martes, 19 de julio de 2016

¡Escribe con K! : Calor

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 ¡Sigo con el reto de Kath! Si hay interesados en sumarse, pueden pasarse a ver por aquí, que verán los temas dados hasta ahora y tendrán links a su blog con el reto <3

Hoy toca el nivel dos y la verdad, es que no tenía muy clara la idea, pero bueno, di lo mejor para que saliera algo decente. A ver qué tal:

Reglas:
—Intenta basarte en experiencias.
—No debes repetir sensaciones.
—Disfruta. 

Nivel 2: Escribe un relato con el olor a la madera y la calidez de los rayos de sol en la piel.



Calor

Disfrutaba del tibio sol de invierno, aunque sabía que había sido un error salir y dejar que los rayos la bañaran. El sol de invierno es cálido y agradable, pero también, te apaga como para no trabajar el resto de la tarde. Y es que una siesta con el solcito tibio es en lo único que pensaba mientras volvía al interior de la oficina y se preparaba un café digno de levantar a un muerto o varios de su tumba para ponerse a catalogar archivos. Y por mucho que pretendiese salir temprano, no iba a poder hasta que su jefe estuviera satisfecho con el trabajo. Sabía que la investigación era importante, pero justo cuando ella creía haber dejado todos los folios y archivos en orden, había caído él con dos cajas más completas. Y se frustraba a más no poder. Y aunque contaba con su ayuda en ocasiones, era más lo que desordenaba y conjeturaba para salir a su próxima excavación que lo que realmente hacia la mayoría del tiempo. Pero lo soportaba. No en muchos sitios iban a contratar a una estudiante e iban a darle una buena paga por su trabajo, que generalmente, con sus horas extras terminaba recibiendo un bono y eso, hacia un poco más meritorio todo el esfuerzo aunque no durase demasiado.

Llegada ya la noche, cuando la lluvia empezó a caer a eso de las ocho y media, ella entró al despacho de su jefe, despertándolo después de haberse quedado dormido con la taza de café que antes había estado humeante y aromática para ahora, descansar en el escritorio fría. Se llevó todo lo que pudo para dejar organizado un poco todo mientras él se desperezaba y la mandaba a casa.

Casi corrió a tomar el colectivo, que la caseta donde estaba la parada tenía el techo roto y se iba a mojar mucho más si se quedaba esperando. Así, frotando sus manos, llegó hasta el fondo y se sentó, mirando por la ventana y limpiando el vidrio empañado de tanto en tanto, mirando el paisaje hasta que veía la luz del farol de su vecina y sabía que la próxima parada era la suya. Quería correr para no perder aquel calorcito que había adquirido en el viaje, pero entre la lluvia y el suelo lodoso o los charcos de agua que había por las calles o veredas rotas, debía ir con cuidado. Más, sabía que no había mejor momento que llegar a casa, abrir la puerta y sentir el olor de las brasas y el calorcito de estas en toda la casa. Se sacaba los guantes, se acercaba al brasero y se frotaba las manos cerca de éste esperando recuperar su calor mientras su nariz roja volvía a tomar un color normal. Veía la chimenea con nostalgia y pensaba en aquellos momentos donde se escuchaba el crepitar de la madera en el fuego y el olor del manzano abrigando la casa. Pero desde que estaban solas, no habían vuelto a cortar el árbol ni a talarlo para abrigarse, tan sólo recurrían a ese humilde brasero, poniendo los carbones ardientes en él, dejándolos arder por hora y sintiendo la tibieza de su calor en el ambiente. No era lo mismo, pero hasta que estuvieran mejor, era lo que tenían y lo disfrutarían.



La verdad, es que siempre hago relatos con leña XD y cuando era chica, casi no se usaba leña a menos, en escasas situaciones, como para el asado del domingo. Mi casa se calentaba con brasas de carbón, al igual que en la casa de mi abuela. Y era agradable, realmente, crecí con el olorcito de las brasas en el invierno en toda la casa y era realmente calentito y agradable y es que, también recuerdo, en ninguna de las dos casas había un brasero real, sino que eran domésticos, hechos por mi abuela y mi madre con los hierros de las macetas y fuentes de metálicas grandes y concavas donde se ponía el carbón. Y era genial. Por lo menos, a mi me gustaba mucho aquello, a diferencia de las chimeneas de gas que siento, no calientan nada por la mala calidad del gas. Y bueno, basado en más recuerdos que nada, decidí variar en el relato. Espero les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!

2 comentarios:

  1. ¡Que bonito! Me ha gustado mucho. Yo si que recuerdo la leña, aunque solo en una de mis casas tuve una chimenea con leña.
    Me gusto mucho, mucho.
    ¡Cuídate!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Oh, qué lindo eso! Mi madre siempre quiso una chimenea a leña, pero siempre se quejó de que son muy caras.

      ¡Cuidate!

      Bye!

      Eliminar

¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Si quieres que dejar invitación para que pase por tu blog, pincha aquí.
Si vas a afiliar o dejar confirmación de ello, por aquí

Gracias por no hacer spam <3 Y si lo haces, ten presente de que borraré tu comentario por no estar relacionado con la entrada ¡Estás avisado!

¡Qué tengas un lindo día!

Bye!