miércoles, 17 de agosto de 2016

Cita en el bar - Capítulo 4 - Más lejos de casa que nunca

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Al fin estoy subiendo capítulo de esta novela! <3 Y poquito a poco voy poniéndome al día y espero, seguir más o menos constante, que tampoco quiero dejar tanto tiempo sin actualizar todo esto. Si quieren leer los capítulos anteriores, los invito a pasarse por aquí, en donde encontraran el listado completo <3



Capítulo 4

Más lejos de casa que nunca 

La tormenta había retomado más fuerza al llegar el mediodía. Ya no podían salir tampoco si esperaban hacerlo, así que no tenían otra opción que seguir en la habitación del hostal. Robert estaba mejor, creí que en una semana iba a estar recuperado por completo e iban a poder separarse finalmente. Aunque iba a mentir si decía que no se había acostumbrado a su presencia, quizás fuera por eso que Lizzy lograba sobrellevar mejor todo esto de estar lejos de casa y completamente perdida y asustada, porque aunque no lo demostrara, tenía miedo de no poder volver a ver a su padre, de que se despertara y estuviera en un lugar completamente extraño nuevamente, rodeada de personas que no tuvieran buenas intenciones con ella. Se carcomía la cabeza imaginándose los peores escenarios, pero el hecho de encontrarse con alguien, lo suficientemente peligroso y además, tranquilo como para poder hacerle compañía, en cierta forma, la tranquilizaba, incluso, discutir con él era algo que le se le estaba volviendo grato por querer ayudarlo y él, en su afán de mostrarse como un hombre independiente, la rechazaba hasta que su cuerpo no podía más, lo que le causaba bastante gracia pues, ni aun herido o sabiendo que no aguantaría, era capaz de aceptar ayuda de alguien más.

Lizzy miraba por la ventana de la habitación y se preguntaba cuando iba a volver a la comodidad de su casa y además, qué haría Robert una vez se separasen ¿la echaría de menos? Ella estaba segura de que no se iba a olvidar de aquella aventura así nomás, no cabía dudas de ello, pero ¿y él? Seguramente, habría sido como otra cualquiera. Vivir escapando parecía ser lo que mejor hacia ¿disfrutaría de su vida en algún momento? La tranquilidad de una casa, la comodidad que tienes al no tener que viajar constantemente ¿alguna vez la habría tenido? Se quedó mirándolo pensando en eso sin darse cuenta ¿cómo habría sido su vida antes de volverse la persona que era o siempre había sido así? Con su carácter, imaginaba que desde niño era un gamberro.

—¿Sucede algo?— preguntó él levantándose de la cama —hace rato que me miras y no dices nada.

—¿Cómo sabes…

—Lo sé ¿Qué sucede?— dijo sin darle tiempo a completar la frase.

Lizzy suspiró con pesadez entrelazando sus manos, no se acostumbraba a eso. Es decir, había escuchado que las personas que habían perdido un sentido, agudizaban los otros, pero no estaba completamente segura de cuan agudos eran los sentidos de Robert. Sólo sabía que no iba a poder escapar de ellos mientras estuvieran juntos así que era mejor empezar a preocuparse más por intentar controlarse que por otros temas que tocaría arreglar luego: cruzaría ese puente cuando llegara a él.

Aun así, se esforzó por cambia de tema e invitarlo a salir a comer. Podía andar ya un poco más y pensaba que salir un rato de aquella habitación les haría bien, así que insistió hasta obtener el sí, que Lizzy podía empacarse peor que mula cuando las cosas no se daban, así había conseguido bailar. Y aunque eso la hubiese llevado hasta el sitio de mala muerte en donde estaba, pensaba que tenía que verle el lado bueno, que de no ser por eso, jamás hubiese salido de la comodidad de su hogar. Algo le tenía que quedar de aquella mala experiencia ¿no es así? Se mentalizaba a que sí, a que algo bueno saldría de todo eso aunque no fuera más que una experiencia a contar en su retiro.

Fue bueno salir ya que se sintió mucho mejor al caminar y encontrarse con algo de gente a su alrededor. Le recordaba mejores momentos, aunque Robert podía volverse bastante amable cuando quería, algo que la sorprendió gratamente ya que hasta había hecho que hablase durante la comida. No fue una charla sobre grandes temas, sino, cosas simples, algunos gustos y hasta como sabía lo que ella hacía por sus movimientos. Aun no dejaba de sorprenderse, aunque sabía que todo aquello había surgido de un fuerte impulso de sobrevivencia. Al verse solo, tenía que volverse independiente y le sorprendía la fuerza de voluntad que había que tener para eso.

Tal fue de bien que volvieron al hostal con una sensación de calma y ella, sintió un poco más de simpatía por el bandido. Quería creer que lo entendía un poco al menos.  Y es que, a pesar de todo, él seguía con ella. Estaba segura de que en su estado, estando solo, hace tiempo que hubiese emprendido marcha hacia otro lado. No tenía la impresión de que fuera muy apegado a ningún sitio en particular, ni mucho menos a alguien. Pensaba que era solo por la promesa que había hecho de llevarla a casa: estaba en deuda con ella y por eso, se quedaba. Por momentos, se mentalizaba de esa manera, por otros, pensaba que ella podía llegar a caerle un poquitín simpática al menos. Aun recordaba al hombre con el que había bailado en el bar. Era el mismo, quizás, en ese momento, sin ese oscuro y tormentoso pasado pesándole sobre los hombros ¿sería cuestión de desligarse?

Había quedado sumida en sus pensamientos, buscando un manta entre las cosas de la habitación, cuando él la sacó de sí misma.

—Hay que irnos— le dijo rápidamente tomándola de la muñeca caminando hasta la ventana —¿Dónde dejaste el caballo?— preguntó haciendo que se sintiera perdida, soltándose al momento: quería respuestas.

Él suspiró sonoramente, pero los pasos sobre la madera se sentían con fuerza, él los sentía y al llegar allí, había escuchado su conversación. El pasillo tenía un buen eco y en el silencio y con su oído, había sido bastante sencillo, razón por la que aseguro la puerta y buscó una silla con la que trabarla para que nadie pasara.

—No hay mucho tiempo— le dijo abriendo la ventana. Se subió a ella, apoyándose en el marco incitándola a que ella hiciera lo mismo —si no sales ahora, no vas a volver a tu casa— pero ni eso ayudó.

Ella miraba el suelo, la altura y aunque era apenas un segundo piso ¡era un segundo piso! No se iba a arriesgar a saltar de la ventana. Pero no tuvo tiempo de pensarlo cuando él la tomó de la cintura y saltó de allí, rodando sobre un montón de heno.

El establo estaba custodiado, así que tuvieron que marcharse por otro camino. Aprovecharon que encontraron un caballo y lo montaron para salir de allí rápidamente, armando un pequeño problema con el dueño del mismo, más, estarían fuera una vez más, a la deriva.

—¿Qué diablos fue todo eso?— preguntó ella molesta mientras cabalgaban.

—Me reconocieron— dijo al fin él —los escuché. El sheriff iba a llegar en cualquier momento. No dudo de que intenten atraparnos. Mi cabeza vale mucho—.

—Podrías habérmelo dicho ¿y cómo supiste que no íbamos a matarnos?— le miró por sobre el hombro ¡eso había sido lo peor! Aceptaba tener que huir pues, no estaba con una de las personas más queridas por la sociedad, pero ¡aquel salto le había erizado la piel!

Y él le sonrió. Era la primera vez que lo veía sonreír de esa manera, como si contuviera su risa.

—El olor— respondió tranquilo —el heno se mezcla con avena, trigo y algunas flores silvestres. Por sí sólo, la hierba no tiene un olor fuerte, pero así, sí—.

Y estaba segura de que podría habérselo dicho, le habría ahorrado mucho el mal trago, el susto y las maldiciones que había dicho mentalmente al caer.

Más, ahora sabía que debía preocuparse por otra cosa. Mientras estuvieran juntos, debían esconderse o hallar la forma de que no lo reconocieran. No había pensado en nada de ello anteriormente ¡y es que ella nunca había estado en situación similar! Pero debía cambiar eso si quería que su vida continuara medianamente normal hasta regresar a su hogar que no quería que la acusaran de cómplice por culpa de eso. Aunque básicamente, lo era por escapar con un prófugo de la justicia.





Casi dos semanas les costó llegar hasta otro poblado, durmiendo a la intemperie y arreglándose con lo que encontraban para sobrevivir. Robert estaba mejor, sólo tenían que encontrar el camino al pueblo y abastecerse de provisiones ¿dinero? Lo tenían. Le había confesado que le había quitado al tendero una bolsa llena de oro cuando sin que se diera cuenta. Y es que los dedos de ese hombre eran de oro que ni si quiera ella se dio cuenta de cuando sucedió.

Y al cruzarse con la primera taberna del lugar, lo que les indicaba ya que habían llegado nuevamente a la civilización, ella vio algo que la dejó helada: era un cartel con un retrato de ella. Ofrecían una recompensa por encontrarla. Por un momento pensó que podría ser su padre, era lo único que se le ocurría, pero también, tenía la certeza de que no era el único que la buscaba. Sólo arrancó el cartel y lo guardó. Tan sólo pensó que quedarse en el bosque no era tan malo como pensaba.


<<Capítulo 3                                                                                                              Capítulo 5>>

Espero les haya gustado.

¡Un abrazo!

Bye!

2 comentarios:

  1. Ohh... se está poniendo interesante. Quiero saber que pasará... me muero de ganas.
    Un besote

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias! La tenía un poco abandonada pero espero retomarla más seguido <3

      ¡Cuidate!

      Bye!

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