seguir con el reto de Tahis así que es cosa de ponerme las pilas y cumplir antes de que termine el mes y que no se me sigan juntando XD. El reto consiste en elegir un segmento —o todos— y tomarlos como inspiración o consigna, según el segmento elegido y desarrollar un relato con ello.

En esta ocasión, yo elegí el F, que es donde dan dos situaciones posibles a elegir. Y la mía fue la siguiente: 

Trama 2: Esta trama gira entorno a una cantante de cabaret que es muy famosa en todo París durante el siglo XVIII, pero de pronto ella desaparece y nadie, salvo tu protagonista, la busca.



Nocturno: la canción de la lluvia

¿Por qué estar ahí? Por culpa de Ciro. Tuvieron que viajar a Francia para hacerse con el caso de la mujer fantasma que asesinaba y cantaba. ¿En serio? Había sido una locura, una verdadera locura escucharlo contarles del suceso y del próximo cierra del cabaret debido a la ola de asesinatos que habían presenciado. Cuatro de sus mejores bailarinas habían terminado muriendo en el mugroso callejón trasero del cabaret ¡y hasta su pianista! Desaparecían sin dejar rastros y cuando estaban a punto de dar parte a la policía por su desaparición, el cadáver aparecía en el camerino, recostado en la cama con una belleza y tranquilidad tal en su expresión que si no fuera por el corte en el cuello y las ropas manchadas, jurarían que dormían. Los cinco habían terminado de la misma manera. Ninguno tenía señales de forcejo y habían muerto con una expresión tal que jurarían que eran masoquistas para sentirse bien mientras se desangraban por la yugular.

Los cinco tenían dos cosas en común: eran brillantes en su trabajo y estaban por dejar el cabaret. Así que su punto de partida era exactamente eso.  ¿Quién podría querer matarlos por abandonar el cabaret? Hasta donde habían averiguado, no había enemigos ni tampoco habían encontrado señales de una bruja, ni hechizos ni maldiciones. Nada que fuera su fuerte, pero Johann estaba entusiasmado con la idea de que todo sucediera en un cabaret y ya había viajado fuera, así que podrían quedarse un tiempo más para averiguar qué era exactamente lo que estaba sucediendo allí.



—Seré el cebo— dijo Maya mientras estaban en el hotel mirando las fotos de los trabajadores y averiguando sobre el edificio. Con cuatro siglos encima, tenía seguramente, muchas historias, mucho qué contarles, aunque probablemente, no supieran todo, podrían tener algo al menos que le diera una pista para comenzar —sabemos que todos trabajaban ahí y que cuando mostraron intenciones de irse, los mataron. Puedo presentarme al puesto de pianista, trabajar una o dos noches y esperar a que me ataque. Ahí lo atrapamos—.

Fue media hora de discutir sin llegar a ningún acuerdo. Pero, apenas sus hermanos se concentraron en buscar algo sustentable sin poner en peligro la vida de Maya, ella salió con Ciro y lo convenció de ayudarla. Necesitaba alguien fuera que vigilara los alrededores y ella, que se encargaría de todo por dentro. Y si faltaban sus hermanos, estaba segura de que él iba a ser quien le diera alas para meterse de lleno en el caso.

Audicionó y a pesar de su escaso conocimiento del francés, casi salvando todo gracias a que el dueño manejaba bien el inglés, algo que le hubiese venido bien saber desde el principio, que su conocimiento de idiomas era poco, salvando el inglés y el español, poco se manejaba por los otros salvo por alguna que otra frase ocasional gracias a su abuelo, pero nada que pudiera servirle. Más, la música no entiende de fronteras de idioma y en cuanto se sentó en el piano y tocó Mein herr,  terminó por aceptarla, como bien dicen, el show debe continuar y con la ola de asesinatos no iba a conseguir un pianista con rapidez para su elenco. De por sí, ya tenían el miedo encima de ser los próximos en morir o de que el lugar iba a acabar cerrándose por culpa de las muertes. Gédéon no pensaba permitir que cerraran su lugar de trabajo, ahí, donde nacía el arte para los que no encajaban en la sociedad, siempre, habían tenido el Cabaret Auheron.

Con la suerte de su lado, le dieron un recorrido por el cabaret. Yendo desde el escenario hasta el detrás de escena y los lugares que tenían para ensayar. Era enorme y había un subsuelo mucho más grande aun. Lo que me más le sorprendió es que además, funcionaba como residencia de los que trabajaban ahí. Muchos habían llegado con una mano atrás y otra delante y más que un simple espectáculo nocturno, el cabaret se había vuelto su hogar. 

Ella quedó con Maggie, una de las bailarinas de burlesque que casualmente, practicaba una de sus rutinas. Sin mucho más que mostrarle, quedó conversando con ella.

—El lugar es hermoso, salvo por las últimas semanas—

—¿Por las muertes?— indagó Maya curiosa por ello. Había algo raro en todo ello y debía ser un interno quien las planeara.

—Me creerás loca— sonrió y siguió caminando meneando las caderas hasta una mesa donde había una botella con agua.

—Si te contara la mitad de las cosas que he visto, tú dudarías de mi salud mental— contó con total confianza. Entre vampiros, fantasmas y ellos mismos que descendían de un largo linaje de brujos, iba a terminar encerrada de por vida. Pero no hizo falta decirle todo eso, consiguió rápidamente la confianza de ella, dirigiéndola a una habitación.

En el subsuelo, había una trampilla en la pared que habían descubierto hacia exactamente un mes. Nadie bajaba a menos que se necesitara ocupar el lugar por falta de espacio arriba o buscaran algo. Se lo utilizaba como depósito, más, cuando se dispusieron a organizar el depósito por las inspecciones de la policía, encontraron aquello. Nadie lo había visto si no fue en años, en siglos, que lucía como una habitación antigua, de esas que salían en las películas, con un marcado estilo barroco. El polvo, las telas de araña y el tono amarillo, casi sepia que todo había adquirido ahí dentro les daba la certeza de que nunca había sido habitado desde que su primer inquilino se fue.

—En cuanto la abrieron, comenzaron a sucederse cosas. El piano se quedó mudo esa noche. Ni los violines ni acordeones sonaron. Fueron como cinco o seis minutos que silenciaron todos los instrumentos ¡ni el silbato emitía un sonido! Y se la escuchó. Creo que fue ella— señaló un retrato en la pared —‘¿Qué canción cantarás en el cabaret está noche? Perdida en el rincón oscuro, escucha las notas del acordeón sonar. Tu entrada triunfal, una fachada para el mal' cantó. Y cuando ella calló, todo volvió a la normalidad—.

Y encontraron a su principal sospechoso: un fantasma. 

Pronto se vio con otra de las artistas, una cantante, precisamente, a quien acompañaría en el piano junto a un grupo de bailarines con máscara que improvisarían una melodía que ella tocara, como hacían todas las noches. 

Mientras más trataba con las personas de allí, más se iba encontrando con las rutinas más raras que había visto. Un hombre que hacia música con un barril y un martillo, un pintor que improvisaba un paisaje o personajes según lo que el público iba gritándole desde sus asientos mientras un payaso hacia malabares. Un corto skecth de una bailarina, un pez globo y un demonio enamorado. Y así, no supo quién iba a ganar el premio a la presentación más extraña, que fuera de la cantante, ninguno parecía ir por lo normal y eso que ella vivía entre lo raro de lo raro y aun así, se sorprendía.




Al acabar de ensayar, salió a buscar a Ciro, un folletín y un retrato para él. Ambos eran viejos, cuatro siglos atrás, que según el folletín, aquella mujer del retrato era una cantante que inauguraría el cabaret. Le pidió que se la llevara a Francis, que si era averiguando sobre el pasado, no había nadie mejor que él. Mientras, ella daría su primer espectáculo en el recinto. Nunca pensó que su primera presentación en público, fuera en un lugar como ése. Imaginaba un teatro, ella vistiendo un vestido largo y zapatos de tacón y no un leotardo con flecos blancos y un frac negro. Pero era por el bien de la investigación.

Comenzó a improvisar una melodía alegre, tal y como habían acordado con los actores. El silencio se hizo cuando un humo negro comenzó a subir de entre las tablas del escenario. El piano dejó de sonar a pesar de que ella apretaba las teclas con ahínco sin conseguir una sola nota. Fue cuando volvieron a escuchar el canto.

‘El reloj da las doce
Justo cuando se alza el diablo de su sueño.
La muñeca comenzara el espectáculo
Cantara y bailara para su deleite
Mientras su señor se divierte’

Sin duda alguna, era una voz preciosa, pero aquel canto no era lo que los que sabían de donde provenían, supieran apreciar. El público comenzó a aplaudir ante los efectos y la hermosa voz, y cuando se calló, Maya entre el estupor y las ansias de que nadie notara que no había sido planeado, comenzó a tocar lo primero que salió de sus dedos. Ni supo si comenzó con una armonía, supo que comenzó a tocar y les hizo una seña a sus colegas para que comenzaran su parte del espectáculo y que nadie notara que acaban de presenciar un espectáculo fantasmal.



Al momento de enterarse del plan de Maya, casi pusieron el grito en el cielo, yendo directamente al cabaret a buscarla. Preocupados por el caso, no habían puesto atención a sus berrinches, pensando que simplemente, se había ido a pasear mientras ellos hacían el trabajo sucio ¡pero no!

—Te dije que era peligroso— la sermoneaba Francis en su habitación mientras ella rodaba los ojos aburrida.

—Pero encontré información. Y presencié una de sus apariciones. No como tal, pero cantó esta noche. Dijo algo de su señor y de que su muñeca bailará y cantará— dijo frunciendo el ceño sin entender si su música era sólo eso o era una pista para ellos. Con los espectros, uno nunca sabía a qué debía atenerse. Justo cuando creían saber cómo hacer las cosas, resultaba que no era así —¿que averiguaron de ella? —.

Johann suspiró sonoramente. No iba a servir de nada esforzarse en hacer entender a su hermana que debía haberles dicho lo que tenía en mente. Y Ciro que intentaba adaptarse al mundo. Trescientos años encerrado eran un largo tiempo para perder la práctica de socializar.

—Ella desapareció sin dejar rastro. Según las leyendas del lugar, la mataron y su espíritu se encargó desde entonces a qué el éxito que ella no tuvo lo tengan sus artistas—.

—Con cuatrocientos años debe haber hecho un buen trabajo— se rió Johann.

Pero tenían un problema: si Audrey se encargaba del éxito ¿por que matar a los artistas? No tenía sentido alguno ello, pero tampoco tenían nada mejor que buscar, así que debían encontrar que ataba a Audrey al cabaret.

Revisaron que no hubiese nadie y bajaron al subsuelo: quemarían todo lo que había en la habitación para que ella pudiera pasará al descanso eterno.

Maya vigilaba la puerta, haciendo de campana mientras los muchachos se encargaban de juntar todo para llevarlo de allí y que desapareciera.

Y ya con el trabajo hecho, no iban a tener más motivos para quedarse, por lo que Maya les pidió una noche más allí para tener una actuación normal en el cabaret. Y todo hubiese ido bien si no fuera porque al terminar la función, el espíritu llevó a Maya al callejón,. Entonces, se dio cuenta de que habían estado equivocados todo el tiempo: no era Audrey la que estaba matando a los artistas, era la que los advertía. Probablemente, haya cantado de ello todo el tiempo y ellos no le habían prestado atención: era el diablo de sus canciones era aquel hombre.

Forcejeó con él, logrando que las llamas lo atravesarán, lo suficiente como para que la soltara. No lo quemaría, pero había sido lo suficiente para correr dentro y buscar a sus hermanos en su camerino para contarles lo sucedido.

Pero ¿qué era lo que lo mantenía aferrado al lugar? Estaban en nada y no podían quemar la habitación porque sí. Para mejor, buscaban a Ciro sin éxito por el cabaret.

—¿Qué hacemos?— preguntó Johann buscando en el bolso los amuletos para mantenerlo lejos mientras pensaban en ello.

—Quemamos todo— dijo Francis revisando el pasillo.

—Debe ser que no— y entonces, lo supo —Maggie me dijo que abrieron la habitación y empezó todo. Alguien debe tener algo—.

—¿Y que es lo que debemos buscar?— preguntó Francis sin que ninguno pudiera darle una respuesta.

No tenían nada y el fantasma se presentó en frente de ellos, atacándolos por una mesa. Maya y Francis acabaron en el suelo mientras que Johann había saludo ileso, pero no iba a ser por mucho. Aunque tuvo la idea de arrojarle el contenido de su amuleto: sal y hierbas purificadoras, lo suficiente como para detenerlo un rato.

Los ayudó a levantarse y que salieran de la habitación. Debían huir mientras pudieran. Ahora, lo sabían. Probablemente, Audrey intentó irse del cabaret. Aquel debía haber sido el creador del lugar y en cuanto no pudo retenerla, la mató, guardando su cuerpo y sus memorias en aquella habitación escondida.

Ciro no dejaba de mirar el espectáculo de Maggie. Usaba un bastón finamente tallado, con dos incrustaciones de diamantes y lacado de oro. Una maravilla, más, desde que lo había visto, había sentido una horrible presencia en él.

Aprovechó al momento en que ella tomó un descanso para examinarlo y el sentimiento de que era algo malo se agudizó. Y de sobresalto, la puerta se cerró con los hermanos agitados, intentando hacer un conjuro para protegerse.

—¡¿Qué hacías aquí?!— preguntó Maya molesta al verlo con Maggie —te necesitábamos allá—.

Y mientras él le explicaba sus razones, Francis notó algo en el bastón: un nombre. No tardó en quitárselo de la mano y preguntar abruptamente donde lo había conseguido. No tardó en señalar a la bailarina en el momento en que el hombre logró encontrarlo una vez más. Su sonrisa hueca y sus orbes hundidas fueron lo primero en ver, Maggie casi horrorizada tiro la botella de agua sin poder pronunciar palabra. No había mucho tiempo, tenían que hacer las cosas rápido. Así le ordenó a Ciro que lo quemara. Él lo tomó en su mano y su brazo ardió en llamas, cubriendo rápidamente el bastón haciendo que el fantasma fuera consumido por el fuego hasta que ambos desaparecieron.

La agitación al fin podía desaparecer y en ese momento, Maggie cayó al suelo, siendo socorrida por Johann. Ver a un hombre que hacía fuego con su mano, a un fantasma morir calcinado era más de lo que podía soportar.



En la mañana se despidieron de los artistas, dispuestos a dejar Francia y el cabaret. Ahora, sin la protección de Audrey y sus cantos nocturnos ¿que tan bien les iría a los artistas? Se lo preguntaron al salir, escuchando una melodía en el piano, suave y relajante, como las gotas de lluvia al caer contra el suelo. Maya supo reconocerla y no resistió la tentación y entró a averiguar quién la tocaba. Allí, encontró al nuevo pianista, un viejo amigo del dueño que había llevado una vieja partitura del día en que se inauguró el cabaret ¡una reliquia! En ella, se podía leer lo siguiente: Nocturno: la canción de la lluvia, escrita e interpretada por Audrey, la cantante fantasma.




Mein Herr es una canción del musical Cabaret compuesta por John Kander.

Y llegue raspando para presentar el cuento en esta ocasión. Quiero decirme que en septiembre intentaré no andar a las apuradas, pero ¿para qué mentir? Es más emocionante presentar todo a última hora (?)

Espero les haya gustado <3

¡Se cuidan! Y pasan un hermoso día <3

Bye!

6 comentarios:

  1. Veo que a ambos no gusta el cruce de géneros que implican los investigadores de lo paranormal. Con el clasíco sospechoso que es inocente. Y el descubrimiento del verdadero culpable.
    Ulises Lestrade, uno de mis personajes que investiga, podría haber estado en un caso similar.
    Un abrazo.

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    1. De hecho, entre los policiales y sobrenatural, están mis géneros preferidos ¡es que dan para mucho ambos!

      Un día, hasta se pueden encontrar investigando juntos (?).

      ¡Un abrazo!

      Bye!

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  2. Oh, que bonito. Me ha gustado mucho <3

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  3. ¡Hola! Me ha gustado muchísimo la historia, hay un par de cositas que no me cuadran como cuando dices al principio que mueren "en el mugroso callejón trasero del cabaret" pero luego están en el camerino.

    Audrey y Maya son dos de mis nombres favoritos, me ha hecho mucha gracia que los tus personajes se llamaran así xDDD

    ¡Un beso!

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    1. ¡Hola! Pues, eso era parte del modus operandi del asesino. Los mataba y luego, los llevaba a su camerino. Y es que es un fantasma poderoso, puede darse esos lujos sin ser descubierto (?).

      La verdad, es una curiosidad XD Audrey fue el primer nombre que vi buscando nombres franceses. Casi fue abrir la página ¡y alá! Maya no, me encanta, pero fue más trabajado que ello xD

      ¡Un abrazo!

      Bye!

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