viernes, 29 de julio de 2016

Inspirándome con un elemento: El libro donde te encontré

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Sigo con esto de ponerme al día con los retos en los que estoy inscripta. Ahora toca de nuevo éste, que creo, es con el que más atrasada voy que me vengo demorando mucho en subir todo a pesar de que lo tengo en pendientes :,D 

Siendo sincera, de sólo ver la imagen ya sabía sobre qué iba a escribir a el protagonista de la historia, así que tenía todo bastante armado, pero me demoré  como de costumbre, que no sería yo si fuera exactamente puntual para publicar estas cosas. Si quieren ver el reto completo, pueden hacerlo en Ficción Romántica.





El libro donde te encontré

                Fue una casualidad hallarlo en la biblioteca. Parecía ser que el destino se había esforzado en que ambos se encontrasen. Al llegar y revisar los estantes, se vio con su mano sobre el mismo libro que él, acabando por discutir quien se llevaba ese ejemplar. 

Artemisa ganó, con la excusa de que él tenía otros materiales que leer y que podría esperar a que ella lo desocupara. Ella le agradeció con una sonrisa brillante abrazando el libro para dirigirse a una mesa no sin antes echarle un vistazo a aquel hombre desde la lejanía. Sus miradas se cruzaron una vez más ese día pero no hubo más charla que esa al final de todo.

Más, no iba a tener la suerte de olvidarlo al volver a la biblioteca y encontrarlo leyendo el libro que ella buscaba. Era uno diferente, pero al parecer, ambos estaban leyendo de los mismos temas: magia.

Le agradeció a la recepcionista por darle la información que buscaba y se dirigió a la mesa donde él estaba sentado leyendo, bajando el libro a que quedara con el lomo sobre la mesa, mirándolo con una sonrisa pícara.

؅—Al parecer, te has empeñado en llevarte mis lecturas—

Él la miró sorprendido para luego reírse.

—Debe ser el destino—

—No, Destino debe estar mucho más ocupada cortando los hilos de alguien. Es más razonable que sea magia—.

Y él se tomó a broma aquel comentario o al menos, quiso hacerlo. No era común que la gente hablara de que la magia existía como si fuera lo más normal del mundo. Lo que él no sabía y descubriría más tarde, es que ella hacia mucho más que creer en la magia.




Elián, el nombre de aquel hombre, le había contado que estaba investigando sobre unos símbolos mágicos que había encontrado en unas ruinas. Era arqueólogo y en su último viaje había encontrado instrumentos realmente interesantes y algunos que jamás había visto, intentando encontrar algo de ello en los libros, antes de entregarlos al museo. Aunque en los últimos tiempos, había encontrado cosas que, según él, eran demasiado poderosas para que estén a la vista de todo, olvidándose de dar reportes para resguardarlas él.

Artemisa, estaba bastante entusiasmada con sus relatos, tanto así que había dejado un poco de lado lo que había ido a hacer a la biblioteca, olvidándose que su padre la estaría esperando con información que le iba a servir para resolver su misión. Pero en ese momento, poco importaba. Estaba demasiado metida en los relatos de Elián como para pensar en que había un monstruo suelto. Tendría tiempo de resolverlo luego.

Acabaron por salir de la biblioteca para ir a tomar algo. Él la invitó a su departamento, pues, Misa aseguraba que ella podría ser capaz de ayudarle. Había crecido en un ambiente mágico, literalmente, por lo que, si era tal y como él relataba, quizás, ella sería mucho mejor que cualquier libro que encontrase. Era una estupidez confiarse así de un extraño, pero ninguno de los dudó en aceptar. Habían aceptado que la magia estaba en aquel encuentro y que por eso, las cosas iban a terminar bien.

Ella se quitó el abrigo al entrar a la vivienda y lo siguió hasta la sala, observando con escrutadora mirada todo. La pila de libros sobre la mesa, pergaminos viejos, anotaciones por todos lados y varias tazas de café. Sospechaba que no era un hombre que durmiera de manera convencional, sino, que quedaba dormido en el trabajo.

Sin ningún tipo de permisos y con la curiosidad como su guía, ella tomó una de las hojas que había sobre el escritorio y miró el dibujo de una roseta, con una cruz en medio en la que la base de la misma acababa envolviendo en varias espirales al dibujo.

Elián se acercó con una taza de café y le explicó que era uno de sus últimos trabajos pero que aún no sabía qué era. Pero ella sí: un símbolo de invocación.

—¿Para quién?—

—Adivina— volteó sonriendo casi feliz. Pero él se encogió de hombros, no tenía idea de ello.

—Artemisa. Sí, como yo— y dejó la hoja dándole un sorbo al café —mi padre me puso su nombre para darme su poder. Los nombres tienen magia y una vez que consagras al niño a uno, obtienes sus virtudes. La batalla es la gracia de Artemisa, la caza y la noche con lunas. Te dije que había magia entre nosotros—se rió.

Él no sabía qué decirle realmente. ¿Era realmente el destino? Mucha coincidencia y no es que no creyera, pero era todo tan raro que no sabía qué decirle. Por sobre todo, desconocía cómo alguien tan joven como ella pudiera saber tanto de magia antigua, incluso, una que ni él había encontrado antes.

Y Misa se lo explicó. No sólo era el nombre lo importante, sino toda su historia y su padre, tenía mucha historia por el mundo. Había vivido en varios periodos de tiempo y recolectado mucha información. Aunque no le dijo nada de esto, sólo que su padre era un gran aficionado a la historia y que, probablemente, si veía la colección de reliquias que él tenía allí, iba a enloquecer de felicidad. Había muchas cosas realmente valiosas allí.



Volvió a la biblioteca al día siguiente, pensando en buscar al fin lo que le habían encargado. Más, apenas abrió la puerta, un intenso olor a sangre golpeó su nariz. Misa sacó el revolver de su chaqueta y comenzó a andar con paso sigiloso, esquivando las cosas que había en el suelo, entre tantas de ellas, algunos cadáveres de chicos y chicas. La recepcionista era quien peor la había llevado al acabar cercenada en fragmentos.

Sintió repulsión. A pesar de que veía escenas grotescas como esa seguido debido a lo que hacían, era algo que no terminaba de ser agradable. No terminaba de hacer de tripas, corazón y ser indiferente a ello, por el contrario, aun le afectaba.

Se metió por los estantes con cuidado de no hacer ruido y de tener un ojo al frente y el otro a la espalda cuando sintió un ruido. Volteó rápidamente apuntando el cañón al frente sin tener éxito, fue entonces cuando la estantería se derrumbó y ella rodó por el suelo casi a centímetros de que le cayera encima y la aplastara. Entonces, lo vio: Elián estaba allí, con la Annis negra sujetándolo por el cuello. Había seguido a aquella bruja desde hacía seis meses y siempre encontraba la forma de escapárseles, pero en esta ocasión, ella esperaba acabar con eso.

Él estaba asustado y no era para menos. Ella se sentía de la misma manera pues, no contaba con que lo usara a él, no esta vez. ¿Qué iba a hacer? Bajó el arma sin pensarlo y se quedó frente a ella.

—Tenía que acabar contigo lejos del viejo, así que te seguí— se rió la bruja sosteniendo al muchacho, con una de sus uñas afiladas y tan azules como su piel contra el cuello de él.

Ella no iba a dudarlo, sabía que tenían que matarla pero para eso, debía tener la certeza de que no iba a matar a Elián. Así que simplemente, ofreció un trato: ella por él. Lo dejaba ir a él y la tendría a ella para lo que quisiera.

La bruja no lo dudó y sonriendo, le pidió que se acercara a ella, apenas teniéndola a centímetros para botar al suelo a Elián y agarrarla a ella del cuello, colocándole un brazalete en su muñeca.

Misa se rió y le dio un golpe en la mandíbula, deshaciéndose de la bruja y haciendo uso de la piroquinesia, se quemó la muñeca. No iba a permitir que sellara su magia, aunque le costara la muñeca quemada.

Corrió hacia él y lo ayudó a ponerse en pie, pidiéndole que se fuera lo más lejos que pudiera. Ella se encargaría de todo, después de todo, sus visitas a la biblioteca no habían sido tan improductivas como su padre había pensado y conocer al arqueólogo había sido una gran ayuda.

Pero la Annis ya se había recuperado lo suficiente como para hacer que se estrellara contra otra estantería, dejándola bastante aturdida, pero no menos decidida a acabar con todo. La bruja la tomó del mentón y la golpeó haciendo que ella escupiera una buena cantidad de sangre. Era fuerte, demasiado pero ella estaba segura de poder ganarle. Debía hacerlo si no quería morir en el intento. Pero no podía pararse ante el ataque de la mujer.

Con su vista casi nublada por los golpes, vio como ella cayó al suelo después de que una silla le fuera partida en la cabeza: había sido Elián. Tomó a Misa entre sus brazos quitándola de allí, pidiéndoles que se fueran pero ella se negó. No podían irse sin haber hecho el trabajo.

Sacó una bolsa de hechizos de su bolsillo y él vio el símbolo que había dibujada en ella: el mismo que el de sus estudios. Misa la encendió y se la arrojó a la bruja recitando un hechizo para que surtiera efecto. Por último, le pidió a él que se cubriera los ojos ante la inminente explosión de luz azul que surcó todo. 

Los vidrios de la biblioteca quedaron totalmente destrozados, los libros… pocos quedaban en pie y todo estaba manchado con sangre y un líquido viscoso de tinte azul. Más, al menos, tenía la certeza de que ella, había muerto ya. Y con eso, sus fuerzas cedieron cayendo de rodillas al suelo, respirando aliviada. Sólo susurró que había que salir de ahí antes de que la policía llegara y los viera dentro.



Al despertar, estaba en la cama de Elián. Su habitación tenía olor a libros viejos. Y al inspeccionar con la mirada, se dio con que era una especie de biblioteca mal hecha, donde apenas había espacio para pasar sin problemas. Era demasiado apegado a su trabajo. Pero le gustaba eso pues, ella también lo era. A brujería era parte de su vida y corría por su sangre y de la sangre, no se escapa.

Se levantó de la cama adolorida y salió a la sala, donde lo vio pensativo frente a una botella de whisky. Se rio al verlo así, delatando su presencia en la sala.

—Siento que no debo preguntar, pero de todos modos, seré impertinente— y suspiró —¿Cómo te sientes?—

Ella se sentó a su lado, quitándole el vaso con whisky para tomarlo ella.

—Esa no es la pregunta que ibas a hacer—

Él miró el suelo, sonriendo de medio lado, sirviéndose más en el vaso. Tenía razón, no iba a preguntar eso pero lo preguntó. No quería dar por hecho que todo lo que había visto era real.

—Era una annis negra. Una bruja que se alimenta de niños. Por alguna razón, a esta le gustaban más maduritos. Llevamos seis meses con mi padre buscándola. No pensé que nos separara a propósito para atacarnos. Lo siento— se disculpó tomando la mano de él entre la suya, entrelazando sus dedos.

Él seguía con su mirada incrédulo. Había leído tanto, investigado tanto que nunca creyó que aquello que tanto perseguía se iba a hacer realidad en una biblioteca.

—¿Y tú? ¿Qué eres?—

—Soy una bruja, pero de las buenas— sonrió y soltó su mano.

No tenía mucho más qué hacer. Sabía lo que pasaba cuando la gente se enteraba de esas cosas y era mejor mantener distancias. Así que se puso de pie y le agradeció por lo que había hecho. Pensaba volver a casa y salir de aquel pueblo a otro sitio que su padre indicara en el mapa: el mundo era su destino. 

Pero Elián hizo algo que ella no esperó: la detuvo. La tomó del brazo antes de que fuera a buscar los zapatos en la habitación y le pidió que se quedara con él.

Ella se sintió aliviada, feliz y sin pensarlo ni si quiera un segundo, lo besó, dejándolo aún más perplejo. Era una mujer con demasiadas agallas.

Se relamió los labios al dejarlo, mirándolo coqueta, recorriendo con la yema de sus dedos su mejilla.

—¿Es parte de la magia también?—

—Siempre— se rió y se sentaron en el sofá a beber sabiendo que esa no iba a ser la última vez que se verían, ni mucho menos. Aun había mucha más magia que descubrir en su destino y ambos, estaban dispuestos a hacer los conjuros necesarios para ello.





Y ya les había presentado en una ocasión —el día veinticuatro—, a tres protagonistas de una de mis novelas y ahora, les traigo a dos más de la misma, aunque, en la novela serán más personajes secundarios. Ellos, Artemisa y Elián, son los padres de Francis, Maya y Johann y éste es un cuento de como se conocieron, algo que no había contado en la novela, pero aprovecho ahora para hacerlo.

Espero que les haya gustado, que ya ahorita que veo que me quedan menos borradores que publicar, iré subiendo las continuaciones de mis novelas y quizás, estrena alguna nueva, quién sabe.

¡Se cuidan!

Bye!



4 comentarios:

  1. Me gustó la historia,
    Y ahora entiendo como te gustó de detectives paranormales que escribí. Bien desarrollado el personaje de Artemisa. Y buen detalle de la silla en la cabeza de la vilana, para ayudarla.
    Bien escrito.

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    Respuestas
    1. Disfruto mucho las historias de misterio, especialmente, si mezclan elementos sobrenaturales, los ahce más interesante.

      Me alegra que te gustara <3

      ¡Cuidate!

      Bye!

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  2. ¡Oh! Me ha gustado mucho. Que interesante. ¡Quiero más de estos dos!
    ¡Cuídate!

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    1. ¡Gracias! Me alegra que te gustara. Estoy pensando en subir algo de ellos pronto, así que estaré actualizando <3

      ¡Un abrazo!

      Bye!

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